LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo IV]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Volvamos a Psique. Es decir, reabramos el libro Las metamorfosis o El Asno de Oro de Apuleyo y sigamos escuchando a aquella vieja madre de los ladrones que le está contando a una doncella cautiva la novela de una princesa desdichada y envidiada.

“Capítulo III

Cómo Cupido avisa a su mujer, Psique, que en ninguna manera descubra a sus hermanas de quién está preñada, ni las crea a cuanto le dijeren, porque se perderá.

-Entre tanto, el marido de Psique, al cual ella no conocía, la tornó a amonestar otra vez con aquellas sus palabras de noche, diciendo: «¿No ves cuánto peligro te ordena la fortuna? Pues si tú, de lejos, antes que venga, no te apartas y provees, ella será contigo de cerca. Aquellas lobas sin fe ordenan cuanto pueden contra ti muy malas asechanzas, de las cuales la suma es ésta: ellas te quieren persuadir que tú veas mi cara, la cual, como muchas veces te he dicho, tú no la verás más, si la ves. Así que si después de esto aquellas malas brujas vinieren armadas con sus malignos corazones, que bien sé que vendrán, no hables con ellas ni te pongas a razones; y si por tu mocedad y por el amor que les tienes no te pudieres sufrir, al menos de cosa que toque a tu marido ni las oigas ni respondas a ella; porque acrecentaremos nuestro linaje, que aun este tu vientre niño otro niño trae ya dentro, y si tú encubrieres este secreto, yo te digo que será divino, y si lo descubrieres, desde ahora te certifico que será mortal.»

[12] Psique, cuando esto oyó, gozose mucho y hubo placer con la divina generación. Alegrábase con la gloria de lo que había de parir, y gozándose con la dignidad de ser madre, con mucha ansia contaba los días y meses cuando entraban y cuando salían. Y como era nueva, en los comienzos de la preñez, maravillábase de un punto y toque tan sutil crecer en tan abundancia su vientre. Pero aquellas furias espantables y pestíferas ya deseaban lanzar el veneno de serpientes, y con esta prisa aceleraban su camino por la mar cuanto podían. En esto, el marido tornó a amonestar a Psique de esta manera: «Ya se te llega el último día y la caída postrimera, porque tu linaje y la sangre tu enemiga ya ha tomado armas contra ti, y mueve su real y compone sus batallas y hace tocar las trompetas, y diciéndolo más claro, las malvadas de tus hermanas, con la espada sacada te quieren degollar. ¡Oh cuántas fatigas nos atormentan! Por eso tú, muy dulce señora, ten merced de ti y de mí, y con grande continencia, callando lo que te he dicho, libra a tu casa y marido y este nuestro hijo de la caída de la Fortuna que te amenaza; y a estas falsas y engañosas mujeres, las cuales según el odio mortal te tienen, y el vínculo de la hermandad ya está quebrantado y roto, no te conviene llamar hermanas, ni las veas ni las oigas, porque ellas vendrán a tentarte encima de aquel risco como las sirenas de la mar, y harán sonar todos estos montes y valles con sus voces y llantos.»

[13] Entonces Psique, llorando, le dijo: «Bien sabes tú, señor, que yo no soy parlera, y ya el otro día me enseñaste la fe que había de guardar y lo que había de callar; así, que ahora tú no verás que yo mude de la constancia y firmeza de mi ánimo; solamente te ruego que mandes otra vez al viento que haga su oficio y que sirva en lo que le mandare, y en lugar de tu vista, pues me la niegas, al menos consiente que yo goce de la vista de mis hermanas: esto, señor, te suplico por estos tus cabellos lindos y olorosos, y por este tu rostro, semejante al mío, y por el amor que te tengo, aunque no te conozco de vista: así conozca yo tu cara en este niño que traigo en el vientre: que tú, señor, concedas a mis ruegos, haciendo que yo goce de ver y hablar a mis hermanas, y de aquí adelante no curaré más de querer conocer tu cara; y no me curo que las tinieblas de la noche me quiten tu vista, pues yo tengo a ti, que eres mi lumbre.»

Con estas blandas palabras, abrazando a su marido y llorando, limpiaba las lágrimas con sus cabellos, tanto, que él fue vencido y prometió de hacer todo lo que ella quería, y luego, antes que amaneciese, se partió de ella como él acostumbraba.

[14] Las hermanas, con su mal propósito, en llegando, no curaron de ver a sus padres, sino, en saliendo de las naos, derechas se fueron corriendo cuanto pudieron a aquel risco, adonde, con el ansia que tenían, no esperaron que el viento las ayudase, antes, con temeridad y audacia, se lanzaron de allí abajo. Pero el viento, recordándose de lo que su señor le había mandado, recibiolas en sus alas contra su voluntad, y púsolas muy mansamente en el suelo; ellas, sin ninguna tardanza, lánzanse luego en casa; iban a abrazar a la que querían perder, y mintiendo el nombre de hermanas, encubrieron con sus caras alegres el tesoro de su escondido engaño, y comenzáronle a lisonjear de esta manera: -Hermana Psique, ya no eres niña como solías: ya nos parece que eres madre. ¿Cuánto bien piensas que nos traes en este tu vientre? ¿Cuánto gozo piensas que darás a toda tu casa? ¡Oh cuán bienaventuradas somos nosotras, que tenemos linaje en tantas riquezas! Que si el niño pareciere a sus padres, como es razón, cierto él será el dios Cupido, que nacerá.

[15] Con este amor y afición fingido comienzan poco a poco a ganar la voluntad de su hermana. Ella las mandó asentar a sus sillas para que descansasen, y luego las hizo lavar en el baño; y después de lavadas sentáronse a la mesa, donde les fueron dados manjares reales en abundancia; y luego vino la música y comenzaron a cantar y a tañer muy suavemente: lo cual, aunque no veían quién lo hacía, era tan dulcísima música que parecía cosa celestial; pero con todo esto no se amansaba la maldad de las falsas mujeres, ni pudieron tomar espacio ni holganza con todo aquello: antes, procuraban de armar su lazo de engaños que traían pensado. Y comenzaron disimuladamente a meter palabras, preguntándole qué tal era su marido y de qué nación o ley venía. Psique, con su simpleza, habiéndosele olvidado lo que su marido le encomendara, comenzó a fingir una nueva razón, diciendo que su marido era de una gran provincia, y que era mercader que trataba en grandes mercadurías, y que era hombre de más de media edad, que ya le comenzaban a nacer canas. No tardó mucho en esta habla, que luego las cargó de joyas y ricos dones, y mandó al viento que las llevase:

[16] después que el viento las puso en aquel risco, tornáronse a casa altercando entre sí de esta manera: «¿Qué podemos decir de una tan gran mentira como nos dijo aquella loca? Una vez nos dijo que era su marido un mancebo que entonces le apuntaban las barbas; ahora dice que es de más de media edad y ya tiene canas: ¿quién puede ser aquel que en tan poco espacio de tiempo le vino la vejez? Cierto, hermana, tú hallarás que esta mala hembra nos miente, o ella no conoce quién es su marido; y cualquier cosa de éstas que sea nos conviene que la echemos de estas riquezas; y si, por ventura, no conoce a su marido, cierto por eso se casó ella, y nos trae algún dios en su vientre; y así fuese lo que nunca Dios quiera, que ésta oyese ser madre de niño divino: luego me ahorcaría con una soga; así que tornemos a nuestros padres y callemos esto, encubriéndolo con el mejor color que podremos.»

[17] En esta manera, inflamadas de la envidia, tornáronse a casa y hablaron a sus padres, aunque de mala gana.

Capítulo IV

Cómo venidas las hermanas a visitar a Psique le aconsejan que trabaje por ver quién es aquel con quien tiene acceso, fingiéndole que sea un dragón: y ella, convencida del consejo, le ve viniendo a dormir, e indignado Cupido nunca más la vio.

-Aquella noche, sin poder dormir sueño, turbadas de la pena y fatiga que tenían, luego como amanecía corrieron cuanto pudieron hasta el risco, de donde, con la ayuda del viento acostumbrado, volaron hasta casa de Psique; y con unas pocas de lágrimas que, por fuerza y apretando los ojos, sacaron, comenzaron a hablar a su hermana de esta manera: «Tú piensas que eres bienaventurada, y estás muy segura y sin ningún cuidado, no sabiendo cuánto mal y peligro tienes. Pero nosotras, que con grandísimo cuidado velamos sobre lo que te cumple, mucho somos fatigadas con tu daño: porque has de saber que hemos hallado por verdad que este tu marido que se echa contigo es una serpiente grande y venenosa; lo cual, con el dolor y pena que de tu mal tenemos, no te podemos encubrir, y ahora se nos recuerda de lo que el dios Apolo respondió cuando le consultaron sobre tu casamiento, diciendo que tú eras señalada para casarte con una cruel bestia. Y muchos de los vecinos de estos linajes que andan a cazar por estas montañas, y otros labradores, dicen que han visto este dragón cuando a la tarde torna de buscar de comer, que se echa a nadar por este río para pasar acá;

[18] y todos afirman que te quiere engordar con estos regalos y manjares que te da, y cuando esta tu preñez estuviere más crecida y tú estuvieres bien llena, por gozar de más hartura que te ha de tragar; así que en esto está ahora tu estimación y juicio. Si por ventura quieres más o creer a tus hermanas que por tu salud andan solícitas y que vivas con nosotras segura de peligro huyendo de la muerte, o si quieres quizá ser enterrada en las entrañas de esta cruelísima bestia. Porque si las voces solas que en este campo oís, o el escondido placer y peligroso dormir juntándote con este dragón te deleitan, sea como tú quisieres, que nosotras con esto cumplimos, y ya habemos hecho oficio de buenas hermanas.»

Entonces, la mezquina* de Psique, como era muchacha y de noble condición, creyó lo que le dijeron, y con palabras tan espantables salió de sí fuera de seso: por lo cual se le olvidó los amonestamientos de su marido y de todos los prometimientos que ella le hizo, y lánzase en el profundo de su desdicha y desventura; y temblando, la color amarilla, no pudiendo cuasi hablar, cortándosele las palabras y medio hablando, como mejor pudo, les dijo de esta manera:

[19] «Vosotras, señoras hermanas, hacéis oficio de piedad y virtud como es razón: y creo yo muy bien que aquellos que tales cosas os dijeron no fingieron mentira, porque yo hasta hoy nunca pude ver la cara de mi marido ni supe de dónde se es. Solamente lo oigo hablar de noche, y con esto paso y sufro marido incierto y que huye de la luz; y de esta manera consiento que digáis que tengo una gran bestia por marido, y que me espanta diciendo que no lo puedo ver: y siempre me amenaza que me vendrá gran mal si porfío en querer ver su cara. Y pues que así es, si ahora podéis socorrer al peligro de vuestra hermana con alguna ayuda y favor saludable, hacedlo y socorrerme, porque si no lo hacéis podré muy bien decir que la negligencia siguiente corrompe el beneficio de la providencia pasada.» Cuando las dos malas mujeres hallaron el corazón y voluntad de Psique descubierto para recibir lo que le dijeren, dejados los engaños secretos, comenzaron con las espadas descubiertas públicamente a combatir el pensamiento temeroso de la simple mujer,

[20] y la una de ellas dijo de esta manera: «Porque el vínculo de nuestra hermandad nos compele por tu salud a quitarte delante los ojos cualquier peligro, te mostraremos un camino que días ha habemos pensado, el cual sólo te sacará a puerto de salud, y es éste: Tú has de esconder secretamente en la parte de la cama donde te sueles acostar una navaja bien aguda, que en la palma de la mano se aguzó, y pondrás un candil lleno de aceite bien aparejado y encendido debajo de alguna cobertura al canto de la sala: y con todo este aparejo, muy bien disimulado, cuando viniere aquella serpiente y subiese en la cama como suele, desde que ya tú veas que él comienza a dormir y con el gran sueño comienza a resollar, salta de la cama y descalza muy paso, y saca el candil debajo de donde está escondido, y toma de consejo del candil oportunidad para la hazaña que quieres hacer; y con aquella navaja, alzada primeramente la mano derecha con el mayor esfuerzo que pudieres, da en el nudo de la cerviz de aquel serpiente venenoso, y córtale la cabeza: y no pienses que te faltará nuestra ayuda, porque luego que tú con su muerte hayas traído vida para ti, estaremos esperándote con mucha ansia, para que llevándote aquí con todos estos tus servidores y riquezas que aquí tienes, te casaremos como deseamos con hombre humano, siendo tú mujer humana.»

[21] Con estas palabras encendieron tanto las entrañas de su hermana, que la dejaron cuasi del todo ardiendo. Y ellas, temiendo del mal consejo que daban a la otra no les viniese algún gran mal por ello, se partieron, y con el viento acostumbrado se fueron hasta encima del risco, de donde huyeron lo más presto que pudieron, y entráronse en sus naos y fuéronse a sus tierras.

Psique quedó sola: aunque quedando fatigada de aquellas furias no estaba sola, pero llorando fluctuaba su corazón como la mar cuando anda con tormenta; y como quiera que ella tenía deliberado con voluntad muy obstinada el consejo que le habían dado, pensando como había de hacer aquel negocio, pero todavía titubeaba y estaba incierta del consejo, pensando en el mal que le podía venir; y de esta manera ya lo quería hacer, ya lo quería dilatar: ahora osaba, ahora temía: ya desconfiaba, ya se enojaba. En fin, lo que más le fatigaba era que en un mismo cuerpo aborrecía a la serpiente y amaba a su marido. Cuando ya fue tarde que la noche se venía, ella comenzó a aparejar con mucha prisa aquel aparato de su mala hazaña; y siendo de noche vino el marido a la cama, el cual, de que hubo burlado con ella, comenzó a dormir con gran sueño.

[22] Entonces, Psique, como quiera que era delicada del cuerpo y del ánimo, pero ayudándole la crueldad de su hado se esforzó, y sacando el candil debajo de donde estaba, tomó la navaja en la mano, y su osadía venció y mudó la flaqueza de su género.

Como ella alumbrase con el candil y pareciese todo el secreto de la cama, vido una bestia, la más mansa y dulcísima de todas las fieras: digo que era aquel hermoso dios del amor que se llama Cupido, el cual estaba acostado muy hermosamente; y con su vista alegrándose, la lumbre de la candela creció, y la sacrílega y aguda navaja resplandeció. Cuando Psique vio tal vista, espantada y puesta fuera de sí, desfallecida, con la color amarilla, temblando, se cortó y cayó sobre las rodillas, y quiso esconder la navaja en su seno, e hiciéralo, salvo por el temor de tan gran mal como quería hacer se le cayó la navaja de la mano. Estando así fatigada y desfallecida, cuanto más miraba la cara divina de Cupido tanto más recreaba con su hermosura. Ella le veía los cabellos como hebras de oro, llenos de olor divino; el cuello, blanco como la leche; la cara, blanca y roja como rosas coloradas, y los cabellos de oro colgando por todas partes, que resplandecían como el Sol y vencían a la lumbre del candil. Tenía asimismo en los hombros péñolas de color de rosas y flores; y como quiera que las alas estaban quedas, pero las otras plumas debajo de las alas tiernas y delicadas estaban temblando muy gallardamente; y todo lo otro del cuerpo estaba hermoso y sin plumas, como convenía a hijo de la diosa Venus, que lo parió sin arrepentirse por ello. Estaba ante los pies de la cama el arco y las saetas, que son armas del dios de amor;

[23] lo cual todo estando mirando Psique no se hartaba de mirarlo, maravillándose de las armas de su marido, sacó del carcaj una saeta, y estándola tentando con el dedo a ver si era aguda como decían, hincósele un poco de la saeta, de manera que le comenzaron a salir unas gotas de sangre de color de rosas, y de esta manera, Psique, no sabiendo, cayó y fue presa de amor del dios de amor: entonces, con mucho mayor ardor de amor, se abajó sobre él y le comenzó a besar con tan gran placer, que temía no despertase tan presto. Estando ella en este placer herida del amor, el candil que tenía en la mano, o por no ser fiel, o de envidia mortal, o que por ventura él también quiso tocar el cuerpo de Cupido, o quizá besarlo, lanzó de sí una gota de aceite hirviendo, y cayó sobre el hombro derecho de Cupido. ¡Oh candil osado y temerario y vil servidor del amor! Tú quemas al dios de todo el fuego; y porque tú para esto no eras menester, sino que algún enamorado te halló primeramente para gozar en la obscuridad de la noche de lo que bien querría. De esta manera el dios Cupido, quemado, saltó de la cama, y conociendo que su secreto era descubierto, callando desapareció y huyó de los ojos de la desdichada de su mujer.

[24] Psique arrebató con ambas manos la pierna derecha de Cupido, que se levantaba, y así fue colgando de sus pies por las nubes del cielo hasta tanto que cayó en el suelo. Pero el dios del amor no la quiso desamparar caída en tierra, y vino volando a sentarse en un ciprés que allí estaba cerca, de donde con enojo gravemente la comenzó a increpar diciendo de esta manera:

«¡Oh Psique, mujer simple: yo, no recordando de los mandamientos de mi madre Venus, la cual me había mandado que te hiciese enamorada de un hombre muy miserable de bajo linaje, te quise bien y fui tu enamorado; pero esto que hice bien sé que fue hecho livianamente! Y yo mismo, que soy ballestero para los otros, me herí con mis saetas y te tomé por mujer. Parece que lo hice yo por parecerte serpiente y porque tú cortases esta cabeza que trae los ojos que bien te quisieron. No sabes tú cuántas veces te decía que te guardases de eso, y benignamente te avisaba por que te apartases de ello. Pero aquellas buenas mujeres tus consejeras prestamente me pagarán el consejo que te dieron; y a ti, con mi ausencia, huyendo de ti, te castigaré.» Diciendo esto, levantose con sus alas y voló en alto hacia el cielo.

[25] Psique, cuando echada en tierra y cuanto podía con la vista, miraba cómo su marido iba volando, y afligido su corazón con muchos lloros y angustias. Después que su marido desapareció volando por las alturas del cielo, ella, desesperada, estando en la ribera de un río, lanzose de cabeza dentro; pero el río se tornó manso por honra y servicio del dios del amor, cuya mujer era ella, el cual suele inflamar de amor a las mismas aguas y a las ninfas de ellas. Así, que temiendo de sí mismo, tomola con las ondas, sin hacerle mal, y púsola sobre las flores y hierbas de su ribera. Acaso el dios Pan, que es dios de las montañas, estaba asentado en un altozano cerca del río: el cual estaba tañendo con una flauta y enseñando a tañer a la ninfa Caña. Estaban asimismo alrededor de él una manada de cabras, que andaban paciendo los árboles y matas que estaban sobre el río. Cuando el dios peloso vio a Psique tan desmayada y así herida de dolor, que ya él bien sabía su desdicha y pena, llamola y comenzó a halagarla y consolar con blandas palabras, diciendo de esta manera: «Doncella sabida y hermosa: como quiera que soy pastor y rústico, pero por ser viejo soy instruido de muchos experimentos; de manera que, si bien conjeturo aquello que los prudentes varones llaman adivinanza, yo conozco de este tu andar titubeando con los pies, y de la color amarilla de tu cara, y de tus grandes suspiros y lágrimas de los ojos, bien creo cierto que tú andas fatigada y muerta de gran dolor; pues que así es, tú escúchame y no tornes a lanzarte dentro en el río ni te mates con ningún otro género de muerte; quita de ti el luto y deja de llorar. Antes procura aplacar con plegarias al dios Cupido, que es mayor de los dioses, y trabaja por merecer su amor con servicios y halagos, porque es mancebo delicado y muy regalado.» (N. del A.: La palabra “mezquina” significaba “desdichada”).

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De los orígenes mitológicos de la Psicología -la de Colombia y la de todo el orbe- retornemos una vez más al mundo agitado y triste de la dura realidad: a la vida azarosa de quien, en medio de las adversidades, trata de sembrar en nuestro país la semilla que permitirá el nacimiento de una nueva profesión, aquella que se dedicará al estudio de la psique, a la comprensión del alma humana.

Tal y como acontecía por lo general con los exiliados españoles, durante su permanencia en Bogotá, al parecer Mercedes Rodrigo y su hermana María compartieron casa no solo con su compañero de viaje José María García Madrid, sino también con otros compatriotas suyos, igualmente expulsados por la Guerra Civil Española, dado que así les era más llevadera la pesada carga del arriendo y de los gastos. El primer piso lo aprovecharon para poner a funcionar el que se llamó Instituto García Madrid para Niños Anormales, donde no solo dictaban clase ellos tres, sino también otros exiliados, probablemente residentes allí.

En efecto, “A través de fuentes orales, como Ramón González (1998), pudimos saber que Mercedes Rodrigo había conocido en Suiza a Agustín Nieto Caballero, Rector de la Universidad Nacional de Colombia, quien contribuyó a facilitar su viaje a Bogotá, conocedor de la preparación profesional y el gran prestigio que ya tenía Mercedes en los sectores especializados. A la llegada a aquel exilio, Ramón González había tenido la oportunidad de convivir como el miembro más pequeño de la familia Prat García con las hermanas Rodrigo y con José García Madrid, compartiendo vivienda por las dificultades económicas que padecieron. Con el tiempo Ramón González cursó en Bogotá estudios de Medicina en la Universidad Nacional y colaboró con Mercedes Rodrigo como ayudante” (MARTÍNEZ GORROÑO, María Eugenia. HERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Juan Luis. El impulso que significó el exilio español republicano. Una significativa aportación al progreso. ARBOR Ciencia, pensamiento y cultura. CLXXXV, 739. Madrid, Septiembre – octubre 2009, p.p. 1049 – 1050).

Como ya se anotó, su condición de exiliada española por sí misma la tenía en la mira de quienes veían en los fugitivos de la guerra que habían arribado a Colombia a una partida de comunistas en huída ante la perspectiva nada halagüeña que les esperaba en España a partir del ascenso al poder de los que habían obtenido la victoria.

Pero ella misma se encargó de proporcionarles un argumento más, y este sí decisivo.

En la década de los años 40, en efecto, el solo hecho de viajar a la Unión Soviética era, no indicio, sino plena prueba de que se era comunista. En estas tierras latinoamericanas, la interpretación sesgada de cualquier viaje hacia territorio norteamericano o hacia suelo moscovita era previsible. Por eso, aunque Mercedes Rodrigo también había viajado a los Estados Unidos, nadie sugirió siquiera que le estuviese sirviendo al “imperialismo yanqui”, a pesar de tratarse del mismo poderoso país del norte que a comienzos de siglo había impuesto su poderío militar para patrocinar la consumación del hecho más doloroso que la República de Colombia habría de sufrir en su historia: la desmembración del departamento de Panamá (3 de noviembre de 1903) y respecto del cual se guardaban por ello recelos y rencores muy en el fondo del alma nacional. En cambio, el saberse que estuvo en Moscú no pasó inadvertido para sus cada vez más numerosos y hostiles detractores.

Pero además de hacer crecer las sospechas sobre su ideología política, sus malquerientes también echaron a rodar bolas tendientes a desacreditar y ridiculizar su tarea. Comenzaron, entonces, a circular en Bogotá chismes de costurero, especies sin el más mínimo fundamento, todo ello con el fin de cercenarle cualquier seriedad científica a su labor como psicóloga y, específicamente, a sus tests psicotécnicos. Fue así como se empezó a irrigar dentro de los círculos sociales capitalinos que a los aspirantes a ingresar a la Universidad Nacional les estaban preguntando, por ejemplo, dizque cuántas gradas tenía el Capitolio Nacional. (MARTÍNEZ GORROÑO, María Eugenia, Españoles en Colombia. La huella cultural de mujeres exiliadas tras la guerra civil. Madrid. 1999, p. 17).

A mediados de 1949, en medio de un ambiente insoportable, Mercedes Rodrigo, apoyada por la Universidad Nacional, ya había solicitado y obtenido el pasaporte. Sin embargo, ese año no se fue. Tampoco se marchó su hermana María, a pesar de que ella también lo había tramitado y obtenido.

Sobre su partida en sí difieren las fuentes. Difieren no solo en cuanto al momento en que se marchó de Colombia, sino también en cuanto a las circunstancias precisas que rodearon su salida.

Así, mientras unas fuentes aseguran que fue expulsada por el gobierno colombiano, otras aseveran que ella misma optó por irse ante lo insostenible que se había vuelto su permanencia en el país. No hemos tenido acceso a ningún documento oficial que compruebe que haya ocurrido lo primero. En cambio, sí está comprobado documentalmente que -como ya se dijo- solicitó y obtuvo, con la colaboración de la Universidad Nacional, el pasaporte en 1949.

Acerca de cuándo se fue, unas fuentes dicen que se marchó en enero; otras aseguran que lo hizo a principios de año, sin especificar el mes; otras afirman genéricamente que ello acaeció dentro del año 1950; y no faltan las que aseveran que su salida del país ocurrió ya bajo el gobierno de Laureano Gómez e incluso llegan a decir que la orden de su expulsión provino de este o cuando menos de sus asesores. Esto último, por supuesto, haría suponer que Mercedes Rodrigo se fue del país después del 7 de agosto o, lo que es lo mismo, a finales de aquel año, pues la posesión del presidente Gómez fue el 7 de agosto de 1950, cosa que no parece haber ocurrido. No obstante, los tozudos en sostener que fue Laureano Gómez quien la expulsó parten de la base de que desde antes de su posesión, obviamente ya era presidente electo y tenía una enorme influencia sobre el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, al que incluso había ayudado a elegir. Hay fuentes que llegan a sostener que Gómez tenía un enorme poder inclusive desde mucho antes de ser elegido presidente. Se recuerda incluso que si Laureano Gómez no fue el candidato del Partido Conservador a la presidencia en los comicios en los que se elegiría al presidente de la República para el período 1946 – 1950 y en los que resultó elegido Ospina Pérez fue porque no quiso serlo debido a que su olfato político le indicó que su candidatura uniría inmediatamente a los liberales, que se encontraban divididos entre los seguidores de Gabriel Turbay y los seguidores de Jorge Eliécer Gaitán, por lo cual el triunfo conservador estaba garantizado con tan solo escoger un candidato conservador que no despertara reticencia alguna. Por eso -puntualizan las fuentes- se escogió a Ospina.

En todo caso, lo que sí es cierto es que Mercedes Rodrigo se fue de Colombia en 1950.

Su destino era la isla de Puerto Rico, en el Mar Caribe.

Al igual que cuando salió de España en 1939 con destino a Suiza, y que cuando salió de Suiza con rumbo a Colombia, la prominente psicóloga iba acompañada por su hermana, la compositora y pianista de música clásica María Rodrigo, y por su amigo común José María García Madrid. Este último ya no era ahora solamente el auxiliar suyo que salió de la tierra española para jamás volver, sino el médico y psiquiatra que había obtenido sus diplomas en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en Bogotá.

Allá en Puerto Rico, los tres habrían de volverse cuatro.

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Para 1950, Puerto Rico no era el Estado Libre Asociado de los Estados Unidos que es hoy. Esa condición política solo habría de adquirirla dos años después, en 1952. La pionera de la Psicología en Colombia llegó, pues, a un Puerto Rico tercermundista, lleno de pobreza, desempleo y desesperanza.

En Puerto Rico la situación política y social estaba convulsionada. Para entender la tensión que se vivía hemos de hacer un poco de historia.

En 1898, en el contexto de la guerra entre Estados Unidos y España, las tropas norteamericanas invadieron a Puerto Rico, que era en aquel entonces, y desde 1493, colonia española. Era entonces presidente de los Estados Unidos William McKinley, aquel que le dirigió una carta al general revolucionario cubano Calixto García y la envió, sin dirección alguna, con el estafeta Rowan, quien después de una travesía se la entregó a su destinatario, dando origen a la famosa Carta a García de Elbert Hubbard (1899). (No sobra anotar que MacKinley es, junto con Abraham Lincoln, James Garfield y John F. Kennedy, uno de los cuatro presidentes estadounidenses asesinados en pleno ejercicio de sus funciones).

Apoderados de la isla, durante los años 10 y 20 del siglo XX, los Estados Unidos se propusieron la “americanización” del que antes era territorio español.

