Casos forenses. SAMUEL VIÑAS (Parte II). Serie: Casos psicológicos forenses. Por los psicólogos Juan José Cañas Serrano y Luz Amparo Sánchez de Cañas. Fin de la serie.

DR. JUAN JOSÉ CAÑAS SERRANO, PSICÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA, BOGOTÁ. PSICÓLOGO FORENSE DEL INSTITUTO NACIONAL DE MEDICINA LEGAL Y CIENCIAS FORENSES REGIONAL NOR-ORIENTE Y PRESIDENTE DEL HONORABLE COLEGIO COLOMBIANO DE PSICÓLOGOS CAPÍTULO SANTANDER.

TEMAS FORENSES
SAMUEL VIÑAS (Segunda parte)
Serie CASOS PSICOLÓGICOS FORENSES 2
Psicólogo Juan José Cañas Serrano, Presidente Capítulo Santander Colegio Colombiano de Psicólogos.
Psicóloga Luz Amparo Sánchez de Cañas, miembro Colegio Colombiano de Psicólogos.

NOTA DEL PORTAL: Con esta última entrega termina la serie escrita por los psicólogos Juan José Cañas Serrano y Luz Amparo Sánchez de Cañas, que fue publicada  en nuestro portal a lo largo de varias semanas. Creemos que estas reflexiones y enseñanzas nos han sido útiles a todos los que las hemos leído. Agradecemos a los profesionales de la Psicología coautores de las mismas por haber compartido estas valiosas consideraciones con nuestros amigos. A ustedes también un millón de gracias por su interés en seguir, semana tras semana, la aparición de la serie. A continuación, la segunda parte del caso de Samuel Viñas, que comenzó el domingo antepasado. El domingo anterior no apareció la serie por no haber sido remitido el material por los coautores de la misma en razón a sus compromisos profesionales. 

Para quienes deseen comunicarse con los coautores, suministramos sus correos electrónicos:
JUAN JOSÉ CAÑAS SERRANO: juanjoseca2002@yahoo.es
LUZ AMPARO SÁNCHEZ DE CAÑAS: amparosa2007@hotmail.es

Introducción

LA CIUDAD DE BARRANQUILLA FUE EL ESCENARIO DEL DOLOROSO DRAMA PROTAGONIZADO POR LA FAMILIA VIÑAS ACOSTA.

Como se señaló en el artículo anterior, el primero de enero de 2010, luego de la celebración del Año Nuevo, Samuel Viñas le dio muerte a su ex esposa Clarena Acosta de dos disparos en la cabeza. El que ella estuviera decidida a separarse, constituyó, al parecer, el motivo por el que la mató. Según se lo manifestó a un amigo, estaba preocupado porque su imagen estaba quedando maltrecha ante sus amigos y familiares.

Viñas mató a su ex esposa en presencia de sus hijos; aunque éstos le imploraron que no le hiciera daño a su mamá, de nada sirvió; no obstante que estaban divorciados le reclamaba que le era infiel. Clarena Acosta no opuso resistencia, estaba resignada, se acostó boca abajo, Viñas sacó a todos los que estaban con ellos en la habitación y luego le disparó. Cuando le preguntaron qué había hecho contestó “que lo que iba a pasar, pasó”; cuando llegó la Policía, les dijo: “vengan que maté a mi esposa”.

Lo sucedido en la familia Viñas-Acosta configura no sólo una historia triste, una historia de dolor, sino que pone de presente las profundas contradicciones existentes que acompañan al ser humano; en opinión de buena parte de las personas, Viñas mató a Clarena Acosta por amor, porque no podía resignarse a vivir sin ella. ¡Menuda paradoja!

