A NUESTROS CICLISTAS. Por: Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

Con esa sencillez que les aflora en su hablar jadeante y en medio de su sudor y su fatiga, nuestros ciclistas han representado y siguen representando a esa Colombia que jamás ha debido dejar de ser lo que era.

Si no, que lo digan las palabras de Darwin Atapuma el pasado 20 de julio, luego de cruzar la meta en segundo lugar: “Me imagino que estaba paralizada toda Colombia con la etapa. Estoy feliz por mi actuación, pero estaba soñando con regalarle un bonito triunfo a Colombia en nuestro día 20 de julio. No se pudo. Lo intentamos hasta el final, pero estoy muy feliz, muy contento. No me dejaron ganar, pero lo intentaremos más veces en el futuro“.

Los ciclistas de antes, entrevistados en plena meta, decían acezando: “¡Un saludo a mi ´amá, a mi ´apá, a todos allá en la casa, que estoy bien”.

Había uno que siempre llegaba de último: Alfaro. No recuerdo el nombre. Corría por la Virgen del Carmen. Portaba un inmenso escapulario que le cubría pecho y espalda. Cuando la Vuelta a Colombia de cierto año llegó a Pamplona, en la radio entrevistaron al obispo de la diócesis. “Monseñor: qué mensaje le envía al corredor Alfaro, que corre por la Virgen del Carmen”. Y el prelado respondió: “Bueno, Alfaro, eso está muy bien, te felicito porque es una gran demostración de fe el que corras por la Virgen del Carmen. Pero, ¡pedalea, hijo, pedalea!”.

Inolvidables las emociones que cuando todavía éramos niños nos dejó la Vuelta a Colombia en Bicicleta, que entonces se corría por departamentos, no por marcas comerciales. De cada departamento se destacaba alguno, no solo en lo deportivo, sino también en el afecto de su gente: Martín Emilio “Cochise” Rodríguez por Antioquia, Carlos Montoya por el Valle, Pedro J. Sánchez por el Tolima, Severo Hernández por Santander, Miguel Samacá por Boyacá. Después empezaron los triunfos internacionales. Primero, fueron en competencias no profesionales: la Vuelta al Táchira, los Campeonatos Bolivarianos de Ruta, la Vuelta de la Juventud Mexicana. En 1967, esta competencia fue ganada por Álvaro Pachón (ciclista de Cundinamarca), con segundo lugar de “Cochise” Rodríguez.  Colombia también ganó por equipos (Álvaro Pachón, Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, Severo Hernández, Pedro J. Sánchez, Asdrúbal Salazar y Albeiro Mejía).  Y el título de la montaña también fue para Colombia con “Cochise”. El santandereano Severo Hernández, luego de una emotiva y larga escapada en solitario, ganó la última etapa, corrida entre Zitácuaro y Ciudad de México. El país literalmente se paralizó. Nuestro corredor fue recibido por una multitud que colmó la carrera 27; iba a bordo de un carro de bomberos y lucía un sombrero de charro.

Lamentablemente y como siempre, la hipocresía aflora en el trato a nuestros ciclistas. Si no que lo diga lo acontecido este año con Nairo Quintana. Bastó con que este joven campesino boyacense y excelente ciclista no quedara este año en el podio del Tour de Francia para que se desencadenaran contra él las más descomedidas críticas provenientes de los mismos de siempre: los jinetes de tribuna, los futbolistas de tribuna, los que desde su asiento le gritan al jinete que temple las riendas hacia la izquierda, que le gritan al delantero que dispare ya desde ahí, pero dictan sus cátedras porque no están, desde luego, ni montando el caballo, ni frente al arco contrario. Son los mismos que cuando Nairo Quintana estaba buscando apoyo -incluso en esta Bucaramanga de donde también salen ahora las críticas en su contra- jamás hicieron nada para dárselo o por ayudarle a encontrarlo.

Andan pifiados, por supuesto. Se les olvida que Nairo no está corriendo por los colores de Colombia, que el Tour de Francia no es una carrera por países, que Nairo es un empleado, un trabajador de Movistar, que trabaja de ciclista, así como otros trabajan en los talleres, o en las oficinas y que, por consiguiente, no es él quien decide en qué competencias participa y en cuáles no. Por lo demás, Nairo sabe, y lo sabemos todos, que cuando ya no esté en condiciones de rendir, la poderosa empresa multinacional lo botará del empleo sin contemplaciones, como se bota al trabajador enfermo o que ya no da los resultados que la empresa exige. Algo así como esos empleados bancarios a los que se les imponen cuotas y cuando no son capaces de conseguirlas, los echan del puesto. No fue, entonces, él quien incurrió en el error de participar en el Giro de Italia, en el que no participó Froome. Ni tampoco Urán.

Es inconcebible que en comentarios sarcásticos publicados en algunos foros haya leído cosas como que Nairo Quintana “quedó entre los coleros, pero de todos modos fue un “triunfo moral””. En la clasificación general final, Nairo Quintana quedó ubicado en el puesto DOCE (12) mientras que el último, Rowe Luke, de Team Sky, quedó en el puesto CIENTO SESENTA Y SIETE (167). Ni por asomo, entonces, quedó “entre los coleros”; por el contrario, quedó ENTRE LOS PRIMEROS. De la noche a la mañana se ignora, de otro lado, la excelente participación que tuvo el ciclista colombiano en el Giro de Italia donde quedó subcampeón luego de perder la camiseta de líder en la última etapa, que era una contrarreloj. Aparte de Nairo Quintana -que yo sepa- ninguno de los restantes ciento sesenta y seis competidores del Tour de Francia 2017 había participado en el Giro de Italia. Es decir, ninguno había sufrido el desgaste físico que había sufrido Nairo. Todos llegaron al Tour frescos, como una lechuga.