Ese proceso se adelantó sobre cuatro estrategias: una, el abandono del idioma español y la acogida del idioma inglés; dos, el abandono de la religión católica y la acogida de las religiones protestantes; tres, el abandono del nombre castellano de la isla (Puerto Rico) y la adopción de su nombre en inglés (Porto Rico), así como el cambio del gentilicio “puertorriqueño” por el de “portorriqueño”; y, cuatro, el proceso de transculturación a través de aspectos como el abandono de la celebración de las fiestas puertorriqueñas y españolas (el descubrimiento de Puerto Rico, por ejemplo) y la imposición de la celebración de las fiestas estadounidenses (el natalicio de George Washington, por ejemplo). (ACOSTA LESPIERE, Ivonne. La invasión de Estados Unidos a Puerto Rico).

Inicialmente, al final de la guerra entre Estados Unidos y España, los puertorriqueños habían percibido a los norteamericanos como sus liberadores del yugo español. Más tarde, sin embargo, empezarían a cuestionarse si, en realidad, habían sido liberados de un yugo para obtener su libertad o, más bien, habían cambiado de dueño y pasado de ser una colonia de España a una colonia de Norteamérica.

Mercedes Rodrigo llega, pues, a un Puerto Rico paupérrimo, un Puerto Rico al que nadie habrá de describir mejor que la sensible letra de la primera canción protesta compuesta y grabada en América Latina: Lamento borincano.

El ilustre compositor puertorriqueño Rafael Hernández escribió esta bella canción a partir de la imagen de un campesino de su país que llega a San Juan, la capital, con la ilusión de vender su carga, pero debido a la terrible situación social de Puerto Rico, nadie se la compra. Para la cabal comprensión de la letra, conviene advertir que el nombre aborigen de Puerto Rico era Borinquen; de ahí el título de la canción; que al campesino montañero se le llama allí “jíbaro”, y para referirse a él con cariño se le dice “jibarito”, que equivaldría a “campesinito”; que es, por lo tanto, este “jibarito” el que sale con su yegua hacia la ciudad en busca de solución a sus apremiantes necesidades; y que hay dos magníficos poetas de apellido Gautier: el francés Teófilo Gautier y el puertorriqueño José Gautier Benítez, y era este el poeta que había llamado a Puerto Rico “La perla de los mares”.

De entre las numerosas interpretaciones grabadas del bellísimo Lamento borincano, que incluyen a artistas tan  diversos como Alfonso Ortiz Tirado, Caetano Veloso, Javier Solís, Facundo Cabral, Plácido Domingo, Chavela Vargas, Víctor Jara, Pedro Infante, Toña la Negra, Leo Marini, Marco Antonio Muñiz, Marc Anthony, Pedro Vargas, Los Panchos, José Feliciano, Gilberto Santa Rosa o Cuco Sánchez, se destaca la de Daniel Santos, figura estelar del canto caribeño, no solo por su peculiar estilo, sino por tratarse de un artista oriundo de aquel país.

Nacido en Puerto Rico en 1916, Santos fue desde 1948 y hasta 1953 el cantante estrella de la célebre orquesta La Sonora Matancera, agrupación que dejó una huella indeleble en el historial de la música latinoamericana. Fue él, como era obvio que sucediera, el intérprete del tema con mayor arraigo popular, cuya sin igual interpretación se convertiría de inmediato en un éxito continental, que pulverizó todos los pronósticos en ventas. Ello, a pesar de que el tema había sido originalmente grabado por Alfonso Ortiz Tirado, también con apoteósica acogida. Lamentablemente, igual que sucedería con otros intérpretes, el destacado cantor mexicano confunde al poeta puertorriqueño José Gautier Benítez con el poeta francés Teófilo Gautier y debido a ello pronuncia el apellido Gautier en forma afrancesada (“Gotié“) restándole a la canción su esencia y espíritu eminentemente puertorriqueños.

El éxito absoluto de aquella singular canción haría que su compositor fuese bautizado con el apodo de “El jibarito”.

Aquí está, pues, Daniel Santos y el inmortal Lamento borincano de Rafael Hernández:

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ILUSTRACIONES: (1) Psique reanimada por el beso del amor (1793). Antonio Canova, pintor italiano (1757 – 1822). Museo del Louvre, París.

(2) El rapto de Psique (1895). William-Adolphe Bouguereau. Colección privada.

(3) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(4) Estados Unidos y Unión Soviética se pelean América Latina (1947). Coke (Jorge Délano). Santiago, Chile. El Esfuerzo, julio -diciembre 1947. Biblioteca Nacional de Chile.

(5) La viajera (1928). Camilo Mori (1886 – 1973). Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile. Biblioteca Nacional de Chile.

(6) Guánica, Puerto Rico. Freight train used in hauling cane to the sugar mills from loading stations. (Tren de carga utilizado en el transporte de caña a los ingenios azucareros desde las estaciones de carga) (1942). Jack Delano. Biblioteca del Congreso. Centro de Investigaciones Históricas.

(7) Jibarito puertorriqueño. Miguel Pou Becerra.

(8) Rafael Hernández.

(9) Daniel Santos.

 

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo III]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Cuando se publicó la noticia del hundimiento del Resolute -al igual que cuando ocurrió lo propio con el del Roamar y el del Ruby-, no todos creyeron (o por lo menos no todos manifestaron creer) que fuese cierto que a las tres embarcaciones colombianas las hubiesen atacado submarinos alemanes. Se llegó a decir que era una treta inventada por los Estados Unidos, y cohonestada por el gobierno colombiano, para desacreditar a Alemania. La mayor oposición a la versión oficial provino del dirigente conservador Laureano Gómez y de su periódico El Siglo, de Bogotá.

Sin embargo, la Historia terminaría demostrando que sí había sido cierto que la autoría del hundimiento de las tres embarcaciones había sido de submarinos nazis: las propias bitácoras de los nazis los habían registrado, con fechas, horas, ubicación geográfica precisa de los ataques, identificación de cada uno de los submarinos, número de tripulantes de cada sumergible y el nombre y rango militar de sus comandantes.

Igualmente, la Historia terminaría demostrando que el destructor ARC Caldas, si bien había atacado, efectivamente, al submarino alemán aquella noche, no lo había hundido, pues el sumergible nazi había logrado escapar. Su hundimiento sí se produjo durante la guerra, pero posteriormente: lo hundió un barco norteamericano.

Así mismo, la Historia terminó poniendo en duda, después del calor de los acontecimientos, que aquel hombre que se escondió en la Droguería Granada y que fue sacado de allí, aprehendido por la multitud y brutalmente golpeado, arrastrado y asesinado salvajemente, hubiese sido el autor de los disparos con los que acababa de ser asesinado Jorge Eliécer Gaitán. Hasta la frase que habría pronunciado ante uno de los dependientes de la farmacia habría sido tergiversada, pues no habría dicho “La Virgen del Carmen me ha de salvar” (como se lee en algunas fuentes), sino “¡Virgen Santísima!”, como aparece en otras, frase esta que habría dicho, asustado, a raíz de que una voz de entre la multitud acababa de gritar, al verlo, “¡Ese es!”, señalándolo. Se afirma que, incluso, él negó claramente,dentro de la droguería, haber cometido el hecho que le estaban imputando. En algunos sectores de la historiografía, se ha llegado a la conclusión de que con el señalamiento a Juan Roa Sierra -que así se llamaba aquel hombre- se quiso desviar la atención sobre los verdaderos asesinos materiales. “Verdaderos asesinos materiales”, en plural, porque -contrariamente a la tajante conclusión de la investigación oficial, según la cual el asesino fue un solo hombre- se afirma que a Gaitán le dispararon dos sujetos.

Pero retirémonos un momento de la enrevesada violencia colombiana y volvamos con Psique, cuyas desdichas está contándole aquella vieja mujer a la doncella raptada por los ladrones y que ha sido llevada cautiva a su guarida.

En otras palabras, continuemos leyendo a Apuleyo en su inmortal novela Las Metamorfosis o El Asno de Oro:

“Quinto libro

Argumento

En este quinto libro se contienen los palacios de Psique y los amores que con ella tuvo el dios Cupido, y de cómo le vinieron a visitar sus hermanas; y de la envidia que hubieron de ella, por cuya causa, creyendo Psique lo que le decían, hirió a su marido Cupido de una llaga, por la cual cayó de una cumbre de su felicidad y fue puesta en tribulación. A la cual, Venus, como a enemiga, persigue muy cruelmente, y finalmente, después de haber pasado muchas penas, fue casada con su marido Cupido, y las bodas celebradas en el cielo.

Capítulo I

Cómo la vieja, prosiguiendo en su cuento por consolar a la doncella, le cuenta cómo Psique fue llevada a unos palacios muy prósperos, los cuales describe con mucha elocuencia, donde por muchas noches holgó con su nuevo marido Cupido.

[1] -Psique, estando acostada suavemente en aquel hermoso prado de flores y rosas, aliviose de la pena que en su corazón tenía y comenzó dulcemente a dormir. Después que suficientemente hubo descansado, levantose alegre y vio allí cerca una floresta de muy grandes y hermosos árboles, y vio asimismo una fuente muy clara y apacible; en medio de aquella floresta, cerca de la fuente, estaba una casa real, la cual parecía no ser edificada por manos de hombres, sino por manos divinas: a la entrada de la casa estaba un palacio tan rico y hermoso, que parecía ser morada de algún dios, porque el zaquizamí y cobertura era de madera de cedro y de marfil maravillosamente labrado; las columnas eran de oro, y todas las paredes cubiertas de plata. En la cual estaban esculpidos bestiones y animales que parecía que arremetían a los que allí entraban. Maravilloso hombre fue el que tanta arte sabía, y pienso que fuese medio dios, y aun creo que fuese dios el que con tanta sutilidad y arte hizo de la plata estas bestias fieras.

Pues el pavimento del palacio todo era de piedras preciosas, de diversos colores, labradas muy menudamente como obra mosaica: de donde se puede decir una vez y muchas que bienaventurados son aquellos que huellan sobre oro y piedras preciosas; ya las otras piezas de la casa, muy grandes y anchas y preciosas, sin precio. Todas las paredes estaban enforradas en oro, tanto resplandeciente, que hacía día y luz asimismo, aunque el Sol no quisiese. Y de esta manera resplandecían las cámaras y los portales y corredores y las puertas de toda la casa. No menos respondían a la majestad de la casa todas las otras cosas que en ella había, por donde se podía muy bien juzgar que Júpiter hubiese fundado este palacio para la conversación humana.

[2] Psique, convidada con la hermosura de tal lugar, llegose cerca y con una poca de más osadía entró por el umbral de casa, y como le agradaba la hermosura de aquel edificio, entró más adelante, maravillándose de lo que veía. Y dentro en la casa vio muchos palacios y salas perfectamente labrados, llenos de grandes riquezas, que ninguna cosa había en el mundo que allí no estuviera. Pero sobre todo, lo que más se podría hombre allí maravillar, demás de las riquezas que había, era la principal y maravillosa que ninguna cerradura ni guarda había allí, donde estaba el tesoro de todo el mundo. Andando ella con gran placer, viendo estas cosas, oyó una voz sin cuerpo que decía: «¿Por qué, señora, tú te espantas de tantas riquezas? Tuyo es todo esto que aquí ves; por ende, éntrate en la cámara y ponte a descansar en la cama, y cuando quisieres demanda agua para bañarte, que nosotras, cuyas voces oyes, somos tus servidoras y te serviremos en todo lo que mandares, y no tardará el manjar que te está aparejado para esforzar tu cuerpo.»

[3] Cuando esto oyó Psique, sintió que aquello era provisión divina; descansando de su fatiga, durmió un poco, y después que despertó levantose y lavose; y viendo que la mesa estaba puesta y aparejada para ella, fuese a sentar, y luego vino mucha copia de diversos manjares, y, asimismo, un vino que se llama néctar, de que los dioses usan: lo cual todo no parecía quien lo traía, y solamente parecía que venía en el aire; ni tampoco la señora podía ver a nadie, mas solamente oía las voces que hablaban, y a estas solas voces tenía por servidoras. Después que hubo comido entró un músico y comenzó a cantar, y otro a tañer con una vihuela, sin ser vistos; tras de esto comenzó a sonar un canto de muchas voces. Y como quiera que ningún hombre pareciese, bien se manifestaba que era coro de muchos cantores.

[4] Acabado este placer, ya que era noche, Psique se fue a dormir, y después de haber pasado un rato de la noche comenzó a dormir; y luego despertó con gran miedo y espanto, temiendo en tanta soledad no le aconteciese ningún daño a su virginidad, de lo cual ella tanto mayor mal temía, cuanto más estaba ignorante de lo que allí había, sin ver ni conocer a nadie. Estando en este miedo vino el marido no conocido, y subiendo en la cama hizo su mujer a Psique, y antes que fuese el día partiose de allí y luego aquellas voces vinieron a la cámara y comenzaron a curar de la novia, que ya era dueña. De esta manera pasó algún tiempo sin ver a su marido ni haber otro conocimiento. Y, como es cosa natural, la novedad y extrañeza que antes tenía por la mucha continuación, ya se había tornado en placer, y el sonido de la voz incierta ya le era solaz y deleite de aquella soledad.

Entre tanto, su padre y madre se envejecían en llanto y luto continuo. La fama de este negocio, cómo había pasado, había llegado donde estaban las hermanas mayores casadas: las cuales, con mucha tristeza, cargadas de luto dejaron sus casas y vinieron a ver a sus padres para hablarles y consolarlos.

[5] Aquella misma noche el marido habló a su mujer Psique: porque como quiera que no lo veía, bien lo sentía con los oídos y palpaba con las manos, y díjole de esta manera: «¡Oh señora dulcísima y muy amada mujer! La cruel fortuna te amenaza con un peligro de muerte, del cual yo quería que te guardases con mucha cautela. Tus hermanas, turbadas pensando que tú eres muerta, han de seguir tus pisadas y venir hasta aquel risco de donde tú aquí viniste, y si tú por ventura oyeses sus voces y llanto, no les respondas ni mires allá en manera alguna; porque si lo haces, a mí me darás mucho dolor, pero para ti causarás un grandísimo mal que te será casi la muerte.»

Ella prometió de hacer todo lo que el marido le mandase y que no haría otra cosa; pero como la noche fue pasada y el marido de ella partido, todo aquel día la mezquina* consumió en llantos y en lágrimas, diciendo muchas veces que ahora conocía que ella era muerta y perdida por estar encerrada y guardada en una cárcel honesta, apartada de toda habla y conversación humana, y que aun no podía ayudar y responder siquiera a sus hermanas, que por su causa lloraban, ni solamente las podía ver. De esta manera, aquel día ni quiso lavarse, ni comer, ni recrear con cosa alguna, sino, llorando con muchas lágrimas, se fue a dormir.

[6] No pasó mucho tiempo, que el marido vino más temprano que otras noches, y, acostándose en la cama, ella, aunque estaba llorando y abrazándola, comenzó a reprenderla de esta manera: «¡Oh mi señora Psique!, ¿esto es lo que tú me prometiste? ¿Qué puedo yo, siendo tu marido, esperar de ti, cuando el día y toda la noche, y aun ahora que estás conmigo, no dejas de llorar? Anda ya, haz lo que quisieres y obedece a tu voluntad, que te demanda daño para ti, por cuando tarde te arrepintieres te recordarás de lo que te he amonestado.»

Entonces ella, con muchos ruegos, diciendo que si no le otorgaba lo que quería que ella se moriría, le sacó por fuerza y contra su voluntad que hiciese lo que deseaba: que vea a sus hermanas y las consuele y hable con ellas, y aun que todo lo que quisiere darles, así oro como joyas y collares, que se lo dé. Pero muchas veces le amonestó y espantó que no consienta en el mal consejo de sus hermanas, ni cure de buscar ni saber el gesto y figura de su marido, porque, con esta sacrílega curiosidad, no caiga de tanta riqueza y bienaventuranza como tiene: que, haciéndolo de otra manera, jamás le vería ni tocaría. Ella dio muchas gracias al marido, y, estando ya más alegre, dijo: «Por cierto, señor, tú sabrás que antes moriré que no hubiese de estar sin tu dulcísimo casamiento; porque yo, señor, te amo y muy fuertemente, y a quienquiera que eres, te quiero como a mi ánima, y no pienso que te puedo comparar al dios Cupido; pero, además de esto, señor, te ruego que mandes a tu servidor el viento cierzo, que traiga a mis hermanas aquí, así como a mí me trajo.» Y diciendo esto, dábale muchos besos, y halagándolo con muchas palabras, y abrazándolo con halagos, y diciendo: «¡Ay dulce marido! ¡Dulce ánima de tu Psique!» Y otras palabras, por donde el marido fue vencido, y prometió de hacer todo lo que ella quisiese. Viniendo ya el alba, él desapareció de sus manos.

[7] Las hermanas preguntaron por aquel risco o lugar donde habían dejado a Psique, y luego fuéronse para allá con mucho pesar, de donde comenzaron a llorar y dar grandes voces y aullidos, hiriéndose en los pechos: tanto, que a las voces que daban los montes y riscos sonaban lo que ellas decían, llamando por su propio nombre a la mezquina* de su hermana; hasta tanto que Psique, oyendo las voces que sonaban por aquel valle abajo, salió de casa temblando, como sin seso, y dijo: «¿Por qué sin causa os afligís con tantas mezquindades* y llantos? ¿Por qué lloráis, que viva soy? Dejad esos gritos y voces; no curéis más de llorar, pues que podéis abrazar y hablar a quien lloráis.»

Entonces llamó al viento cierzo y mandole que hiciese lo que su marido le había mandado. Él, sin más tardar, obedeciendo su mandamiento, trajo luego a sus hermanas muy mansamente, sin fatiga ni peligro; y como llegaron, comenzáronse a abrazar y besar unas a otras, las cuales, con el gran placer y gozo que hubieron, tornaron de nuevo a llorar. Psique les dijo que entrasen en su casa alegremente y descansasen con ella de su pena.

Capítulo II

Cómo, prosiguiendo la vieja el cuento, contó cómo las dos hermanas de Psique la vinieron a ver y ella les dio de sus joyas y riquezas y las envió a sus tierras, y cómo por el camino fueron envidiando de ella con voluntad de matarla.

[8] -Después que así les hubo hablado, mostroles la casa y las grandes riquezas de ella y la mucha familia de las que le servían oyéndolas solamente; y después les mandó lavar en un baño muy rico y hermoso y sentar a la mesa, donde había muchos manjares abundantemente, en tal manera que la hartura y abundancia de tantas riquezas, más celestiales que humanas, criaron envidia en sus corazones contra ella. Finalmente, que la una de ellas comenzó a preguntarle curiosamente y a importunarle que le dijese quién era el señor de aquellas riquezas celestiales, y quién era o qué tal era su marido. Pero con todas estas cosas, nunca Psique quebrantó el mandamiento de su marido ni sacó de su pecho el secreto de lo que sabía: y hablando en el negocio, fingió que era un mancebo hermoso y de buena disposición, que entonces le apuntaban las barbas, el cual andaba allá ocupado en hacienda del campo y caza de montería; y porque en algunas palabras de las que hablaba no se descubriese el secreto, cargolas de oro, joyas y piedras preciosas, y llamado el viento, mandole que las tornase a llevar de donde las había traído:

[9] lo cual hecho, las buenas de las hermanas, tornándose a casa, iban ardiendo con la hiel de la envidia que les crecía, y una a otra hablaba sobre ello muchas cosas, entre las cuales, una dijo esto: «Mirad ahora qué cosa es la fortuna ciega, malvada y cruel. ¿Parécete a ti bien que seamos todas tres hijas de un padre y madre y que tengamos diversos estados? ¿Nosotras, que somos mayores, seamos esclavas de maridos advenedizos y que vivamos como desterradas fuera de nuestra tierra y apartadas muy lejos de la casa y reino de nuestros padres, y esta nuestra hermana, última de todas, que nació después que nuestra madre estaba harta de parir, haya de poseer tantas riquezas y tener un dios por marido? Y aun, cierto, ella no sabe bien usar de tanta muchedumbre de riquezas como tiene: ¿no viste tú, hermana, cuántas cosas están en aquella casa, cuántos collares de oro, cuántas vestiduras resplandecen, cuántas piedras preciosas relumbran? Y además de esto, ¿cuánto oro se huella en casa? Por cierto, si ella tiene el marido hermoso, como dijo, ninguna más bienaventurada mujer vive hoy en todo el mundo; y por ventura podrá ser que, procediendo la continuación y esforzándose más la afición, siendo él dios, también hará a ella diosa. Y por cierto así es, que ya ella presumía y se trataba con mucha altivez, que ya piensa que es diosa, pues que tiene las voces por servidoras y manda a los vientos. Yo, mezquina, lo primero que puedo decir es que fui casada con un marido más viejo que mi padre, y además de esto más calvo que una calabaza y más flaco que un niño, guardando de continuo la casa cerrada con cerrojos y cadenas.»

[10] Cuando hubo dicho esto, comenzó la otra y dijo: «Pues yo sufro otro marido gotoso, que tiene los dedos tuertos de la gota y es corcovado, por lo cual nunca tengo placer, y estoy fregándole de continuo sus dedos endurecidos como piedra con medicinas hediondas y paños sucios y cataplasmas, que ya tengo quemadas estas mis manos, que solían ser delicadas, que cierto yo no represento oficio de mujer, más antes uso de persona de médico, y aun bien fatigado. Pero tú, hermana, paréceme que sufres esto con ánimo paciente; y aun mejor podría decir que es de sierva, porque ya libremente te quiero decir lo que siento. Mas yo, en ninguna manera, puedo ya sufrir que tanta bienaventuranza haya caído en persona tan indigna: ¿no te acuerdas cuán soberbiamente y con cuánta arrogancia se hubo con nosotras, que las cosas que nos mostró con aquella alabanza, como gran señora, manifestaron bien su corazón hinchado? Y de tantas riquezas como allí tenía nos alcanzó esto poquito, por contra su voluntad, y pesándole con nosotras, luego nos mandó echar de allí con sus silbos del viento. Pues no me tenga por mujer, ni nunca yo viva, si no la hago lanzar de tantas riquezas; finalmente, que si esta injuria te toca a ti, como es razón, tomemos ambas un buen consejo, y estas cosas que llevamos no las mostraremos a nuestros padres, ni a nadie digamos cosa alguna de su salud; harto nos basta lo que nosotras vimos, de lo cual nos pesa de haberlo visto, y no publiquemos a nadie tanta felicidad suya, porque no se pueden llamar bienaventurados aquellos de cuyas riquezas ninguno sabe: a lo menos sepa ella que nosotras no somos sus esclavas, más sus hermanas mayores; y ahora dejemos esto y tornemos a nuestros maridos y pobres casas, aunque cierto buenas y honestas, y después instruidas, con mayor acuerdo y consejo tornaremos más fuertes para punir su soberbia.»

[11] Este mal consejo pareció muy bueno a las dos malas hermanas, y, escondidas las joyas y dones que Psique les había dado, tornáronse desgreñadas, como que venían llorando; y rascándose lascaras, fingiendo de nuevo grandes llantos, en esta manera dejaron a sus padres, refrescándoles su dolor, y con mucha ira, turbadas de la envidia, tornáronse para sus casas, concertando por el camino traición y engaño y aun muerte contra su hermana, que estaba sin culpa”. [N. del A.: Tal y como se anotó en cita anterior de esta serie, el vocablo “mezquino” significaba, en el español de la época de la traducción (1513), desdichado; “mezquina” quería decir desdichada; “mezquindad” significaba “desdicha” o “tristeza”].

Dejemos otra vez a Psique y volvamos con Mercedes Rodrigo y el nacimiento de la Psicología colombiana en medio de los horrores de la violencia.

En 1945, el arquitecto alemán Leopoldo Rother había diseñado una hermosa edificación para que fuese construida dentro de los terrenos de la Universidad Nacional. Dos años después, en 1947, el edificio ya estaba erigido.

“Fue uno de los primeros edificios que rompió la composición simétrica y canónica que predominaba en la primera mitad del siglo XX en el país”, explica el arquitecto Carlos Niño Murcia, profesor de la Facultad de Artes, en un artículo publicado en UN Periódico.

Rother partió de una composición general asimétrica, con diferentes acentos de formas orgánicas –como en las cubiertas, rampas y escaleras– y fachadas en las que predomina el uso del ladrillo. Fue una obra sin precedentes en el país, que incluso contrastó con esas primeras manifestaciones de arquitectura moderna en la misma Ciudad Universitaria. Se trata de una verdadera joya arquitectónica”. (Unimedios. Agencia de Noticias UN. Artes & Culturas. Universidad Nacional. Bogotá. 25 de noviembre de 2013).

Leopoldo Rother, quien había nacido en Breslau, Alemania, en 1884, era un arquitecto, pedagogo y melómano alemán que, al igual que Mercedes Rodrigo, había tenido que abandonar su patria natal huyendo de los nazis, por cuanto era de  de origen judío, y que -también igual que Mercedes Rodrigo- había llegado a Colombia cuanto transcurrían los mismos años treinta del siglo XX a cuyos finales la psicóloga española hizo lo propio.

El gobierno colombiano le encomendó a Rother el diseño y la ejecución de todo el proyecto arquitectónico de la Ciudad Universitaria de Bogotá, es decir, de la sede de la Universidad Nacional.

Ello explica por qué diseña y construye aquel hermoso edificio que habrá de ser la sede del Instituto de Psicología Aplicada, luego de haberlo sido de la imprenta universitaria.

Empero, para cuando dicha edificación sea destinada al Instituto del cual será directora – fundadora, Mercedes Rodrigo ya no estará allí, ni en Bogotá, ni en Colombia.

“El 20 de noviembre de 1947 –estando presente el Ministro de Educación Joaquín Estrada Monsalve y por supuesto la propia Mercedes Rodrigo que dirigió unas palabras- el Consejo Directivo de la Universidad Nacional con sede en Bogotá, emana el Acuerdo Número 231, cuyo contenido se encuentra en el Acta nº 44 firmada por su rector, Gerardo Molina, que dice textualmente:

“Artículo 1º.-Ampliar, a partir del 1º de enero de 1948 la sección de Psicotecnia de la universidad, que a partir de esta fecha se denominará INSTITUTO DE PSICOLOGÍA APLICADA de la Universidad Nacional” (GUIL BOZAL, Ana. VERA GIL, Sara. Universidad de Sevilla, España. Entre Europa y América Latina: Mercedes Rodrigo, psicopedagoga pionera. En: Revista Historia de la Educación Latinoamericana. Vol. 13. No. 17. Tunja, julio – diciembre de 2011).

En sus considerandos, el acuerdo 231 del 20 de noviembre de 1947 resalta la necesidad de ampliar la Sección de Psicotecnia para ponerla a tono con los avances de la Psicología Aplicada, por lo cual dice que se hace necesario ampliarla “desde el 1o. de enero de 1948, fecha a partir de la cual se denominará Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional”.

El mismo acuerdo dispone crear una Sección de Enseñanza.

Empero, si bien las actividades empezaron desde enero, realmente los primeros estudiantes no comenzaron sus clases hasta el 9 de Julio de 1948.

El 9 de julio de 1948, en efecto, empezó a funcionar, dentro de los predios de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, el Instituto de Psicología Aplicada. 

Mercedes Rodrigo fue designada directora de esta nueva entidad universitaria.

No obstante, las cosas siguieron siendo muy difíciles. Y es que, a pesar de que el nuevo Instituto parecía tener un futuro prometedor, de que la importancia de la Psicología era evidente, no solo desde el punto de vista de la enorme conveniencia de darle un enfoque científico a algo que, de otra forma, solo habría seguido dependiendo del azar o de las intrigas, como lo era la determinación de qué aspirantes debían ser admitidos a las carreras universitarias, sino además -y esto era algo todavía más importante y trascendental para la sociedad colombiana- desde el punto de vista de abordar las causas psicológicas, emocionales y anímicas de la terrible propensión a la violencia que exhibía la nación colombiana y que había quedado al desnudo con El Bogotazo, por lo cual era obvio que esta nueva carrera se perfilaba como un futuro instrumento para calmar los espíritus y afincar la paz, los problemas comenzaron muy pronto. Y comenzaron por donde tenían que comenzar: por la cuestión política.