Como este trabajo no tiene por objeto incomodar ni generar malestar, antes de continuar consideramos pertinente hacer algunas precisiones:

- Haciendo alusión a este caso y a los restantes incluidos en la serie, no pretendemos, de ninguna manera, alimentar el morbo ni hacer una apología del delito; simplemente consideramos que hechos como éstos no pueden quedarse sólo en el plano de las noticias, deben ser objeto de estudio de las ciencias del comportamiento, de la salud y sociales; es necesario derivar algunas enseñanzas de ellos, para minimizar la probabilidad de que casos similares vuelvan a presentarse.

- Al traer a colación estos casos de la vida real intentamos que el lector se ponga en el lugar de quienes se vieron abocados a estas situaciones extremas; que haga el esfuerzo de identificar los errores que se cometieron; que piense qué hubiera hecho si hubiera pasado por estas experiencias, cómo las hubiera manejado, qué modificaciones, respecto a lo sucedido, hubiera producido en ellas.

- Como psicólogos fijamos nuestra posición no respecto a los protagonistas de estas situaciones sino respecto a los fenómenos psicológicos subyacentes, no respecto a Samuel Viñas sino respecto a los celos que lo llevaron a cometer el crimen por el que se lo procesó. Es claro que no somos dueños de la verdad; lo que planteamos es, simplemente, la interpretación que hacemos del hecho criminal con base en la información y los conocimientos que poseemos.

Las consecuencias del crimen de Clarena Acosta

CELOS: ¿CUÁNDO SE CONSIDERA QUE HA LLEGADO LA HORA DE BUSCAR AYUDA PROFESIONAL?

En un caso como éste, todas las consecuencias son de carácter negativo; lo sucedido pone de presente un pésimo manejo de una situación a la que hoy nos vemos expuestos la mayor parte de las personas: a que quien compartió con nosotros parte de su vida decida irse, mire en otra dirección. La situación actual de la familia Viñas-Acosta no puede ser peor: la madre en el cementerio; el padre en la cárcel; los hijos confundidos, desconcertados, deprimidos, resentidos. Los sobrevivientes se enfrentan al reto de no sucumbir ante el peso psicológico de los hechos y de ser capaces de rehacer su vida en medio de circunstancias francamente adversas.

Quizás sea conveniente enfatizar en que las principales víctimas de este acontecimiento luctuoso fueron los hijos, que simultáneamente sufrieron dos pérdidas: la de la madre, que reposa en el cementerio y la del padre, que difícilmente, por la edad, saldrá vivo de la cárcel. Además cargarán de por vida no sólo con la tragedia que vivieron en su hogar sino con un ejemplo pésimo a la hora de encarar dificultades.

La situación emocional no es para ellos nada fácil pues si bien su padre hizo algo monstruoso al asesinar a su madre, también con él disfrutaron momentos y si bien su madre fue la víctima, son conscientes de que ella también cometió algunos errores. Además, como consecuencia de lo sucedido, debieron interrumpir abruptamente sus estudios y, ponerse, sin mucha preparación, al frente de los negocios familiares. De la noche a la mañana la vida les cambió; esperemos que en medio de la adversidad aflore lo mejor de ellos.

Breves consideraciones acerca de los celos

LOS CELOS PERTURBAN POR COMPLETO LA NORMALIDAD DE LA VIDA HOGAREÑA Y SE CONVIERTEN EN FUENTE DE PERMANENTE CONFLICTO.

Prácticamente todos hemos sentido celos, su presencia incide en el matrimonio y en otras formas de relación íntima. Usualmente constituyen una amenaza para la relación de pareja, pero se convierten en todo un problema cuando interfieren con el buen funcionamiento de la misma.

Durante mucho tiempo se consideró que los celos eran una consecuencia natural del amor; que manifestar un cierto grado de celos era “normal”, incluso una prueba de amor. Los románticos afirmaban que los celos eran la inevitable sombra que proyectaba el verdadero amor.

En ese contexto, se esperaba que en toda relación íntima se sintieran y se expresaran los celos; también, a que cuando se manifestaran se los tuviera bajo control, que no derivaran en cólera, violencia, ni que llevaran a la destrucción de la relación. Sólo los celos “patológicos” se consideraban dignos de preocupación o susceptibles de intervención.