Eso de alabar a las personas cuando están arriba y destruirlas cuando tienen un mal momento es una actitud hipócrita. Infortunadamente no solo se da en el deporte, sino en la vida académica, en el ejercicio profesional, en los negocios y en los demás aspectos de la vida, donde -como dice la columna de la Fundación Participar sobre este mismo tema (Las lecciones de Nairo, Vanguardia Liberal, julio 26 de 29017)- unas veces se gana y otras veces se pierde. El que Nairo Quintana no haya abandonado el Tour de Francia a pesar de las malas condiciones en que se hallaba y, antes por el contrario, lo haya terminado entre los primeros lugares, demuestra su valía como deportista y merece nuestro reconocimiento.

El psicólogo Juan José Cañas Serrano no pudo ser más preciso y elocuente en sus informes de prensa sobre el caso del ciclista norteamericano Lance Armstrong, convertido de héroe en villano, de ejemplo de superación en vergüenza deportiva, sin que ningún análisis crítico se les hiciera a la empresa US Postal, a su entrenador, a su médico, a la Unión Ciclística Internacional (UCI), ni al Tour de Francia, ni a nadie, a pesar de ser todos ellos los responsables de que en una competencia deportiva se establezcan y se mantengan unos estándares de exigencia literalmente inhumanos, que conducen a la búsqueda de métodos para doparse.

Rigoberto Urán es ahora el héroe; hasta es posible que lo condecoren con la Cruz de Boyacá. Vivimos en una sociedad de hipócritas, que al que triunfa lo eleva a los altares con adulación y al que pierde lo bota a la caneca de la basura con desprecio: este estupendo ciclista antioqueño había sido echado al olvido y nadie daba por él un peso. Ahora todos quieren tomarse con él la foto de la victoria.

Carlos Vives aparece con una canción, que seguramente será un éxito; es un bambuco dedicado a los ciclistas. En el video viste una ruana. Le quedó puesta al revés, con la V sobre los hombros y no sobre el cuello. Eso, sin embargo, es secundario. Yo vengo diciendo desde hace rato que a la música andina colombiana le hace falta un Carlos Vives, un artista joven y carismático que cante bambucos y resucite la música andina colombiana dentro de la juventud. Lo vengo planteando, porque, como igualmente reitero siempre, todo lo que se separa de la juventud, necesariamente envejece y muere. Hay una anécdota por contar: un día estuvo almorzando en mi hogar Pablito Bernal, el baterista de Carlos Vives, y con él le envié al famoso artista samario mi disco “El campesino embejucao”. Les ha llamado la atención a amigos míos que una parte de su nueva canción se le parece; para mí sería un honor, aunque, la verdad sea dicha, en lo personal percibo que las melodías no coinciden. En todo caso, me alegraría saber que el reconocido artista se inspiró en mi bambuquito guasca.

Carlos menciona en su canción a varios de los ciclistas que nos han dado tantas alegrías. Estoy de acuerdo con la mención de todos ellos. Echo de menos, sin embargo, a otros pioneros que también nos son muy queridos, especialmente a los santandereanos, como Alfonso Flórez y Severo Hernández. Pero, claro: es muy difícil sintetizar en cuatro minutos toda la historia del ciclismo nacional.

A propósito de Severo Hernández, que tantas emociones y satisfacciones nos dio a los oriundos de esta tierra en aquella inolvidable década de los años 60, cuando muchos de nosotros todavía prácticamente éramos niños, estaré dedicado en las próximas semanas a la preparación de un libro con el que pienso exaltar aquellos recuerdos. De hecho,  en este portal está publicada una poesía que escribí en honor de este magnífico ciclista nuestro:

A SEVERO HERNÁNDEZ. Por Óscar Humberto Gómez Gómez.

Volviendo al presente, felicito, pues, a Rigoberto Urán por su merecido título de subcampeón del Tour de Francia y el repunte que ello significa para su carrera deportiva.

Felicito a Darwin Atapuma por su emocionante segundo puesto en la etapa del 20 de julio y por su espíritu nacionalista.

Felicito a los demás ciclistas colombianos participantes, por su pundonor deportivo y por todo lo que nos han deparado con su esfuerzo.

Y felicito a ese inmenso ciclista colombiano que es Nairo Quintana, por la hombría que demostró al no abandonar el Tour de Francia a pesar de las adversas condiciones físicas en las que se encontraba, y por haber ocupado, finalmente, un puesto de honor para cualquier ciclista del mundo en una prueba de tan extremada dureza.

¡Por delante aún queda mucho futuro, campeón!

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[FOTOGRAFÍA: De izquierda a derecha: Jarlinson Pantano, Sergio Luis Henao, Darwin Atapuma, Rigoberto Urán, Carlos Betancur, Esteban Chaves y Nairo Quintana].

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Conmemoración del 20 de julio de 1810 en la Academia de Historia de Santander.

 

 

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INTEGRIDAD. Por: El Último Guane.

Estoy leyendo el escándalo del día

En esta pobre nación atribulada

Donde nunca al final sucede nada

Y justicia pedir nos da afonía.