Era natural, en efecto, que en un país tan extremadamente polarizado, donde apenas unos pocos meses atrás había sido asesinado quien se perfilaba como el seguro presidente de la república, donde tirios y troyanos se acusaban y acusaban a terceros de su asesinato, donde cualquier atisbo de conciencia social era inmediatamente asociado a la sospecha de simpatía con el temido comunismo y cualquier discurso a favor del orden y de la vigencia del principio de autoridad era inmediatamente asociado a la sospecha de simpatía con el no menos temido fascismo, donde la capital del país no acababa de recuperarse emocionalmente de su espantosa destrucción y de la imagen sobrecogedora de las pilas de muertos en el cementerio esperando la apertura de fosas porque ya las bóvedas no daban abasto, y donde el resto del territorio nacional mostraba las cicatrices recientes de la veloz y espeluznante propagación que la violencia capitalina iniciada con el atentado contra Gaitán había tenido a lo largo y ancho de la nación, las miradas escrutadoras se volcaran sobre una mujer que, en últimas, había llegado como exiliada de la Guerra Civil Española, que estaba asociada -en el parcializado imaginario de los partidarios de los triunfadores de aquella conflagración- al bando republicano, y que parecía ser alguien que podría estar introduciendo en Colombia una peligrosa ideología de izquierda.

Se empezaron a oír rumores, entonces, de que los tests de Mercedes Rodrigo estaban preparados a la medida exacta de los aspirantes simpatizantes del comunismo internacional y que, consiguientemente, los cupos para las carreras de Medicina, de Derecho y de Ingeniería, iban a terminar, finalmente, en manos de los izquierdistas, por lo cual los aspirantes identificados con la ideología del Partido Conservador iban a terminar excluidos.

Al año siguiente, 1949, el clima de violencia política era cada vez peor. En la noche del 9 de octubre de 1949, en plena sesión del Senado de la República, fue asesinado a tiros el congresista liberal Gustavo Jiménez y herido de gravedad el también congresista liberal Jorge Soto del Corral, quien posteriormente falleció. “Los primeros días de noviembre fueron dramáticos. En Cali carros fantasmas recorrían la ciudad cometiendo asesinatos después de las siete de la noche, obligando al cierre inmediato de muchos establecimientos de comercio y al recogimiento rápido de los habitantes. Estos vehículos recorrían a velocidades vertiginosas los barrios de la ciudad”. (AYALA DIAGO, César Augusto. El cierre del Congreso 1949. Revista Credencial Historia No. 162, junio de 2003).

Un mes después de esta tragedia, el 9 de noviembre de 1949, en las horas de la mañana, una delegación de parlamentarios del Partido Liberal se presentó en el palacio presidencial y le informó al presidente de la República Mariano Ospina Pérez que en la tarde se decidiría su separación del cargo. Cuando esa tarde pretendieron ingresar al Capitolio Nacional, los parlamentarios se encontraron con que las entradas se encontraban militarizadas: el presidente había dispuesto el cierre del Congreso.

“Los liberales -narra Catalina Reyes- pensaron entonces en utilizar su mayoría en el Congreso para adelantar un juicio contra Ospina Pérez en el Senado y deponerlo. En un acto de ingenuidad, el 9 de noviembre, en las horas de la mañana, los presidentes del Senado y la Cámara visitaron al presidente Ospina para anunciarle que se iba a tramitar una acusación contra él; al mismo tiempo le solicitaron garantías para los liberales mientras se adelantaba el proceso en el Senado. A las 4 p.m. de ese mismo día, Carlos Lleras Restrepo, Julio César Turbay y otras personalidades del liberalismo se dirigieron hacia el Parlamento con el fin de iniciar el proceso. Se encontraron con la sorpresa de que el edificio del Congreso estaba rodeado por tropas del ejército que les impidieron la entrada. Horas antes Ospina había declarado el estado de sitio, suspendiendo el Congreso y todas las asambleas departamentales. Confirió a los gobernadores poderes amplios para el control del orden público. Modificó el régimen de votación de la Corte Suprema de Justicia. Impuso una rígida censura de prensa: el correo, los telegramas y aun las llamadas telefónicas estuvieron sometidas a la supervisión oficial. (REYES, Catalina. El gobierno de Mariano Ospina Pérez. Nueva Historia de Colombia, tomo II. Editorial Planeta; 1989, p. 31).

Entre tanto, en el Instituto de Psicología Aplicada, Mercedes Rodrigo culminaba su segundo curso de Introducción al estudio de la Psicología, cuyo contenido constituiría, a la postre, el principal de los libros que publicaría en la vida y, en el sentir de algunos, realmente el único.
(Introducción al estudio de la Psicología, Imprenta de la Universidad Nacional.Bogotá. 1949).

El clima de animadversión hacia su actividad científica crecía y se hacía cada vez más insostenible.

Al final de año, sobrevinieron las elecciones para reemplazar a Ospina Pérez en la presidencia; el partido liberal retiró su candidato, que era Darío Echandía. El Partido Conservador mantuvo el suyo.

Nacido en Bogotá el 20 de febrero de 1889, Laureano Eleuterio Gómez Castro se había graduado como ingeniero precisamente en la Universidad Nacional el 19 de julio de 1909, cuando contaba con 20 años de edad. Hacía apenas cinco años Colombia había perdido a Panamá gracias a la intervención de los Estados Unidos y, como era obvio, existía una atmósfera de animadversión antinorteamericana. Ese espíritu se apreciaba prácticamente en todos los sectores. Cuando se examina la biografía del personaje se observa que también profesaba aquella malquerencia. De hecho, era una concepción nacionalista generalizada y apenas comprensible ante la desmembración que había sufrido Colombia.

Pero cuando Gómez se encuentra iniciando su estelar carrera como orador -luego de un memorable debate en el Congreso Nacional, en 1927, mientras era Ministro de Obras Públicas- , un sector de su partido muestra una actitud colaboracionista con el gobierno liberal y él empieza a ser percibido como un conservador íntegro, sin entregas ni claudicaciones, que cuestiona con acritud, y en derroche de una cautivadora y arrolladora elocuencia, el que militantes de su partido vendan su conciencia e hipotequen su dignidad a cambio -como en el pasaje bíblico de Esaú y Jacob- de un plato de lentejas (1932).

Para 1948, año del asesinato de Gaitán, Gómez es el Ministro de Relaciones Exteriores y en tal condición es el Presidente de la X Conferencia Panamericana reunida en Bogotá.

Pero, luego del crimen y del consiguiente fenómeno de violencia generalizada conocido como El Bogotazo, llega el momento de decidir quién va a reemplazar a Mariano Ospina Pérez, el presidente de ese momento, quien ha llegado a ser Jefe de Estado gracias a que los liberales se han dividido entre los partidarios del bumangués Gabriel Turbay y los partidarios del fogoso y radical líder de multitudes Jorge Eliécer Gaitán.

Aquí es necesario hacer un pequeño paréntesis. Y es que quienes no han leído la historia han sido aleccionados en la creencia de que porque Gaitán era un dirigente de izquierda, Turbay era una especie de cavernícola al servicio exclusivo de las oligarquías de las que hablaba este. Nada más alejado de la verdad.

Nacido en Bucaramanga el 10 de enero de 1901, Gabriel Turbay, médico, también egresado de la Universidad Nacional (1924), era un aguerrido líder de izquierda, del que, incluso, se llegó a sospechar su simpatía o su decidida militancia en las filas del comunismo. En todo caso sí es definitivamente cierto que, al igual que varios políticos liberales de su generación, se aproximó a las ideas socialistas. Suele olvidarse que, precisamente al lado de Gaitán, había sido promotor del famoso debate sobre la masacre de las bananeras, llevado a cabo en la Cámara de Representantes contra el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez (1929).

Llegado el momento de decidir el reemplazo de Ospina Pérez en la presidencia, dijimos, el partido liberal decide no participar en las elecciones alegando que existe una absoluta falta de garantías para adelantar la campaña. Entonces, el único candidato termina siendo ese diciembre el del Partido Conservador.

“Es un hecho que Mercedes, María (*) y García Madrid (*) nunca pensaron en salir de Colombia. Su patria de adopción iba a ser su patria definitiva. Pero un país tan violento, con tantos altibajos políticos no es fácil de entender para los extranjeros. La Colombia del 9 de abril de 1948 se parecía demasiado a la España de la guerra civil, y por lo tanto no era el sitio adecuado para que estos españoles se quedaran e hicieran su vida. Además las críticas políticas contra los tests y la selección de personal se volvieron demasiado grandes. Los españoles a cargo de estos asuntos eran “republicanos y comunistas” y tenían que marcharse de Colombia”. (ARDILA, Rubén. Mercedes Rodrigo, Bogotá, 1997. * N. del A.: se hace referencia a María Rodrigo, la talentosa compositora hermana de Mercedes, y a José María García Madrid, quien había partido con ellas al exilio y compartido residencia y actividades científicas en Bogotá. García Madrid habría de terminar estudiando Medicina en la Universidad Nacional y especializándose en Psiquiatría).

El 7 de agosto de 1950 se estará posesionando como nuevo Presidente de la República el único candidato que participó en las elecciones: Laureano Gómez.

Empero, no habrá terminado aquel mismo año de 1949 sin que la Iglesia Católica -en abierta fricción con cualquier asomo de ideas liberales, y, como era lógico, con cualquier atisbo de ideas comunistas- haya puesto sus ojos en los liberales y en los sospechosos de tener ideas comunistas. Obviamente, dentro de tales personajes estarán los exiliados españoles, simpatizantes del bando republicano o ligados a él, en el imaginario de los opositores a su presencia en el país. La prédica del obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia), monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, por ejemplo, será terrible.

En ese contexto hostil, un periódico “jesuita” -según narra el psicólogo Rubén Ardila (loc. cit.)- publica una nota en la que pone en duda la objetividad de los tests y sugiere la orientación izquierdista de los mismos.

Aquí, no obstante, salta una duda: ¿era un periódico de la comunidad jesuita, o sea de la Compañía de Jesús?

Y salta otra: ¿qué periódico era? Y otra: ¿en la edición de qué fecha fue publicada la nota? Incluso, otra: ¿en qué página?

Rubén Ardila escribió la palabra “jesuita” entre comillas; posteriormente quienes lo citaron se las quitaron. Así, Wikipedia se las quita y escribe escuetamente que fue un periódico jesuita. Luis Fernando Williams Gil, también lo hace (Universidad Nacional, Obituario, 2007). Nadie, sin embargo, da el nombre de aquel periódico. La palabra jesuita no necesariamente significa “perteneciente a la Compañía de Jesús”; también significa, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, “Hipócrita, taimado”. No encontré en ninguna fuente la precisión acerca de qué quiso decir el autor al poner la palabra “jesuita” entre comillas, ni el nombre del periódico.

Lo cierto es que el incendio, en todo caso, no se hace esperar: Mercedes Rodrigo es un personaje peligroso y, por consiguiente, inconveniente, del que hay que prescindir.

Para el 7 de agosto del siguiente año, cuando se posesione como nuevo presidente de la República el ingeniero civil Laureano Gómez, año en el que estallará otra guerra en la que participará Colombia, una guerra que se desarrollará en un lejano país llamado Corea y que para algunos no será sino la puja de poder entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la primera psicóloga de España, la misma que tuvo que interrumpir abruptamente sus correrías de investigación por Europa debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, la misma que tuvo que trabajar con la niñez española bajo un Madrid bombardeado y sitiado en razón al estallido y los desarrollos de la Guerra Civil Española, la misma que ha tenido que abandonar su país y exiliarse en Colombia, la misma que ha tenido que seguir trabajando bajo los temores del estallido de la Segunda Guerra Mundial y las preocupantes noticias de que Colombia ha entrado en el conflicto, la misma que ha vivido el estallido del terrible fenómeno de violencia que habrá de conocerse como El Bogotazo a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y, en fin, la misma que ha estado trabajando bajo las tensiones de la crítica y la sospecha, y presenciando la creciente violencia en Colombia entre liberales y conservadores, ya no estará en Bogotá, ni en Colombia.

Aunque, de todas maneras, allá a donde habrá de irse -y el mismo año de su llegada- vivirá de cerca la violencia política y contemplará, también de cerca, el rostro de los que marcharán a la guerra.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES:

(1) Edición antigua del periódico El Siglo, de Bogotá, del cual Laureano Gómez era propietario y director.

(2) Psique abriendo la puerta del jardín de Cupido (Pyche opening the door int Cupid’s garden). 1904. John William Waterhouse (Roma, 6 de abril de 1849 – Londres, 10 de febrero de 1917). Harris Museum and Art Gallery, Preston, Inglaterra.

(3) Museo de Arquitectura Leopoldo Rotter, que fuera sede del Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

(4) Capitolio Nacional, en la época de Mercedes Rodrigo.

(5) Gabriel Turbay, Mariano Ospina Pérez y Jorge Eliécer Gaitán, los candidatos a la Presidencia de la República en 1946.

(6) Gabriel Turbay.

(7) Posesión de Laureano Gómez como presidente de la República (7 de agosto de 1950).

(8) Posesión de Laureano Gómez como presidente de la República (7 de agosto de 1950).

(9) Única fotografía conocida de Mercedes Rodrigo.

(10) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo II]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Dejemos un momento a Mercedes Rodrigo en Bogotá, en aquel helado 2 de agosto de 1939 cuando su Madrid natal se encuentra en ruinas y los niños con los que desplegó sus conocimientos en pedagogía y psicología han llegado – como ella – a un país desconocido, llevados por personas que terminarán desentendiéndose de ellos y dejándolos a su suerte; dejémosla ahí, en medio de la niebla, con su familia reducida a su hermana María -que está a su lado, tan perdida en este nuevo y desconocido entorno como lo está ella-, con sus colegas en el exilio, igual que los ilustres hombres que han abandonado su país para que la virulenta represión de los vencedores no los alcance, y, en fin, con su vida totalmente desbaratada como totalmente desbaratada ha quedado España, y remontémonos en el tiempo hasta los orígenes legendarios de su carrera, de esa bella carrera que ella ha estudiado en Suiza y ahora debe poner en práctica al otro lado del mar, en una Colombia donde no conoce a nadie.


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Apuleyo fue un elocuente orador y magnífico escritor latino que vivió en el siglo II. Aunque se sabe que escribió varias obras, una de las pocas que sobrevivió fue su novela Las metamorfosis, de hecho la única novela latina que llegó completa hasta nuestros días.

En su famosa obra La ciudad de Dios, san Agustín de Hipona (que no era de Hipona, sino de Tagaste) dijo que esa novela realmente se llamaba El Asno de Oro. Desde entonces empezó a llamarse así.

O, al menos, de ambas maneras. Hoy en día, el libro se titula El asno de oro o Las metamorfosis, de Apuleyo.


La obra trata de que, a causa de un hechizo frustrado, se produce la mágica metamorfosis de un ilustre mercader de Corinto, de nombre Lucio, en un asno.

Este asno, sin embargo, no es cualquier asno: es uno que, bajo su apariencia de cuadrúpedo, conserva todas las facultades humanas, excepto la voz. En consecuencia, hablar será lo único que no podrá hacer.

El asno empieza, pues, a vivir una serie de situaciones penosas y se hace testigo de una gran cantidad de emocionantes aventuras.

Finalmente, y por intervención de la diosa Isis, Lucio recupera su forma humana al oler unas rosas. Tras esa sorprendente recuperación, el protagonista nos cuenta su inverosímil historia.


La novela comienza cuando, camino de Tesalia, a donde se dirige con el fin de resolver asuntos de familia, Lucio se encuentra con dos viajeros: uno de ellos, de nombre Aristómenes, le relata una tenebrosa historia sobre magia y artes ocultas. El relato del viajante le despierta su deseo de conocer de cerca ese mundo esotérico y aprender magia.

En Hipata, que queda en la ruta de su viaje, el protagonista se hospeda en la casa de una pareja conformada por Milón y Pánfila. Él es un hombre opulento y -¡ vaya cosa rara en un opulento !- avaro. Ella, en cambio, es una bruja (?).

Una parienta de su mamá, de nombre Birena, le ofrece albergue al peregrino, pero Lucio, que quiere a toda costa aprender magia, no acepta el ofrecimiento.

Lucio se gana la confianza de la criada de Pánfila, cuyo nombre es Fótide, quien le promete que le enseñará las artes mágicas de su ama.

Gracias a su curiosidad, Lucio es testigo un día de la transformación de Pánfila en un macho cabrío.

Por haber visto aquella asombrosa transformación, y deseando convertirse en pájaro, penetra en un cuarto donde la hechicera guarda sus elementos de brujería. Para su infortunio, y por una grave equivocación que comete Fótide, en lugar de hacerse pájaro se convierte en asno.


Fótide le promete que a la mañana siguiente deshará el encantamiento haciéndole comer ciertas rosas. Lucio se resigna, entonces, a esperar hasta el día siguiente con su apariencia de asno. Empero, unos ladrones llegan a asaltar la casa de Milón, se apoderan de sus joyas y aprovechan la presencia del asno para cargarlas en él.

El pobre Lucio intenta oponerse a ser llevado, pero -como es obvio- únicamente rebuzna, como asno que ahora es. En cambio, por oponerse a ser llevado, los ladrones, disgustados, le dan una paliza.

Poco después, el vapuleado asno descubre una huerta donde se encuentran las que serían sus rosas deshacedoras del encanto. Sin embargo, no puede acceder a ellas porque el hombre de la huerta lo aleja con su amenazante bastón metálico.

El asno llega, pues, a la cueva de los ladrones.

Posteriormente, a esa cueva es llevada una joven doncella que los ladrones han hecho prisionera. La guardiana de aquella cueva y, por ende, vigilante de la prisionera, es la madre de los ladrones, una mujer de avanzada edad.

La raptada muchacha prorrumpe en llanto ante la terrible situación en que se encuentra. Es cuando la cuidandera, con el fin de calmar a la angustiada y deprimida joven, le dice que le va a relatar una fábula. Entonces, comienza a narrársela.

En ese relato -que terminará siendo una verdadera novela dentro de la novela y una de las joyas de la literatura clásica universal-, la vieja le empieza a contar a la joven cautiva que había un rey y una reina que tenían tres hijas, la menor de las cuales se llamaba Psique (en latín Psyche).

Leamos el texto, en la traducción del latín al español hecha por Diego López de Cortegana en el año 1513:

“Capítulo V

En el cual la vieja madre de los ladrones, conmovida de piedad de las lágrimas de la doncella que estaba en la cueva presa, le contó una fábula por ocuparla que no llorase.

(…)

[28] -Érase en una ciudad un rey y una reina, y tenían tres hijas muy hermosas: de las cuales, dos de las mayores, como quiera que eran hermosas y bien dispuestas, podían ser alabadas por loores de hombres; pero la más pequeña, era tanta su hermosura, que no bastan palabras humanas para poder exprimir ni suficientemente alabar su belleza. Muchos de otros reinos y ciudades, a los cuales la fama de su hermosura ayuntaba, espantados con admiración de su tan grande hermosura, donde otra doncella no podía llegar, poniendo sus manos a la boca y los dedos extendidos, así como a la diosa Venus, con sus religiosas adoraciones la honraban y adoraban. Y ya la fama corría por todas las ciudades y regiones cercanas, que ésta era la diosa Venus, la cual nació en el profundo piélago de la mar y el rocío de sus ondas la crió. Y decían asimismo que otra diosa Venus, por influición de las estrellas del cielo, había nacido otra vez, no en la mar, pero en la tierra, conversando con todas las gentes, adornada de flor de virginidad.

[29] De esta manera su opinión procedía de cada día, que ya la fama de ésta era derramada por todas las islas de alrededor en muchas provincias de la tierra: muchos de los mortales venían de luengos caminos, así por la mar como por tierra, a ver este glorioso espectáculo que había nacido en el mundo; ya nadie quería navegar a ver la diosa Venus, que estaba en la ciudad de Paphos, ni tampoco a la isla de Gnido, ni al monte Citerón, donde le solían sacrificar; sus templos eran ya destruidos, sus sacrificios olvidados, sus ceremonias menospreciadas, sus estatuas estaban sin honra ninguna, sus aras y sus altares sucios y cubiertos de ceniza fría. A esta doncella suplicaban todos, y debajo de rostro humano adoraban la majestad de tan gran diosa, y cuando de mañana se levantaba, todos le sacrificaban con sacrificios y manjares, como le sacrificaban a la diosa Venus. Pues cuando iba por la calle o pasaba alguna plaza, todo el pueblo con flores y guirnaldas de rosas le suplicaban y honraban. Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal encendió muy reciamente de ira a la verdadera diosa Venus, y con mucho enojo, meciendo la cabeza y riñendo entre sí, dijo de esta manera:

[30] «Veis aquí yo, que soy la primera madre de la natura de todas las cosas; yo, que soy principio y nacimiento de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de todas las cosas que hay en el mundo, ¿soy tratada en tal manera que en la honra de mi majestad haya de tener parte y ser mi aparcera una moza mortal, y que mi nombre, formado y puesto en el cielo, se haya de profanar en suciedades terrenales? ¿Tengo yo de sufrir que tengan en cada parte duda si tengo yo de ser adorada o esta doncella y que haya de tener comunidad conmigo, y que una moza, que ha de morir, tenga mi gesto que piensen que soy yo? Según esto, por demás me juzgó aquel pastor que por mi gran hermosura me prefirió a tales diosas: cuyo juicio y justicia aprobó aquel gran Júpiter; pero ésta, quienquiera que es, que ha robado y usurpado mi honra, no habrá placer de ello: yo le haré que se arrepienta de esto y de su ilícita hermosura.»

Y luego llamó a Cupido, aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado; el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, armado con saetas y llamas de amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, corrompe los casamientos de todos y sin pena ninguna comete tantas maldades que cosa buena no hace. A éste, como quiera que de su propia natura él sea desvergonzado, pedigüeño y destruidor, pero de más de esto ella le encendió más con sus palabras y llevolo a aquella ciudad donde estaba esta doncella, que se llamaba Psique, y mostrósela,

[31] diciéndole con mucho enojo, gimiendo y casi llorando, toda aquella historia de la semejanza envidiosa de su hermosura, diciéndole en esta manera: «¡Oh hijo!, yo te ruego por el amor que tienes a tu madre, y por las dulces llagas de tus saetas, y por los sabrosos fuegos de tus amores, que tú des cumplida venganza a tu madre: véngala contra la hermosura rebelde y contumaz de esta mujer, y sobre todas las otras cosas has de hacer una, la cual es que esta doncella sea enamorada, de muy ardiente amor, de hombre de poco y bajo estado, al cual la Fortuna no dio dignidad de estado, ni patrimonio, ni salud. Y sea tan bajo que en todo el mundo no halle otro semejante a su miseria.»

Después que Venus hubo hablado esto, besó y abrazó a su hijo y fuese a la ribera de un río que estaba cerca, donde con sus pies hermosos holló el rocío de las ondas de aquel río, y luego se fue a la mar, adonde todas las ninfas de la mar le vinieron a servir y hacer lo que ella quería, como si otro día antes se lo hubiese mandado. Allí vinieron las hijas de Nereo cantando, y el dios Portuno, con su áspera barba del agua de la mar y con su mujer Salacia, y Palemón, que es guiador del Delfín. Después, las compañías de los Tritones, saltando por la mar: unos tocan trompetas y otros trazan un palio de seda por que el Sol, su enemigo, no le tocase; otro pone el espejo delante de los ojos de la señora, de esta manera nadando con sus carros por la mar; todo este ejército acompañó a Venus hasta el mar océano.

[32] Entre tanto, la doncella Psique, con su hermosura, sola para sí, ningún fruto recibía de ella. Todos la miraban y todos la alababan; pero ninguno que fuese rey ni de sangre real, ni aun siquiera del pueblo, la llegó a pedir, diciendo que se quería casar con ella. Maravillábanse de ver su divina hermosura, pero maravillábanse como quien ve una estatua pulidamente fabricada. Las hermanas mayores, porque eran templadamente hermosas, no eran tanto divulgadas por los pueblos y habían sido desposadas con dos reyes, que las pidieron en casamiento, con los cuales ya estaban casadas y con buena ventura apartadas en su casa; mas esta doncella Psique estaba en casa del padre, llorando su soledad, y, siendo virgen, era viuda; por la cual causa estaba enferma en el cuerpo y llagada en el corazón; aborrecía en sí su hermosura, como quiera que a todas las gentes pareciese bien. El mezquino (*) padre de esta desventurada hija, sospechando que alguna ira y odio de los dioses celestiales hubiese contra ella, acordó de consultar el oráculo antiguo del dios Apolo, que estaba en la ciudad de Milesia, y con sus sacrificios y ofrendas, suplicó a aquel dios que diese casa y marido a la triste de su hija. Apolo, como quiera que era griego y de nación jonia, por razón del que había fundado aquella ciudad de Milesia, sin embargo respondió en latín estas palabras:

[33] «Pondrás esta moza adornada de todo aparato de llanto y luto, como para enterrarla, en una piedra de una alta montaña y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido de linaje mortal; mas espéralo fiero y cruel, y venenoso como serpiente: el cual, volando con sus alas, fatiga todas las cosas sobre los cielos, y con sus saetas y llamas doma y enflaquece todas las cosas; al cual, el mismo dios Júpiter teme, y todos los otros dioses se espantan, los ríos y lagos del infierno le temen.» El rey, que siempre fue próspero y favorecido, como oyó este vaticinio y respuesta de su pregunta, triste y de la mala gana tornose para atrás a su casa. El cual dijo y manifestó a su mujer el mandamiento que el dios Apolo había dado a su desdichada suerte, por lo cual lloraron y plañeron algunos días. En esto ya se llegaba el tiempo que había de poner en efecto lo que Apolo mandaba: de manera que comenzaron a aparejar todo lo que la doncella había menester para sus mortales bodas; encendieron la lumbre de las hachas negras con hollín y ceniza, y los instrumentos músicos de las bodas se mudaron en lloro y amargura; los cantares alegres en luto y lloro, y la doncella que se había de casar se limpia las lágrimas con el velo de alegría. De manera que el triste hado de esta casa hacía llorar a toda la ciudad, la cual, como se suele hacer en lloro público, mandó alzar todos los oficios y que no hubiese juicio ni juzgado.

[34] El padre, por la necesidad que tenía de cumplir lo que Apolo había mandado, procuraba de llevar a la mezquina (*) de Psique a la pena que le estaba profetizada: así que, acabada la solemnidad de aquel triste y amargo casamiento, con grandes lloros vino todo el pueblo a acompañar a esta desdichada, que parecía que la llevaban viva a enterrar y que éstas no eran sus bodas, más sus exequias. Los tristes del padre y de la madre, conmovidos de tanto mal, procuraban cuanto podían de alargar el negocio. Y la hija comenzoles a decir y a amonestar de esta manera: «¿Por qué, señores, atormentáis vuestra vejez con tan continuo llorar? ¿Por qué fatigáis vuestro espíritu, que más es mío que vuestro, con tantos aullidos? ¿Por qué arrancáis vuestras honradas canas? ¿Por qué ensuciáis esas caras que yo tengo de honrar, con lágrimas que poco aprovechan? ¿Por qué rompéis en vuestros ojos los míos? ¿Por qué apuñáis a vuestros santos pechos? Éste será el premio y galardón claro y egregio de mi hermosura. Vosotros estáis heridos mortalmente de la envidia y sentís tarde el daño. Cuando las gentes y los pueblos nos honraban y celebraban con divinos honores; cuando todos a una voz me llamaban la nueva diosa Venus, entonces os había de doler y llorar, entonces me habíais ya de tener por muerta: ahora veo y siento que sólo este nombre de Venus ha sido causa de mi muerte; llevadme ya y dejadme ya en aquel risco, donde Apolo mandó: ya yo querría haber acabado estas bodas tan dichosas, ya deseo ver aquel mi generoso marido. ¿Por qué tengo yo de contener aquel que es nacido para destrucción de todo el mundo?»

[35] Acabado de hablar esto, la doncella calló, y como ya venía todo el pueblo para acompañarle, lanzose en medio de ellos y fueron su camino a aquel lugar donde estaba un risco muy alto, encima de aquel monte, encima del cual pusieron la doncella, y allí la dejaron, dejando asimismo con ella las hachas de las bodas, que delante de ella llevaban ardiendo, apagadas con sus lágrimas, y abajadas las cabezas, tornáronse a sus casas. Los mezquinos (*) de sus padres, fatigados de tanta pena, encerráronse en su casa, y cerradas las ventanas, se pusieron en tinieblas perpetuas. Estando Psique muy temerosa, llorando encima de aquella peña, vino un manso viento de cierzo, y, como quien extiende las faldas, la tomó en su regazo; así, poco a poco, muy mansamente la llevó por aquel valle abajo y la puso en un prado muy verde y hermoso de flores y hierbas, donde la dejó que parecía que no le había tocado”. [*: En el español de la época, “mezquino” o “mezquina” significaba “desdichado” o “desdichada”. N. del A.].


