¿A quiénes les interesa el debilitamiento del Derecho Internacional?

MAPAMUNDIEstados Unidos se niega a suscribir el Tratado de Kyoto sobre las medidas a que quedan obligados los estados miembros de la ONU para frenar el calentamiento global. Estados Unidos y Cuba, en curiosa coincidencia, se niegan a firmar el Tratado de Ottawa sobre las medidas que deberán adoptar los estados miembros de la ONU contra ese horror dantesco de las minas antipersonales. Estados Unidos se niega a adherir al tratado internacional sobre la creación de la Corte Penal Internacional, instrumento generado en el seno de la ONU para el juzgamiento de los cada vez más espeluznantes crímenes de guerra. Estados Unidos se niega a acatar la resolución de la ONU que se interpone al deseo expresado por la colosal nación del norte de invadir militarmente a Iraq para derrocar a Saddam Hussein y, de todas maneras, invade a Iraq, con justificaciones que resultan mentirosas, a pesar de lo cual mantiene la ocupación.  Israel se niega a acatar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que le ordena parar la matanza en Palestina y lo que hace es arreciar sus bombardeos causando la muerte de muchos más civiles indefensos que ni siquiera tienen la opción de huir porque el ejército israelí tiene cerradas las salidas. Estados Unidos reconoce sin pudor que está torturando a los prisioneros en cárceles completamente al margen de la ley como la de Guantánamo y que allí no se admiten términos judiciales de ninguna índole, ni se le garantiza a nadie el derecho de defensa. El gobierno de Honduras instalado a partir del golpe de Estado contra el presidente de la república desacata abiertamente a la OEA y Manuel Zelaya tiene que resignarse a quedarse fuera del cargo para el cual fue elegido. Israel no acepta las conclusiones de una comisión internacional designada por la ONU para investigar el brutal y espantoso ataque de sus tropas de asalto contra un barco turco que llevaba ayuda humanitaria a la desgraciada Franja de Gaza. La Corte Penal Internacional mantiene vigentes varias órdenes de captura contra jefes de Estado acusados de espeluznantes violaciones a los derechos humanos, pero ellos continúan campantes en sus cargos. El Presidente de Venezuela Hugo Chávez se refiere despectivamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos diciendo que esa corte vale menos que un corte de cabello, dando a entender que no acatará sus conclusiones según las cuales a un líder opositor se le está violando su derecho constitucional a ser elegido. En fin, cada vez que un Estado miembro es condenado por violación a los derechos humanos o por la razón que sea, se desencadenan los improperios y descalificaciones contra los tribunales internacionales. La CIDH, por ejemplo, es atacada por la extrema derecha con similar acritud a como lo es por la extrema izquierda. Las que se creían conquistas de la humanidad, como la abolición de los juicios secretos, la tortura o la pena de muerte sin fórmula de juicio y la inviolabilidad de las fronteras de los demás países, hoy parecen aseveraciones de tontos ingenuos y no de juristas respetables.

Pero la cuestión en juego no es ninguna tontería, ni ingenuidad alguna.

En efecto, eso de que cada Estado poderoso se sienta en absoluta libertad de obedecer o desobedecer lo que disponen los instrumentos del Derecho Internacional está acabando con éste, en medio de la indiferencia, cuando no el aplauso, de los observadores, que adoptan una actitud u otra según quién sea el agresor y quién el agredido.

CORTE INTERNACIONAL DE LA HAYA

CORTE INTERNACIONAL DE LA HAYA

El ejercicio arbitrario de las propias razones, por muy seductor que parezca, especialmente cuando se es fuerte, trae, no obstante, aparejado el gravísimo inconveniente de diezmar la solidez del Derecho como instrumento de solución civilizada de los conflictos. Si mi inquilino es un anciano enclenque que hace diez meses no me paga el canon de arriendo y yo, en lugar de acudir a un juicio, voy directamente y lo saco de mi propiedad a empellones, desde luego que me ahorro los costos de abogado y las vicisitudes propias de un proceso judicial, y ese mismo día tengo solucionado mi problema y recuperado mi inmueble. Pero, desde el punto de vista de las conquistas obtenidas por la civilización, es evidente que he marcado un peligroso retroceso. Retroceso, porque tal proceder se suponía ya superado por la historia de la humanidad. Peligroso, porque el día de mañana otro más fuerte que yo querrá hacer lo mismo conmigo.

ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS

Semejantes soluciones, que tanto exalta el cine norteamericano con personajes como Rambo y que los presidentes estadounidenses tanto ponen en práctica en todos los rincones de la Tierra, son las que se vienen apoderando del mundo gracias a la influencia que ese poderoso país tiene en todo el orbe. Ya los estados no quieren acudir al seno de las Naciones Unidas, sino enviar sus tropas de una vez a solucionar cada problema que les surge, a sangre y fuego. Y quienes esbozan alguna tímida crítica a semejante modo de actuar son tildados, de una vez, de cómplices de los destinatarios del mismo. Si, por ejemplo, se oponen a que Estados Unidos invada a Panamá es porque son compinches de Manuel Antonio Noriega. Si se oponen a que la misma Norteamérica invada a Iraq es porque son cómplices de Saddam Hussein. Es como si por el hecho de que alguien protestara ante el atropello cometido por mí contra el anciano del ejemplo, yo descalificara a mi crítico con el señalamiento de que está patrocinando el que la gente viva en lo ajeno sin pagar arriendo.

ASAMBLEA GENERAL DE LA OEA

ASAMBLEA GENERAL DE LA OEA

Las nuevas generaciones, por fortuna, ya se muestran cansadas de líderes que se sienten dueños de la vida ajena y determinan, desde sus cómodas oficinas burocráticas, si los asustados niños de una escuela o los doloridos y debilitados pacientes de un hospital o la angustiada e indefensa familia que reside en una casa pueden seguir viviendo o deben desaparecer borrados por una bomba.

El hecho de que los estados miembros de la ONU, si son militarmente poderosos, tengan la opción de acatar o no las disposiciones de su Consejo de Seguridad o de su Asamblea General, podría estar significando el derrumbamiento de la misma organización internacional, tal y como sucedió con la desaparecida Liga de las Naciones. Llama la atención que el Derecho Internacional es acatado o desconocido según las conveniencias. El Estado de Israel, por ejemplo, que ahora desconoce sistemáticamente la autoridad de las Naciones Unidas, fue posible porque, precisamente, una resolución de la ONU les entregó a los hebreos en 1947 el 50% del territorio de Palestina.

LA LIGA DE LAS NACIONES PUSO FIN A LA GUERRA ENTRE COLOMBIA Y PERÚ POR LETICIA

LA LIGA DE LAS NACIONES PUSO FIN A LA GUERRA ENTRE COLOMBIA Y PERÚ POR LETICIA

En cuanto a nosotros, los colombianos, no debemos jugar con la candela: Antes que aplaudir entusiastas la posibilidad de que se debilite del todo el Derecho Internacional, y se derrumbe la Organización de las Naciones Unidas, y la Organización de Estados Unidos Americanos desaparezca, debemos pronunciarnos porque ello nunca suceda y, al contrario, las entidades supranacionales se fortalezcan cada vez más.

Hagámoslo así, compatriotas, no sea que el día en que un Estado poderoso decida invadirnos militarmente (de seguro que en “legítima defensa”), tengamos que resignarnos a ver nuestro suelo arrasado por las bombas y a morir en la más absoluta indefensión, acaso añorando la época en que, cuando menos, los países débiles agredidos podían acudir a la OEA o a la ONU.

 

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Una respuesta a ¿A quiénes les interesa el debilitamiento del Derecho Internacional?

  1. Sir Lancelot du Lac dijo:

    Sencillamente magnífico. No puedo estar más de acuerdo con las ideas que se expresan en el texto.

    Enfocándome un poco en el tema de la argumentación contra la fuerza, siempre he pensado que, desafortunadamente, la sociedad actual está bastante lejos de poder ser considerada inteligente y civilizada. Por triste que suene, todavía no nos acercamos ni por asomo al momento en que la dialéctica tenga más poder de convicción que la fuerza bruta o la terquedad. A manera de ejemplo: yo puedo plantear mil y un argumentos a lo largo de dos horas a un interlocutor necio para que deje de hacer ruido y me deje dormir, hablándole sobre la elemental importancia biológica del sueño y el simple respeto a los derechos de las personas que viven en una sociedad, y éste puede responderme simplemente con un “no se me da la gana” —o darme un empellón sin siquiera abrir la boca— y zanjar de inmediato la discusión (a su favor, por supuesto). Analogías a este caso, por miles.

    Cómo podría ser la lógica más fuerte que el puño o la necedad, eso no lo sé, ni soy capaz de imaginarlo. Lo que sí se me ocurre es una sociedad en la que, sencillamente, todo el mundo utilice la primera, y nadie los otros dos.

    Dicen que soñar no cuesta nada, pero el desgano de no saber si lo imaginable es siquiera posible sí que es un costo para el alma.

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