Este punto de vista, que los celos constituyen una prueba de amor, ha sido rebatido por un buen número de psicólogos, sexólogos y especialistas en pareja, quienes, por el contrario, sostienen que éstos, en esencia, reflejan inseguridad y desconfianza en el compañero y en la relación; afirman que los celos no sólo no consolidan el matrimonio sino que lo debilitan.

Quizás se gane en claridad en torno a la polémica que existe respecto a los nexos existentes entre los celos y el amor si se recurre a la distinción que hizo Abraham Maslow entre el amor que busca lo mejor para la otra persona (“amor de plenitud”) y el amor que refleja dependencia de la otra persona (“amor de deficiencia”). En el lenguaje convencional, “amor”, significa tanto “ser capaz de amar” como “necesitar amor”. Desde ese punto de vista, los celos son consonantes con el “amor de deficiencia”, basado en la dependencia del compañero, no con el “amor de plenitud”, que se preocupa por su bienestar. Otto Fenichel consideraba que las personas muy celosas no sólo eran incapaces de amar, sino que también necesitaban sentirse amadas.

Se pueden definir los celos como una sensación de molestia, derivada del temor a la pérdida del compañero(a) ante la presencia, real o imaginada, de una tercera persona. En todos los casos de celos aparece una reacción de temor o de cólera ante la amenaza de una apropiación ajena de lo que se considera propio. Los celos son aquel aspecto egoísta del amor que tiene como finalidad concreta la posesión exclusiva del objeto amado.

Los celos sexuales son los que ocasionan mayor preocupación a la mayoría de las personas, son los más difíciles de soportar; lo que da lugar a ellos son las amenazas a la autoestima de un individuo, a su amor propio; la infidelidad sexual usualmente afecta la autoestima de quien es víctima de ella, hecho que automáticamente incide en el bienestar de la relación. La infidelidad sexual se convierte, casi inevitablemente, en símbolo de la más temible pérdida que se podría sufrir; la posibilidad de compartir al cónyuge con otras personas resulta dolorosa. Los celos son la respuesta a todas aquellas situaciones que significan una violación del derecho a la exclusividad sexual.

Caso

LOS CELOS CONDUCEN A LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR, UNO DE LOS GRANDES FLAGELOS QUE AGOBIAN AL PAÍS.

Intentando mostrar que lo que en un determinado momento se haga o se deje de hacer es función de lo que se piense, ponemos a consideración de los lectores el siguiente caso inserto en el libro Anatomía de los celos. Albert Ellis, uno de los padres de la psicología cognitiva, refiere la siguiente experiencia, que vivió cuando contaba escasamente con veinticinco años:

“A finales de los años treinta, vivía con una muchacha de la que estaba muy enamorado. Ella no trabajaba, conocía a muchos jóvenes atractivos y tenía algunos problemas sexuales que la inducían a tener experiencias sexuales fuera del hogar. Considerándome un hombre liberado, consentí que ella hiciese todo lo que le apeteciese con otros hombres.

“Al principio lo pasé bastante mal. Pensaba que si ella no me encontraba del todo satisfactorio sexualmente, algo tenía que andar mal en mí y sufrí. Luego de reflexionar durante algún tiempo concluí que no había necesidad de trastornarse seriamente y que, aunque era muy desagradable que mi compañera estuviese con otro hombre, no podía decirse que ello fuese una catástrofe. Era algo que en realidad no indicaba nada acerca de mí como persona, sino que sobre todo indicaba algo acerca de ella y de sus gustos y preferencias.

“También me di cuenta que su ausencia tenía para mí algunas ventajas: Podía trabajar más regularmente en el libro que estaba escribiendo entonces; podía intentar entablar relaciones con otras jóvenes y ampliar así mi propia experiencia. Y podría saber si la libertad sexual, con la que en teoría estaba de acuerdo, funcionaba realmente en la práctica.