Más adelante proseguiremos con la novela de Eros y Psique, inserta dentro de la novela Las metamorfosis o El Asno de Oro. Por ahora vayamos tan solo al comentario autorizado de Lisardo Rubio Fernández a la edición que de esta obra inmortal hizo la Editorial Gredos, de Madrid. España (la misma que posibilitó el monumental Diccionario de uso del español de doña María Moliner). Se trata, pues, de la introducción al libro de Apuleyo (1983, Traducción del latín al español de Diego López de Cortegana (Sevilla, 1513). Escribe Rubio Fernández:

“Entre las aventuras novelescas narradas en Las Metamorfosis destaca por su extensión (Libros IV 28 – V I 24), por su estilo, por su altura moral, por su fantasía tan deliciosa como irreal, ese prototipo de los cuentos de hadas que es la fábula de Psique y Cupido. Sin duda remonta a las tradiciones primitivas de Grecia, como lo dan a entender tantos monumentos del arte antiguo. Resulta misterioso que no la haya hecho suya ningún poeta conocido. ¿Cómo ese cantor armonioso de los amores del Olimpo que es Ovidio no dedicó unos versos a los amores del Amor en persona? Psique permanece misteriosamente muda durante siglos en sus representaciones iconográficas: camafeos, medallones, terracotas, sarcófagos (paganos y cristianos), pinturas; sólo en las postrimerías del paganismo, ya en plena expansión cristiana, se le ocurre al africano Apuleyo, y sólo a él, transmitirnos la mítica alegoría. Ello sería motivo suficiente para incluir Las Metamorfosis entre los libros más preciosos del mundo clásico. Son legión los artistas, poetas y filósofos que posteriormente se han inspirado en la fábula de Psique; pero, siempre que a través de los siglos se ha intentado descubrir el valor simbólico del mito -suponiendo que la fábula arrope alguna idea trascendente-, siempre ha salido una interpretación personal, adecuada a la mentalidad del comentarista. Tal vez radique ahí la gran virtud de la inmortal historia, en su adaptación a todos los gustos. Ya a finales del siglo V, Fulgencio, el obispo africano, da la primera interpretación cristiana del cuento: la ciudad en que se desarrolla la fábula es el mundo; el rey y la reina de la ciudad son Dios y la carne; sus tres hijas son la carne, la libertad y el alma; etc. Y cómo no recordar aquí a nuestro gran Calderón? Para el poeta de los autos sacramentales, en «la alegoría de Psiquis y Cupidon, Cupido o «Dios de amor» es Cristo; Psiquis es el alma fiel que aspira incesantemente hacia él; el himeneo de los dos amantes es la unión mística del hombre con Dios en la Eucaristía. En el sentir filosófico, la interpretación menos extraña (y más en consonancia con el filósofo platónico de Madaura) ve en Psique la personificación del alma que, atormentada y desgraciada en ausencia del místico esposo, logra la suprema perfección de su ser y alcanza la plenitud de su felicidad en la unión del amor”.

Dejemos a Psique, que habrá de ser personaje protagónico en el historial mítico de la Psicología, y volvamos con la primera psicóloga de España, que ha arribado a las heladas calles de Bogotá.

Cuando Mercedes Rodrigo llega a Colombia (2 de agosto de 1939), la atmósfera política no puede ser más tensa. El país está gobernado por el partido liberal, pues el partido conservador se ha abstenido de participar en las elecciones de 1934 así como tampoco lo ha hecho en las de 1938. En 1936, cuando estalla la Guerra Civil Española, Laureano Gómez, jefe máximo del partido conservador, ha fundado el periódico El Siglo. Su antipatía contra los Estados Unidos es tan evidente, como habrá de serlo su simpatía hacia la dictadura de Franco, el triunfador de la guerra en España, a quien se le percibe como el restaurador del orden y el salvador de la Iglesia Católica, puestos ambos en peligro inminente por el caos y la violencia que, bajo la República, se habían apoderado -según él y sus seguidores- del suelo español. Gómez es ya un consagrado orador político, cuya elocuencia ha logrado derribar al gobierno -curiosamente conservador- de don Marco Fidel Suárez, paradigma de superación personal, a quien paradójicamente defenderá un joven y casi desconocido líder del partido contrario, el liberal de nombre Jorge Eliécer Gaitán. Este escribe una pieza defensiva a favor de Suárez, pero ningún medio se la publica, hasta que finalmente la lee el poeta Ismael Enrique Arciniegas, director del periódico conservador El Nuevo Tiempo, y este sí lo hace. Su otro defensor será un brillante orador bumangués, también conservador, que se llama José Camacho Carreño.

La Universidad Nacional, por su parte, enfrenta un serio problema, que debe resolver pronto y de la manera más satisfactoria posible. Ese problema surge a partir del hecho evidente de que la cantidad de aspirantes a ingresar a su carrera de Medicina sobrepasa con creces el limitado número de cupos y, de paso, se percibe que un número considerable de estudiantes resultan fracasando porque no muestran aptitudes ni vocación para la carrera que escogieron y a la cual fueron admitidos.

Esta necesidad y el enfoque neutral que se le pretende brindar a su solución, conduce a que se contemple la viabilidad de la aplicación de unas pruebas que permitan seleccionar con criterios científicos a los aspirantes que serán recibidos por la Universidad.

Se les dará cabida, entonces, a los tests especializados que preparará Mercedes Rodrigo, y, por ese camino, muy pronto se le dará inicio a la Sección de Psicotécnica en el Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina. Posteriormente se extenderá este novedoso servicio a otras carreras que ofrece el alma mater como Derecho e Ingeniería, e incluso el mismo se proyectará a otras instituciones diferentes de la Universidad, como la propia Policía Nacional.

La psicología en Colombia nacerá, pues, ligada por un cordón umbilical a la Medicina. Pero su origen estará ligado, de manera particular, y al igual que -como se ha visto- ha ocurrido en España, a la Psiquiatría.

No obstante, las cosas no serán color de rosa. Ni aquí, ni en ninguna parte.

Y es que ese mismo mes, el mismo mes en que Mercedes Rodrigo llega a la gélida Bogotá, concretamente el día 23 de agosto de 1939, los nazis alemanes pactan en secreto con los comunistas rusos la repartición de Polonia. La delegación enviada por Hitler arriba a Moscú donde es recibida en el aeropuerto con honores militares y calle de honor. Luego de los  apretones de manos, las quitadas de sombrero y las sonrisas de bienvenida, nazis y comunistas firman el Pacto Ribbentrop – Mólotov. Por los nazis alemanes firma Joachim von Ribbentrop, Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania; por los comunistas rusos firma Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética. A continuación vendrán  las fotos para el recuerdo, los brindis, las sonrisas y los abrazos.

Pero apenas cuando despunta el mes siguiente, que es como decir al mes siguiente de haber llegado Mercedes Rodrigo a Bogotá, esto es, el 1 de setiembre de 1939, los nazis alemanes rompen el pacto secreto que han suscrito con José Stalin acerca de Polonia y la invaden. Con la invasión a la desdichada Polonia, Hitler pretende dar un golpe de mano, pues no quiere repartirse el ponqué del poder con los comunistas rusos, tal y como lo convino. Estalla, entonces, la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, la Segunda Guerra Mundial estalla el mismo año en que acaba de terminar la Guerra Civil Española.



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La Segunda Guerra Mundial no será indiferente para Colombia; por el contrario, Colombia participará en el espantoso conflicto del lado de los aliados y la guerra se librará también en territorio colombiano. Es así como el domingo 7 de diciembre de 1941, Japón (componente del Eje) bombardea la base naval norteamericana de Pearl Harbor en Hawaii. Al día siguiente, lunes 8 de diciembre de 1941, Estados Unidos le declara la guerra al Japón. Alemania e Italia, aliados de Japón, le declaran la guerra a Estados Unidos. El 18 de diciembre siguiente, Colombia rompe relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón, vale decir, con las potencias del Eje.

Estados Unidos teme que el estratégico Canal de Panamá caiga en poder de los nazis. Por eso, la vigilancia de las aguas circundantes le resulta de capital importancia. La presencia alemana en esas aguas no es, desde luego, nada exótico. La mayor dificultad para los nazis es el aprovisionamiento de combustible. Los colombianos isleños de San Andrés y Providencia les son hostiles. El 23 de junio de 1942, un submarino alemán, del que después vendrá a saberse que se trata del U-172, ametralla a los ocupantes de la embarcación colombiana Resolute, que navega en aguas colombianas entre Cartagena y la Isla de San Andrés, y hunde la nave en un punto situado a los 13 grados 15 minutos de latitud norte y 80 grados 30 minutos de longitud oeste. Mueren seis colombianos, entre ellos un niño de año y medio de edad identificado como Alberto Steele. La madre del niño, Lucy Steele, había levantado a su pequeño hijo en los brazos con el fin de que los tripulantes del submarino alemán lo vieran, pero ambos -madre e hijo- fueron ametrallados. Tomás Steele, esposo de Lucy y padre de Alberto, trató de ayudar a su familia, pero también murió ametrallado. El submarino abrió fuego en los precisos momentos en que, por orden del capitán, y debido a que el sumergible acababa de emerger a unos treinta metros de la nave colombiana, en el mástil de esta se estaba izando la bandera de Colombia. Los dos tripulantes que izaban la bandera también fueron alcanzados por los disparos.

El 22 de julio siguiente, otro submarino nazi, que habrá de ser identificado como el U-505, hunde la embarcación colombiana Roamar también en aguas territoriales colombianas, específicamente en un punto ubicado a los 12 grados 24 minutos de latitud norte y 81 grados 28 minutos de longitud oeste. No hay sobrevivientes.

El 17 de noviembre de 1943, otro submarino alemán, que será identificado como el U- 516, hunde la nave colombiana Ruby con disparos de cañón y ráfagas de ametralladora. Mueren cuatro colombianos.

El 27 del mismo mes, esto es, el 27 de noviembre de 1943, Colombia le declara la guerra a Alemania. (BUSHNELL, David. Colombia y la causa de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Revista Credencial. Credencial Historia No. 67, Bogotá, 1 de julio de 1995. Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá. Colombia ante la guerra mundial. El Tiempo. Bogotá, 21 de junio de 2010. Colombia en la guerra. Semana, 6 de octubre de 1985. Colombia en la Segunda Guerra Mundial. wikipedia. GALVIS, Silvia. DONADIO, Alberto. Colombia nazi. Editorial Planeta. Bogotá. 1986, p.p. 216 y s.s. Unas fuentes dicen que las naves hundidas eran “buques”; otras aseguran que eran “goletas”).

Además de la declaratoria del “estado de beligerancia” -como se le llamó exactamente-, mediante el decreto 2643 de 1943 el gobierno de Colombia prohibe en el país el uso público del idioma alemán. Además, dispone la confiscación de los bienes de los ciudadanos alemanes, italianos y japoneses residentes en Colombia, y ordena que todos sean concentrados en el Hotel Sabaneta, de Fusagasugá. El lugar es señalado -impropiamente según la comunidad judía- como un “campo de concentración nazi en Colombia”.

Sobre la medianoche del miércoles 29 de marzo de 1944, el capitán de corbeta Aureliano Castro, comandante de la Base Naval de Cartagena, es despertado por el oficial de guardia. Un mensaje urgente, enviado desde el destructor ARC Caldas, empieza diciendo: “Acabamos de hundir un submarino“. Firma el mensaje el capitán de corbeta Federico Díaz Diago, payanés, 37 años de edad, comandante del destructor.

Se trata, en efecto, de un submarino alemán, que habrá de ser identificado después como el U-154, comandado por un teniente de fragata de apellido Kush.

Lo que se sabe entonces es que la nave colombiana regresaba a su base en Cartagena, desde Colón, Panamá cuando, de pronto, el vigía gritó: “¡Periscopio a babor!”. El submarino nazi navegaba sobre la superficie y al detectar la presencia del destructor colombiano, empezó de inmediato a sumergirse. Mientras la nave nazi se sumergía, el ARC Caldas le hizo dos descargas con sus baterías de 105 mm. que, de acuerdo con el informe oficial, ocasionaron su total destrozo, después de lo cual el destructor arrojó cargas de profundidad hasta cuando una mancha de aceite apareció en la superficie del mar, como señal evidente e incontrovertible de que el submarino había sido hundido.

La búsqueda de los restos del sumergible resultó infructuosa. (El Tiempo, viernes 31 de marzo de 1944, primera página).

Mientras todo esto ocurre, mientras los poderosos se pelean a dentelladas por la repartición del mundo y se siembra por doquier muerte, sangre, odio, violencia y resentimiento, Mercedes Rodrigo dicta sus cursos de Psicología en la Universidad Nacional.

Su tarea allí no ha sido fácil. Desde que llegó, con su carga de conocimientos y sus tests, la crítica, la desconfianza o la oposición abierta no se hicieron esperar, tal y como lo registra el psicólogo brasileño Bruno Jaraba:

“Lo que se encuentra al examinar con criterio histórico, recurriendo a fuentes de archivo y empleando modelos de análisis sociocultural teóricamente fundados, es que (..) las actividades de Mercedes Rodrigo en Colombia estuvieron siempre rodeadas por una intensa polémica, tanto interna a la Universidad, como de la opinión pública en general, pues la restricción al ingreso a la principal institución de educación superior en el país tocaba demasiados intereses de muy diversos sectores sociales, desde los bachilleres y sus padres hasta el propio Ministerio de Educación, que con esta medida se veía desplazado en sus funciones por la Universidad. No resultaba menos polémico el uso, para tan delicados propósitos, de un saber y unas técnicas cuya validez y eficacia jamás habían sido probadas en este contexto, como lo dejaría claro un integrante del Consejo Directivo de la Universidad, quien en una de las tantas discusiones a propósito, registrada el 13 de noviembre de 1939, afirmaba:
“…sobre esta cuestión tan importante del examen de aptitud profesional hay muchas dudas sobre el valor científico de tales pruebas; considera que ellas son verídicas cuando se trata de exámenes fisiológicos para determinados oficios, pero que en las profesiones liberales se observa que tales exámenes sólo son acertados para quienes ya tienen la formación profesional; no es lo mismo el examen de aptitud que el de orientación; este examen se prestaría a injusticias. Sería muy grave que la Universidad hiciera la selección de ingreso basada en un experimento. Además, las ideas democráticas llevan a rechazar la limitación [al ingreso a la Universidad]” (Archivo Histórico Universidad Nacional: Serie Actas del Consejo Directivo, 1939. Acta 72, num. VIII)” (JARABA, Bruno. El Día del Psicólogo (sic), o la historia como caja negra. Noviembre 20 de 2013. En: ripehp.com).

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La Sección de Psicotecnia, siempre a cargo de Mercedes Rodrigo, además de un servicio de psiquiatría ha implementado un servicio de psicología. Esta bifurcación significa la asignación del área psiquiátrica a otro profesional distinto, médico psiquiatra obviamente, mientras que al frente de la consulta psicológica queda asignada Mercedes Rodrigo.

“A esta consulta acudieron estudiantes con dificultades de adaptación al medio universitario, con problemas familiares, sociales y desorientación profesional” (Roncancio, 1952).

A finales de 1947, concretamente en noviembre, la Sección de Psicotecnia se convierte en el nuevo Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional. Mercedes Rodrigo será su directora.

La situación política en Colombia es, sin embargo, cada vez más turbulenta. Ahora es el partido conservador el que está en el poder. El partido liberal denuncia, de manera sistemática, que ya es insoportable la violencia en su contra y el 7 de febrero de 1948, luego de una impresionante Marcha del Silencio, el doctor Jorge Eliécer Gaitán pronuncia, ante una multitud sin precedentes en la historia colombiana, un discurso propio de su elocuencia que es denominado Oración por la paz.

“Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.

Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!

Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en su silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.

Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio.

¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

En la madrugada del 9 de abril de ese mismo año -1948- Gaitán, que es un prestigioso penalista formado en Italia bajo el alero del padre de la Escuela Positiva Enrico Ferri, culmina su brillante defensa del teniente Cortés, un joven militar que mató al director de un periódico de Caldas, discurso forense en el que replantea la noción vigente hasta entonces de la legítima defensa del honor. El teniente Cortés es absuelto por el jurado. Gaitán regresa a su casa, pero al mediodía ya está en su oficina donde sus amigos Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo, Jorge Padilla y Plinio Mendoza Neira llegan a visitarlo, platican con él sobre su exitosa defensa del joven oficial y luego se retiran del bufete para irse a almorzar. En los momentos en que se disponen a abandonar el edificio Nieto, donde el penalista y político tiene su oficina profesional, un sujeto que espera en el andén sorprende al abogado apuntándole con un revólver; Gaitán trata de regresarse hacia el interior de la edificación, pero el individuo le dispara varias veces. El orador cae herido al piso, de donde es recogido en medio de la agitación y el desconcierto para ser conducido de urgencia a un centro asistencial. Entre tanto el criminal se refugia en la droguería Granada donde los empleados bajan la reja, pero el gentío que ya se ha formado, en cuestión de segundos, presa de la ira, comienza a arrancarla, ante lo cual no les queda más opción a los dependientes de la farmacia que abrirla. A pesar de que el hombre es aprehendido por la policía, la multitud enardecida se lleva al sujeto, lo golpea, lo arrastra y lo lincha.

Gaitán muere en la clínica. Tan pronto se comunica la noticia de su fallecimiento, Mercedes Rodrigo, que ha huido de su patria en medio de la violencia, sabrá, entonces, que el país a donde ha llegado no es propiamente pacífico: el Bogotá donde ahora trabaja va a ser escenario también de una violencia generalizada que sacudirá sus cimientos como un terremoto social. Mercedes Rodrigo vivirá, ese 9 de abril de 1948, El Bogotazo. Las fotografías de Sady González, Manuel H., Luis Alberto Gaitán (Lunga), y Leo Matiz (quien resultó herido cuando tomaba imágenes del terrible levantamiento popular) hablan por sí solas (Fuentes: Biblioteca Luis Ángel Arango. Banco de la República.  El Tiempo. El Espectador). También son elocuentes por sí solas las primeras páginas de los diarios El Colombiano, de Medellín, y Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, para poner en evidencia con qué objetividad se dio la terrible noticia:




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Empero, más allá de toda esta terrible oleada de violencia, en medio de tanto luto, de tanta sangre, de tanto dolor, de tanta muerte y de tanta desesperanza, apenas tres meses después de aquella espantosa hecatombe colombiana, en aquel mismo 1948 de espeluzno y en ese mismo Bogotá despedazado que apenas trata de reconstruirse, cuando ya ha empezado en el país a donde llegó huyendo de una guerra fratricida otra guerra no menos fratricida, ya no de españoles contra españoles, sino de colombianos contra colombianos, comenzará a funcionar -bajo la dirección de Mercedes Rodrigo, por supuesto, y cual si fuese una frágil flor tratando de levantarse entre un inmenso pantano de odio- la primera institución universitaria que formará en Colombia psicólogos profesionales.

Mercedes Rodrigo, sin embargo, no alcanzará a recoger los frutos de lo que sembró; no será ella la que entregue los primeros once diplomas; no pronunciará discurso alguno, ni escuchará los ajenos; no estará siquiera presente en aquella primera ceremonia de graduación.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES: (1) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(2) Bogotá, por la época de Mercedes Rodrigo.

(3) Estatua de San Agustín de Hipona. Jean-Marie Bonnassieux (1810 – 1892). Iglesia de San Agustín. París.

(4) Isis, diosa egipcia.

(5) Asno con manzanas. Dan Bodelson.

(6) Desnudo reflejado en agua. William-Adolphe Bouguereau (1825 – 1905).

(7) Bogotá, por la época de Mercedes Rodrigo.

(8) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). La delegación de Hitler es recibida en Moscú con honores militares y calle de honor.

(9) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, saluda a Joachim von Ribbentrop, Primer Ministro de Alemania, quitándose el sombrero.

(10) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop firma el acuerdo. Atrás, Stalin y Mólotov.

(11) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Mólotov firma el acuerdo. Atrás, sonrientes, Ribbentrop y Stalin.

(12) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin y Mólotov.

(13) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin, Mólotov y otro personaje sosteniendo el documento.

(14) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Stalin y Ribbentrop se dan la mano.

(15) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Nazis y comunistas brindando.

(16) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin y Mólotov sonriendo.

(17) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Hitler y Ribbentrop riendo durante el acto por medio del cual la delegación nazi le informa los pormenores de la celebración del pacto secreto.

(18) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Caricatura de la época.

(19) Segunda Guerra Mundial. El diario El Siglo, de Bogotá, informando el rompimiento de relaciones de Colombia con Japón.

(20) Segunda Guerra Mundial. El diario El Espectador, de Bogotá, informando el relevo del comandante del “campo de concentración” de nazis en Fusagasugá por, al parecer, haber permitido un desfile nazi y que uno de los concentrados pronunciara un sermón.

(21) Segunda Guerra Mundial. El diario El Tiempo, de Bogotá, informando el hundimiento de un submarino nazi por el destructor de la Armada Nacional ARC Caldas en aguas colombianas.

(22) Destructor ARC Caldas de la Armada Nacional de Colombia, la nave colombiana que atacó al submarino nazi.

(23) Gaitán. Oración por la paz. Plaza de Bolívar. Bogotá. 7 de febrero de 1948.

(24) Así informó El Tiempo, de Bogotá, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(25) Imagen de El Bogotazo.

(26) Imagen de El Bogotazo.

(27) Imagen de El Bogotazo.

(28) Imagen de El Bogotazo.

(29) Imagen de El Bogotazo.

(30) Imagen de El Bogotazo.

(31) Imagen de El Bogotazo.

(32) Imagen de El Bogotazo.

(33) Imagen de El Bogotazo.

(34) Imagen de El Bogotazo.

(35) Imagen de El Bogotazo.

(36) Imagen de El Bogotazo.

(37) Imagen de El Bogotazo.

(38) Así informó El Colombiano, de Medellín, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(39) Así informó Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(40) Imagen de El Bogotazo.

(41) Imagen de El Bogotazo. Pila de cadáveres en el piso, frente a las bóvedas del cementerio de Bogotá.

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo I]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

El 17 de julio de 1936, un sector del ejército de España intentó derribar con un golpe de Estado al recién elegido presidente de la república Manuel Azaña. El golpe fue parcialmente exitoso, es decir, que algunas zonas del territorio español pasaron a poder de los sublevados mientras que el resto del país permaneció fiel al gobierno que había sido recientemente elegido.  Antes de la intentona golpista, el país atravesaba una situación de turbulencia marcada por  sangrientos atentados contra el derecho a la vida como el asesinato del teniente de orientación socialista José del Castillo Sáenz de Tejada (12 de julio de 1936) y el asesinato del destacado líder de la derecha parlamentaria José Calvo Sotelo (13 de julio de 1936, es decir, al día siguiente), o el que antes había sido dirigido contra el jurista de ideas liberales Luis Jiménez de Asúa (12 de marzo de 1936), hecho en el que murió su escolta, el agente de la policía Jesús Gisbert.  El presidente Azaña era el líder de solo uno de los varios partidos políticos que se habían integrado bajo el nombre Frente Popular para ganarle las elecciones a la derecha, por lo cual las fricciones y divisiones internas dentro de quienes habían apoyado su ascenso al poder eran inocultables. Los golpistas invocaban la situación general de desorden y desgobierno como argumento para su intrépida acción, pero también la simpatía de los nuevos gobernantes hacia el comunismo, particularmente hacia el gobierno de José Stalin, líder de la Unión Soviética. Como el golpe no prosperó sino en unas partes de España, los militares involucrados en el mismo decidieron seguir adelante con sus intenciones y desataron, entonces, una guerra civil. España quedó dividida desde ese momento en dos Españas: el sector republicano, que se mantenía fiel a la República, y el sector antirrepublicano, que apoyaba el derrocamiento del gobierno y la imposición de una política de “mano dura”. Este sector -que ya para ese momento ejercía control territorial- se proclamó a sí mismo como el bando nacionalista.

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Mercedes Rodrigo ya era maestra cuando se interesó por los temas del mundo psíquico en relación con su profesión, a la que recién arribaba. Y fue ese interés el que la condujo a estudiar aquella otra carrera y a convertirse en la primera psicóloga de España. Pero como en España no existía la carrera de Psicología, se le apuntó a una beca que le permitiera estudiarla en el exterior.

Había obtenido su título profesional de maestra en la Escuela Normal Superior de Maestras de Madrid cuando tenía 20 años (1911) y fue la pedagogía la que la acercó al mundo de la psicología. En 1921, a los 30 años de edad, obtenía la beca (en ese entonces se le llamaba “pensión”) para estudiar su nueva carrera en Suiza.

Esa integración entre la pedagogía y la psicología que se proponía lograr la joven educadora española no era nueva.

En efecto, en la patria del legendario ballestero Guillermo Tell, concretamente en la ciudad de Ginebra (la leyenda de Tell ubica su nacimiento en Bürglen, cantón de Uri), los psicólogos y pedagogos Eduardo Claparède y Pierre Bovet habían fundado, en 1912, el Instituto Jean Jacques Rousseau para la formación de educadores. En dicho instituto se estaba desarrollando un nuevo enfoque pedagógico conocido como la “Escuela Nueva”. Esta moderna concepción de la enseñanza tenía carácter experimental y estaba destinada a la niñez. La “Escuela Nueva” pretendía revolucionar el mundo educativo replanteando la tradicional severidad acartonada en la educación de la niñez e introduciendo elementos novedosos como la autodisciplina, la solidaridad, el juego y el amor, así como el concepto de que la relación maestro-discípulo no debía seguir siendo de poder-sumisión y que el niño debía desempeñar un papel activo y principal en su propio proceso educativo. Este vínculo entre la pedagogía y la psicología en el abordaje de la educación infantil se estaba dando también en otras latitudes, como acontecía en Italia con la prestigiosa psiquiatra y pedagoga María Montessori.  Claparède en Suiza estaba desarrollando la psicología evolutiva (a medida que pasan los años el ser humano no solo va cambiando físicamente; también va sufriendo cambios psicológicos) y la psicología experimental (los procesos mentales pueden ser estudiados a través de los métodos experimentales; incluso pueden crearse y ponerse en funcionamiento laboratorios de psicología experimental). Consiguientemente, planteaba que la educación debía basarse en fundamentos científicos producto de la investigación. Sus planteamientos enlazaban, pues, la psicología con la pedagogía a través de la investigación experimental.

En octubre de 1921 Mercedes Rodrigo estaba viajando a Ginebra e ingresando al Instituto J. J. Rousseau lo mismo que a la Universidad de Ginebra. Dos años después estaba recibiendo el título de psicóloga. Había sido compañera, discípula y colaboradora en trabajos de investigación académica y científica de figuras prominentes de la Psicología como Jean Piaget. (Algunas fuentes aseveran que Piaget era solamente compañero de estudios suyo; pero en el programa académico del Instituto, Piaget aparece dictando clase).




Con su diploma de psicóloga, retornó a su país natal en 1923 y, luego de desempeñar con lujo de competencia algunos cargos afines a su formación en instituciones madrileñas (Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, y Patronato Nacional de Anormales), ingresó al Instituto Nacional de Psicología Aplicada y Psicotecnia de Madrid donde fue encargada del área de orientación vocacional (1929).

En ese cargo se encontraba -y estaba al frente, junto con los prestigiosos psiquiatras José Germain (además reputado psicólogo) y Emilio Mira y López, de la organización del Congreso Internacional de Psicología, que debía celebrarse en Madrid en 1936- cuando estalló la espantosa confrontación fratricida (17 de julio de 1936).


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Mercedes Rodrigo había nacido en Madrid a las 12:30 de la madrugada del 13 de mayo de 1891 en el hogar formado por el profesor de música Pantaleón Rodrigo y doña María Bellido. Su hermana, María Rodrigo, habrá de convertirse en excelsa pianista y magnífica compositora de música clásica, de la que llegará a decirse que si no arribó a los sitiales de la fama a la par con figuras como Wagner no fue porque le faltaran merecimientos, sino por el estigma insalvable de ser mujer.

Como alumna de la Escuela Normal Superior de Maestras, Mercedes no fue, en las asignaturas pertinentes a la que sería su profesión, precisamente una lumbrera; todo lo contrario, fue en esas áreas una alumna de calificaciones mediocres y para graduarse tuvo que presentar lo que hoy llamaríamos exámenes de habilitación, es decir, que aprobó sus estudios como normalista a duras penas.

