¿Por qué la fascinación con los SS? Por José Blackburn

NOTA DEL PORTAL: El exPresidente del Congreso Nacional, exPresidente de Telecom y cofundador del Nuevo Liberalismo Dr. José Blackburn nos remite otra de sus simpáticas columnas. Actualmente, el Dr. Blackburn se encuentra dedicado a sus actividades empresariales en el campo de su profesión de Ingeniero Civil y disciplinas afines.

¿Porqué la fascinación con los SS?

Por José Blackburn

De un tiempo a hoy se ha vuelto un tema cotidiano hablar de los SS. Y eso qué significa o con qué se come, como se dice. Podría ser Seguridad Social, Seguro Social, Salario Seguro, Servidores de Santos, Salario Secreto, Servicio Social, “eScort Service”, la famosa SS alemana que le hacía guardia a Hitler, el Servicio Secreto que existe en tantos países, uno de ellos Los Estados Juntos… en fin, podríamos seguir con este ejercicio, pero sinceramente creemos que en las acepciones ya descritas puede estar con Seguridad el Secreto de la fascinación que últimamente se ha venido dando con esta sigla.

Después de mucho análisis pensamos que la definición que mejor encaja para el caso es la de Servicio Social. En primer lugar, tiene un Salario Seguro mucho mayor que el mínimo… evidentemente! Es un Salario Secreto, pues normalmente no se le declara ni al novio, ni mucho menos a la Dian. Da suficiente para sufragar los gastos de una buena Seguridad Social o para pagarle la cuota mensual a la nueva Eps del Seguro Social. Muchos de los Servidores de Santos defienden a capa y espada la buena inversión de sesenta y dos mil millones de revaluados pesares en el fomento de este tipo de actividades; con certeza ya se puede hablar no de tres cumbres, sino de muchas más encumbradas faenas de algunos monos del SS norteamericano antes, en y durante el agitado evento de Cartagena del pasado mes de abril.

Pongámonos por un momento en el traje de un Servidor Secreto gringo que trabaja para el SS con la principal finalidad de evitar cualquier atentado contra su mandamás, así sea Obama. Es fornido, mide casi seis pies, o sea uno con ochenta metros. Es casado, tiene dos pequeños hijos que van al colegio, excelente esposo, generalmente cristiano, católico o mormón, y como tal va semanalmente a los oficios que le corresponden y por supuesto da la respectiva ofrenda. Mejor dicho, mejor imposible: un ciudadano ejemplar… pero dentro de su país.

Por cuenta de la mal llamada inmunidad, mucho más próxima a la impunidad que tienen todos los funcionarios de la gran potencia por fuera de sus fronteras, estos grandes servidores se alborotan tan pronto salen de su territorio. Claro que si su misión es en Alemania, Reino Unido o países nórdicos, por ejemplo, dicho movimiento hormonal es mucho menor. Pero no se diga lo que ocurre cuando el viajecito es a un país del tercer mundo y que se encuentre en la zona ecuatorial. Aquí en Locombia el desarreglo es total. Estos señores se consideran superiores y como tal se comportan tan pronto pisan suelo nacional.

Pero no seamos tan severos. Analizando el caso sociológico, sicológico y siquiátrico ocurre algo que debemos entender, sin tener título en ninguna de estas ramas. Estos funcionarios están sometidos a diario a un estricto código de vida, que produce un gran estrés. Es como si tuvieran una camisa de fuerza. Es un trabajo arduo, duro y muy patriótico, así lo paguen con devaluados verdes o dolorosos. Esto lo entendemos y además ellos también son turistas y como tal deben ser atendidos, pues “turista satisfecho trae más turistas”.

Es aquí donde aparece el “eScort Service”, mejor llamado Servicio Social criollo, para cumplir una tarea encomiable, mas no envidiable, cual es la de soportar las manías, depravaciones, fantasías y defectos que salen a relucir en estos supermanes. Los otrora caballeros se derriten con la “criptonita” que los invade en nuestras tierras. De allí la tremenda importancia del Servicio Social que se les presta, sin que se atente contra la seguridad del mandatario gringo. Según comentó Dania en entrevista radial con Julito, los agentes eran como bobos, bebían y bebían vodka, y beodos lucían muy cariñosos, afables y manilargos… daban un billete de cincuenta mil pesos para comprar unos chicles o unos preservativos que solo valían la décima parte y no pedían vueltas. Claro que las damas no ofician por amor al arte, ni “al gratin” y por lo mismo, el Servicio se valora de acuerdo a la prestación del mismo. Ello no es malo, según palabras de la madre de la señorita Londoño.

Lo que no sabían era que se trataba también de un Servicio Secreto y uno de los Secretos de dicho Servicio es cancelar lo prometido una vez se ha prodigado en debida forma. Fue aquí donde falló la “inteligencia” de estos señorones. Ahora se sabe que ello sucede con gran frecuencia en otros meridianos. Lo que no es un Secreto es que nuestro Servicio es de gran calidad… ¡¡¡si no, miren las fotos!!! Hasta pronto.

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