22 DE DICIEMBRE DE 1622 – 22 DE DICIEMBRE DE 2017: HACE TRESCIENTOS NOVENTA Y CINCO AÑOS NACIÓ EL PUEBLO DE INDIOS DE BUCARAMANGA. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Santander.


De acuerdo con la versión oficial, el 22 de diciembre de 1622 fue fundada Bucaramanga.

En realidad, como advertimos en nuestra Historia de Bucaramanga, “Tampoco fue una fundación como tal porque de lo que se trató fue del traslado de unos asentamientos indígenas a este lugar con el fin de reagruparlos y facilitar así, entre otras cosas, su catequización”. (GÓMEZ GÓMEZ, Óscar Humberto. Historia de Bucaramanga. Primera edición. (Sic) Editorial. Bucaramanga. 2009, p. 16, nota al pie).

Es decir, Bucaramanga no fue fundada como lo fueron Bogotá, Cali, Santa Marta, Cartagena, Pamplona o Girón.

Recientes investigaciones de historiadores como Armando Martínez Garnica han determinado que dos años antes de la Insurrección de los Comuneros (1781), los escasos indios que aún residían en este terruño fueron trasladados por España a Guane y se procedió a la conversión del pueblo de indios de Bucaramanga en pueblito español, concretamente en parroquia. Según esta moderna tendencia, ahí habría nacido propiamente nuestra Bucaramanga actual.

El reagrupamiento indígena en Bucaramanga (lugar que ya para entonces se llamaba así, en lengua aborigen), que es como decir el nacimiento de Bucaramanga como pueblo de indios, es ordenado por el oidor Juan de Villabona y Zubiaurre, quien llega a esta comarca designado por la Real Audiencia para investigar las graves denuncias que han ido a hacer en Santa Fe los indios Gaspar de Guaca, Luis de Guaca y Miguel de Bucarica en contra de los encomenderos de Bucarica, entre ellos Juan de Velasco y Juan de Arteaga, por malos tratos y otras irregularidades.

La investigación no culmina en nada. “Sin embargo, algo sí queda claro para el oidor Villabona y es que los indios están viviendo en forma desperdigada y que eso le dificulta al cura doctrinero Miguel Trujillo el cumplimiento de su misión pastoral, razón por la cual hay niños que han muerto sin bautizo, adultos que han fallecido sin confesión, parejas que deben vivir en concubinato porque no hay cura que los case y feligreses que no tienen a dónde ir a misa. Entonces dispone que se establezca el pueblo de Bucaramanga (Orden de noviembre 4 de 1622).

En la orden, Villabona señala por cuáles grupos de aborígenes deberá estar conformado el nuevo pueblo, ordena que se le construya casa al cura doctrinero y determina los diversos aspectos de su organización. Inicialmente, en la misma orden, el oidor comisiona para tal efecto al Alcalde Mayor de Minas de Las Vetas, Montuosa y Río de Oro, Antonio de Guzmán, pero veinte días después (noviembre 24 de 1622) la comisión se la confiere a Andrés Páez de Sotomayor, a quien se le dan treinta (30) días para que la cumpla.

Dos días antes del vencimiento del plazo, el 22 de diciembre, se cumple la fundación”. (GÓMEZ GÓMEZ, Óscar Humberto, ob. cit., p. 20).

“El acta de fundación fue hallada por el historiador Enrique Otero D’Costa en mayo de 1913 en los archivos coloniales que se guardaban en el piso tercero del Edificio Nacional de Santo Domingo, en Bogotá, sección Tierras de Santander, Tomo XLII, páginas 48 a 50, y publicada por primera vez en su libro Cronicón Solariego”. (GÓMEZ GÓMEZ, ob. cit., p. 16).