En efecto, “Mercedes Rodrigo aprueba el examen de ingreso en la Escuela Normal de Maestras el 16 de junio de 1906 con la calificación de aprobado. Durante su carrera, que duraba dos años (en su caso, de 1908 a 1910), destacaría en sus estudios musicales (no olvidemos que tanto su padre como su hermana mayor eran profesores de música, por lo que seguramente Mercedes Rodrigo había recibido completa educación musical) y en las asignaturas de ciencias (Aritmética, Álgebra y Geometría), mientras que, curiosamente, sus resultados en las escasas materias pedagógicas del pobre programa académico que se impartía entonces a los maestros superiores eran más bien mediocres. Obtuvo su título de maestra superior tras el tercer ejercicio de reválida del grado superior, el 4 de julio de 1911”. (HERRERO GONZÁLEZ, Fania. Mercedes Rodrigo: una pionera de la Psicología Aplicada en España y Colombia. Facultad de Filosofía. Universidad Complutense de Madrid, p. 115)

Muchos años después, Daniel Goleman sacudirá las pétreas estructuras de los paradigmas sociales al indicar que no necesariamente los estudiantes destacados llegan a tener éxito en la vida profesional y que alumnos que nunca brillaron en las aulas terminan convirtiéndose en figuras estelares de sus profesiones. Hablará, entonces, de la Inteligencia Emocional, una de cuyas manifestaciones más elocuentes es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Y esa cualidad sí que resultará definitiva cuando se trate de un profesional de la Psicología. Ello vendría a comprobarse -con décadas de anticipación a Goleman- en el caso de Mercedes Rodrigo.

Y es que ella, ya como maestra, empezará a brillar con luz propia. Es así como se dedicará a la formación, no de niños “normales”, sino de niños ciegos, niños sordomudos, niños inválidos y niños “anormales”.

Ello, aunque su trabajo como investigadora comprenderá a la niñez en general, conforme se pone en evidencia con su investigación acerca de qué pensaba la niñez española -los niños ricos, los niños pobres, las niñas ricas y las niñas pobres- respecto de la guerra (1922).

España, en efecto, hacía presencia en el África a través del Protectorado de Marruecos. Empero, en 1921 las tribus del Rif (región montañosa del noroccidente marroquí con costa sobre el Mediterráneo) se sublevaron contra el poder colonial español. España envió, entonces, a su ejército con el propósito de someter la rebelión. Todo habría de terminar en un terrible desastre: en una sola batalla, la de Annual, murieron más de cuatro mil soldados españoles. En otra subsiguiente, la toma del fuerte Monte Arruit por el enemigo, se produjo una horrorosa matanza en la que murieron más de tres mil soldados españoles. La retaliación española habría de ser escalofriante. La naciente “República del Rif” (1924) será brutalmente aplastada al año siguiente de su nacimiento (1925).



La recién graduada psicóloga quiso aproximarse, pues, a la mente de los niños a través del tema más espinoso y sensible del momento dentro de la sociedad española: la guerra de Marruecos. Esta fue la primera investigación de Mercedes Rodrigo en su país. No se imaginaba la investigadora que en la década siguiente, entre 1936 y 1939, tendría que enfrentar la tragedia de la guerra dentro de las propias fronteras españolas incluyendo al mismísimo Madrid, bombardeado y sitiado sin misericordia por las tropas sublevadas contra el gobierno republicano.

Otro segmento de su interés lo constituirán los niños superdotados. Volcará también su labor en el tema de la inteligencia infantil así como también se dedicará al estudio de la higiene mental en los niños.

Pero, igualmente, abordará con profundidad científica la compleja y espinosa temática de los niños desviados, violentos y delincuentes. Refiriéndose a esta población, narrará más tarde sus experiencias en torno al inmenso poder reformador de la ternura:

“Sufrimos intensa emoción -relatará en 1949- cuando al hacer sentar, como a todos, junto a nuestra mesa a uno de los niños para hablar con él, le vimos ponerse intensamente pálido y desmayarse. Convenientemente cuidado en la enfermería, dos días después, en una de nuestras numerosas visitas, el niño en cuestión nos abrazó súbitamente y con los ojos arrasados en lágrimas dijo las siguientes palabras difíciles de olvidar: ‘señorita, tengo doce años y usted es la primera persona en mi vida que me ha hablado con cariño”. (Introducción al estudio de la Psicología, p.p. 101 -102).

Dentro de este contexto, se convertirá en una severa crítica de los métodos disciplinarios imperantes, fundados exclusivamente en el castigo físico, muchas veces brutal. Estos cuestionamientos los hará no solo a lo que sucede dentro de los hogares, sino también a lo que ocurre en los establecimientos educativos donde el profesor enseña las tablas de multiplicar paseándose con lo que llama un “palo educador”. “La acción científica y comprensiva de la higiene mental -advertirá- tiene que penetrar cada día más en el ambiente escolar y en la familia, tiene que llevar a cabo de modo intenso la misión de salvar a la infancia desvalida mentalmente, incomprendida, enferma, a esos pobrecitos «niños malos» que muchas veces no tienen más culpa que el haber nacido con una tara, o el estar rodeados de un ambiente familiar indigno”. “La cuestión -puntualiza Fania Herrero- es aún más seria si la enfermedad no diagnosticada a tiempo es la epilepsia, o incluso la esquizofrenia: desde su experiencia personal, Rodrigo asegura que estos niños suelen ser tratados con extrema crueldad, y su comportamiento está permanentemente sujeto a la censura y el desprecio de quienes les rodean” (ob. cit., p. 157).

Empero, Mercedes Rodrigo no solo abordó la psicología educativa y la psicología clínica. También se dedicó a la psicología organizacional y trabajó en el área de la prevención de accidentes, tanto los que ocurrían dentro de las empresas -es decir, los accidentes laborales- como los que tenían lugar en las calles, en el tránsito vehicular, cuya etiología estaba asociada a factores como la falta de sueño, las jornadas excesivas o la mala alimentación. Promovió, por ejemplo, la idea de que los conductores debían ser sometidos a valoración psicológica.

La investigadora abordó, así mismo, las áreas de la orientación vocacional (¿qué quisieras ser cuando seas grande?) y de la selección profesional (¿quién es el más apto para este empleo?).

Con el propósito de investigar en las fuentes directas las formas de educación reinantes en otras latitudes, se dedicó a viajar a diferentes lugares fuera de España. De hecho, cuando le otorgan la beca para estudiar Psicología en el exterior, ya ha visitado diversas instituciones educativas de “anormales”, sordomudos y ciegos en Alemania, Francia y Bélgica (1913).

Su periplo por Europa tendrá que interrumpirlo: lleva tan solo tres años como maestra titulada cuando el 28 de junio de 1914 el archiduque del Imperio Austro-húngaro Francisco Fernando y su esposa Sofía arriban en tren a Sarajevo. Horas después se produce el atentado en el que pierden la vida . Estallan, entonces, los horrores de la Primera Guerra Mundial.

No será esta, sin embargo, la única conflagración bélica que se le cruzará en el camino.

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La guerra civil trae consigo no solo violencia, muerte, viudez, orfandad, mutilación, dolor, destrucción, miseria y atraso, sino además una profunda división en todos los escenarios sociales. Y es que al dividirse un país, se divide internamente su iglesia católica, se dividen internamente sus partidos, se dividen internamente sus sindicatos, se dividen sus artistas, sus escritores, sus poetas, y, por supuesto, se dividen internamente sus familias.  Era inevitable, por ello, que un sector de la iglesia católica española se fuera a favor de los unos y otro sector se fuera a favor de los otros, y que así sucediera con todos los entornos de la sociedad española de entonces.

De acuerdo con esas divisiones, sobrevienen los correspondientes odios y las correspondientes persecuciones de todos contra todos.  Así, la persecución religiosa fue dirigida contra un Josemaría Escrivá de Balaguer por el sector republicano y contra los curas afines a este sector por los golpistas.  Los muertos y los fugitivos tenían que provenir, pues, y en efecto provinieron, de ambos lados.  El padre Pedro Poveda fue fusilado frente a la tapia del cementerio de Madrid por los republicanos y el padre Escrivá tuvo que escapar de ellos a través de Los Pirineos, a pie, mientras que, en cambio, religiosos como Martín de Lekuona, Gervasio de Alvizu, José de Ariztimuño, Alejandro de Mindukete, José Adarraga, José Iturri Castillo,  Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi, José Sagarna, José de Arín, y los padres Lupo, Olano y Román del convento de carmelitas en Amorebieta (Vizcaya) fueron asesinados por el sector nacionalista al igual que José Pascual Duaso y Andrés Ares Díaz. Numerosos clérigos fueron asesinados por los republicanos, entre ellos los obispos Florentino Asensio Barroso, Manuel Basulto Jiménez, Manuel Borrás Ferré, Narciso de Esténaga Echevarría, Salvio Hulx Miralpeix, Manuel Irurita Almándoz, Cruz Laplana y Laguna, Manuel Medina Olmos, Eustaquio Nieto Martín, Anselmo Polanco Fontecha, Juan de Dios Ponce y Pozo, Migue Serra Sucarrats y Diego Ventaja Milán. Como siempre sucede en estos casos, ambos bandos aducían que no se había matado a los sacerdotes por razones religiosas, sino por motivos políticos, como si con semejante argumento sus horrendos crímenes quedaran justificados.  Hay fotografías de milicianos izquierdistas disparando contra las imágenes sagradas o vistiendo los ornamentos con el fin de ridiculizarlos y está documentado el asesinato de sacerdotes inermes e indefensos a manos de los fanáticos del bando derechista bajo sindicaciones etéreas y sin posibilidad alguna de defensa.  Una de las divisiones internas dentro de las familias españolas  -la más conocida por la prestancia intelectual de sus protagonistas- ocurrió en el seno de la familia Machado.  En efecto, Antonio y Manuel eran eximios poetas, magníficos escritores y sobresalientes dramaturgos; hasta unos pocos años antes del conflicto tenían montado un exitoso grupo de teatro y viajaban juntos en giras por diversos lugares presentando sobre el escenario obras que eran el producto del talento conjunto. Pero luego sobrevino el odio político de la confrontación bélica interna y, entonces, de aquella unidad literaria y artística no quedó nada, excepto el recuerdo. La familia se partió abruptamente en dos: Antonio se fue de parte de los republicanos mientras que Manuel no solo se fue de parte de los nacionalistas, sino que se convirtió en un poeta de temas profundamente religiosos. Y como el odio trae consigo también la estupidez, y una de sus más evidentes manifestaciones consiste en desconocerle los méritos a aquel que no comulga con nosotros y solo reconocérselos a quien sí lo hace, los republicanos terminaron exaltando solamente a Antonio Machado mientras que los nacionalistas hicieron lo propio con Manuel.  Éste no tenía, entonces, valor alguno como poeta para los republicanos, y aquel no lo tenía para los enceguecidos partidarios del sector nacionalista.



Claro que la guerra civil trae consigo otras arbitrariedades como la de apropiarse de nombres, de emblemas, de símbolos que le pertenecen a toda la comunidad nacional, como si el enemigo no tuviese el mismo derecho. De lo primero que se apropian es de la bandera del país, que pasa a ser una supuesta propiedad exclusiva de uno u otro bando. Y, consiguientemente, se apropian de expresiones que obviamente son comunes: “nación”o “patria”, por ejemplo.  Los partidarios del golpe militar e iniciadores de la guerra se apropiaron del término nacionalistas y, en consecuencia, divulgaron en su país-y con el tiempo fueron esparciendo en el mundo- la idea de que el resto de españoles no lo eran, que era como decir que no eran parte de la nación española.  Su argumento, cada vez más seductor, fue simple y escueto: aquellos habían hecho alianza con un país extranjero, con Rusia, por lo tanto no eran verdaderos españoles, no eran nacionalistas. Ellos, claro está, sí lo eran. Lo que no explicaron nunca -ni sus partidarios se lo preguntaron tampoco, silenciados por la adulación o por el miedo- fue por qué su nacionalismo sí les permitía hacer alianza con otros países igualmente extranjeros, como la Alemania de Adolfo Hitler y la Italia de Benito Mussolini.  Y es que esta es otra dialéctica de la guerra y, en general, de la política: Lo que se hace es malo si lo hace mi enemigo, pero es bueno si lo hago yo. Lo cierto es que “El padre de los pueblos”, “El Duce” y “El Führer” metieron la mano hasta el codo en el espantoso conflicto interno español.

La sangrienta crueldad de la guerra se lleva por delante lo que sea, hasta los más elementales sentimientos de consideración hacia los demás seres humanos. El 4 de enero de 1937, por ejemplo, los republicanos se tomaron las cárceles de Bilbao y asesinaron sin fórmula de juicio a los más de dos centenares de presos -obviamente militantes del bando derechista- ejecutando a unos en el patio de la prisión y disparándoles a otros desde las rejas de sus celdas. Poco antes, Bilbao había sido bombardeado por aviones alemanes con un saldo de siete personas muertas.

Una de las primeras víctimas de toda confrontación es siempre la verdad. Acerca del bombardeo del municipio de Guernica, por ejemplo (26 de abril de 1937), mintieron ambos bandos: el nacionalista dijo que había sido la aviación española la que soltó las bombas porque en España no había aviones alemanes, ni italianos, ni de ningún país extranjero, pero después se supo que eso no era cierto, que Guernica fue bombardeada por aviones de la Alemania nazi y que los sublevados contaron con el apoyo militar de Hitler y de Mussolini. [De hecho, aviones de la Italia fascista llevaron a cabo el cruento bombardeo de Durango en el que murieron más de doscientos cincuenta españoles inocentes (31 de marzo de 1937)]. Los republicanos, por su parte, dijeron que ese lunes era día de mercado -cosa que era cierta- y que por ello las bombas cayeron sobre la multitud que mercaba -cosa que no lo era, porque el mercado de ese día había sido suspendido desde por la mañana-. También dijeron que los muertos superaban los mil, pero más tarde se supo que ascendieron a aproximadamente ciento sesenta. La diferencia es abismal, aunque, desde luego, el valor de la vida humana no está sujeto a estadísticas.

Y como desatada la guerra se desata la irracionalidad, algo que sobreviene son los asesinatos de represalia. El ser humano no es, entonces, más que una cosa contra la cual simplemente se dispara con el fin de desquitarse del otro bando por algo que ha hecho. En ocasiones, previo al asesinato de los indefensos rehenes, se da, obviamente, la amenaza de su ejecución tratando de disuadir al enemigo. En la Guerra Civil Española la amenaza o la represalia tenía que ver con los bombardeos, de los que, por lo demás, no importaba en absoluto que afectaran a gente culpable o inocente.
Así, los sublevados amenazan a los republicanos con que si bombardean Zaragoza (ya en poder suyo), fusilarán al general republicano Miguel Núñez de Prado, a quien tienen prisionero. Un buque republicano le contesta: “Si escuadra tiene conocimiento se produce fusilamiento general Núñez del (sic) Prado, fusilará a 90 jefes y oficiales y a un general que tiene prisioneros”.
Cuando los republicanos bombardean Huesca y Jaca, el comandante militar sublevado de Jaca, Rafael Bernabeu, amenaza con que fusilará a los parientes de los que él llama “rojos” y que lograron huir. A pesar de la amenaza, se produce un nuevo bombardeo y, entonces, efectivamente son fusiladas cien personas, incluido el alcalde, Mariano Carderera Riva.
Como represalia por el primer bombardeo aéreo de Cartagena (domingo 18 de octubre de 1936) fueron sacados de la cárcel de San Antón y fusilados en el cementerio de la ciudad cuarenta y nueve prisioneros. Tras el bombardeo de Alicante (28 de noviembre de 1936), fue asaltada la cárcel, sacados también cuarenta y nueve presos y fusilados en las paredes del cementerio. Como retaliación por el bombardeo que un crucero de los sublevados llevó a cabo contra el puerto de Rosas, se desencadenó una matanza: en Gerona fue asaltado el seminario, donde ya no se formaban curas, sino se mantenían prisioneros, y a dieciséis los fusilaron; en Sant Feliu de Guíxols diez personas, de las cuales seis eran sacerdotes, fueron conducidas al cementerio y fusilados allí; en Olot también asaltaron la prisión y diez personas fueron fusiladas; en Tarrasa detuvieron a doce personas y las asesinaron; en Tarragona mataron a un sacerdote. El 6 de diciembre de 1936 en Guadalajara, como represalia por el bombardeo de Madrid, las turbas indignadas asaltaron la cárcel y asesinaron a la totalidad de los presos derechistas, cerca de doscientos ochenta personas que habían dejado de serlo. En Jaén, y como represalia por los bombardeos, en abril de 1937, ciento veintiocho personas derechistas que se hallaban encarceladas fueron sacadas de la prisión y fusiladas junto al cementerio. En Gijón, en agosto de 1937, se respondía a cada bombardeo con el fusilamiento, en la cubierta del barco-prisión Luis Caso de los Cobos, a decenas de los quinientos derechistas que se encontraban prisioneros allí, entre ellos algunos sacerdotes. Por su parte, a Madrid la bombardearon los nacionalistas dizque para “desmoralizar” a los madrileños y hacer que se rindieran. También para “desmoralizar” a la población civil fueron bombardeadas muchas otras ciudades españolas, como Barcelona, que terminó convirtiéndose en la ciudad más bombardeada por los nacionalistas durante la atroz guerra fratricida.



Otro tópico que inevitablemente emerge en la guerra es Dios. A él se le invoca como el símbolo de alguno de los bandos y, entonces, se pretende que todas las atrocidades propias del conflicto se llevan a cabo en su nombre. Incluso se le atribuyen “milagros”. Y si no le son atribuidos a él directamente, se le endilgan a alguno de sus intercesores. Uno de los casos más sonados fue el de las tres bombas arrojadas por la aviación republicana sobre Zaragoza el 3 de agosto de 1936, las cuales cayeron sobre la catedral, pero no explotaron. Según los creyentes, ello se debió a un milagro de la Virgen del Pilar. Para los no creyentes, claro está, no hubo milagro alguno. “El milagro -dice José Francisco Mendi, político y escritor de izquierda de la provincia de Aragón- hubiera sido que explotaran, porque era imposible que estallaran. Estaban mal hechas. La munición de aquella época (afortunadamente para muchos de nuestros abuelos y bisabuelos) era un desastre. Es de lo poco claro que sabemos. Hubo un informe del Parque de Artillería de Zaragoza que demostró que eran unos proyectiles “deconstruidos” por algún cocinero militar de la época, lo que hacía imposible su detonación. Eso dificultó que la iglesia nacional católica de la época pudiera hablar de “milagro”, aunque la leyenda no sólo se dejó correr sino que se impulsó oficialmente”. (heraldo.es).

¿Quién comenzó? Este es, por supuesto, punto de eterno conflicto. En el caso de la Guerra Civil Española, un sector del ejército se sublevó contra el gobierno que había sido elegido de acuerdo con los cánones de la democracia. Sin embargo, los sublevados justificaron su acción con el argumento de que el gobierno lo que quería era entregarle España al comunismo soviético e invocaron como detonante la situación generalizada de desorden y desgobierno que reinaba en el país y la consiguiente falta de garantías para los desafectos al gobierno. De hecho, lo que siempre alegaron como “florero de Llorente” fue que al asesinado líder de la derecha José Calvo Sotelo lo sacó de su casa aquella madrugada una patrulla de la policía y fue dentro de ella que lo asesinaron.

Desde luego, una cosa es el detonante y otra cosa son las causas que se van sumando hasta que explota el conflicto. Acerca de esas causas, también se difiere porque cada cual ve la cuestión bajo ópticas distintas. Así, se afirma que “Las causas básicas de la guerra civil consistieron en la falta de solución de los problemas que comportaba la modernización de España: desarrollo industrial desigual y basado en la explotación; un arcaico sistema de reparto de tierras, que se resistía vigorosamente a cualquier intento de reforma agraria moderada; las luchas de las organizaciones sindicales entre sí y contra la patronal; un numeroso cuerpo de oficiales que había sido humillado (…) en las campañas marroquíes; poderosos movimientos autonomistas en el País Vasco y en Cataluña; fuertes pasiones respecto de la influencia de la Iglesia en la enseñanza. Ni la monarquía constitucional (1876-1923), ni la Dictadura de Primo de Rivera (1923-30), ni la República (1931-36) habían sido capaces de resolver estos problemas, y en la primavera de 1936 tanto la derecha como la izquierda estaban dispuestas a recurrir a la fuerza” (Salvat Universal. Diccionario Enciclopédico. Tomo 9. Barcelona. 1986, p. 76).

La guerra, en fin, se explica siempre desde perspectivas políticas, económicas y militares. Jamás, por supuesto, se aborda el componente psíquico, la propensión humana a la resolución de sus conflictos con los demás a través de la violencia. Tampoco, el componente ético: la guerra se desata cuando en el seno de las sociedades la pérdida del respeto por los demás ha sobrepasado todos los límites y ya se han reblandecido -si no acabado por completo- los frenos inhibitorios morales, de modo que la conciencia social ha llegado a la anestesia y matar a otro simplemente se contempla como opción apenas lógica para alcanzar el poder o para mantenerlo.

La brutalidad de la guerra civil se extiende a todo. Hasta a la Poesía. Federico García Lorca era uno de los poetas más prestigiosos del mundo de habla hispana. Apenas un año antes de que estallara la guerra (1935), Pablo Neruda le había dedicado su célebre oda, cuyo contenido premonitorio del desgarrador dolor que habría de sentir el autor al año siguiente, asombra a los críticos literarios (“Si pudiera sacarme los ojos y comérmelos…”). El 18 de agosto de 1936, en un camino de Granada que conduce a Víznar y cuando el conflicto bélico llevaba tan solo un mes de haber estallado, el destacado bardo español fue aprehendido y fusilado por los nacionalistas. Pero como la reacción del mundo literario internacional no se hizo esperar, habilidosamente se trató de hacer creer, primero que el paradero del ilustre vate se ignoraba, y finalmente que su homicidio había estado asociado a su condición de homosexual, algo así como un crimen pasional, jamás un crimen determinado por las que se creían que eran sus inclinaciones ideológicas.

Y, desde luego, la intolerancia y la irreflexión propias de la guerra civil llega hasta la ciencia. Eso lo sabía el director del instituto donde trabajaba Mercedes Rodrigo, José Germain.  El reputado psiquiatra y psicólogo se encontraba en el exterior cuando estalló la de su país y temió regresar a él porque sintió que las condiciones de inseguridad eran absolutas. De hecho, otra personalidad de la nueva pedagogía, María Montessori, quien se hallaba en España, concretamente en Barcelona, aplicando su metodología a la enseñanza de la catequesis, abandonó el país cuando estalló el conflicto. La ilustre psiquiatra y pedagoga italiana se marchó a Holanda.

Finalmente, el no retorno de Germain se hizo realidad. Fue entonces cuando Mercedes Rodrigo asumió la dirección de la institución, confiada en que por no militar en ninguno de los partidos ni movimientos políticos en contienda nadie se metería con ella para nada.

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El golpe de Estado contra el gobierno republicano de Manuel Azaña comienza en el Protectorado de Marruecos el 17 de julio de 1936, pero solo tiene éxito en algunos territorios de España. Tomarse Madrid era, obviamente, propósito principalísimo de las fuerzas sublevadas. A comienzos de noviembre de 1936, ya los nacionalistas se encontraban a las puertas de la capital. El gobierno republicano la abandona y se traslada a Valencia, declarada nueva capital de la España republicana, mientras a la Junta de Defensa de Madrid se le encarga el impedir que la ciudad sea tomada por los golpistas. El 8 de noviembre de 1936 principia el feroz ataque contra Madrid. Pero como la resistencia impide la toma de la ciudad, se da inicio a un sitio militar que se mantendrá durante todos los tres años que durará la espantosa guerra. Madrid será, entonces, bombardeado por la aviación del bando sublevado y se producirá la muerte de centenares de españoles, incluida por supuesto la población civil inocente. El primer bombardeo se lleva a cabo en la noche entre el 27 y 28 de agosto de 1936. A partir de ahí, Madrid será una ciudad repetidamente (a veces diariamente) bombardeada.
“El ataque del día 16 de noviembre sobre el Museo del Prado, aunque el incendio del tejado fue rápidamente sofocado, causó un gran escándalo internacional, y obligó a plantearse el traslado de los principales cuadros a Valencia. Ese mismo día también fue bombardeado el edificio de la Biblioteca Nacional, lo que obligó a iniciar el traslado de los 630.000 volúmenes que se encontraban en sus sótanos. A partir de esa fecha se generalizaron también los bombardeos nocturnos. Como consecuencia de todos estos bombardeos Madrid era un caos y, como explicó un testigo presencial, “los madrileños debían refugiarse cada poco tiempo en el metro o en los portales, en medio del ruido de las explosiones y de las sirenas de ambulancias y bomberos”.

Los días 18 y 19 de noviembre de 1936 Madrid sufrió día y noche una durísima oleada de bombardeos, durante los cuales murieron 133 civiles, que provocaron que el cuerpo diplomático hiciera pública el día 20 una nota de protesta por los “bombardeos aéreos que causan numerosas víctimas indefensas en la población civil, entre ellas, tantas mujeres y niños”.

Al fracasar el ataque frontal los sublevados decidieron envolver Madrid por el noroeste concentrando sus fuerzas para cortar la carretera de La Coruña e intentar penetrar por allí hacia la capital.

Fracasado el intento de envolver Madrid por el noroeste y atacarla por el norte, los sublevados lo intentaron por el sureste avanzando hacia el río Jarama para cortar la vital carretera de Valencia, por donde llegaban a Madrid la mayoría de sus suministros. La batalla del Jarama se inició el 4 de febrero y terminó el 23 de febrero de 1937 sin que los rebeldes lograran su objetivo.  Tras este intento, los sublevados se encuentran con todas sus tropas del frente de Madrid agotadas y sin reservas. Los republicanos están también exhaustos pero han logrado poner freno a todas las ofensivas franquistas aún a costa de perder unos cuantos kilómetros de territorio. Es entonces cuando aparecen en escena los oficiales italianos del Corpo Truppe Volontarie (CTV) que presentan a Franco un plan con el cual atacar el frente republicano de Guadalajara, cogiendo por la espalda a las tropas que estaban en el frente del Jarama y cerrando, así, el cerco sobre Madrid desde el noreste.

Este último intento de envolver primero Madrid y después iniciar el asalto a la capital dio lugar a la batalla de Guadalajara. La idea italiana de la ofensiva era atacar Madrid desde el noreste dirigiéndose a Guadalajara y una vez tomada esta ciudad cortar la carretera de Valencia y entrar en la capital.

El plan tampoco resulta. Desde abril de 1937 la presión franquista sobre Madrid queda limitada a un asedio que no cesará ni un solo momento: Franco es paciente y prefiere esperar a que Madrid esté agotada para atacar.

La ciudad aguantará durante meses el asedio hasta prácticamente el final de la guerra, y a pesar del progresivo endurecimiento de las condiciones para la población madrileña, que veían cada vez más reducido el racionamiento de alimentos y medicamentos. Los bombardeos aéreos y el cañoneo desde el Cerro Garabitas empeoraban el ya difícil día a día de los madrileños, aunque se adaptaron a la situación lo mejor que pudieron. Los republicanos intentarán varias ofensivas y ataques en torno a Madrid para aliviar la presión sobre la ciudad” (La Batalla de Madrid. Wikipedia).

Hasta que, finalmente, ante las perspectivas sombrías de una resistencia inútil y con noticias cada vez más desalentadoras sobre los resultados de la guerra, sobreviene el golpe de estado del coronel republicano Segismundo Casado, un golpe desde adentro de la resistencia, que se produce entre el 5 y el 6 de marzo de 1939. Con Casado se sublevan otros jefes militares republicanos como el general Miaja o el anarquista Mera y políticos como Julián Besteiro. La sublevación prospera en un principio en Madrid y el resto de la zona centro-sur, pero la reacción de las tropas fieles a los mandos comunistas en Madrid no se hace esperar: Luis Barceló, después de dudarlo mucho, se pone al frente de la resistencia comunista al golpe de Casado. Entre los días 6 y 8 de marzo tienen lugar combates en las calles de Madrid entre los dos bandos hasta que el coronel Casado recibe refuerzos y el golpe interno se consolida. Luis Barceló será fusilado en las tapias del cementerio de Madrid el 15 de marzo. Casado se adueña de la situación.