 

Lo de siempre: esta misma algarabía,

La protesta que termina silenciada,

La denuncia, que a la postre es ignorada,

La verdad, que cedió a la cobardía.

 

Estoy leyendo que la sal se ha corrompido,

Que Dios es hoy el dinero mal habido,

Que la moral se murió de indiferencia,

 

Mas después, al mirarme en el espejo,

Ratifico que es mejor llegar a viejo

Sin cargar vergüenza alguna en la conciencia.

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PESTILENCIA. Por: El Diablillo del Parnaso.

Si se le encarga a un bandido
La lucha anticorrupción,
¡Qué va esta pobre nación
A eliminar lo podrido!

Ahora le caen al caído,
Mañana le dan el perdón,
Y luego, hay tal pudrición,
Que irá el delito al olvido.

Pregunto (y no es una chanza):
¿Es que el sueldazo no alcanza?
¿Son muy escasos millones?

Si así se entiende y se anuncia,
¡Presenten ya su renuncia,
Mis honorables bribones!

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo VI]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Pero no todos los puertorriqueños apoyan la idea de un Puerto Rico independiente. Por el contrario, un sector no menos importante de la población respalda la idea de que la antigua Borinquen sea, más bien, un Estado más de los Estados Unidos.

Dentro del sector que así piensa se distinguen, a su vez, dos sub-sectores: uno, que adhiere a la idea de que Puerto Rico dependa de los Estados Unidos, sí, pero mantenga su autonomía; y otro, que considera que Puerto Rico debe ser una estrella más en la bandera norteamericana, el Estado 51 de la Unión.

Como se observa, hay dos posiciones extremas: una independencia total respecto de Norteamérica, es decir, un Puerto Rico libre, o que Puerto Rico sea parte integrante del poderoso país, igual que lo es Georgia, o Kentucky, o Florida, o Kansas, o Wisconsin, o Virginia.

Y hay, como también se ve, una posición intermedia: ni independencia total, ni tampoco inmersión total dentro de los Estados Unidos.

Finalmente, en 1952, el Congreso norteamericano aprueba que Puerto Rico adquiere la condición de suelo integrante del llamado Commonwealth, lo que será traducido al español por el Partido Democrático Popular de Puerto Rico como “Estado Libre Asociado”. En ese momento era gobernador Luis Muñoz Marín, primero en ser elegido mediante voto popular (1948).

Para unos, es el triunfo de la postura más sensata, porque se adquieren las ventajas que significa contar con la decidida ayuda del gobierno norteamericano y, al mismo tiempo, se tendrá un gobierno propio. Sin embargo, las diferencias con los ciudadanos de los demás Estados saltarán a la vista muy pronto, entre ellas la de tener todos ciudadanía norteamericana, pero no poder votar los puertorriqueños, ni ser elegidos. Por ejemplo, un puertorriqueño no podrá ser presidente de los Estados Unidos.

La nueva Constitución de Puerto Rico es ratificada por el electorado puertorriqueño en un referendo celebrado el 3 de marzo de 1952. El Congreso de los Estados Unidos la aprueba y el presidente Harry S. Truman la promulga, con modificaciones, el 3 de julio de 1952. El 10 de julio del mismo año, la Convención Constituyente de Puerto Rico se vuelve a reunir y aprueba las condiciones introducidas. El 25 de julio de 1952, el gobernador Luis Muñoz Marín proclama en un acto público que la Constitución puertorriqueña comienza a regir y, por primera vez, es izada oficialmente en San Juan la bandera de Puerto Rico.

La fecha del 25 de julio, que hasta ese momento ha sido un día festivo oficial en Puerto Rico en conmemoración de la llegada de las tropas estadounidenses a la isla el 25 de julio de 1898, pasa a ser el Día de la Constitución.

Pues bien: ese mismo año, esto es, en el mismo 1952 en que Puerto Rico adquiere la condición de Estado Libre Asociado de los Estados Unidos, el Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia gradúa, en Bogotá, a los primeros once licenciados en psicología.

Para ese momento, la directora-fundadora del Instituto, Mercedes Rodrigo, ya no está allí, ni en Bogotá, ni en Colombia: se halla en Puerto Rico sobrellevando el exilio. Trabaja en San Juan como catedrática de la Facultad de Pedagogía. Por ello, la mujer que debió presenciar y escuchar los aplausos ese día, no los ve ni los oye, pues no está presente en aquella histórica ceremonia; los diplomas los entregará quien la ha reemplazado en la dirección del Instituto, el médico psiquiatra Hernán Vergara Delgado. (GIRALDO, Benjamín. RODRÍGUEZ, Olga Rosalba. Eventos significativos de la Psicología colombiana en el siglo XX. En: Suma psicológica, vol 7. No. 2. Septiembre de 2000, p. 278).

Los siguientes son los nombres de los primeros once psicólogos colombianos, graduados el viernes 28 del mes de noviembre del año 1952:

Fabiola Aguirre de Jaramillo

Beatriz Carrizosa Umaña

Beatriz de la Vega Vargas Vila

Paulina Esguerra Fajardo

Magdalena Fety de Holguín

Cecilia Gómez Rodríguez

Diva Montealegre Rodríguez

Bertha Restrepo Flórez

Julia Roncancio Mora

Bernardo Tirado Plata

Gabriel Ulloa.

(GIRALDO, Benjamin. RODRÍGUEZ, Olga. Historia de la psicología en Colombia: Recuento de algunos de los eventos más significativos en los primeros 50 años de historia profesional. En: Revista de Historia de la Psicología. Bogotá. 1997).