“El siguiente es el texto de dicha acta:

“En el sitio de Bucaramanga, en veinte y dos días del mes de diciembre de mil y seiscientos y veinte y dos años, yo, Miguel de Trujillo, Presbítero, Cura Doctrinero del Río del Oro y sus anexos, e yo, Andrés Páez de Sotomayor, Juez Poblador, certificamos, en cumplimiento de esta comisión despachada por el señor Juan de Villabona y Zubiaurre del Consejo de su Magestad, su Oidor más antiguo de la Real Audiencia de este Reino y Visitador General de las provincias de Tunja y Pamplona, y, por particular comisión, Visitador de los Reales de Minas de las Vetas, Montuosa, Suratá y Río del Oro: que hoy, dicho día, dije yo, el dicho Cura, misa en la iglesia de esta población, que para este efecto mandamos hacer, por estar acabada, con su Sacristía; y está cubierta con paxa, con muy buenas maderas, estantillos, varas y vigas; y tiene de largo ciento y diez pies y de ancho veinte y cinco; y está bien acabada y es copiosa para la jente que a ella acude a misa, demás de lo cual están acabados los bohíos de las parcialidades siguientes: de los lavadores de Cachagua, tres bohíos grandes para la jente que tienen. Item, los indios de Gerira, dos grandes para la jente que tienen. Item: otros dos buhíos grandes, los indios de la cuadrilla de mí, el dicho Andrés Páez, que son bastantes para ellos. Item, están armados y se están haciendo con mucha priesa, otros bohíos grandes y buenos para los indios de la Encomienda del Capitán Juan de Velasco, y en el interin que se acaban, viven en dos ranchos pequeños que están hechos en este sitio. Demás de lo cual, está hecha y acabada la casa de la morada de mí, el dicho cura. Y a estos indios se les repartieron resguardos en conformidad con la dicha comisión, en esta manera: a los lavadores de Cachagua, desde la loma que llaman de Chitota hasta una quebrada que llaman de Namota; a los indios de la Encomienda del Capitán Juan de Velasco, desde la dicha quebrada de Namota hasta la quebrada de Zapamanga, con un pedazo de tierra que cae junto al Río Suratá donde tienen unas labranzas de yucas y batatas; y a los indios de Gerira se les dió desde la quebrada de Bucaramanga hasta la quebrada que llaman de la Iglesia; a los indios de Andrés Páez se les dió desde la quebrada de Cuyamata hasta la quebrada que llaman de los Mulatos. Todos los cuales dichos resguardos, de susso declarados, es tierra buena, sana y útil para cualquier género de semillas como son: maíz, fríjoles, yucas, batatas, ahuyamas, plátanos y otras cosas, en la cual hay tierra bastante para año y vez. Y todo está en contorno de la dicha población. Y para que de ello conste, damos la presente firmada de nuestros nombres, en el dicho día, mes y año arriba dichos.- Miguel de Trujillo.- Andrés Páez de Sotomayor”.  (…)”. (Historia…, p.p. 20 – 21).

Como advertimos en pie de página, “Algunos de los vocablos y expresiones tienen hoy otra ortografía o distinta redacción. Es el caso de “Magestad”, que hoy se escribe “Majestad”; “paxa”, que se escribe “paja”; “jente”, que se escribe “gente”; “buhíos”, que hoy en día sólo permite la escritura “bohíos”; “priesa”, que se escribe “prisa”; “interin”, que quedó “ínterin” y significa “entre tanto”; “demás”, en el contexto en que allí aparece, quedó “además”; “dió” perdió la tilde; “Cuyamata” pasó a llamarse “Cuyamita”; “susso declarados”, pasó a ser “susodichos”; “ahuyamas” hoy es también sin “h”, es decir, se puede escribir “auyama” (Ver: Pequeño Larousse Ilustrado); “año y vez” pasó a ser “cosecha y atraviesa o mitaca”, que es la “segunda recolección anual”. (Historia…, p. 21). De igual manera, la expresión “e yo” equivale a la actual “y yo”.

Sin embargo, el establecimiento del pueblo de indios de Bucaramanga -tenido por la versión de Otero D´Costa y por el criterio oficial como la fundación de la ciudad- obedeció a un contexto: el establecimiento de pueblos de indios en varios lugares de la geografía nacional como necesidad imperiosa surgida del despoblamiento sufrido por los indígenas a consecuencia de la violencia española, de las enfermedades traídas por los españoles y para las cuales no estaba preparado el sistema inmune de los aborígenes, y por las terribles condiciones a que fueron sometidos estos en las duras tareas de la minería.

