SOMOS DE LOS MISMOS. Por Óscar Humberto Gómez Gómez.

He descubierto que, a pesar de las banderas,

las edades, los idiomas, los escudos,

los oficios, los gobiernos, las fronteras,

las costumbres, los trajes, los saludos,

en el fondo somos todos de los mismos,

similares en el miedo a los abismos,

parecidos en la risa y en el llanto,

en los sueños de paz, y el desencanto,

semejantes en la letra de los himnos.

 

Nadie habla diferente en este mundo:

negro, blanco, sedentario, vagabundo,

sea en inglés, en ucraniano o en mixteca,

sea en griego, húngaro, árabe o huasteca,

a la larga expresará siempre lo mismo:

“Te amo”, “No te vayas” o “me duele”,

“¡qué bien luce!”, “¡qué bien sabe!”, “¡qué bien huele!”,

“¡tengo hambre!”, “¡te extraño!”, “¡te deseo!”,

“En ti, oh Dios, creo” o “no creo”,

“te odio”, o quizás: “tú me haces falta”,

y uno que otro vocablo hay que resalta

por hermoso, trascendente, actual o feo.

 

En el fondo es lo mismo lo que veo,

a la postre no es distinto lo que siento,

sea dicho en alemán o en papiamento,

en francés, en portugués o en arameo.

 

Yo abrigo una esperanza: que mañana,

en España, en la India o en Guyana,

sea el idioma universal el de la risa,

y se expanda, con el viento, con la brisa,

el dialecto orbital de los abrazos,

y una lengua mundial de muchos trazos

que dibujen corazones y sonrisas.

Que sea amistoso en todas partes el palique,

igual en Argentina, en Mozambique,

lo mismo en el Vietnam que en San Marino,

en las Islas Caimán, los Apeninos,

en México, en el polo, en Oceanía,

donde quiera que haya un hombre haya alegría,

donde quiera que haya vida haya esperanza;

que los próximos sean tiempos de bonanza,

que silencien la oratoria de metralla,

que no vuelva a ser un arma quien te calla,

y sea tu canto el que desgarre la neblina,

y el murmullo de las aguas cristalinas,

el coro sin igual con que Natura

te acompañe en tu oración plácida y pura

con la cual dirás a Dios, sea quien fuere,

lo mucho que le admiras, que le quieres,

por todos los regalos que te ha dado,

por haberte convertido en fiel soldado,

defensor del aire puro, de las aves,

de los ríos, de los vientos, de los mares,

del abrirse los capullos de las rosas

y volar sobre el jardín las mariposas.

 

Yo guardo otra esperanza: que algún día

sea tu lengua la misma lengua mía

y por mucho que estés de mí lejano

comprendas que aún así eres mi hermano.

 

Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, domingo 6 de octubre de 2001

 

[ILUSTRACIÓN: Imagen de Mafalda para UNICEF. Ilustración de la Declaración Universal de los Derechos del Niño. 1977. Joaquín Salvador Lavado Tejón. Quino].

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