Con estos primeros once graduados, la profesión de la psicología ha comenzado oficialmente en Colombia.

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Pero de nuevo retomemos -esta vez para llegar a su fin- el relato de Psique y Cupido, narrado por una vieja a una doncella prisionera, dentro de la inmortal novela clásica latina Las Metamorfosis o El Asno de Oro, de Apuleyo:

“Capítulo III

En el cual trata cómo la vieja, procediendo en su muy largo cuento, narra los trabajos que Venus dio a Psique, por darle ocasión a desesperar y morir. Y cómo, por conmiseración de los dioses, Venus la vino a perdonar, y con mucho placer se celebraron las bodas en el cielo.

-Después que amaneció, mandó Venus llamar a Psique y dijo de esta manera: «¿Ves tú aquella floresta por donde pasa aquel río que tiene aquellos grandes árboles alrededor, debajo del cual está una fuente cerca? ¿Y ves aquellas ovejas resplandecientes y de color de oro que andan por allí paciendo sin que nadie las guarde? Pues ve allá luego y tráeme la flor de su precioso vellocino en cualquier manera que lo puedas haber.»

[12] Psique, de muy buena gana se fue hacia allá, no con pensamiento de hacer lo que Venus le había mandado, sino por dar fin a sus males, lanzándose de un risco de aquellos dentro en el río. Cuando Psique llegó al río, una caña verde, que es madre de la música suave, meneada por un dulce aire por inspiración divina, habló de esta manera: «Psique, tú que has sufrido tantas tribulaciones no quieras ensuciar mis santas aguas con tu misérrima muerte, ni tampoco llegues a estas espantosas ovejas, porque tomando el calor y ardor del Sol suelen ser muy rabiosas, y con los cuernos agudos y las frentes de piedra, aun mordiendo con los dientes ponzoñosos, matan a muchos hombres. Pero después que pasare el ardor del mediodía y las ovejas se van a reposar a la frescura del río, podrás esconderte debajo de aquel alto plátano, que bebe del agua de este río que yo bebo. Y como tú vieres que las ovejas, pospuesta toda su ferocidad, comienzan a dormir, sacudirás las ramas y hojas de aquel monte que está cerca de ellas y allí hallarás las guedejas de oro que se pegan por aquellas matas cuando las ovejas pasan.»

[13] En esta manera la caña, por su virtud y humanidad, enseñaba a la mezquina* de Psique de cómo se había de remediar. Ella, cuando esto oyó, no fue negligente en cumplirlo. Pero haciendo y guardando todo lo que ella dijo, hurtó el oro con la lana de aquellos montes, y cogido lo trajo y echó en el regazo de Venus. Mas con todo esto nunca mereció cerca de su señora galardón su segundo trabajo, antes, torciendo las cejas con una risa falsa, dijo en esta manera: «Tampoco creo yo ahora que en esto que tú hiciste no faltó quien te ayudase falsamente. Pero yo quiero experimentar si por ventura tú lo haces con esfuerzo tuyo y prudencia o con ayuda de otro; por ende, mira bien aquella altura de aquel monte adonde están aquellos riscos muy altos, de donde sale una fuente de agua muy negra, y desciende por aquel valle donde hace aquellas lagunas negras y turbias y de allí salen algunos arroyos infernales. De allí, de la altura donde sale aquella fuente, tráeme este vaso lleno de rocío de aquella agua.» Y diciendo esto, le dio un vaso de cristal, amenazándola con palabras ásperas si no cumpliese lo que le mandaba.

[14] Psique, cuando esto oyó, aceleradamente se fue hacia aquel monte, para subir encima de él y desde allí echarse, para dar fin a su amarga vida. Pero como llegó alrededor de aquel monte, vio una mortal y muy grande dificultad para llegar a él, porque estaba allí un risco muy alto que parecía que llegaba al cielo, y tan liso, que no había quien por él pudiese subir; de encima de aquél salía una fuente de agua negra y espantable, la cual, saliendo de su nación, corría por aquellos riscos abajo y venía por una canal angosta cercada de muchos árboles, la cual venía a un valle grande que estaba cercado de una parte y de otra de grandes riscos, adonde moraban dragones muy espantables, con los cuellos alzados y los ojos tan abiertos, para velar, que jamás los cerraban ni pestañeaban, en tal manera, que perpetuamente estaban en vela; y como ella llegó allí, las mismas aguas le hablaron, diciéndole muy muchas veces: «Psique, apártate de ahí, mira muy bien lo que haces. Y guárdate de hacer lo que quieres; huye luego, si no, cata que morirás.» Cuando Psique vio la imposibilidad que había de llegar a aquel lugar, fue tornada como una piedra, y aunque estaba presente con el cuerpo, estaba ausente con el sentido. En tal manera, que con el gran miedo del peligro estaba tan muerta que carecía del último consuelo y solaz de las lágrimas.