FAYAD GANDUR
Para cerrar esta entrada, a propósito del cumpleaños oficial de la ciudad, nos permitimos reproducir las palabras con las que cerramos nuestro libro (Historia…, p.p. 734 – 735):

“Así, cargada de ilusiones y encarando el futuro con optimismo, prosigue su marcha esta Bucaramanga de hoy, esta Señora Bucaramanga que ya no oye cigarras, porque las cigarras dejaron de ser su símbolo hace mucho y se perdieron por siempre con su ulular en las brumas del pasado remoto e irrepetible; que no huele sarrapios, porque los últimos que quedan los han ido cortando sin piedad para que sobre el suelo donde se mantenían en pie pueda seguir avanzando el progreso; que tampoco recuerda chorreras, burros, bobos, ni barriles, porque presume de contar con un acueducto que brinda el agua más pura del país; que ya no se alumbra con velas, farolas, antorchas o velones, porque se jacta de una gran electrificadora, que aunque recientemente vendida a empresarios paisas continúa llamándose de Santander; que se olvidó de personajes típicos como Mimimota, La Cucaracha, el General Farías o el Doctor Campbell; que ya no escucha a sus niños declamar en las “sesiones solemnes” de las escuelas, ni los ve jugar al trompo, ni los oye hablar del Juan Pagas, ni los escucha pedirles a sus padres la bendición, ni los observa yendo a Misa los domingos, ni los descubre jugando tángara; que ya no habla, en las amenas tertulias nocturnas frente a las casas, de las delicias ofrecidas por restaurantes que hasta hace poco inundaban con el aroma de sus viandas el aire de una ciudad todavía no contaminada, entre otras razones porque cada vez quedan en pie menos casas y cada vez hay menos gente dispuesta a conversar, amén de que la tertulia en los restaurantes ya no es posible pues es urgente desocupar la mesa; cuyos últimos emboladores se congregan a matar el tedio en el Parque Santander y a rememorar allí los tiempos dorados de su oficio, cuando los caballeros bumangueses, vestidos con flux y sombrero, aún se mandaban lustrar los zapatos en señal de una distinción en el vestir que hoy, bajo los agobios del calor, ya no le importa a nadie; que ya casi no sale a ver la llegada de la Vuelta a Colombia en Bicicleta ni se pega al oído el radio transistor para escuchar la transmisión del certamen que languidece; que ya no volvió a ver a Miguelito recogiendo por la puerta trasera de su bus de Transportes Palonegro a los chicos de las escuelas que, acicateados por el hambre y la sed, se gastaron a la hora del recreo las escasas y entristecidas monedas del pasaje; que ya no alquila cuentos de vaqueros en las tiendas de los barrios, ni monta en bicicleta, ni se sienta a deleitarse con el canto de los pájaros o a rasgar el tiple sobre la mecedora de madera y mimbre, porque ya no tiene tiempo ni para almorzar, mucho menos para perderlo en esas tonterías, las mismas tonterías que acaso la rescatarían del estrés y de la irritabilidad con los que cambió su rostro amable, el mismo que la convirtió hace algún tiempo en La ciudad más cordial de Colombia.

Al verla así, con sus calles siempre rotas, como si viviera permanentemente en obra negra; con ese gentío presuroso que pareciera asfixiar los últimos reductos de su alegría; con esa invasión inmisericorde de personas y conductas que hasta hace poco le eran completamente extrañas; con esas oleadas de ruido, de calor y de incertidumbre que por momentos amenazan con enloquecerla; con sus cerros tutelares desaparecidos bajo las fauces de las edificaciones sin alma, las mismas que dieron al traste con sus casas solariegas e impusieron la moda terrífica del condominio; con su pobreza sempiterna en el norte y con su estiramiento habitacional incesante en el sur, que amenaza fusionarla con Floridablanca en un abrazo del que ya se empieza a hablar, pero del que se ignora qué tan triunfal o derrotada saldrá cuando suceda; al verla así, digo, con toda su pequeñez y toda su grandeza, no puedo menos sino rememorar que de sus entrañas broté un día y a sus entrañas habré de volver.

Por eso, a ella le he dedicado este libro, escrito con la rústica sencillez del aprendiz, sobre el decurso, casi siempre duro y triste, de su propia historia.  A ella tenía que estar dedicado, claro: A mi tierra, a mi Bucaramanga. Y con los únicos sentimientos posibles”.
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¡Feliz cumpleaños, Bucaramanga!