“La primera vez que ella se ausentó, la pasé bastante mal, no podía dormir. “Pobre de mí -pensaba-, yo me porto bien con ella, y ella no solamente busca otras salidas sexuales, sino que no se esfuerza para mejorar nuestra vida sexual”. Durante un par de horas estuve dándole vueltas al asunto y llegué a sentir bastante lástima de mí mismo. Pero después me di cuenta de que ella era así, de que difícilmente sería diferente. Además, pensé que el hecho de que tuviese otras experiencias probablemente le sentaría bien a ella y a nuestra relación.

“Para cuando volvió, ya me había calmado. Como resultado de mis sensatas reflexiones, fui capaz de saludarla de manera encantadora cuando por fin volvió, de interesarme verdaderamente por su aventura (que ella me relató en detalle y que me hizo capaz de entenderla, sexualmente y en otros aspectos, un poco mejor), y de tener con ella, aquella misma noche, una relación sexual más agradable que la que teníamos habitualmente. Concluí que su promiscuidad tenía muy poco que ver conmigo, que era sobre todo un reflejo de sus gustos y problemas y que no constituía una interferencia importante para mi vida”.

Las peculiaridades de Samuel Viñas

CUANDO LOS CELOS COMIENZAN A PERTURBAR LA PAZ FAMILIAR, LOS QUE PAGAN LOS PLATOS ROTOS SON, COMO SIEMPRE, LOS MÁS FRÁGILES Y QUE NO SON CULPABLES DE NADA.

En el contexto de la información que afloró durante el juicio que se le siguió por su crimen, resulta posible afirmar que Samuel Viñas no mató a Clarena Acosta porque hubiera constatado que había intimado con otro hombre; de hecho, él mismo había propiciado, en múltiples ocasiones, que esta situación se diera; no sólo no le ocasionaba celos sino que derivaba placer de ella; disfrutaba, al parecer, observando a su esposa teniendo actividad sexual con otros hombres, lo que permite calificarlo como parafílico y ubicarlo en la categoría de los voyeuristas (los que derivar placer sexual de observar la actividad sexual realizada por otros).

Sus celos fueron producto de saber que ella estaba decidida a separarse de él y que se iba a vivir con otro hombre; consideraba que por ser su esposa estaba obligada a permanecer con él hasta el fin de sus días o hasta el día que él quisiera tenerla a su lado. Intentó disuadirla a través de la amenaza de matarla y como no lo consiguió la mató para castigarla por vulnerar sus derechos. Estaba tan convencido de que había hecho lo correcto, que en ningún momento se sintió arrepentido de haberle dado muerte; es probable que en este momento, años después de haberle dado muerte, siga sintiéndose ofendido por la decisión de ella de irse de su lado.

Viñas cosificó a su esposa; equivocadamente creía que en el momento en que Clarena Acosta aceptó casarse con él había entrado a hacer parte de sus propiedades, que era su propiedad privada; que separarse de él no era una opción que ella tuviera, que si separaba de él le estaba ocasionando una ofensa de tal magnitud que sólo podía pagar con su muerte. Como ella insistió en irse la mató.

Es incuestionable que Samuel Viñas sufría. Este sufrimiento, posiblemente, dependía más de lo que él pensaba respecto a sí mismo, de las dudas que tenía de sí mismo, que de los actos de los demás, de las ofensas de las que supuestamente lo hacían objeto los demás. Aunque nació en un hogar socio-económicamente privilegiado, su autoestima, por razones en las que habría que profundizar, era, al parecer, relativamente baja. Su dependencia extrema de Clarena Acosta, el que transmitiera en forma permanente que si su esposa no estaba a su lado su vida no tenía sentido, los comportamientos autodestructivos a los que llegó intentando recuperarla, son indicadores que le proporcionan soporte fáctico a esta explicación.

