A LA JUVENTUD. Por Óscar Humberto Gómez Gómez.


Es en la juventud donde radica la esperanza; serán los jóvenes los que construirán la nueva sociedad colombiana, una sociedad honesta, libre de la bajeza moral, del prevaricato y de la coima, ajena a la apropiación indecorosa y cobarde de los caudales públicos, impermeable al deslumbramiento del dinero mal habido y a la desvergüenza del pornógrafo y del proxeneta, destructores del amor y de la dignidad femenina.

Será en la nueva abogacía, en la nueva historia, en la nueva ingeniería, en la nueva psicología, en la nueva odontología, en la nueva arquitectura, en fin, en la sangre nueva y fresca de las grandes profesiones liberales, donde habrá de germinar el porvenir.

Y es esa juventud sin mácula, aquella juventud que todavía no se ha dejado contaminar por la insensibilidad ante el dolor ajeno, aquella juventud que no se ha dejado adormecer la conciencia por la injusticia -antivalor que a quienes detentan el poder pareciera importarles un bledo-, aquella juventud que todavía sigue creyendo en la virtud -así los corrompidos o los resignados pretendan hacerle creer que todos tenemos un precio-, aquella juventud, digo, la que algún día recuperará en Colombia la dignidad perdida y hará que nadie vuelva a sentirse acorralado entre la espada y la pared, entre la perspectiva de volverse deshonesto o tener que darles a sus sueños una sepultura de tercera.

Los que ya no son jóvenes -porque además de haber vivido largos años, también se dejaron envejecer el espíritu- no son esperanza de nada; su única meta es poder salir a disfrutar la más jugosa pensión de jubilación que les sea posible.

Mirándolo bien, si esa fue, en últimas, la única mira que estos personajes tuvieron en la vida, en el fondo jamás hicieron nada para merecerla, en el fondo no fueron más que una caterva de holgazanes, pues desempeñaron sus tareas sin amor, y como bien lo dijo Facundo Cabral: “Ama siempre lo que haces, porque el que no ama lo que hace, aunque trabaje todo el día siempre será un desocupado”.

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