“TESTAMENTO

Haz, Ciudad de los Búcaros, querida
con amor santo de filial ternura,
que se abra un hoyo en tu heredad florida
cuando vayan a cavar mi sepultura.

Que planten un rosal, cuya futura
floración perfumada y encendida
sea el símbolo enorme de mi vida
que ardió por ti bajo la tierra oscura.

Pese a ídolos de barro, y vanidades
de mujeres, caminos y ciudades,
llenó tu luz mi corazón entero:

y así, tras las jornadas fatigosas,
quiero rendirlo en holocausto, quiero
dártelo todo, convertido en rosas”.

AURELIO MARTÍNEZ MUTIS

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CANCIONES:

(1) A BUCARAMANGA. (Luis María Carvajal). LOS LUCEROS DE OIBA.

(2) SEÑORA BUCARAMANGA. (José A. Morales). CUERDAS COLOMBIANAS.

(3) HUBO UNA CIUDAD. (Óscar Humberto Gómez Gómez). EL CAMPESINO EMBEJUCAO Y LOS DE MEJOR JAMILIA.

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[Fotografías: Quintilio Gavassa Mibelli, Carlos Eslava Flórez y Héctor Hernández Mateus. Cortesía del historiador y periodista don Edmundo Gavassa Villamizar, y de los fotógrafos don Carlos Eslava Flórez y don Héctor Hernández Mateus].

[Videos: Ninguno de los videos es obra de Santander en la Red, ni de Óscar Humberto Gómez Gómez, ni de colaboradores suyos, sino de personas a quienes no conocemos, que amablemente los han editado libremente y los han subido, también libremente y por su cuenta, a Youtube].

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4 respuestas a 22 DE DICIEMBRE DE 1622 – 22 DE DICIEMBRE DE 2017: HACE TRESCIENTOS NOVENTA Y CINCO AÑOS NACIÓ EL PUEBLO DE INDIOS DE BUCARAMANGA. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Santander.

  1. José Manuel Guaracao González dijo:

    EL APORTE DE LOS GUANES

    Para 1622 cuando aparece Bucaramanga, “Según la opinión de personas entendidas, la palabra Bucaramanga está compuesta de las voces búcaro y manga: búcaro que significa anaco; y manga, campo o terreno. Campo de anacos” (Crónicas de Bucaramanga, José Joaquín García, página 45), empieza a brillar con luz propia. Los indios Guanes encomenderos descubrieron el oro, precioso metal proveniente de una mina de aluvión a orillas del “Rio de Oro” instalando por este motivo, entre otros, sus rancherías, vecinas a las que tenían los indígenas Laches; muchas familias indígenas vinieron, se quedaron viviendo en esta región, dejaron sus descendencias, apellidos, artes y conocimientos ancestrales, con el tiempo, su raza se fue mezclando, mestizando e incluso desapareciendo. Pero dejaron un legado de sencillez, laboriosidad e incluso de liderazgo.

    Apellidos guanes como: Aquichire, Alquichire, Araque, Bacareo, Berache, Cabarique, Cachopo, Chaco, Cherco, Guaracao, Guartero, Guatecique, Ine, Izaquita, Noa, Quecho, Sinuco, Tangua, Tasco, Tinjacá, Useche, fueron muy comunes, pero a través del tiempo muchos desaparecieron con quienes los llevaban y otros los han modernizado, como el Cabarique que ahora es Cabarik, Los Chaco ahora son Chacón, o los Noa, que se convirtieron en Novas. Y han existido casos de quienes se avergüenzan del apellido y de sus antepasados. (Favor ver: Presentación de La Antigua Capital de la Provincia de Guane, Pbro. ISAIAS ARDILA DIAZ, página 235 y siguientes).

    Para 1755, Bucaramanga, era un reducido caserío de indígenas. En 1778 se le erigió en Parroquia como “Pueblo y Real de Minas de Oro, de la jurisdicción y gobierno de Pamplona”. Obtuvo la designación de Capital del Estado de Santander, por Ley 24 de Noviembre de 1857 y tuvo esa categoría hasta 1861. Luego fue la Capital del Departamento de Soto. En el Código Político y Municipal, expedido en 1869, se le dio el título de ciudad. (Crónicas de Bucaramanga, José Joaquín García, página 46).