El que le preocupara mucho lo que pensaran sus amigos y familiares respecto al abandono de su esposa, el que se sintiera ofendido y lastimado, el que pensara que se lo había colocado en una posición de inferioridad porque no era el primero, porque no era el preferido, constituyen otros indicadores importantes. Llama la atención lo poco que, en el fondo, le importaban tanto sus hijos como su esposa; en ningún momento le dolió su dolor y ni le prestó atención a lo que pensaran o sintieran; hizo gala de un egoísmo y un egocentrismo extremos.

La información existente sobre Samuel Viñas permite concluir que era un hombre machista, autoritario, estaba convencido que su esposa era un apéndice de él, la había cosificado, no le importaba lo que ella pensara, al punto que podría afirmarse que no la amaba, por lo menos no con el amor de plenitud de que hablaba Abraham Maslow, tal vez sí con el amor de deficiencia, en el sentido de que dependía de ella para estar bien. En su familia, al parecer, no se le enseñó que no se puede tener a ninguna persona completamente para sí, no fue educado para la realidad y la finitud.

En el contexto de los celos, lo que uno haga o lo que uno sienta depende en gran medida del paquete de creencias que se tenga. Si un individuo cree que los celos son una respuesta natural, normal, justificada, a una situación dada, ello lo llevará a actuar en una determinada forma. Como ejemplo de cómo las creencias influyen en la conducta del individuo, pensemos en el hombre o en la mujer que da por sentado que, si su compañero(a) no muestra de vez en cuando algún grado de celos, significa que no le(la) ama. Estas personas están determinadas por la creencia de que los celos hacen parte del amor.

En todas estas características comportamentales hay un elemento común, que son sus creencias, sobre las que es necesario hacer una mínima reflexión. Pensar es una actividad que, como el respirar, llevamos a cabo los seres humanos cotidianamente, casi que sin darnos cuenta; constituye el principal logro de la evolución humana; los pensamientos son, en última instancia, los responsables de los éxitos o fracasos de las personas, le dan sentido y colorido a la vida; paradójicamente pueden, en algunos momentos, convertirse en un problema.

Como todos sabemos existe una importante asociación entre los pensamientos y las acciones; si pensamos bien, actuamos bien; si pensamos mal, actuamos mal. Las creencias determinan, en buena medida, nuestras acciones. Sobre este particular, en la psicología cognitiva ha ido tomando fuerza el concepto de distorsiones cognitivas, que son creencias mantenidas en forma rígida e inflexible acerca de sí mismo y de los demás. Las distorsiones cognitivas hacen referencia a formas erráticas de procesar la información, a esquemas equivocados de interpretar los hechos, que generan múltiples consecuencias negativas y desempeñan un papel preponderante en la psicopatología.

Las distorsiones cognitivas configuran una visión simplificada y sesgada de la realidad y por lo general generan malestar. Hay formas de pensar que inciden negativamente en el bienestar emocional de las personas, que terminan desajustándolas. Los pensamientos irracionales son como los virus y las bacterias: invaden la mente, sin que se haya reconocido su presencia y sin que se esté preparado para repeler su acción destructiva. Una vez que estas creencias se han instalado en la mente, aprovechando la tendencia de ésta a rechazar, ignorar o distorsionar aquella información que no concuerda con ellas, tienden a autoperpetuarse.

Uno de los primeros pasos para ganar en control sobre la mente es darnos cuenta del importante papel que ésta tiene en la manera como percibimos el mundo.  El proceso de revisar y modificar los esquemas de pensamiento se conoce como reestructuración cognitiva. La investigación actual en psicología apunta a lo mismo: si pensáramos mejor, actuaríamos mejor. Pensar bien es una posibilidad que vale la pena ensayar, no importa el camino que se elija. ¿Es posible cambiar la mente? Los seres humanos contamos con la capacidad de razonar, de reflexionar, de observar, de pensar sobre lo que pensamos. Somos capaces de percibir nuestros errores y desaprender lo que hemos aprendido.

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