El coronel Casado había justificado el golpe con la promesa de que obtendría una “paz honrosa” con Franco. Empero, este, cuyos agentes sólo han hecho unas vagas promesas a Casado, reitera que sólo aceptará la rendición incondicional. Así las “negociaciones” entre los oficiales enviados por Casado a Burgos y los oficiales del Cuartel General de Franco se convierten en la imposición de la rendición. Las tropas franquistas entran, pues, en Madrid el 28 de marzo de 1939 sin encontrar resistencia alguna. Al coronel Casado y al resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa, excepto Julián Besteiro, quien decide quedarse en Madrid, se les permite escapar. Se embarcan, entonces, en un buque de guerra británico que les espera en el puerto de Gandía. Así termina el largo sitio de Madrid, el más largo de toda la guerra. [Con algunas pequeñas modificaciones, tomado de: La Batalla de Madrid. Wikipedia].

En ese Madrid bombardeado y sitiado, en medio de las más indecibles penalidades, tuvo que desplegar su trabajo la psicóloga Mercedes Rodrigo. Uno de los momentos más terribles que habrá de afrontar en desarrollo de sus tareas será el de la evacuación urgente de la niñez madrileña que debe ser puesta a salvo del desastre que se avecina. Leámosla:

“No es posible olvidar los cuadros de tristeza y horror que presentaban las humildes casas medio deshechas del madrileño barrio de Tetuán, después de los bombardeos aéreos. Cuántos padres acongojados nos entregaban, como representantes de la «Delegación de Evacuación» a sus pequeños con desgarradora tristeza, pero alentados con la esperanza de que los alejaban de un peligro que todos creímos momentáneo y local. Cómo olvidar tampoco aquellas despedidas de padres e hijos en que no había gritos ni escenas melodramáticas. Era un dolor profundo, sereno, resignado en los padres y eran lágrimas silenciosas sobre las mejillas de los pobres niños que aún sonreían cuando se les entregaba su paquetito de pan y chocolate suministrado por entidades extranjeras. No se podrá jamás borrar de la retina del que lo haya visto, el espectáculo digno de un Capricho de Goya, pero desgraciadamente realidad viva de aquellos grupos de niños, separados ya de sus padres, algunos para siempre, medrosos, sobrecogidos, muchos días con frío, bajo la lluvia, a veces con hambre, con miedo siempre, sumisos, obedientes a toda orden, asombrados, desorientados, dispuestos a dejarse llevar de cualquier forma y a cualquier sitio. La actividad era febril. Inmediatamente después de cada bombardeo, se aglomeraban padres e hijos pidiendo su salida inmediata de la capital Pero aún en aquellos instantes de ansiedad, se organizó racionalmente el trabajo y podemos asegurar que ni un solo niño salió de Madrid sin que quedasen consignados sus datos personales en fichas que contenían informes suficientemente completos para identificarlos en todo momento, y que hicieran más seguro el retorno a sus hogares de aquellos pequeñuelos, una vez pasada la tragedia. Trece mil y pico fue el número de fichas en que intervinimos directamente. Es decir, trece mil y pico de niños de ambos sexos nos fueron confiados por sus padres, con emoción, con angustia infinitas, con desesperación profunda al verse incapaces para proteger por sí mismos la vida de sus hijos. Trece mil y pico cartulinas de color rosa y azul según el sexo, y en cada una de ellas con datos escuetos y fríos la historia breve de un niño que vivía en Madrid, y que tuvo que salir de la casa de sus padres, de tal edad, que se marchó en tal expedición, con destino a tal sitio, donde otras personas buenas sin duda, en tal población lejana, se iban a encargar desde tal fecha de hacerles seguir viviendo materialmente, aunque desde aquel momento torcieran para siempre la trayectoria normal de su vida… Cartulinas de color rosa y azul cuidadosamente ordenadas en ficheros herméticos, helados, vosotras representáis uno de los aspectos más inhumanos de la guerra… “(RODRIGO, Mercedes. Lecciones de Psicología, 1946, p.p. 86-87. En: HERRERO GONZÁLEZ, Fania. Mercedes Rodrigo: Una pionera de la Psicología Aplicada en España y Colombia, p.p. 238, 239 y 240).

Como se anotó atrás, los estudios que se han llevado a cabo sobre la militancia política de Mercedes Rodrigo no la muestran como partícipe de ningún grupo político en particular. Pero la guerra civil toma en cuenta cualquier señal, cualquier indicio, el menor gesto, para de ahí deducir que su vorágine de violencia debe extenderse hasta esa persona.  Es así como la mera amistad, la tertulia, el café y hasta un simple saludo en la calle se convierten en razón suficiente para decretar y ejecutar la pena de muerte sin que previamente se pidan, ni mucho menos se escuchen explicaciones.  Era natural que Mercedes Rodrigo, profunda estudiosa del psiquismo humano, lo supiera o al menos lo presintiera.  También era lógico que la psicóloga española intuyera que cuando la guerra – toda guerra, cualquier guerra – está a punto de finalizar y ya se presiente quiénes serán los ganadores y quiénes serán los perdedores, se atisban en el horizonte los negros nubarrones de la represión de quienes ganaron contra quienes perdieron. Es presumible, pues, que se desencadenarán las redadas, los allanamientos, las capturas, los juicios sumarios cargados de arbitrariedad, los falsos testigos, el dejar hablar a los defensores solamente por cumplir un formalismo previo a la lectura de la condena que ya se ha redactado desde antes. Y por eso, antes de que acabe la guerra, comienza el exilio. Es algo así como una legítima defensa anticipatoria.

Al exilio habían partido, estaban partiendo y partirían en los días subsiguientes figuras cuyos nombres acabarían formando parte del patrimonio cultural latinoamericano: el actor Ángel Garasa, por ejemplo, llegaría a México y terminaría filmando memorables películas de humor al lado de Mario Moreno, Cantinflas; el jurista Luis Jiménez de Asúa se instalaría en Argentina y consolidaría en este continente su prestigio como uno de los grandes tratadistas de derecho penal de habla hispana; el filósofo y científico José de Recasens sería quien aquel inolvidable 20 de julio de 1969 ilustraría a los colombianos, al lado de nuestro locutor Antonio Pardo García, sobre los pormenores de la llegada del hombre a la luna. Al exilio también partirían el indigenista José María Ots Capdequi, el poeta Juan Ramón Jiménez y el psiquiatra y escritor Emilio Mira y López.

Mercedes Rodrigo, la primera psicóloga de España, no militaba en ninguna parte, pero sí tenía amigos en el bando republicano. Y, como se dijo atrás, eso es más que suficiente para temer por la vida. Es más: ya en el terreno científico, había trabajado con el eminente médico neurólogo y psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (quien en 1911 -año en que Mercedes Rodrigo se graduó de maestra- había descubierto la Enfermedad de Lafora, una epilepsia progresiva). En 1938 el científico había partido al exilio por el peligro que le significaba su pasado republicano.

Por ello, antes de aquel primero de abril de 1939 en el que Francisco Franco dio el parte de victoria, la primera mujer graduada como psicóloga en España abandonó su patria para nunca más volver.  Como era previsible, se dirigió a la misma Suiza donde había estudiado y obtenido su cartón de psicóloga. Empero, solo permaneció allí unos pocos meses. Dos años atrás había recibido una invitación del rector de la Universidad Nacional de un lejano país de América del Sur llamado Colombia. Con dos años de atraso, decidió aceptarla y fue así como después de un viaje del que no conocemos detalles, llegó -el 2 de agosto de 1939- a la gélida ciudad de Bogotá.

Pues bien: con ella acababan de arribar a la capital de la lluvia, las brumas y el granizo los comienzos de una nueva profesión en Colombia: de la profesión llamada a abordar las complejas interioridades del alma humana, de la profesión de la esperanza, de la hermosa y hoy más que nunca importantísima profesión de la Psicología.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES: (1) Guerra Civil Española. Guernica bombardeada.

(2) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(3) Eduardo Claparède.

(4) Eduardo Claparède y personal del Instituto J.J. Rousseau.

(5) Pierre Bovet.

(6) Pierre Bovet, Jean Piaget y personal del Instituto J.J. Rousseau.

(7) Jean Piaget.

(8) José Germain.

(9) Emilio Mira y López.

(10) María Rodrigo.

(11) Niña con Síndrome de Down jugando con otra niña.

(12) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Annual, en el que murieron más de cuatro mil españoles.

(13) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Monte Arruit, en el que murieron más de tres mil españoles. La entrada al fuerte antes del desastre.

(14) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Monte Arruit. La entrada al fuerte después del desastre.

(15) Manos de un menor encarcelado.

(16) The Schoolmistress (La maestra de escuela). 1770. Jean Honoré Fragonard (Grasse, Francia, 1732 – París, 1806).

(17) El archiduque del Imperio Austro-húngaro acaba de descender del tren en Sarajevo. Horas después será asesinado junto a su esposa y estallará la Primera Guerra Mundial.

(18) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(19) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(20) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(21) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(22) Guerra Civil Española. Niños jugando a fusilar.

(23) Guernica. Pablo Picasso. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

(24) Guerra Civil Española. El comandante militar de Guadalajara acaba de ser capturado por los republicanos luego de la toma del puente de Linares y es conducido hacia el lugar de su fusilamiento. Fotografía del estudio Abero y Segovia. 22 de julio de 1936.

(25) Guerra Civil Española. Republicanos que acaban de rendirse son conducidos prisioneros por las tropas nacionalistas. Somosierra, serranía de Guadarrama, 1936. “Los combates en Somosierra (…) fueron feroces y los prisioneros eran fusilados, en ambos bandos” (Hugh Thomas. La guerra civil española. Editorial Grijalbo. 1976).

(26) Imagen que, a la postre, condujo a la Guerra Civil Española: en el suelo, donde fue tirado por sus asesinos, yace el cadáver del líder político de la derecha José Calvo Sotelo.

(27) José Calvo Sotelo.

(28) Poeta Federico García Lorca.

(29) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(30) Guerra Civil Española. Niños madrileños frente a sus casas destruidas por los bombardeos.

(31) Guerra Civil Española. Muertos en las calles madrileñas bombardeadas.

(32) Guerra Civil Española. Niños españoles rumbo al exilio.

(33) Guerra Civil Española. Niños españoles exiliados.

(34) Guerra Civil Española. Niños españoles rumbo al exilio.

(35) Única fotografía conocida de Mercedes Rodrigo. Fotografía de carnet. 1940. Archivo General de la Administración. Alcalá de Henares. Wikimedia Commons. Fania Herrero.

(36) Gonzalo Rodríguez Lafora.

(37) Eros, dios del Amor, y Psique, diosa de la Psicología (aunque no tenía origen divino, sino humano). La letra griega Psi, símbolo de la Psicología.

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1969. Por: El Último Guane.

[A la memoria del profesor del Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata don Gilberto Arenas]

I

Suena en Woodstock la guitarra de Santana

Y en el suelo selenita ya es primero

Un comando de viajantes siderales

Que ha llegado a descubrir un mundo nuevo.

 

Y en un barrio del oriente de esta tierra

Un alumno esperanzado de colegio

Se ha topado con la vida un día cualquiera

Pues de pronto qué es amor ha descubierto,

 

Y al sentir que el corazón entristecido

Ha empezado a palpitarle de contento,

Él descubre que también llegó a la luna

Yendo a bordo de aquel gran descubrimiento.

 

II

 

Jan Palach se levanta contra el ruso

Que mancilla el suelo libre de los checos,

Y el planeta es testigo espeluznado

De su vida consumida por el fuego.

 

Y aquel chico, monaguillo que se amarra

Con un lazo el blanco traje allá en el templo

Y al tocar la campanilla es a su alma

Que le exige, por favor, que haga silencio,

 

En las tardes sabatinas se le enfrenta

Al embate soporífero del tedio

Con la rústica radiola que en su casa

Se le niega, si está triste, a hablar más quedo.

 

III

 

Que Led Zeppelin figure ya en un disco

Eso es algo que jamás ha de saberlo,

Ignorante como es él de que hay un mundo

Más allá de los bambucos de su pueblo.

 

Y entre tanto, un profesor siempre de traje,

Que recita la mitad de un padrenuestro,

Les enseña un teorema a sus alumnos

Dibujando lo que dice en el tablero,

 

Y por eso aquel chico que lo escucha

Con el tiempo entenderá que aquel maestro

Antes que enseñarles geometría,

Quiso hacer de sus alumnos hombres rectos.

 

IV

 

Pues el chico del que escribo yo estos versos,

Chico alegre de talleres y cuadernos,

Que no sabe del planeta que han fundado

Con guitarras y platillos los roqueros,

 

Ese chico, que no juega a la pelota

En el patio polvoriento del colegio,

Pues prefiere ir a escuchar el piano triste

Con que alguien interpreta Zorba el Griego,

 

Ese chico está hoy frente a mis ojos,

Reflejado por la luna del espejo,

Y sonríe a la distancia de los años

Con su misma sonrisa de aquel tiempo.

 

Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, sábado 6 de mayo de 2017.
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ILUSTRACIÓN: Parque de Polvoranca. Leganés, Área Metropolitana de Madrid, España. Fotografía de José Cortés Fernández.

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LA TOGOPOLÍTICA NACIONAL. Por: El Diablillo del Parnaso.


Dizque un ilustre togado

Del cual reveló Semana

Que con cara o sello gana,

Pues cae siempre parado,

 

Su negra toga ha colgado

Y aspira a echarse otra cana,

Al fin y al cabo aquí hay lana,

Con fama o desprestigiado.

 

Debiera ser magistrado

El que primero abogado

Haya sido en ejercicio,

 

Pues este que se ha marchado

Juzgó sin haber pasado

Jamás por ese suplicio.

 

Todo el mundo a juez le atina,

Sin que haya puesto oficina.

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EL PERIODISTA E HISTORIADOR SANTANDEREANO EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR PUBLICA NUEVO LIBRO. Por Óscar Humberto Gómez Gómez.

EDMUNDO GAVASSA VILLAMIZAR, PERIODISTA E HISTORIADOR SANTANDEREANO.

Quintilio Gavassa Mibelli, italiano nacido en la isla de Elba el 25 de noviembre de 1861, fue un inmigrante europeo que llegó a esta tierra para terminar muriendo en ella. A su muerte, ocurrida el día sábado 2 de setiembre de 1922 en su casa, la casona esquinera ubicada en la calle 6a con carrera 12 (hoy calle 37 con carrera 17), había dejado el legado de haber fundado la fábrica de pastas alimenticias La Italiana, que pasó luego a convertirse en las famosas Pastas Gavassa, uno de los símbolos sobrevivientes de la comarca santandereana. También había fundado en Pamplona una fábrica de cigarros a la que le puso un nombre que denota aquella natural inclinación que tenía de exaltar los más caros valores que entonces dignificaban a nuestra sociedad: Fábrica de Cigarros La Honradez.

Pero, además, Quintilio Gavassa Mibelli nos dejó un legado que habría de permitirnos a las nuevas generaciones de bumangueses aproximarnos a la visión de cómo era Bucaramanga en aquellos remotos tiempos. Ese legado no fue otro que la inconmensurable riqueza de sus fotografías.

Sí: de sus fotografías. Porque Quintilio Gavassa Mibelli fue fotógrafo. Y no cualquiera, sino un fotógrafo culto, un hombre serio y decente, que enalteció con su presencia los salones aristocráticos del Club del Comercio de aquellos años, pero que también tuvo la perspectiva histórica de retratar con su cámara la sencillez de nuestras calles, de nuestros parques, de nuestro pueblo, de nuestra gente de aquella época, y dejar así para la posteridad las imágenes de la Bucaramanga de ruana y sombrero en cuyas calles discurría su existencia de extranjero afincado en tierra lejana, una tierra donde finalmente había echado raíces y en la que había construido los cimientos de la que sería una gran familia santandereana.

Foto Gavassa se llamaba su empresa. Y gracias a su cámara inquieta, y pese a las limitaciones técnicas de una época en la que tomarse un retrato no era cosa de poca monta, porque tanto el fotógrafo como quien se retrataba tenían que contar con la virtud que hizo famoso al Santo Job, pudimos nosotros, los que por fortuna fuimos capaces de entender que Bucaramanga no nació anoche, ni que se dio por generación espontánea, y por eso abrazamos la Historia como parte de nuestra formación personal, aproximarnos al villorrio de esos días, y hoy nos alegra haber podido imaginarnos el devenir de nuestra comarca y conocer de cerca los rostros de quienes nos precedieron en la construcción de los destinos de nuestra ciudad natal y trajeron aquí tantas maravillas de las que disfrutaba el mundo civilizado, desde la luz eléctrica hasta el adelanto del acueducto, desde la alegría de las notas musicales tocadas por una orquesta hasta la maravilla del agua sólida, desde el primer automóvil hasta el reemplazo de las calles empedradas por la modernidad de la brea y el asfalto.

Mas, como lo anotamos en nuestro libro Historia de Bucaramanga, “Edmundo Gavassa Villamizar será quien conservará y difundirá para la posteridad el rico legado fotográfico dejado por su abuelo, Quintilio Gavassa Mibelli, gracias al cual las nuevas generaciones de bumangueses pudimos conocer lo que fue nuestra ciudad en aquellos años remotos e irrepetibles. El espíritu visionario y culto de Quintilio Gavassa permitirá la captura de hermosas escenas que con el paso de los años habrán de constituir las únicas referencias posibles que el inexorable paso de la historia nos permitirá conocer de esta tierra. Pero ello no hubiese sido posible de no ser por el amor de su nieto Edmundo hacia la Historia y la ausencia de mezquindad con que obró al dejar al conocimiento público lo que, de otro modo, no habría pasado de ser un tesoro privado de su familia, apenas conocible por sus allegados” (Historia de Bucaramanga, [Sic] Editorial – Casa Editora Los Hermanos Gómez, 2009, p. 210).

Don Edmundo Gavassa Villamizar nació en Bucaramanga “el jueves 25 de enero de 1940, en el hogar formado por Rafael Gavassa Villamizar y Beatriz Villamizar Bautista” (Gómez, ob. cit., loc. cit.).  Fue -en la década de los años 60- redactor de la página internacional de El Tiempo, de Bogotá. En la actualidad es Miembro del Colegio de Periodistas de Bogotá (CPB).  En su trasegar como periodista e historiador, ha publicado numerosos libros, siempre en procura de que nuestro devenir no quede sepultado por el polvo del olvido. Así, por ejemplo, su primera obra, Fotografía italiana de Quintilio Gavassa (Papelería América Editorial, Bucaramanga, 1982), recoge imágenes de la vieja Bucaramanga, complementadas con valiosos textos informativos complementarios.

Pues bien: fiel a esa línea de conducta, mañana jueves 27 de abril de 2017, en acto solemne que se llevará a cabo en la Casa de Bolívar, sede de la Academia de Historia de Santander, a las 6:30 de la tarde, el cual estará presidido por don Miguel José Pinilla Gutiérrez, presidente de la augusta institución, don Edmundo Gavassa Villamizar, quien funge desde hace largos años como columnista del diario Vanguardia Liberal, enriquece una vez más la bibliografía santandereana con la presentación de un nuevo libro de su autoría. Esta vez exalta la memoria de los facultativos que hicieron y siguen escribiendo con sus vidas la historia de la Medicina en este nuestro terruño después de haber un día pronunciado, con la emoción del graduando, el Juramento Hipocrático.

El nuevo libro del inquieto periodista e historiador, titulado La Salud en Bucaramanga. Reseña Histórica, será presentado por don Fabio Torres Barrera, Miembro de Número de la Academia de Historia de Santander, entidad de la cual el autor también es Miembro de Número y a la que ha presidido en varias oportunidades.

¡Felicitaciones, don Edmundo! Usted sabe que por aquí se le estima, se le admira y se le respeta.

Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, miércoles 26 de abril de 2017.

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DON QUIJOTE ANTE LA PSICOLOGÍA. [Informe especial]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).


“Sr. D. Luis López-Ballesteros y de Torres

Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal “Don Quijote” en el original cervantino me llevó a aprender, sin maestros, la bella lengua castellana. Gracias a esta afición juvenil puedo ahora, ya en edad avanzada, comprobar el acierto de su versión española de mis obras, cuya lectura me produce siempre un vivo agrado por la correctísima interpretación de mi pensamiento y la elegancia del estilo. Me admira, sobre todo, cómo no siendo usted médico ni psiquiatra de profesión ha podido alcanzar tan absoluto y preciso dominio de una materia harto intrincada y a veces oscura.

Freud

Viena, 7 de Mayo de 1923”

Con esta carta, dirigida a su traductor, el controvertido psiquiatra austríaco Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, dejó para la posteridad no solo el motivo por el cual aprendió el idioma español, sino la duda irresoluta de si su famosa teoría y su difundido método diagnóstico y terapéutico acaso tuvieron raíces en su interés científico por el celebérrimo personaje de la literatura hispana.


Existe para algunos psicoanalistas una evidente relación entre Sigmund Freud y El Quijote. De hecho, el psicoanalista israelí Juan Pundik titula su libro Freud y el Quijote: el Psicoanálisis en lengua castellana (Buenos Aires, Argentina, 2016).

Se ha llegado, incluso, al extremo de indicar que el padre del psicoanálisis no fue Freud, sino Sancho Panza. Eso sugiere, por lo menos, el autor mexicano Carlos Chávez Macías en su libro Don Quijote, primer psicoanalizado de la historia: la probable influencia de Miguel de Cervantes en Sigmund Freud (Ciudad de México [D.F.], México, 2017).

“El Quijote -escribe Chávez Macías- se enferma al leer, según Cervantes, y sana al final de la vida, ¿por qué? Porque se lo ha contado todo a Sancho, quien funciona de sicoanalista. Las palabras leídas enfermaron, las palabras habladas sanaron. ¿Qué fue lo importante? La escucha, como es para los sicoanalistas. Las personas que van a consulta para que el sicoanalista les diga qué hacer no entienden que eso va en contra del sicoanálisis; lo importante es que uno hable y el otro sepa escuchar”.

En la misma dirección apunta Nayelly Yael González en un artículo titulado El padre del psicoanálisis es Sancho y no Freud (Ciudad de México [D.F.], México, 2009).

“El creador del psicoanálisis -recuerda la autora- nació en Austria en 1856, murió 83 años después en Londres. Freud, se convirtió en una notable influencia para importantes personajes como André Bretón, Luis Buñuel, Salvador Dalí y Alfred Hitchcock. Sin embargo, alguna vez nos hemos preguntado ¿quién o quienes fueron las más significativas influencias en Freud para llegar a la creación del psicoanálisis?
A la edad de 13 años, Freud comenzó una amistad con Eduard Silverstein, con quien años más tarde mantendría comunicación por correspondencia, en la que Freud utiliza un nombre clave para identificarse, Cipión, del Coloquio de los Perros de Cervantes, el escucha (el psicoanalista clásico). Mientras que a Silverstein lo denomina Berganza, el amigo (el paciente clásico).
No sólo en las cartas enviadas a su amigo Silverstein, Freud deja a la luz su gusto por la obra de Cervantes; también en las que escribía a su novia comenta lo mucho que le gusta El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, y la invita a la lectura de la obra.
Freud aprendió la lengua castellana para la lectura de Don Quijote, por lo que es de suponerse que tenía una especie de identificación con Cervantes. Sin embargo, la verdadera relación de la obra cervantina con el psicoanálisis es Sancho Panza.
La obra trata de un hombre cuya afición a las novelas de caballería lo volvieron loco, así que decidió armarse caballero andante e irse por el mundo. Para ello se hizo de un escudero, Sancho Panza. Después de encuentros y batallas, es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna y devuelto a su casa, donde ya en el lecho de muerte admite haber vivido loco y estar muriendo cuerdo.
Para llegar a esta última aseveración, el Quijote ha tenido que pasar por un largo proceso de compresión del mundo real y el de la fantasía, es decir, ¿cuántas conversaciones mantiene don Quijote con Sancho? Durante la vida del Quijote como caballero andante, convierte a Sancho, más que en su escudero, en su amigo al cual le cuenta de lo que ve, lo que escucha, de su Dulcinea, de la libertad. Sancho, siendo el cuerdo, le dice que son molinos y no gigantes, que son ovejas y no un ejército; pero en la mayoría de las ocasiones Sancho únicamente escucha.
El psicoanálisis, también conocido como “la cura del habla”, se basa en la asociación libre, en que el paciente le comunica a su analista todo lo que se le ocurra, sus deseos, sueños, anhelos, fantasías, recuerdos, mientras articula el discurso. No hay preguntas del analista, el paciente habla de acuerdo con sus propios intereses, y el psicoanalista escucha e interviene cuando lo cree necesario.
Vemos una gran similitud entre lo que un psicoanalista hace y lo que hacía Sancho. Sin embargo, la mayor evidencia de que Sancho es el padre del psicoanálisis es el hecho de que el Quijote sana, gracias a las conversaciones con Sancho, como en el psicoanálisis. Es decir, Sancho fue psicoanalista del Quijote”.

Pero algunos hacen notar, con razón, que si ello fuera cierto, el padre del psicoanálisis sería, entonces, Cervantes, creador de ambos personajes. Otros, en cambio, se apartan de semejante conclusión advirtiendo que Sancho Panza no siempre se limita a escuchar a Don Quijote, sino que llega a contradecirlo en repetidas ocasiones.

Desde luego, más allá de este debate, e incluso del de la validez actual del psicoanálisis o si se encuentra científicamente revaluado, no es enteramente atinado pretender el abordaje psicológico de un hombre creado por la imaginación de un escritor. Ello ha hecho que algunos descarten de plano la pretensión de intentar un “diagnóstico” sobre la salud mental de Alonso Quijano, el buen vecino que se convierte en Don Quijote de la Mancha como resultado, dicen unos, de leerse todos los libros de caballerías publicados, o, más bien, dicen otros, de pretender entender la enrevesada redacción de los mismos. Sin embargo, y con la natural limitación de no estar abordando a un personaje real, sí resulta interesante una aproximación al laberinto mental de Don Quijote.

Aunque es de advertir que, en puridad de verdad, no faltan los psiquiatras que han arribado a la conclusión de que el personaje literario Don Quijote fue tomado de alguien real.

Así, los psiquiatras españoles Rosana Corral Márquez y Rafael Tabarés Seisdedos, Residente de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario de Valencia y Profesor Titular de la Unidad Docente de Psiquiatría y Psicología Médica del Departamento de Medicina de la Universidad de Valencia, respectivamente, en su ensayo Aproximación psicopatológica a El Quijote escriben lo siguiente:

“Nada nos permite deducir que el autor tuviera conocimientos médicos específicos para describir, de una forma tan fiel, lo que hoy podría definirse dentro de algunas categorías diagnósticas de las enfermedades mentales, ya que las nociones sobre la enfermedad mental eran entonces confusas y precarias. Autores como R. Salillas, (…)  defienden que Cervantes conoció el famoso libro de Huarte de San Juan Examen de Ingenios, motivo por el cual el Don Quijote recibe el calificativo de “ingenioso”, que no “loco”. No obstante, la descripción psicopatológica del trastorno delirante en el protagonista sorprende por su agudeza y fidelidad a la realidad, y esto no parece resultar de la lectura de ningún tratado “psiquiátrico” de la época, ya que no existían como tal. En nuestra opinión, Cervantes debió de tomar el modelo para la locura de su personaje directamente de la realidad. Por tanto, Cervantes ocuparía un puesto de honor entre los autores de su época que dedicaron su interés a la descripción de la enfermedad mental y cabe calificarle como uno de los más finos observadores de la conducta humana en la historia”.

En efecto, Rafael Salillas publicó en 1905 el libro Un gran inspirador de Cervantes: el doctor Juan Huarte y su examen de ingenios. Además de él, don Miguel de Unamuno publicó, el mismo año 1905, Vida de don Quijote y Sancho, libro en el que también afirma la relación entre Cervantes y Huarte de San Juan. (Téngase en cuenta que el nombre completo del médico y filósofo español era Juan Huarte de San Juan).