[15] Pero no pudo esconderse a los ojos de la Providencia tanta fatiga y turbación de la inocente Psique, la cual, estando en esta fatiga, aquella ave real de Júpiter que se llama águila, abiertas las alas, vino volando súbitamente, recordándose del servicio que antiguamente hizo Cupido a Júpiter, cuando por su diligencia arrebató a Ganimedes el troyano, para su copero, queriendo dar ayuda y pagar el beneficio recibido, en ayudar a los trabajos de Psique, mujer de Cupido, dejó de volar por el cielo y vínose a la presencia de Psique y díjole en esta manera: «¿Cómo tú eres tan simple y necia de las tales cosas, que esperas poder hurtar ni solamente tocar una sola gota de esta fuente no menos cruel que santísima? ¿Tú nunca oíste alguna vez que estas aguas estígeas son espantables a los dioses y aun al mismo Júpiter? Además de esto, vosotros, los mortales, juráis por los dioses, pero los dioses acostumbran jurar por la majestad del lago estigio: pero dame este vaso que traes.» El cual ella le dio y el águila se lo arrebató de la mano muy presto, y volando entre las bocas y dientes crueles y las lenguas de tres órdenes de aquellos dragones, fue al agua e hinchó el vaso, consintiéndolo la misma agua, y aun amonestándole que prestamente se fuese, antes que los dragones la matasen. El águila, fingiendo que por mandato de la diosa Venus y para su servicio había venido por aquella agua, por la cual causa más fácilmente llegó a henchir el vaso y salir libre con ella,

[16] en esta manera, tornó con mucho gozo y dio el vaso a Psique, lleno de agua; la cual la llevó luego a la diosa Venus. Pero con todo esto nunca pudo aplacar ni amansar la crueldad de Venus; antes ella, con su risa mortal, como solía, le habló amenazándola con mayores y más peores tormentos, diciendo: «Ya tú me pareces una maga y gran hechicera, porque muy bien has obtemperado a mis mandamientos y hecho lo que yo te mandé; mas tú, lumbre de mis ojos, aún resta otra cosa que has de hacer. Toma esta bujeta, la cual le dio, y vete a los palacios del infierno, y darás esta bujeta a Proserpina, diciéndole: Venus te ruega que le des aquí una poca de tu hermosura, que baste siquiera para un día, porque todo lo hermoso que ella tenía lo ha perdido y consumido curando a su hijo Cupido, que está muy mal, y torna presto con ella, porque tengo necesidad de lavarme la cara con esto para entrar en el teatro y fiesta de los dioses.»

[17] Entonces, Psique, abiertamente, sintió su último fin y que era compelida manifiestamente a la muerte que le estaba aparejada. ¿Qué maravilla que lo pensase, pues que era compelida a que de su propia gana y por sus propios pies entrase al infierno, donde estaban las ánimas de los muertos? Con este pensamiento no tardó mucho, que se fue a una torre muy alta para echarse de allí abajo, porque de esta manera ella pensaba descender muy presto y muy derechamente a los infiernos. Pero la torre le habló en esta manera: «¿Por qué, mezquina* de ti, te quieres matar, echándote de aquí abajo, pues que ya éste es el peligro y trabajo que has de pasar? Porque si una vez tu alma fuere apartada de tu cuerpo, bien podrás ir de cierto al infierno. Pero, créeme, que en ninguna manera podrás tornar a salir de allí.

[18] No está muy lejos de aquí una noble ciudad de Achaya, que se llama Lacedemonia; cerca de esta ciudad busca un monte que se llama Tenaro, el cual está apartado en lugares remotos.

En este monte está una puerta del infierno, y por la boca de aquella cueva se muestra un camino sin caminantes, por donde si tú entras, en pasando el umbral de la puerta, por la canal de la cueva derecho, podrás ir hasta los palacios del rey Plutón; pero no entiendas que has de llevar las manos vacías, porque te conviene llevar en cada una de las manos una sopa de pan mojada en meloja, y en la boca has de llevar dos monedas; y después que ya hubieres andado buena parte de aquel camino de la muerte hallarás un asno cojo cargado de leña, y con él un asnero también cojo, el cual te rogará que le des ciertas chamizas para echar en la carga que se le cae: pero tú pásate callando, sin hablarle palabra; y después, como llegares al río muerto donde está Carón, él te pedirá el portazgo, porque así pasa él en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan: porque has de saber que hasta allí entre los muertos hay avaricia, que ni Carón ni aquel gran rey Plutón hacen cosa alguna de gracia, y si algún pobre muere cúmplele buscar dineros para el camino, porque si no los llevare en la mano no le pasarán de allí. A este viejo suyo darás en nombre de flete una moneda de aquellas que llevares; pero ha de ser que él mismo la tome con su mano de tu boca. Después que hubieres pasado este río muerto hallarás otro viejo muerto y podrido que anda nadando sobre las aguas de aquel río, y alzando las manos te rogará que lo recibas dentro en la barca; pero tú no cures de usar piedad, que no te conviene.

[19] Pasado el río y andando un poco adelante hallarás unas viejas tejedoras que están tejiendo una tela, las cuales te rogarán que les toques la mano; pero no lo hagas, porque no te conviene tocarles en manera ninguna. Que has de saber que todas estas cosas y otras muchas nacen de las asechanzas de Venus, que querría que te pudiesen quitar de las manos una de aquellas sopas: lo cual te sería muy grave daño, porque si una de ellas perdieses nunca jamás tornarías a esta vida. Demás de esto sepas que está un poco adelante un perro muy grande, que tiene tres cabezas, el cual es muy espantable, y ladrando con aquellas bocas abiertas espanta a los muertos, a los cuales ya ningún mal puede hacer, y siempre está velando ante la puerta del obscuro palacio de Proserpina, guardando la casa vacía de Plutón. Cuando aquí llegares, con una sopa que le lances lo tendrá enfrenado y podrás luego pasar fácilmente, y entrarás adonde está Proserpina, la cual te recibirá benigna y alegremente y te mandará sentar y dar muy bien de comer. Pero tú siéntate en el suelo y come de aquel pan negro que te dieren; y pide luego de parte de Venus aquello por que eres venida, y recibido lo que te dieren en la bujeta, cuando tornares, amansarás la rabia de aquel perro con la otra sopa. Y cuando llegares al barquero avariento, le darás la otra moneda que guardaste en la boca; y pasando aquel río tornarás por las mismas pisadas por donde entraste, y así vendrá a ver esta claridad celestial. Pero sobre todas las cosas te apercibo que guardes una: que en ninguna manera cures de abrir ni mirar lo que traes en la bujeta, ni procures de ver el tesoro escondido de la divina hermosura.»

