Los muertos de la autopista piden justicia al cielo. Por Rafael Serrano Prada.

En la zona de influencia de la autopista Bucaramanga – Floridablanca- Piedecuesta no cabrían las cruces por las muertes trágicas que se han producido en accidentes de tránsito, desde cuando se construyeron los carriles de Metrolínea, que convirtieron la principal arteria vial de la zona metropolitana de Bucaramanga en un embudo. Miles de motocicletas, entre camiones, volquetas, automóviles y buses articulados, generan trampas mortales para jóvenes trabajadores y estudiantes que prefieren estos pequeños vehículos de dos ruedas al transporte público, que ha perdido clientela durante los últimos años.

Las muertes trágicas se multiplican todos los días en forma recurrente, produciendo muchas víctimas mortales, especialmente muchos jóvenes destrozados bajo las ruedas de vehículos de alto tonelaje. Quienes logran sobreponerse a la tragedia quedan lisiados de por vida, con las extremidades destrozadas, con las piernas mutiladas, sin que haya una legislación que obligue al estado colombiano a responder por esas víctimas. Nadie se ha preocupado por levantar una estadística sobre lo que significa el alto número de muertes en esta autopista, que ofrece gran cantidad de trampas mortales, especialmente entre Piedecuesta y Floridablanca.

La crónica judicial de El Frente recoge todos los días las fotografías de esta incontenible y recurrente ola de siniestros. Entre las últimas víctimas, dos mujeres jóvenes que se movilizaban en motocicleta hacia sus lugares de trabajo, identificadas como Jenny Sánchez Camacho y Yaneth Gutiérrez, que fueron arrolladas el jueves pasado por un taxi, a plena luz del día, provocando un trancón de horas en la más congestionada arteria vial que tiene Santander y Colombia.

La policía recoge los cadáveres y los conduce a la morgue, donde se certifica la muerte cerebral, pero ninguna autoridad responde por la mala calidad de la vía, por los equivocados diseños que se elaboraron para la construcción de los carriles de alta velocidad, donde circulan en condiciones de anarquía toda clase de vehículos, que invaden carriles ajenos, devorando especialmente a los motociclistas que buscan los mínimos espacios en la ruta.

Desde cuando se inauguró el sistema de transporte masivo Metrolínea, más de doscientas personas que se utilizaron el transporte en motocicletas han muerto trágicamente en la autopista Bucaramanga – Piedecuesta. Las estadísticas son escalofriantes y demuestran que existe un problema social y de salud pública, porque además de los muertos, que copan las páginas de información policiva y judicial de los periódicos, quedan muchas personas mutiladas de por vida, como pueden certificarlo las clínicas y hospitales de la región.

Es aterrador encontrar en las páginas de los dos diarios locales, todos los días, cómo mueren las personas bajo las ruedas de vehículos articulados que devoran a las pequeñas motocicletas, sin saber que son los hijos de los pobres, los trabajadores de escasos recursos, las secretarias de las oficinas públicas y privadas, que utilizan estos aparatos, desde cuando el sistema de transporte público se convirtió en una odisea para llegar oportunamente a los lugares de trabajo.

Se habla de la imprudencia de los conductores de las motocicletas, que abusan de la velocidad, que se olvidan del riesgo que representa saltarse un carril, tratando de sobrepasar a los vehículos de alto tonelaje, que al parecer provocan un fenómeno de succión sobre los pequeños aparatos en que se movilizan las víctimas de esta ola trágica.

Las autoridades metropolitanas deberían analizar este fenómeno, que ha causado luto, dolor y lágrimas en muchos hogares de familias humildes, que aportan el mayor número de muertes trágicas. Las equivocaciones que cometieron los genios de la planeación en los diseños de la autopista Bucaramanga – Piedecuesta, las pagan las gentes humildes que mueren aplastadas bajo las ruedas de buses y camiones en el infierno de la congestión diaria, que impide llegar a tiempo a los lugares de trabajo.

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RAFAEL SERRANO PRADA.— Periodista, locutor, educador, escritor, empresario, político, parlamentario y orador santandereano. Director del diario EL FRENTE de Bucaramanga.

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Una respuesta a Los muertos de la autopista piden justicia al cielo. Por Rafael Serrano Prada.

  1. Miguel Ángel Alarcón N. dijo:

    Dr. SERRANO PRADA:
    Cordial saludo. No le echemos toda la culpa al diseño de las vías. Yo más bien creo que es asunto de ausencia de las autoridades de tránsito que no hacen cumplir las normas. Veamos lo que dice el artículo 94 del Código de tránsito:
    Los conductores de bicicletas, triciclos, motocicletas, motociclos y mototriciclos, estarán sujetos a las siguientes normas:
    Deben transitar por la derecha de las vías a distancia no mayor de un (1) metro de la acera u orilla y nunca utilizar las vías exclusivas para servicio público colectivo.
    Los conductores de estos tipos de vehículos y sus acompañantes deben vestir chalecos o chaquetas reflectivas de identificación que deben ser visibles cuando se conduzca entre las 18:00 y las 6:00 horas del día siguiente, y siempre que la visibilidad sea escasa.
    Los conductores que transiten en grupo lo harán uno detrás de otro.
    No deben sujetarse de otro vehículo o viajar cerca de otro carruaje de mayor tamaño que lo oculte de la vista de los conductores que transiten en sentido contrario.
    No deben transitar sobre las aceras, lugares destinados al tránsito de peatones y por aquellas vías en donde las autoridades competentes lo prohíban.
    Deben conducir en las vías públicas permitidas o, donde existan, en aquellas especialmente diseñadas para ello.
    Deben respetar las señales, normas de tránsito y límites de velocidad. Etc.etc
    Mi pregunta es: las normas están , ¿pero quien las hace cumplir?
    Además recordemos que los intentos del alcalde de ponerlos en cintura fracasan ante un paro de motociclistas en la Puerta del Sol.

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