Martín de Riquer, Miembro de Número de la Real Academia Española y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su célebre y erudita Introducción a la lectura del Quijote (Barcelona, 1958), escribe que “(…) es oportuno recordar (…) que en tiempos de Cervantes, pero antes de publicarse el Quijote, se registran locuras de personas reales provocadas por la lectura de libros de caballerías. Entre las diversas anécdotas que se han recogido sobre este tema, la única que encaja perfectamente con la novela de Cervantes es la que se narra en ciertos cartapacios de don Gaspar Galcerán de Pinós, conde de Guimerá, que cuenta, en el año 1600, de un estudiante de Salamanca que, “en lugar de leer sus liciones, leía en un libro de caballerías, y como hallase en él que uno de aquellos famosos caballeros estaba en aprieto por unos villanos, levantóse de donde estaba, y empuñando un montante, comenzó a jugarlo por el aposento y esgrimir en el aire, y como lo sintiesen sus compañeros, acudieron a saber lo que era, y él respondió: -Déjenme vuestras mercedes, que leía esto y esto, y defiendo a este caballero: ¡qué lástima! ¡cuál le traían estos villanos”. Anécdota que, rememora, fue traída a colación por Marcelino Menéndez y Pelayo en su discurso Cultura literaria de Miguel de Cervantes y elaboración del Quijote, pronunciado en 1905 y “reimpreso en Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, I, Edición Nacional de las Obras Completas de Menéndez Pelayo, Madrid, 1941; la anécdota del estudiante de Salamanca se refiere en la página 350”.

Lo cierto es que en el capítulo I, Cervantes narra acerca de Alonso Quijano que “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio”. (Téngase presente que se decía “celebro”, hoy “cerebro”. Actualmente, “celebro” es un vocablo antiguo y popular. María MOLINER, Diccionario de uso del español. Ed. Gredos. Madrid).


Los doctores Corral y Tabarés señalan:

“Su diagnóstico es de monomanía o paranoia según las corrientes psiquiátricas vigentes en cada época, es decir, antes y después de la revolución kraepeliniana. Asimismo, todos elogian el valor de la novela como puntual historia clínica y el acierto de Cervantes en describir de forma tan fiel un cuadro clínico que recibiría su designación científica tres siglos después”. (loc. cit.).

El psiquiatra español Francisco Alonso Fernández en su libro El Quijote y su laberinto vital asegura que “El Quijote es una novela psicopatológica protagonizada por un enfermo mental”. “En esos momentos – dice- había un contexto psiquiátrico verdaderamente excepcional debido a varias razones. En primer lugar, existía una red de ocho hospitales psiquiátricos distribuidos por toda España, lo que constituye algo único en su época. De hecho, el primer centro psiquiátrico del mundo se creó en 1409 en Valencia y luego, entre el siglo XV y el XVI, se hicieron siete más en otras ciudades. Además, y esto es lo más importante, España era el único país donde se pensaba que el trastorno mental era una auténtica enfermedad, hasta cierto punto, un proceso del cerebro”.

Antes de El Quijote, otros autores habían tocado el tema de la locura: Erasmo de Rotterdam en Elogio de la locura, Ludovico Ariosto en Orlando furioso, e incluso el anónimo autor del Amadís de Gaula, héroe del género caballeresco reiteradamente mencionado en El Quijote.


Don Quijote podría ser un psicótico (concepto que no debe confundirse con el de psicópata), prueba de lo cual sería el haber confundido la venta donde supuestamente se armó caballero con un castillo, los molinos de viento con gigantes, los rebaños de ovejas y carneros con un ejército, y los odres de vino -a los que apuñaló produciendo el derrame del licor- también con gigantes. El psicótico pierde el contacto con la realidad. Aunque, en estricto sentido, Don Quijote no tiene alucinaciones, sino que interpreta erradamente la realidad, es decir, que tiene ilusiones.

En efecto, las ilusiones se diferencian de las alucinaciones en que en estas no existe estímulo externo alguno.

Ilusión. Interpretación errónea de ciertos elementos en una experiencia determinada, de tal forma que la experiencia no representa la situación objetiva, presente o recordada. (…) Distinta de alucinación, que confunde una construcción central con un objeto real, mientras que la ilusión sólo deforma la percepción”. (Howard WARREN, compilador. Diccionario de Psicología).

Pero, contrariamente a lo que suele creerse, el hecho de que una persona tenga alucinaciones no significa que esté mentalmente enfermo:

Alucinación. Interpretación anormal de las experiencias ideacionales como percepciones. [Sintomático algunas veces, pero no siempre, de desequilibrio mental. (…). En la ilusión hay una percepción errónea de los datos sensoriales presentes; en la alucinación el error de percepción va hasta el punto de suponer hechos presentes ante un sentido que no está recibiendo estimulación alguna; en la idea delirante (error de juicio más que de percepción sensorial) hay una interpretación equivocada del estado de cosas pero no de los hechos inmediatamente presentes al sentido]”. (WARREN, op. cit.).

Según el psicólogo argentino Eduardo Cosacov, “la psicosis es un “Trastorno de la personalidad caracterizado por la irrupción de ideaciones incoherentes (delirio) y/o perturbaciones perceptuales (alucinaciones, ilusiones). En las psicosis, a diferencia de las neurosis, no existe conciencia de enfermedad. Ello significa que el individuo no percibe que su propia persona está afectada y es parte del problema. Existen varios tipos de psicosis, y aunque la etiopatogenia de ellas aún es objeto de investigación , se supone un mayor compromiso de factores biológicos y talvez hereditarios, en su génesis. Esto es particularmente válido en la esquizofrenia, paradigma de las psicosis según Karl Jaspers”. (Cosacov. Diccionario de Términos Técnicos de la Psicología).

En la esquizofrenia se insiste “en los fenómenos de disociación, por ej. alucinaciones, ilusiones fantásticas y vida emotiva desorganizada, junto con una consistencia intelectual relativa” (Howard C. Warren, compilador. Diccionario de Psicología). La típica aparición temprana de este desorden, en el caso concreto de Alonso Quijano es de imposible apreciación porque el inmortal relato de su vida comienza cuando ya se aproxima a los cincuenta años.

Ello, por supuesto, sin perjuicio de la existencia de esquizofrenias tardías.

Acerca de la posibilidad de que la esquizofrenia no aparezca en edad temprana, el psiquiatra Manuel Martín Carrasco, en un artículo titulado La esquizofrenia tardía, escribe que “La esquizofrenia tardía es una categoría diagnóstica controvertida. Aunque se considera que la esquizofrenia es una enfermedad de la adolescencia tardía o el inicio de la madurez, una proporción no desdeñable de pacientes presentan la enfermedad por primera vez en la etapa final de la vida. Sin embargo, las incongruencias de los sistemas de nomenclatura y diagnóstico, unido a una tendencia a relacionar las psicosis tardías con factores orgánicos, han dado lugar a que existan dudas sobre la conexión de estos casos con la esquizofrenia”.

Ha de destacarse que cuando Alonso Quijano se convierte en Don Quijote ya frisa los cincuenta años y nada se conoce de sus antecedentes personales, salvo la precisión al final del libro de que era un buen hombre, razón por la que, precisamente, era conocido como Alonso Quijano el Bueno.

En todo caso, la enfermedad mental de Don Quijote -en el entendido de que la tuviera- revierte al final de la obra. Y revierte sin tratamiento científico alguno.

Según la psicóloga colombiana Natalia Consuegra Anaya, la psicosis “Con frecuencia se define por oposición al concepto de neurosis. En tal caso, lo más coherente sería  considerar que el enfermo psicótico no tiene conciencia de su enfermedad y/o no efectúa una crítica de ella, en tanto que el neurótico reconoce sus síntomas. Es la pérdida de juicio de la realidad (…). Los síntomas positivos (exceso o distorsión de las funciones normales) incluyen distorsiones o exageraciones del pensamiento inferencial (ideas delirantes), la percepción (alucinaciones), el lenguaje y la comunicación (lenguaje desorganizado) y la organización comportamental (comportamiento gravemente desorganizado o catatónico). Los síntomas negativos (disminución o pérdida de las funciones normales) constituyen una parte primordial de la morbilidad asociada con el trastorno, son difíciles de evaluar porque ocurren en un continuo de la normalidad, son inespecíficos y pueden ser debidos a diferentes factores”. (Diccionario de Psicología).

El trastorno psicótico es, en fin, una “Enfermedad mental que produce alteraciones en los procesos de la percepción, el pensamiento, el lenguaje, la afectividad y el conocimiento, de tal manera que el sujeto no acostumbra a ser consciente de su enfermedad, con grave deterioro de la evaluación de la realidad” (Enciclopedia de la Psicología. Ed. Océano, España).

Veamos a continuación el relato cervantino de los cuatro pasajes enunciados atrás. Comencemos, pues, por el primero de ellos:

” (…) pero, lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre; y que, mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba. Diose priesa a caminar, y llegó a ella a tiempo que anochecía.
Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada; y como a nuestro aventurero todo cuanto pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que había leído, luego que vio la venta se le representó que era un castillo con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puente levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan. Fuese llegando a la venta, que a él le parecía castillo, y a poco trecho della detuvo las riendas a Rocinante, esperando que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna trompeta de que llegaba caballero al castillo. Pero como vio que se tardaban y que Rocinante se daba priesa por llegar a la caballeriza, se llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos distraídas mozas que allí estaban, que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando. En esto sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una manada de puercos (que, sin perdón, así se llaman) tocó un cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida, y así, con extraño contento llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo, alzándose la visera de papelón y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada, les dijo:
-Non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno (…)”. (Capítulo II).

Veamos ahora el segundo:


“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.
-Aquéllos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquéllos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
-Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.
Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquéllos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas:
-Non fuyades, cobardes y viles criaturas; que un solo caballero es el que os acomete.
Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
-Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
-¡Válame Dios! -dijo Sancho-. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
-Calla, amigo Sancho -respondió don Quijote-; que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
-Dios lo haga como puede -respondió Sancho Panza.
Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba”. (Capítulo VIII).

Ahora leamos el tercero:


“En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo:
-Éste es el día ¡oh Sancho! en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; éste es el día, digo, en que se ha de mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la Fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando.
-A esa cuenta, dos deben de ser -dijo Sancho-; porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda.
Volvió a mirarlo don Quijote, y vio que así era la verdad; y, alegrándose sobremanera, pensó, sin duda alguna, que eran dos ejércitos que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. Porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamentos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan, y todo cuanto hablaba, pensaba o hacía era encaminado a cosas semejantes; y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros, que por aquel mesmo camino de dos diferentes partes venían, las cuales, con el polvo, no se echaron de ver hasta que llegaron cerca. Y con tanto ahínco afirmaba don Quijote que eran ejércitos, que Sancho lo vino a creer, y a decirle:
-Señor, pues ¿qué hemos de hacer nosotros?
-¿Qué? -dijo don Quijote-. Favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos. Y has de saber, Sancho, que éste que viene por nuestra frente le conduce y guía el grande emperador Alifanfarón, señor de la grande isla Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha es el de su enemigo el rey de los garamantas, Pentapolín del Arremangado Brazo, porque siempre entra en las batallas con el brazo derecho desnudo.
-Pues, ¿por qué se quieren tan mal estos dos señores? -preguntó Sancho.
-Quiérense mal -respondió don Quijote- porque este Alifanfarón es un furibundo pagano, y está enamorado de la hija de Pentapolín, que es una muy fermosa y, además, agraciada señora, y es cristiana, y su padre no se la quiere entregar al rey pagano si no deja primero la ley de su falso profeta Mahoma, y se vuelve a la suya.
-¡Para mis barbas! -dijo Sancho-, ¡si no hace muy bien Pentapolín, y que le tengo de ayudar en cuanto pudiere!
-En eso harás lo que debes, Sancho -dijo don Quijote-, porque para entrar en batallas semejantes no se requiere ser armado caballero.
-Bien se me alcanza eso -respondió Sancho-; pero ¿dónde pondremos a este asno, que estemos ciertos de hallarle después de pasada la refriega? Porque el entrar en ella en semejante caballería no creo que está en uso hasta agora.
-Así es verdad -dijo don Quijote-. Lo que puedes hacer dél es dejarle a sus aventuras, ora se pierda o no; porque serán tantos los caballos que tendremos después que salgamos vencedores, que aun corre peligro Rocinante no le trueque por otro. Pero estáme atento y mira; que te quiero dar cuenta de los caballeros más principales que en estos dos ejércitos vienen. Y para que mejor los veas y notes, retirémonos a aquel altillo que allí se hace, de donde se deben de descubrir los dos ejércitos.
Hiciéronlo ansí, y pusiéronse sobre una loma, desde la cual se vieran bien las dos manadas que a don Quijote se le hicieron ejércitos, si las nubes del polvo que levantaban no les turbara y cegara la vista; pero, con todo esto, viendo en su imaginación lo que no veía ni había, con voz levantada comenzó a decir:
-Aquel caballero que allí ves de las armas jaldes, que trae en el escudo un león coronado, rendido a los pies de una doncella, es el valeroso Laurcalco, señor de la Puente de Plata; el otro de las armas de las flores de oro, que trae en el escudo tres coronas de plata en campo azul, es el temido Micocolembo, gran duque de Quirocia; el otro de los miembros giganteos, que está a su derecha mano, es el nunca medroso Brandabarbarán de Boliche, señor de las tres Arabias, que viene armado de aquel cuero de serpiente, y tiene por escudo una puerta, que, según es fama, es una de las del templo que derribó Sansón, cuando con su muerte se vengó de sus enemigos. Pero vuelve los ojos a estotra parte, y verás delante y en la frente destotro ejército al siempre vencedor y jamás vencido Timonel de Carcajona, príncipe de la Nueva Vizcaya, que viene armado con las armas partidas a cuarteles, azules, verdes, blancas y amarillas, y trae en el escudo un gato de oro en campo leonado, con una letra que dice: Miau, que es el principio del nombre de su dama, que, según se dice, es la sin par Miulina, hija del duque Alfeñiquén del Algarbe; el otro, que carga y oprime los lomos de aquella poderosa alfana, que trae las armas como nieve blancas y el escudo blanco y sin empresa alguna, es un caballero novel, de nación francés, llamado Pierres Papín, señor de las baronías de Utrique; el otro, que bate las ijadas con los herrados carcaños a aquella pintada y ligera cebra y trae las armas de los veros azules, es el poderoso duque de Nerbia, Espartafilardo del Bosque, que trae por empresa en el escudo una esparraguera, con una letra en castellano que dice así: Rastrea mi suerte.
Y desta manera fue nombrando muchos caballeros del uno y del otro escuadrón, que él se imaginaba, y a todos les dio sus armas, colores, empresas y motes de improviso, llevado de la imaginación de su nunca vista locura, y, sin parar, prosiguió diciendo:
-A este escuadrón frontero forman y hacen gentes de diversas naciones: aquí están los que beben las dulces aguas del famoso Xanto; los montuosos que pisan los masílicos campos; los que criban el finísimo y menudo oro en la felice Arabia; los que gozan las famosas y frescas riberas del claro Termodonte; los que sangran por muchas y diversas vías al dorado Pactolo; y los númidas, dudosos en sus promesas; los persas, en arcos y flechas famosos; los partos, los medos, que pelean huyendo; los árabes, de mudables casas; los citas, tan crueles como blancos; los etíopes, de horadados labios, y otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los nombres no me acuerdo. En estotro escuadrón vienen los que beben las corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las provechosas aguas del divino Genil; los que pisan los tartesios campos, de pastos abundantes; los que se alegran en los elíseos jerezanos prados; los manchegos, ricos y coronados de rubias espigas; los de hierro vestidos, reliquias antiguas de la sangre goda; los que en Pisuerga se bañan, famoso por la mansedumbre de su corriente; los que su ganado apacientan en las extendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por su escondido curso; los que tiemblan con el frío del silvoso Pirineo y con los blancos copos del levantado Apenino; finalmente, cuantos toda la Europa en sí contiene y encierra.
¡Válame Dios, y cuántas provincias dijo, cuantas naciones nombró, dándole a cada una, con maravillosa presteza, los atributos que le pertenecían, todo absorto y empapado en lo que había leído en sus libros mentirosos! Estaba Sancho Panza colgado de sus palabras, sin hablar ninguna, y de cuando en cuando volvía la cabeza a ver si veía los caballeros y gigantes que su amo nombraba; y como no descubría a ninguno, le dijo:
-Señor, encomiendo al diablo hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos vuestra merced dice, que parece por todo esto; a lo menos, yo no los veo: quizá todo debe ser encantamento, como las fantasmas de anoche.
-¿Cómo dices eso? -respondió don Quijote-. ¿No oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?
-No oigo otra cosa -respondió Sancho- sino muchos balidos de ovejas y carneros.
Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños.
-El miedo que tienes -dijo don Quijote- te hace, Sancho, que ni veas ni oyas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos y hacer que las cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, retírate a una parte y déjame solo; que solo basto a dar la victoria a la parte a quien yo diere mi ayuda.
Y diciendo esto, puso las espuelas a Rocinante y, puesta la lanza en el ristre, bajó de la costezuela como un rayo.
Diole voces Sancho, diciéndole:
-Vuélvase vuestra merced, señor don Quijote; que voto a Dios que son carneros y ovejas las que va a embestir!. Vuélvase, ¡desdichado del padre que me engendró! ¿Qué locura es ésta? Mire que no hay gigante ni caballero alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules ni endiablados. ¿Qué es lo que hace, pecador soy yo a Dios ?
Ni por ésas volvió don Quijote; antes en altas voces iba diciendo:
-Ea, caballeros, los que seguís y militáis debajo de las banderas del valeroso emperador Pentapolín del Arremangado Brazo, seguidme todos: veréis cuán fácilmente le doy venganza de su enemigo Alifanfarón de la Trapobana.
Esto diciendo, se entró por medio del escuadrón de las ovejas, y comenzó de alanceallas, con tanto coraje y denuedo como si de veras alanceara a sus mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada venían dábanle voces que no hiciese aquello; pero viendo que no aprovechaban, desciñéronse las hondas y comenzaron a saludalle los oídos con piedras como el puño. Don Quijote no se curaba de las piedras; antes, discurriendo a todas partes, decía:
-¿Adónde estás, soberbio Alifanfarón? Vente a mí; que un caballero solo soy, que desea, de solo a solo, probar tus fuerzas y quitarte la vida, en pena de la que das al valeroso Pentapolín Garamanta.
Llegó en esto una peladilla de arroyo y, dándole en un lado, le sepultó dos costillas en el cuerpo. Viéndose tan maltrecho, creyó, sin duda, que estaba muerto o malferido y, acordándose de su licor, sacó su alcuza, y púsosela a la boca, y comenzó a echar licor en el estómago; mas antes que acabase de envasar lo que a él le parecía que era bastante, llegó otra almendra y diole en la mano y en el alcuza, tan de lleno, que se la hizo pedazos, llevándole, de camino, tres o cuatro dientes y muelas de la boca, y machucándole malamente dos dedos de la mano. Tal fue el golpe primero; y tal el segundo, que le fue forzoso al pobre caballero dar consigo del caballo abajo. Llegáronse a él los pastores y creyeron que le habían muerto; y así, con mucha priesa recogieron su ganado, y cargaron de las reses muertas, que pasaban de siete, y sin averiguar otra cosa, se fueron.
Estábase todo este tiempo Sancho sobre la cuesta, mirando las locuras que su amo hacía, y arrancábase las barbas, maldiciendo la hora y el punto en que la fortuna se le había dado a conocer. Viéndole, pues, caído en el suelo, y que ya los pastores se habían ido, bajó de la cuesta y llegóse a él, y hallóle de muy mal arte, aunque no había perdido el sentido, y díjole:
-¿No le decía yo, señor don Quijote, que se volviese, que los que iba a acometer no eran ejércitos, sino manadas de carneros?
-Como eso puede desparecer y contrahacer aquel ladrón del sabio mi enemigo. Sábete, Sancho, que es muy fácil cosa a los tales hacernos parecer lo que quieren, y este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que vio que yo había de alcanzar desta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos en manadas de ovejas. Si no, haz una cosa, Sancho, por mi vida, porque te desengañes y veas ser verdad lo que te digo: sube en tu asno y síguelos bonitamente, y verás como, en alejándose de aquí algún poco, se vuelven en su ser primero, y, dejando de ser carneros, son hombres hechos y derechos, como yo te los pinté primero. Pero no vayas agora, que he menester tu favor y ayuda; llégate a mí y mira cuantas muelas y dientes me faltan; que me parece que no me ha quedado ninguno en la boca”. (Capítulo XVIII).

Y para finalizar, aquí está el cuarto:

“Poco más quedaba por leer de la novela, cuando del caramanchón donde reposaba don Quijote salió Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:
-Acudid, señores, presto y socorred a mi señor, que anda envuelto en la más reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza cercén a cercén, como si fuera un nabo!
-¿Qué decís, hermano? -dijo el Cura, dejando de leer lo que de la novela quedaba-. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser eso que decís, estando el gigante dos mil leguas de aquí?
En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote decía a voces:
-¡Tente, ladrón, malandrín, follón; que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!
Y parecía que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:
-No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no será menester, porque, sin duda alguna, el gigante está ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y caída a un lado, que es tamaña como un gran cuero de vino.
-Que me maten -dijo a esta sazón el ventero- si don Quijote o don diablo no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.
Y con esto, entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más extraño traje del mundo. Estaba en camisa, la cual no era tan cumplida, que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detrás tenía seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y no nada limpias; tenía en la cabeza un bonetillo colorado grasiento, que era del ventero; en el brazo izquierdo tenía revuelta la manta de la cama, con quien tenía ojeriza Sancho, y él se sabía bien el porqué; y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con algún gigante. Y es lo bueno que no tenía los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el gigante; que fue tan intensa la imaginación de la aventura que iba a fenecer, que le hizo soñar que ya había llegado al reino de Micomicón, y que ya estaba en la pelea con su enemigo; y había dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino. Lo cual visto por el ventero, tomó tanto enojo, que arremetió con don Quijote, y a puño cerrado le comenzó a dar tantos golpes, que si Cardenio y el cura no se le quitaran, él acabara la guerra del gigante; y, con todo aquello, no despertaba el pobre caballero, hasta que el barbero trujo un gran caldero de agua fría del pozo, y se le echó por todo el cuerpo de golpe, con lo cual despertó don Quijote; mas no con tanto acuerdo, que echase de ver de la manera que estaba. Dorotea, que vio cuán corta y sotilmente estaba vestido, no quiso entrar a ver la batalla de su ayudador y de su contrario.
Andaba Sancho buscando la cabeza del gigante por todo el suelo, y, como no la hallaba, dijo:
-Ya yo sé que todo lo desta casa es encantamento; que la otra vez, en este mesmo lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, sin saber quién me los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no parece por aquí esta cabeza que vi cortar por mis mismísimos ojos, y la sangre corría del cuerpo como de una fuente.
-¿Qué sangre ni qué fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? -dijo el ventero-. ¿No ves, ladrón, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aquí están horadados y el vino tinto que nada en este aposento, que nadando vea yo el alma en los infiernos de quien los horadó?
-No sé nada -respondió Sancho-: sólo sé que vendré a ser tan desdichado, que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado como la sal en el agua.
Y estaba peor Sancho despierto que su amo durmiendo: tal le tenían las promesas que su amo le había hecho. El ventero se desesperaba de ver la flema del escudero y el maleficio del señor, y juraba que no había de ser como la vez pasada, que se le fueron sin pagar, y que ahora no le habían de valer los previlegios de su caballería para dejar de pagar lo uno y lo otro, aun hasta lo que pudiesen costar las botanas que se habían de echar a los rotos cueros.
Tenía el cura de las manos a don Quijote, el cual, creyendo que ya había acabado la aventura, y que se hallaba delante de la princesa Micomicona, se hincó de rodillas delante del cura, diciendo:
-Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa señora, vivir, de hoy más, segura que le pueda hacer mal esta mal nacida criatura; y yo también, de hoy más, soy quito de la palabra que os di, pues, con el ayuda del alto Dios y con el favor de aquella por quien yo vivo y respiro, tan bien la he cumplido.
-¿No lo dije yo? -dijo oyendo esto Sancho-. Sí que no estaba yo borracho: ¡mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! ¡Ciertos son los toros: mi condado está de molde!
¿Quién no había de reír con los disparates de los dos, amo y mozo? Todos reían sino el ventero, que se daba a Satanás; pero, en fin, tanto hicieron el Barbero, Cardenio y el Cura, que con no poco trabajo, dieron con don Quijote en la cama, el cual se quedó dormido, con muestras de grandísimo cansancio. Dejáronle dormir, y saliéronse al portal de la venta a consolar a Sancho Panza de no haber hallado la cabeza del gigante; aunque más tuvieron que hacer en aplacar al ventero, que estaba desesperado por la repentina muerte de sus cueros. Y la ventera decía en voz y en grito:
-En mal punto y en hora menguada entró en mi casa este caballero andante, que nunca mis ojos le hubieran visto, que tan caro me cuesta. La vez pasada se fue con el costo de una noche, de cena, cama, paja y cebada, para él y para su escudero, y un rocín y un jumento, diciendo que era caballero aventurero (que mala ventura le dé Dios, a él y a cuantos aventureros hay en el mundo), y que por esto no estaba obligado a pagar nada, que así estaba escrito en los aranceles de la caballería andantesca; y ahora, por su respeto, vino estotro señor y me llevó mi cola, y hámela vuelto con más de dos cuartillos de daño, toda pelada, que no puede servir para lo que la quiere mi marido; y por fin y remate de todo, romperme mis cueros y derramarme mi vino, que derramada le vea yo su sangre. ¡Pues no se piense; que por los huesos de mi padre y por el siglo de mi madre, si no me lo han de pagar un cuarto sobre otro, o no me llamaría yo como me llamo, ni sería hija de quien soy!
Estas y otras razones tales decía la ventera con grande enojo, y ayudábala su buena criada Maritornes. La hija callaba, y de cuando en cuando se sonreía. El cura lo sosegó todo, prometiendo de satisfacerles su pérdida lo mejor que pudiese, así de los cueros como del vino, y principalmente del menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hacían. Dorotea consoló a Sancho Panza diciéndole que cada y cuando que pareciese haber sido verdad que su amo hubiese descabezado al gigante, le prometía, en viéndose pacífica en su reino, de darle el mejor condado que en él hubiese. Consolóse con esto Sancho, y aseguró a la princesa que tuviese por cierto que él había visto la cabeza del gigante, y que, por más señas, tenía una barba que le llegaba a la cintura; y que si no parecía, era porque todo cuanto en aquella casa pasaba era por vía de encantamento, como él lo había probado otra vez que había posado en ella. Dorotea dijo que así lo creía, y que no tuviese pena; que todo se haría bien y sucedería a pedir de boca”. (Capítulo XXXV).

Otro tópico importante en cuanto a la salud mental de Don Quijote son sus episodios de profunda tristeza.


El psiquiatra español Marino Pérez-Arbeláez, de la Universidad de Oviedo, en su obra Psicología del Quijote, observa sobre el particular:

“Respecto de la melancolía, se puede decir, sin más trámites, que el Quijote fue concebido precisamente desde y para la melancolía (García Gilbert, 1997). Fue concebido desde la melancolía de Cervantes, de acuerdo con toda una dialéctica existencial Cervantes-don Quijote (Arbizu, 1984). Como dice Cervantes en el Prólogo, muchas veces intentó escribirlo y otras tantas lo dejó, pensando lo que diría, «con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla», actitud que responde a la iconografía de la melancolía. Estando así, dice Cervantes que entró un amigo suyo y al verlo «tan imaginativo» le pregunta la causa, a la que responde con varias: lo que diría el vulgo después de tantos años en el «silencio del olvido» (en concreto, hace veinte que no publica un libro), los tantos años a cuestas (cerca de sesenta) y, en fin, una serie de méritos literarios que él mismo se atribuye. Por otro lado, revela también en el Prólogo que el primer fin de la obra es que «el melancólico se mueva a risa». De hecho, en su defensa de los libros de caballeros andantes, don Quijote termina por recomendar al canónigo que «lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala» (I, 50)”.

Aquí, como se observa, se da una identificación de Cervantes con Don Quijote, misma que, en lo que a nosotros respecta, no solo presentimos en el plano psicológico, sino que incluso atisbamos en el plano físico. Cervantes, por ejemplo, se describe a sí mismo como un hombre con tan solo “seis dientes” (Prólogo a su obra Novelas Ejemplares) y cuando Don Quijote le pregunta a Sancho Panza por qué lo ha llamado “El Caballero de la Triste Figura”, el escudero argumenta que ha sido porque tiene “la más mala figura” y que esta se debe: o al cansancio del combate que acaba de librar, o a “la falta de las muelas y dientes”. (Capítulo XIX).