[20] De esta manera aquella torre, habiendo mancilla de Psique, le declaró lo que le era menester de adivinar. No tardó Psique, que luego se fue al monte Tenaro, y tomados aquellos dineros y aquellas sopas como le mandó la torre, entrose por aquella boca del infierno, y pasado callando aquel asnero cojo, y pagado a Carón su flete por que le pasase, y menospreciado asimismo el deseo de aquel viejo muerto que andaba nadando, y también no curando de los engañosos ruegos de las viejas tejedoras, y habiendo amansado la rabia de aquel temeroso perro con el manjar de aquella sopa, llegó, pasado todo esto, a los palacios de Proserpina; pero no quiso aceptar el asentamiento que Proserpina le mandaba dar, ni quiso comer de aquel manjar que le ofrecían; mas humildemente se sentó ante sus pies, y contenta con un pedazo de pan bazo, le expuso la embajada que traía de Venus; y luego, Proserpina le hinchó la bujeta secretamente de lo que pedía; la cual luego se partió, y aplacado el ladrar y la braveza del perro infernal con el engaño de la otra sopa que le quedaba, y habiendo dado la otra moneda a Carón el barquero por que la pasase, tornó del infierno más esforzada de lo que entró. Y después de adorada la clara luz del día, que tornó a ver, como quiera que en cumplir esto acababa el servicio que Venus le había mandado, vínole al pensamiento una temeraria curiosidad, diciendo: «Bien soy yo necia trayendo conmigo la divina hermosura que no tome de ella siquiera un poquito para mí, para que pueda placer a aquel mi hermoso enamorado.»

[21] Y como esto dijo, abrió la bujeta, dentro de la cual ninguna cosa había, ni hermosura alguna, salvo un sueño infernal y profundo, el cual, como fue destapado, cubrió a Psique de una niebla de sueño grueso, que todos sus miembros le tomó y poseyó, y en el mismo camino por donde venía cayó durmiendo como una cosa muerta.

Pero Cupido, ya que convalecía de su llaga, no pudiendo tolerar ni sufrir la luenga ausencia de su amiga, estando ya bien dispuesto y las alas restauradas, porque había días que holgaba, saliose por una ventana pequeña de su cámara, donde estaba encerrado, y fue presto a socorrer a su mujer Psique, y apartando de ella el sueño, y lanzado otra vez dentro en la bujeta, tocó livianamente a Psique con una de sus saetas y despertola diciéndole: «¿Aun tú, mezquina* de ti, no escarmientas, que poco menos fueras muerta por semejante curiosidad que la que hiciste conmigo? Pero ve ahora con la embajada que mi madre te mandó, y entre tanto, yo proveeré en lo otro que fuere menester.» Dicho esto, levantose con sus alas y fuese volando. Psique llevó lo que traía de Proserpina y diolo a Venus;

[22] entre tanto, Cupido, que andaba muy fatigado del gran amor, la cara amarilla, temiendo la severidad no acostumbrada de su madre, tornose al almario de su pecho y con sus ligeras alas voló al cielo y suplicó al gran Júpiter que le ayudase, y recontole toda su causa. Entonces Júpiter tomole la barba, y trayéndole la mano por la cara lo comenzó a besar, diciendo: «Como quiera que tú, señor hijo, nunca me guardaste la honra que se debe a los padres por mandamiento de los dioses; pero aun este mismo pecho, en el cual se encierran y disponen todas las leyes de los elementos, y a las veces de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes del amor, y lo ensuciaste con muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes y sucios contra las leyes, especialmente contra la ley Julia, y a la pública disciplina, transformando mi cara y hermosura en serpientes, en fuegos, en bestias, en aves y en cualquier otro ganado. Pero, con todo esto, recordándome de mi mansedumbre y de que tú creciste entre estas mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú sépaste guardar de otros que desean lo que tú deseas. Esto sea con una condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, que por este beneficio que de mí recibes debes de pagarme con ella la recompensa.»

[23] Después que esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase a todos los dioses a consejo; y si alguno de ellos faltase, que pagase diez mil talentos de pena. Por el cual miedo todos vinieron y fue lleno el palacio donde estaba Júpiter, el cual, asentado en la silla alta, comenzó a decir de esta manera:

«¡Oh dioses, escritos en el blanco de las musas! Vosotros todos sabéis cómo este mancebo que yo crié en mis manos procuré de refrenar los ímpetus y movimientos ardientes de su primera juventud. Pero harto basta que él es infamado entre todos de adulterios y de otras corruptelas, por lo cual es bien que se quite toda ocasión, y para esto me parece que su licencia de juventud se debe de atar con lazo de matrimonio. Él ha escogido una doncella, la cual privó de su virginidad: téngala y poséala y siempre use de sus amores.» Y diciendo esto, volvió la cara a Venus y díjole: «Tú, hija, no te entristezcas por esto; no temas a tu linaje ni al estado del matrimonio mortal, porque yo haré que estas bodas no sean desiguales, mas legítimas o bien ordenadas como el derecho lo manda.» Y luego mandó a Mercurio que tomase a Psique y la subiese al cielo, a la cual Júpiter dio a beber del vino a los dioses, diciéndole: «Toma, Psique, bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de ti; estas bodas vuestras durarán para siempre.»