    En el siglo XIX, se tiene conocimiento de una familia Guaracao Quintero, conformada por los padres Manuel Hipólito Guaracao y Secundina Quintero, quienes contrajeron matrimonio en la iglesia de San Laureano en Bucaramanga y que habitaron en el Barrio Girardot, de cuya unión nacieron Paulina, Manuela, Lorenzo, José Encarnación, Regina, Bruno, Jesús María y Pedro Alcántara Guaracao Quintero. De los cuales Paulina, Regina, Bruno, Jesús María y Pedro Alcántara, se dedicaron al arte de la joyería, en donde se destacaron como excelentes joyeros, elaboraban y producían sus propias obras de arte en oro, las que realizaban de manera artesanal, pero con tal esmero, dedicación, gusto y estilo que fueron muy apetecidas en la región y a nivel nacional. Además conformaron empresas, cooperativas y asociaciones para impulsar la joyería en Bucaramanga. Manuela se unió en nupcias con Abelardo Cárdenas y fueron los fundadores de las librerías y papelerías IRIS, en Bucaramanga y San Gil. Lorenzo fue un excelente maestro en el arte de la latonería y pintura de automotores en la ciudad y distribuidor de pinturas para los Santanderes. José Encarnación emigró para Barrancabermeja en donde igualmente sobresalió en la mecánica automotriz.

    Hoy la descendencia de aquellos Guaracao Quintero, llevamos con orgullo nuestro apellido indígena, los ejemplos y enseñanzas heredadas, lo cual manifestamos a través de las diferentes actividades cotidianas y de las variadas profesiones que ejercemos al servicio de nuestra amada Bucaramanga, ciudad, o país del mundo en donde nos encontremos.

    • Óscar Humberto Gómez Gómez dijo:

      La moderna historiografía sobre Bucaramanga ha puesto de presente que esta palabra es indígena y que preexistía a la llegada de los conquistadores a esta tierra, por lo cual la elucubración de don José Joaquín García sobre su supuesto significado como si se tratara de una palabra española -elucubración llamada “ingeniosa” por los historiadores que primero la cuestionaron (Armando Martínez Garnica y Amado Antonio Guerrero Rincón. La provincia de Soto. Orígenes de sus poblamientos urbanos)- ha quedado replanteada por completo. Y como no quedó lexicón, ni registro alguno acerca de la significación de los vocablos indígenas supérstites, todo se reduce a meras conjeturas, siempre aventuradas y sin respaldo alguno. En consecuencia, se tiene la certeza de que “Bucaramanga” no es un vocablo español, sino indígena (este lugar ya era llamado así desde antes del 22 de diciembre de 1622, como se observa en el acta), pero se ignora por completo qué quería decir en lengua aborigen. De otro lado, aunque entendíamos que su origen era guane, y así lo consignamos en nuestra Historia de Bucaramanga, tampoco lo es; “Bucaramanga” es un vocablo chitarero. Los indios chitareros fueron traídos de Guaca a Bucaramanga para que trabajaran en las labores de minería y fueron ellos quienes comenzaron a llamar a este sitio “Bucaramanga”. (Martínez Garnica. Guerrero Rincón, ob. cit., p. 63).

      En la 2a edición de nuestra Historia de Bucaramanga, próxima a aparecer, hemos hecho las precisiones correspondientes.

      En cuanto al apellido Guaracao, que lleva con tanto orgullo el distinguido remitente, es, en efecto, de procedencia guane. Así lo consigna Enrique Otero D´Costa en Cronicón Solariego, y así lo dejamos consignado también nosotros en Historia de Bucaramanga.

      Muchas gracias al doctor Guaracao por el aporte.

  2. Héctor Hernández Mateus dijo:

    Solo quienes sentimos nuestra ciudad bonita le dedicamos parte de nuestro saber y buscamos que se conozca la historia, su cultura y sus gentes. Felicitaciones y gracias por incluir una de las fotos que más quiero, por lo que ella sintetiza.

  3. Iliana Blackburn dijo:

    Oscar, gracias por ese homenaje a nuestra tierra querida y por contarnos parte de la historia de nuestra bella ciudad, por las fotografías y la música que nos ha compartido, por su trabajo de investigación tan esmerado, por ayudar en esta forma a mantenernos en contacto con las raíces de mi Bucaramanga del alma. Un abrazo.

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