Pero el doctor Pérez-Arbeláez complementa que “La melancolía parece estar en todos y en todo (y no sólo en Cervantes). Así, ‘triste y melancólico’ iba un pobre galeote encadenado (I, 22), ‘melancólica’ estaba la princesa Micomicona (I, 29), el mismo Rocinante parecía ‘melancólico y triste’ (I, 43), ‘melancólicos’ son algunos gobiernos (II, 13), el Guadiana ‘por doquiera que va muestra su tristeza y melancolía’ (II, 23), el son de algunas músicas es a veces ‘tristísimo y melancólico’ (II, 36) y, en fin, señales de agüero derraman ‘melancolía por el corazón’ (II, 58)”.


El psiquiatra Joaquín Sama sintetiza lo acaecido con un proyecto español en el que 600 psiquiatras dieron su opinión sobre la salud mental de Don Quijote. Relata el doctor Sama lo siguiente:

“Un amplio grupo de especialistas opina que no es factible llegar a un diagnóstico de certeza sobre un personaje de ficción, si para ello queremos basarnos en los criterios diagnósticos recogidos tanto en la Clasificación Mundial de Enfermedades (ICD-10), como en el DSM-V, manuales para el diagnóstico que, con las necesarias actualizaciones, utilizamos habitualmente los psiquiatras. El porcentaje de los que se manifiestan en este sentido es del 25,6 por ciento .

Quienes así se expresan, consideran que don Quijote no pertenece a la Psiquiatría, sino a la Literatura. La “locura” sería un decorado, un recurso técnico usado por Cervantes, cuyos objetivos son de orden literario. No procede, por tanto, hacer un diagnóstico que, además de innecesario, sería impreciso, al ser las “locuras” del Quijote recursos literarios utilizados por Cervantes con el fin de ridiculizar las novelas de caballerías, poniendo juntos a un loco y un cuerdo, que entablan un coloquio novelado entre locura y cordura.

Frente a estos dos grupos (el primer grupo es el que sostiene categóricamente que Don Quijote no está loco. N. del A.) que representan el 55,93 por cien de los encuestados, hay un 41,80 % de opiniones tipificando a don Quijote con distintas clases de diagnósticos psiquiátricos, y un 2,17 % más que le atribuyen algún tipo de alteración caracterológica, como sería mitomanía, o incluso insomnio crónico.

El 15,3 % de los psiquiatras consultados considera a don Quijote como un enajenado mental, es decir, que está fuera de la realidad, pero sin llegar a concretar la clase de patología que padece. Esta falta de concreción en el diagnóstico muy probablemente se deba a que el “paciente” estudiado no es un caso real, sino un personaje de ficción que Cervantes, en su actividad creativa, nos presenta con diversas conductas alejadas de lo normal, pero sin llegar a conformar un cuadro con el suficiente número de signos clínicos englobables dentro de alguna entidad nosológica concreta.

Un 7,4 % de los especialistas opina que don Quijote de la Mancha padecía Trastorno de ideas delirantes persistentes, cuadro clínico caracterizado por la presencia de un conjunto más o menos coherente de ideas delirantes en relación a un tema, siendo dichas ideas irrebatibles mediante la argumentación lógica. El paciente está plenamente convencido de la veracidad de ellas, a pesar del claro contenido patológico que tienen.

Para un 6,6 % de los consultados don Quijote sufría Trastorno afectivo bipolar, en base a que en determinados momentos mostraba una conducta desinhibida, con excesiva exaltación del ánimo, grandilocuencia, ideación megalomaniaca, e insomnio, entre otros signos clínicos, mientras que en otros momentos su actitud viraba al extremo opuesto, mostrándose cansado, con decaimiento del ánimo, pérdida de ilusión y algún otro signo de la esfera depresiva.

El porcentaje aproximado del 12 % restante, se reparte entre diversos tipos de diagnósticos, tales como Trastorno esquizoafectivo ( 3,3 %), Parafrenia ( 2,8 %), Delirio compartido, folie a deux (2,8 %), Esquizofrenia paranoide ( 1,9 % ), Síndrome de Ganser (1,1 %) y Trastorno esquizotípico de la personalidad ( 0,6 % )”. (SAMA, Joaquín. ¿Estaba loco Don Qujote? En: nuevatribuna.es)

Acerca de la enfermedad mental que padecía Don Quijote, hemos encontrado los siguientes conceptos:

El psiquiatra Antonio Hernández Morejón (1773 – 1836) la describe como una “monomanía” (A partir de la revolución kraepeliniana, del psiquiatra alemán Emil Kraepelin, la monomanía pasa a ser la actual paranoia).

El psiquiatra Ricardo Royo Villanova (1868 – 1943) la interpreta como “paranoia crónica o delirio sistematizado o parcial de tipo expansivo, forma megalómana y variedad filantrópica”.

El doctor José Goyanes Capdevila (1876 – 1964) habla de que en Don Quijote “la predisposición radica en su constitución biotípica; la patogénesis la hallamos en la represión continua del instinto, de la líbido; la plasmación o protoplástica, en la lectura de los libros de caballerías”

Como se anotó atrás, Don Quijote pone en evidencia ilusiones, no alucinaciones. Entre otras, ilusiones visuales, como la de confundir una venta con un castillo, los molinos de viento con gigantes, los rebaños de ovejas y carneros con ejércitos y una bacinilla con el yelmo de Mambrino, e ilusiones auditivas, como se aprecia en el siguiente diálogo: Don Quijote: “¿No oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores?” Sancho: “no oigo otra cosa sino muchos balidos de ovejas y carneros”.

Aunque, en realidad, los prenombrados psiquiatras españoles Corral Márquez y Tabarés Seisdedos refieren como alucinaciones visuales y táctiles las del capítulo VII de la primera parte cuando tras el “donoso escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo”, oyen a Don Quijote gritar en su aposento “¡aquí, aquí, valerosos caballeros!” y le encuentran “levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido”.

También pone en evidencia Don Quijote un delirio de persecución: “(…) cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada”.

Se habla, igualmente, de un Trastorno psicótico compartido (Don Quijote – Sancho Panza), que forma parte del Trastorno de ideas delirantes inducidas. En el capítulo XVIII, en que el protagonista se altera con la visión de dos manadas de ovejas, “con tanto ahínco afirmaba don Quijote que eran ejércitos, que Sancho lo vino a creer, y a decirle: -Señor, pues, ¿qué hemos de hacer nosotros?” (Rosana Corral Márquez y Rafael Tabarés Seisdedos, ob. cit.).

En el libro, Cervantes mismo delinea la patología de su personaje definiéndolo como “un loco entreverado, con momentos de cordura, lúcido cuando no se le toca el tema de la caballería”. (Jaime GARCÍA MAFLA, Prólogo al Quijote, edición de Panamericana Editorial, Bogotá, 1998).

Finalmente, el médico neurólogo español Iván Iniesta, en su obra El Síndrome de Don Quijote, señala que “en 2008 propusimos el término síndrome de don Quijote para designar aquellas transformaciones neuropsicológicas y/o cambios de comportamiento asociados con la lectura de una obra literaria”.

Luego de rememorar el final cuerdo del personaje, el doctor Iniesta expresa:

“(…) Y tal vez sea este lúcido ejercicio de autocrítica y desdén manifestado hacia los libros de caballería, su ausencia de dogmatismo y el profundo humanismo destilado por cada capítulo de su historia, los que hagan del Quijote el mejor ejemplo de un posible síndrome de Don Quijote, en el sentido de transformar a sus lectores en mejores personas”.


Nos parece importante destacar que, como advierte el académico Jaime García Mafla, del Instituto Caro y Cuervo, de Colombia, en su prólogo a la edición de Panamericana Editorial, Don Quijote le hablaba a Sancho Panza en el español corriente de la época, mientras que a los demás, en sus ataques de locura, se les dirigía con un español de dos siglos atrás, es decir, un español arcaico (“Non fuyan” en vez de “No huyan”, por ejemplo).

Como queda dicho, la enfermedad mental de Don Quijote -repetimos: en el entendido de que la tuviera- revierte, de todas formas, al final de sus días. Y revierte, se insiste, sin tratamiento científico alguno.

El mismo Alonso Quijano lo precisa dirigiéndose al vecino a quien convirtió en su escudero: “Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo”. Y, ya en sus finales, ante la insistencia de Sancho Panza -y paradójicamente del bachiller Sansón Carrasco, el mismo vecino suyo que hasta se disfrazó de caballero a ver si así podía traerlo de nuevo a la cordura- para que retorne a sus andanzas, rechaza rotundamente semejante solicitud aduciendo que “Yo fui loco, y ya soy cuerdo; fuí don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno”.

De ahí el famoso epitafio que escribió para su tumba -y para la posteridad- el propio bachiller Sansón Carrasco:

“Yace aquí el hidalgo fuerte
que a tanto extremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de la vida con su muerte;
tuvo a todo el mundo en poco,
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco”.


El que un trastorno psicótico revierta solo, sin tratamiento, no es exótico. Existe, en efecto, por ejemplo, el “trastorno psicótico breve” que consiste en una “alteración psicótica que dura más de un día y remite antes de un mes, que cursa con ideas delirantes, alucinaciones y lenguaje desorganizado” (Enciclopedia de la Psicología, Ed. Océano).

No obstante todo lo anterior, constituye una visión estrecha pretender abordar a Don Quijote solamente a la luz de su insania mental. El personaje rebasa por completo los linderos de la enfermedad psíquica y se inserta dentro del sueño, antiguo pero siempre vigente, de un mundo mejor, más libre, más honesto y más justo, un mundo donde el más fuerte no arrase con el más frágil y en el que también el desvalido tenga derecho a la esperanza. El personaje cervantino no es, pues, un mero loco al que han perturbado los enrevesados y extravagantes – pero tozudamente populares – libros de caballerías. Es, cuando menos además de eso, un soñador, un hombre bueno y transparente que desde su debilidad física se levanta contra las injusticias, contra los abusos, contra las tropelías, y cree que con el solo poder de su brazo y de su lanza pondrá en su sitio a quienes abusan de su posición dominante y avasallan a los más humildes.

Es, entonces, necesario advertir que, a pesar de la expresa calificación que Miguel de Cervantes Saavedra da, bien como narrador, o bien a través de su inmortal personaje, a aquella transformación del cazador aficionado que abandona la caza, y hasta los asuntos personales, para vestirse de caballero andante e irse aquella mañana de un caluroso viernes de julio a recorrer el mundo por donde lo lleve su raquítico caballo, hay psiquiatras que se atreven a afirmar que Don Quijote, definitivamente, no estaba loco.

Y es aquí donde cobra todo su valor la Psicología, disciplina que más allá de la enfermedad mental está llamada a abordar el alma humana. Y como disciplina que aborda el alma humana, en toda la plenitud de su complejidad, puede adentrarse en el pensamiento, en los ideales, en la representación que el personaje se hace de que es posible construir otra España más digna para todos, incluidos los excluidos, y por eso Don Quijote bien podría terminar no siendo el loco, el paciente psiquiátrico que deba ser tratado científicamente -seguramente con fármacos- , sino, sencillamente, el hombre capaz de sentir el dolor ajeno, la tristeza del otro, la incertidumbre de aquellos que no cuentan con lo que él cuenta.

Emerge, entonces, una pregunta cualitativamente distinta: ya no la de cuál enfermedad mental padece Don Quijote, sino si verdaderamente Don Quijote está loco o es, más bien, un idealista al que la sociedad de entonces no comprende, ni quiere comprender.

Resulta a este respecto bien elocuente que un considerable porcentaje de psiquiatras -no de psicólogos- considere, desde su perspectiva científica, que definitivamente Don Quijote no estaba loco.

Así nos lo cuenta el psiquiatra español Joaquín Sama:

“Transcurridos más de 400 años desde que viera la luz la inmortal obra de D. Miguel de Cervantes “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, un grupo compuesto por más de 600 psiquiatras residentes en España, participó en 2007 en un proyecto consistente en exponer sus respectivos criterios clínicos en relación a la existencia o no de algún tipo de patología mental en don Alonso Quijano, protagonista de tan singular novela.

Fruto de este trabajo bajo el título “En torno a los diagnósticos psiquiátricos de Don Quijote”, hoy tenemos recogidas las opiniones expresadas por este amplio elenco de profesionales, buenos conocedores del alma humana.

Buena parte de los expertos consultados, concretamente el 30,33 por ciento de ellos, opinó que el principal protagonista de la novela de Cervantes, el inmortal don Quijote de La Mancha, no es un enfermo mental.

Para muchos es un idealista, un ser dolido por el tedio, un excéntrico fuera de lo común, que actuaría como un loco para escapar de la aburrida y monótona vida que le ofrecía la pequeña población manchega donde nació; para otros, don Quijote sería un transgresor social, un luchador por las libertades y la justicia, políticamente incorrecto, que al final de sus días llega a sentir con pesimismo la derrota de los ideales. Todos tenemos dentro de nosotros algo de Quijotes y no por ello estamos alienados.

Para algunos, don Quijote es un humorista, alguien que ha tomado conciencia de su parte inútil y superflua, y se complace por ello. Para otros, don Quijote es un inconformista, el arquetipo del revolucionario anónimo que toma partido en solitario contra las injusticias sociales. Incluso podría tratarse de un mitómano, excéntrico y algo chiflado, a quien se le va la cordura en algunos momentos, pero conserva el sentido de la realidad en lo fundamental.

Hay quien ve en don Quijote una alegoría del romanticismo, un alegato de la trascendencia que tiene arriesgar la propia vida en defensa de unos ideales tan alejados de razones económicas cuando no hedonistas. Podría ser un hombre común que saca lo mejor de sí mismo tras determinadas lecturas y que se compromete a defender con tenacidad todo aquello en lo que cree.

Para otros, don Quijote sería un fanático en post de un ideal, a todas luces inalcanzable, que le hará sentir la infinita soledad del idealista. ¿Acaso es locura vivir de acuerdo a un ideal?

Desde mi punto de vista, cuando Cervantes escribe su genial novela Don Quijote de La Mancha, está narrando la biografía de un ser entrañable adornado por una cualidad que destaca sobre todas las demás: el altruismo.

En efecto. Don Quijote, tras renunciar a la paz hogareña, pone en riesgo su propia existencia en una lucha desigual contra supuestos y peligrosos enemigos, ofrece protección a su muy amada y sublimada Dulcinea, busca con ahínco deshacer entuertos y traer la justicia a este mundo, sin obtener a cambio una contrapartida cierta. ¿Acaso todo esto no es sino altruismo?

La Etología, esa ignorada ciencia que estudia el comportamiento, define la conducta altruista como aquella acción que busca mejorar las posibilidades de supervivencia de otros seres a pesar de la merma de las posibilidades de quien la ejerce. ¿Pretender mejorar las condiciones de vida de los demás, aún a riesgo de perder la propia, no es tal vez el mejor ejemplo de conducta altruista?

El altruismo, conducta que aporta estabilidad y eficiencia evolutivas, como se ha podido demostrar incluso con algoritmos matemáticos, se encuentra inscrito en nuestro código genético, existiendo tres tipos principales de altruismo: el recíproco, popularmente expresado en la conocida máxima “Hoy por ti, mañana por mí”; el consanguíneo, es decir, aquel que se siente hacia quienes comparten nuestros propios genes, y el manipulado: el que busca obtener ventajas evolutivas de un modo injusto, como sería, por ejemplo, fingir una afección médica para lograr la correspondiente prestación social.

Pues bien. ¿Qué tipo de altruismo motiva a nuestro héroe, el ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha? Sin duda, el recíproco en su expresión más genuina: deshaciendo entuertos pretende conseguir un mundo mejor, crear unas condiciones de vida que aumenten las posibilidades de supervivencia de los demás, empeño que momentáneamente merma sus propias posibilidades. En contrapartida espera alcanzar más adelante un reino y los favores de Dulcinea, es decir, la posibilidad de perpetuar sus propios genes. ¿No se cumple rigurosamente aquello de “Hoy por ti, mañana por mí”?

Que el altruismo sea una transacción no resta un ápice de mérito a nuestro héroe que, condicionado culturalmente, decide entregarse a ese comercio de favorecernos unos a otros, tan entroncado con la más pura tradición cristiana: “Amaos los unos a los otros”.

He ahí otro aspecto a destacar del Quijote, el condicionamiento cultural de su altruismo, cómo la lectura de novelas de caballerías condiciona de una determinada manera, congruente con el medio en el que vive, la forma de expresar ese impulso genético de favorecernos unos a otros. Tan intenso efecto le produce aquel tipo de lecturas, en boga por aquella época, que decide convertirse en un Caballero Andante más, como los héroes de sus novelas, para impartir justicia por los campos de Castilla, cual arrojado benefactor.

La emoción de sentirse héroe se hace tan intensa en él, que en ciertos momentos le lleva a perder el sentido de la realidad, que no el juicio. En los episodios de los molinos de viento o el rebaño de ovejas no tiene alucinaciones, sino falsas percepciones, ilusiones debidas a la intensa emotividad que pone en el empeño.

Don Quijote no es un enajenado mental, ni siquiera en sus momentos menos lúcidos, más disparatados: es, en todo caso, y solo en una parcela muy concreta de su personalidad, un fundamentalista, concepto tan de actualidad, que incluso llega a confundir la realidad exterior cautivado por los más nobles ideales”.  (SAMA, Joaquín, loc. cit.).

Por eso, no es cierta la tajante aseveración de los precitados psiquiatras españoles Rosana Corral Márquez y Rafael Tabarés Seisdedos, cuando afirman que

“En definitiva, todos los médicos que han estudiado la obra de Cervantes coinciden en considerar a Don Quijote como un enfermo mental”. (loc. cit.).


De hecho, la enfermedad mental como tal, es decir, en general, como entidad patológica propia y distinta, por lo tanto, de la enfermedad física, ha llegado a ser negada.

Fue así como en el contexto del espíritu contestatario de los años 60, surgió la Antipsiquiatría. Se trata, en términos sencillos, de un “Movimiento que se opone a la psiquiatría tradicional y a la noción de enfermedad mental en que esta se apoya” (Pequeño Larousse Ilustrado, 2016).

El psiquiatra inglés David Cooper publica en 1967 su libro Psiquiatría y Antipsiquiatría, y con él se enfrenta al mundo científico bajo la perspectiva de que la enfermedad mental no es sino un concepto construido por el poder político para emplearlo como instrumento represivo contra quienes se atreven a desafiarlo. El psiquiatra húngaro Thomas Szasz, por su parte, publica las obras El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental y en ellas cuestiona el empleo de la fuerza contra los pacientes, la hospitalización forzada y, sobre todo, el que el Estado utilice la psiquiatría como instrumento de dominación política, lo que conduce a que se le ubique dentro de la Antipsiquiatría, a lo que él se opone e incluso llega a criticar de manera enfática aquella corriente. En todo caso, la Antipsiquiatría despierta una fuerte oposición popular en contra de la Psiquiatría, la cual, debido a métodos como los electrochoques es percibida como represiva e irrespetuosa de la dignidad de las personas que son sometidas, contra su voluntad, a tales tratamientos. También se critica duramente el que se etiquete a las personas y se pone de presente lo funesto que ello resulta para el paciente etiquetado. Así mismo, se habla de que el paciente psiquiátrico termina siendo víctima de la exclusión social. Michel Foucault escribe que “Las definiciones de enfermedad y de demencia, y la clasificación de las demencias, fueron realizadas de modo tal de excluir de nuestra sociedad a ciertas personas”. El cuestionamiento es, incluso, llevado a la literatura a través de obras como Alguien voló sobre el nido del cuco, novela del escritor norteamericano Ken Kesey y que al ser llevada, a su vez, al cine en la película Atrapados sin salida, que hizo famoso al actor Jack Nicholson, consolida una actitud social de rechazo a la psiquiatría y específicamente a los manicomios.

Lo cierto es que descalificar como “loco” al disidente, al que piensa y actúa diferente, al que no se somete a los rígidos cánones impuestos por la sociedad, ha sido una estrategia política, particularmente de los regímenes totalitarios. No solo por los lados del sistema capitalista, como sostiene la Antipsiquiatría en los años 60, sino también dentro del sistema opuesto, el comunista, como queda visto con la brutal metodología empleada por el régimen estalinista en la Unión Soviética en contra de más de un “contrarrevolucionario”. Las primeras denuncias de semejantes métodos se referían a la dirigente comunista Mariya Spiridónova, quien luego de ser figura central de la Revolución cayó en desgracia ante los bolcheviques. La “Esquizofrenia lentamente progresiva” fue la entidad mental de la que se valió el psiquiatra ruso Andréi Snezhnevski como soporte de la que fue llamada “Psiquiatría represiva” en la Unión Soviética. Dicha “enfermedad” solo afectaría el comportamiento social del enfermo. Los “tratamientos” consistían en torturas con electrochoques, radiaciones, aislamiento en celda, trabajos forzados; administración de narcóticos, antipsicóticos e insulina; palizas y punciones lumbares. La Asociación Psiquiátrica Mundial reaccionó al conocer las denuncias que se hicieron públicas y la Unión Soviética terminó retirándose de ella.

En 1974 se fundó en Suiza el primer comité en contra del abuso político de la psiquiatría.

Pero el asunto es más viejo de lo que se piensa. Si bien la Antipsiquiatría nace en los 60, sus antecedentes se encuentran mucho antes. Y el uso del “loco” para enervar las posturas de los idealistas, los soñadores y los inconformes llega hasta los tiempos mismos de Cervantes. Los poderosos debilitan la imagen de su opositor o crítico recurriendo a lo que sea, incluido el descrédito social, y pocas cosas desacreditan más a quien expone unas ideas que el presentarlo como un personaje que está loco.

Aunque hay, desde luego, otros argumentos. El de que se trata de un “apóstata” o de un “hereje”, por ejemplo. En el mismo año 1600 en el que enloquece aquel estudiante de Salamanca lector infatigable de libros de caballerías -apenas cinco años antes de aquel 1605 en que Cervantes publica El Quijote- el Santo Oficio ha condenado al filósofo Giordano Bruno a morir quemado en la hoguera solamente por pensar distinto. Cervantes lo tenía que saber porque claramente se nota que era un hombre culto y porque, además, había vivido en Italia (el relato de “El curioso impertinente”, inserto dentro del Quijote, transcurre en Florencia).

Nada mejor, entonces, que poner a encarnar sus propios ideales de justicia en un loquito.

O sí: algo hay todavía mejor: que ese loquito sea gracioso, que haga reír al lector quien quiera que sea.  Martín de Riquer hace saber que “Una serie de testimonios ciertos nos demuestra que la reacción casi unánime que provocó entre sus contemporáneos el Quijote fue la risa. Los españoles de 1605 se rieron a carcajadas leyendo las aventuras del Ingenioso Hidalgo y celebraron a Cervantes como autor gracioso y divertido” (loc. cit.).

Empero, no todo el Quijote es una sucesión de situaciones humorísticas: a través de su personaje, Cervantes expresa su pensamiento personal sobre temas muy serios, que para la época no era tan sencillo tocar en forma directa sin peligro de que sobreviniera la peligrosa represión de los poderosos: el tema de la propiedad privada y la añoranza de los tiempos en que no existía “aquello de tuyo y mío” (discurso de Don Quijote en medio de los cabreros, Capítulo XI),  el tema de la liberación femenina frente al imperio del machismo (discurso de la pastora Marcela, a punto de ser apedreada, en su defensa, Capítulo XIV) o el tema de las armas y las letras (Discurso, Capítulo XXXVIII), por ejemplo, no tienen nada de chistosos.

En fin, la enfermedad mental ciertamente existe; pero el hecho de que alguien sufra de alucinaciones y que, incluso, padezca de esquizofrenia o de cualquier otro cuadro clínico mental no significa que carezca de ideales, de sueños o de una verdadera conciencia social.

Después de la aparición de Don Quijote, surgió el vocablo “quijote”.

Pero dicha expresión no fue acuñada en sentido elogioso o admirativo, sino -todo lo contrario- en sentido peyorativo.  En una sociedad egoísta, es lógico que el salir en defensa del otro no se vea como ningún gesto altruista, sino apenas como el defecto de andarse metiendo en problemas que no le conciernen a quien lo hace, así lo haga persiguiendo un ideal de justicia, dado que dicho ideal se da por irrealizable.

Son bien elocuentes la definiciones que nos suministra la gran lingüista española doña María Moliner en su Diccionario de Uso del Español (Ed. Gredos, Madrid):

quijote m. Por alusión a Don Quijote de la Mancha, se aplica como nombre calificativo a la persona que está siempre dispuesta a intervenir en asuntos que no le atañen, en defensa de la justicia. Generalmente, no se emplea con sentido admirativo, y puede tenerlo despectivo”.

De ahí derivan vocablos como “quijotería” (despectivo, cualidad de quijote), “quijotesco“(que actúa con quijotería), “quijotil (propio de un quijote) y “quijotismo“”(desp.) m. Cualidad de quijote”.

Hay quienes piensan, sin embargo, que tomar la lucha de los tantos quijotes que hay en el mundo como una mera expresión de patología psíquica o como un mero defecto personal de algunos entrometidos constituye un gravísimo error conceptual que puede descalificar injustamente la grandeza de hombres y mujeres que no se resignan a abandonar sus esfuerzos en pro de la construcción de un mundo mejor y de una sociedad más justa.

Con todo, la triste realidad final es la de que Don Quijote termina muriendo en su casa, enfermo y extenuado, después de haber sido ridiculizado, apaleado, enjaulado y vencido.

 

En un lugar de Asia, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hombre que predicaba la gran Revolución del Amor, que dizque todos éramos hermanos: terminó perseguido, arrestado, torturado, juzgado, condenado y, finalmente, crucificado.

Y en un lugar de América, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hombre que pretendía que estas naciones fueran verdaderamente libres: también terminó aborrecido, desterrado dentro de la propia tierra que había libertado, y forzado a largarse, enfermo y en la ruina, a morir, a orillas del mar, en casa ajena y prestada, donde intentó en vano recuperar su salud auxiliado por un médico extranjero.

Fue allí, próximo a la tumba, donde este personaje pronunció, con tristeza y amargura, la que habría de convertirse en una de sus frases postreras: “Jesucristo, Don Quijote y yo hemos sido los tres más grandes majaderos de la historia“.

 

Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, domingo 23 de abril de 2017, Día del Idioma.

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ILUSTRACIONES: (1) Don Quijote. Pablo Picasso. 1955.

(2) Sigmund Freud.

(3) Don Quijote. Salvador Dalí.

(4) Don Quijote. Salvador Dalí.

(5) Don Quijote llega a la venta. Gustave Doré.

(6) Molinos de Viento en La Mancha, España.

(7) Don Quijote leyendo novelas de caballerías. Gustave Doré.

(8) Don Quijote enjaulado. Gustave Doré.

(9) Cervantes  en la prisión imaginando el Quijote. Vicente Barreto. Madrid. 1877.

(10) Póster de la película Don Quijote cabalga de nuevo, protagonizada por Fernando Fernán Gómez  como Don Quijote y Mario Moreno Cantinflas como Sancho Panza.

(11) Antonio Hernández Morejón. Real Academia Nacional de Medicina de España.

(12) Ricardo Royo Villanova.

(13) José Goyanes Capdevila.

(14) Los actores españoles Fernando Rey como Don Quijote y Alfredo Landa como Sancho Panza en la miniserie de la televisión española El Quijote de Miguel de Cervantes.

(15) Los actores españoles Alfredo Landa como Sancho Panza y Fernando Rey como Don Quijote en la miniserie de la televisión española El Quijote de Miguel de Cervantes.

(16) Cervantes. Retrato atribuido a Juan de Jáuregui y Aguilar (1583 – 1641).

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ORACIÓN (II). Por: El Último Guane.


En dónde estás, Señor, cuando yo, triste,

Inmerso en el dolor o el abandono,

Pregunto al corazón por qué el encono

Con que la ingratitud a mi alma embiste.

 

En dónde estás, Señor, si el hombre insiste

En cultivar con odio como abono,

Si para dialogar no endulza el tono,

Si lo veo destruir cuanto aquí existe.

 

Aclárame, Señor, si en esos días

En que extraño las pasadas alegrías

Y a mi alma la conturba tanto dolo,

 

Aquella voz que escucho en mi consciencia,

Que me anima y me invita a la paciencia,

Eres tú, Señor, o yo hablo solo.

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PATRIOTISMO. Por: VAGO.

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