[24] Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido en el primer lugar y Psique en su regazo. De la otra parte estaba Júpiter con Juno, su mujer, y después, por orden, todos los otros dioses. El vino de alfajor, que es un vino de los dioses, suministrábalo Ganimedes a Júpiter como copero suyo, y a los otros, el dios Baco. Vulcano cocinaba la cena; las ninfas henchían de flores y rosas y otros olores la sala donde cenaban; las musas cantaban muy dulcemente; Apolo cantaba con su vihuela; Venus entró a la suave música y bailó hermosamente. En esta manera era el convite ordenado: que el coro de las musas cantase y el sátiro hinchase la gaita y el dios Pan tañese un tamboril. De esta manera vino Psique en manos del dios Cupido. Y estando ya Psique en tiempo del parir, nacioles una hija, a la cual llamamos Placer.

[25] En esta manera aquella vejezuela loca y liviana contaba esta conseja a la doncella cautiva; pero yo, como estaba allí cerca, oíalo todo y dolíame que no tenía tinta y papel para escribir y notar tan hermosa novela.»

(N. del A.: Y aquí finaliza la novela de Psique y Cupido. La obra Las Metamorfosis o El Asno de Oro, de Apuleyo, prosigue, por supuesto, y a su lectura deberá remitirse quien desee saber qué pasó finalmente con la doncella cautiva a quien la vieja le contó esta historia y conocer las restantes aventuras narradas en esta obra inmortal de la literatura clásica latina, incluyendo, desde luego, en qué paró la conversión de Lucio en asno. N. del A.: Como ya queda dicho, “mezquina” significaba “desdichada”].

Psique, la nueva diosa del Olimpo, se convertirá en la diosa de la Psicología.

Ahora bien:

“Psi (Ψ ψ) es la vigésimo tercera letra del alfabeto griego. El símbolo (Ψ ψ) es el dibujo estilizado de una mariposa, y aparece a partir de la unión de la letra Psi con la palabra griega “Psique”, que en un principio representaba a la “mariposa” y más tarde se empleó con el significado de “soplo de brisa”, “aliento”, “ánimo” y, finalmente “alma”. De aquí que el nombre de Psicología como “ciencia del alma” se represente con la letra Psi (Ψ ψ)”, nos explica Wikipedia.

(N. del A.: Dicho sea de paso, por eso consideramos -con el mayor respeto- un error de la Real Academia Española que, so pretexto de introducir los nuevos vientos de la modernidad, autorizó la supresión de la letra “p” en la escritura de las palabras “Psicología” y “psicólogo (a)”, pues con ello se desdibuja la letra griega “Psi” de donde proceden y, de esa manera, se desconocen nada más ni nada menos que su etimología, su origen y su historia).

_____________

Ahora retornemos a Puerto Rico, donde se encuentra exiliada Mercedes Rodrigo, y a Colombia, donde prosigue su decurso la obra que dejó iniciada.

En 1955, la distinguida psicóloga española empieza a trabajar en la Clínica Juliá, de San Juan, como psicóloga clínica.

Dos años más tarde, el 12 de noviembre de 1957, mediante el acuerdo número 59, la Universidad Nacional decide convertir el Instituto de Psicología Aplicada en la nueva Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia.

No será esta solamente la primera facultad de Psicología en Colombia; será también la primera de América Latina.

Una de aquellas primeras figuras de la psicología colombiana que recibirán su diploma en la primera ceremonia de graduación de psicólogos en Colombia, la psicóloga Beatriz de la Vega, será designada como la primera Decana de Psicología.

Entretanto, María Rodrigo -la hermana de Mercedes y su compañera de exilio- se destaca en Puerto Rico como excelsa compositora de música clásica. Entonces, junto al gran violonchelista catalán Pablo Casals -quien realmente se llama Pau Casals- , funda el Conservatorio de Puerto Rico y se convierte en profesora del mismo.

Y aquí, en Colombia, una posterior reforma general de la Universidad Nacional de Colombia, que se llevará a cabo en la década siguiente, esto es, en los convulsionados años 60, concretamente en 1966, ampliará el ámbito de las facultades y creará dentro de ellas los departamentos . Entonces, la Facultad de Psicología se convertirá en el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Humanas.

Al año siguiente, en 1967, Mercedes Rodrigo se quedará sin familia.

En efecto, en 1967 morirá en Puerto Rico su hermana, la pianista y compositora de música clásica María Rodrigo. Para entonces, José María García Madrid, su fiel colaborador y ahora médico psiquiatra, habrá contraído matrimonio. Entonces, la ilustre psicóloga y pedagoga española habrá de seguir contando tan solo con el afecto de sus únicos amigos: José María, su esposa – María Teresa de García Madrid – y sus tres hijos. Y es que, al ver que se ha quedado sola, José María y María Teresa la acogen en su casa y le asignan una de las habitaciones para que fije allí su nueva residencia.

