LA MÚSICA DE CÁMARA SE ESCUCHARÁ ESTA NOCHE EN GIRÓN. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas.


Desde la mitología, la música es el lenguaje de los dioses. Cuando nuestro Supremo Hacedor quiso brindarle al hombre una voz de esperanza para que en los momentos de tribulación y zozobra percibiera la luz al final del túnel (del túnel de la ira, del túnel de la violencia, del túnel de las necesidades, del túnel de la tristeza, del túnel del desencanto), entonces le mandó la música.

En el antiguo Israel, David calmaba las iras de Saúl tañéndole el arpa; los esclavos africanos hacinados en los barcos negreros que atravesaban el océano para llegar a la ignota América, y entregarse aquí a su destino incierto, tocaban el banjo; en las batallas de nuestra Independencia, las bandas del ejército patriota animaban a las tropas libertadoras a punta de bambucos y, concretamente, en la tarde del 7 de agosto de 1819 la banda militar tocó la hermosa contradanza La Vencedora y en la Batalla de Ayacucho la banda del Batallón Voltígeros interpretó La Guaneña, hoy símbolo musical del hermano departamento de Nariño.

Girón es una ciudad de origen noble; sus casas blancas evocan el antiguo pueblo español y es hoy por hoy una de las pocas reminiscencias que quedan en estas tierras americanas de aquellos tiempos en que aún éramos parte de España, en que éramos la España de ultramar, aquella tierra en la que acaso, por una decisión real, no se escribió El Quijote, pues al gran Cervantes no se le otorgó el permiso que pidió para venir a radicarse aquí en busca de mejores horizontes.

El diplomático santandereano Alfonso Gómez Gómez, Presidente Honorario de la Academia de Historia de Santander, llegó a plantear la necesidad de que por las calles del antiguo casco urbano, el casco urbano que data del siglo XVII -cuando Francisco Mantilla de los Ríos fundó la ciudad y la bautizó con el apellido del Presidente de la Real Audiencia Don Sancho de Girón-, solo se pudiera transitar a pie.

De la arquitectura española ya quedan apenas algunas pocas supervivencias en Colombia, como Girón, Mompós o Villa de Leiva, siempre amenazadas por quienes impulsan el progreso mal entendido, el mismo que arruinó nuestra identidad y nuestra riqueza cultural e histórica.

Y ni hablar de la música clásica, que ya no suena ni en los otrora luminosos e imponentes salones del Club del Comercio.

En Girón, por ejemplo, ya solo se escucha hoy la estridencia insufrible de los corridos “prohibidos” – que nadie prohibió jamás, pero a los que se les llama de esa forma porque así se atrae la morbosidad de los incautos – o la de los supuestos “vallenatos”, que ya en estos ruidosos tiempos no se ponen a sonar, sino a gritar a altos decibeles, como para que cada vez arrasen con mayor ímpetu lo poco que nos queda de cultura andina, y, en general, de cultura.

Por eso, nos ha sorprendido gratamente una noticia refrescante, una noticia que demuestra que no andamos equivocados cuando repetimos, más allá de lo abrumados que nos sentimos a veces por el bochinche ensordecedor del mal gusto, que después de una época de oscurantismo cultural siempre viene un renacimiento y que por ello no debemos perder la ilusión de que algún día el bambuco, y la poesía, y la buena arquitectura, y, por supuesto, la música clásica, renacerán del olvido y volverán a ocupar el sitial que les corresponde en el universo cultural colombiano.

La feliz noticia es que tendremos el honor de escuchar hoy a la Orquesta de Cámara de la Fundación Artística y Cultural de Colombia, que dirigirá la maestra santandereana Susana Gutiérrez, concertista del Conservatorio de la Ciudad de Viena.

Se trata de una agrupación de jóvenes, también santandereanos, que interpretarán música clásica, música argentina y música andina colombiana.

La maestra Susana Gutiérrez es hija del doctor Alonso Gutiérrez Ribero, distinguido jurista santandereano recientemente fallecido y quien, al igual que el ilustre director emérito de El Tiempo, don Roberto García-Peña (Ayax), pasó sus últimos años en el Conjunto Residencial La Arboleda, en cuyo salón social, precisamente, nos daremos cita hoy para disfrutar, nada más ni nada menos, que del talento musical de quienes simbolizan nuestro mañana.

A las 6 de la tarde – cuando tras los cerros ya se haya ocultado el sol de los venados y se hayan venido sobre Girón las sombras del atardecer, las mismas a las que se refirió el patriota peruano José Domingo Choquehuanca para dirigirse al Libertador a su paso por el pueblo de Pucará (2 de agosto de 1825) y exaltar el crecimiento de su gloria -, la batuta, el arco sobre el violín y el sonar de los instrumentos de la promisoria orquesta, nos posibilitará el dichoso reencuentro con el fascinante sortilegio del pentagrama y el inigualable regalo espiritual de las partituras y los atriles.

Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, miércoles 30 de agosto de 2017.

ILUSTRACIÓN: Federico II el Grande ejecutando un concierto de flauta en su palacio de verano (1850 – 1852). Adolph Menzel (Breslavia, Polonia, 1815 – Berlín, Alemania, 1905). Antigua Galería Nacional de Berlín.

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