LAS MUJERES EN LA FILOSOFÍA. Capítulo IV: ARETA DE CIRENE. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro de la Academia de Historia de Santander y del Colegio Nacional de Periodistas Seccional Santander.

“Se dice de ella que enseñó filosofía natural y moral en las escuelas y academias de Ática durante treinta y cinco años, que escribió cuarenta libros, y que contó con ciento diez filósofos entre sus alumnos. Gozaba de tanta consideración por parte de sus compatriotas, que inscribieron un epitafio en su tumba declarándola ser el esplendor de la Antigua Grecia y poseer la belleza de Helena, la virtud de Penélope, la pluma de Arístipo, el alma de Sócrates y la lengua de Homero”.

Así habría descrito a Areta de Cirene el gran escritor italiano Giovanni Boccaccio.

Más allá de que Boccaccio no haya sido, en realidad, el autor de la frase, de Areta de Cirene se sabe —por el gran gramático y escritor francés Gilles Ménage— que era hija y, a la vez, discípula del fundador de la escuela cirenaica, Arístipo, a su vez discípulo de Sócrates.

Por su parte, Areta de Cirene fue maestra de su hijo Arístipo el Joven.

Poseo, pero no soy poseído, pues el dominar los placeres y no dejarse dominar por ellos, no el abstenerse de ellos, es cosa óptima“, habría de pasar a la historia como la frase hedonista fundamental de los cirenaicos.

A Areta también se le conoce como Arete.

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[ILUSTRACIÓN: Una mujer griega  / Lawrence Alma – Tadema (1869)].

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