“María Rodrigo -escribe el director de orquesta español maestro José Luis Temes recordando su llegada allí en 1950- vivirá ya en San Juan de Puerto Rico hasta su muerte, 17 años después. Las hermanas se habían instalado –siempre con el ya reputado doctor García Madrid- en una pensión del barrio del Condado, regentada por una asturiana muy popular entonces, llamada Lola Tuya, donde se alojarían también Juan Ramón Jiménez y su mujer Zenobia Camprubí, María Zambrano, Pablo Casals, José de los Ríos, Francisco Ayala, etc. Sabemos que María fue en esta etapa profesora de solfeo y directora de varios coros; sabemos que auxilió a Pablo Casals en sus trabajos de fundación del Conservatorio de Puerto Rico, del que luego ella misma sería profesora; y sabemos de su presencia en los círculos artísticos de la capital. Pero muy poco sabemos sobre su faceta de compositora en esta etapa; probablemente ya nada o casi nada salió de su pluma.
María Rodrigo falleció en diciembre de 1967 (el entierro tuvo lugar el día 9, por lo que verosímilmente habría fallecido el día anterior), a poco de cumplir los 80 años de vida azarosa, honesta y dedicada a la cultura. En el obituario que publica el diario portorricense “El Mundo” se adjudica a nuestra compositora la autoría, entre otras, de nada menos que quince obras escénicas y varios conciertos para piano y orquesta, lo que probablemente es una exageración. Debe tenerse presente que en aquel momento Maria Rodrigo no conservaba ni una sola de sus grandes partituras de juventud. En su maleta guardaba sólo La copla intrusa y alguna de sus menores –aunque bellísimas- canciones para voz y piano. Murió, pues, sin la menor memoria documental de su labor creativa de más de medio siglo”. (TEMES, José Luis. María Rodrigo: una mujer en la generación de maestros. Codalario, la revista de música clásica. Madrid, 21 de diciembre de 2015).

Hacemos aquí un paréntesis para compartir con ustedes el informe acerca del concierto con el cual España, a través del maestro José Luis Temes, reivindica -ya en el año 2016- la memoria de la compositora María Rodrigo, hermana de sangre de Mercedes Rodrigo y su compañera de exilio en Suiza, Colombia y Puerto Rico.

“La vida en Puerto Rico – escribe el psicólogo Rubén Ardila- fue positiva para Mercedes y ella trabajó entre 1950 y 1972. La comunidad psicológica reconoció sus contribuciones, aunque podemos afirmar que el trabajo más importante de su vida 1o realizó Mercedes Rodrigo en Colombia, no en Puerto Rico ni en España. Esta última etapa, dedicada a la Psicología clínica, Ie reportó muchas satisfacciones personales.

Los últimos años, de semi-invalidez, fueron años de recuerdos, de hacer un balance de su larga vida, que abarcó muchos eventos importantes en la historia de España, en la historia de América Latina y en la historia de la Psicología.

Yo conocí a Mercedes Rodrigo en Puerto Rico en 1978, pocos años antes de su muerte. Fue importante haber logrado contacto personal con la primera persona que trabajó en Psicología profesional en mi país”. (ARDILA, Rubén. Mercedes Rodrigo (1891-1982). En: Revista Latinoamericana de Psicología. 1988. Vol. 20, No.3, pp. 429-434. (Con autorización de la RLP. Copyright: Fundación para el avance de la Psicología. En: La Psicología en la Universidad Nacional de Colombia 50 años).

Ya retirada de su trasegar como psicóloga y como pedagoga, Mercedes Rodrigo, de cuya vida sentimental nada se conoce, pero cuya soledad final y la ausencia de cualquier dato en contrario revela que jamás se casó, ni tuvo hijos propios (pues los niños que recibieron sus luces fueron, finalmente, los numerosos hijos que tuvo en la vida), se refugió en la intimidad de la casa de sus amigos, José María y María Teresa. Se sabe que esta última se aplicó a su atención en los años postreros, cuando ya, como en la canción de José Tcherkaski y Piero, “la edad se le vino encima sin carnaval ni comparsas“.

Como lo asoma el autor Rubén Ardila, en sus últimos años la inquieta intelectual y científica española estaba ya semiparalizada.  No es difícil colegir de ahí las incomodidades de sus días postreros, ni las dificultades para sobrellevar los pormenores propios de la vida; tampoco, la evocación nostálgica de sus días juveniles en su barrio natal del centro de Madrid; de sus vecinos, de sus amigos, de los sueños y las ilusiones que llegó a forjarse cuando se decidió por el estudio de la pedagogía en su propia tierra y, más tarde, por el de la psicología en tierra extraña; de sus viajes, de las personas que conoció a lo largo de los años – las prominentes y las anónimas -; de sus miedos y sus angustias en medio de las vicisitudes de las guerras por entre las cuales tuvo que andar a lo largo de su azaroso periplo vital; de los niños que hubo de dejar en su Madrid al que jamás regresó; de las dificultades que en aquellos años hubo de afrontar para sobresalir, por el estigma de ser mujer; del adiós de su hermana y de la inmensa soledad familiar en la que quedó sumida; acaso de sus amores y sus desamores, de sus sentimientos personales, de aquellas interioridades de su alma por las que nunca le preguntó nadie, porque ella fue de esas personas exóticas que parecieran destinadas a servir a los demás sin que los demás al menos se preocupen por preguntarles qué llevan guardado dentro de su corazón; en fin, la añoranza inevitable de los años idos, probablemente los más felices.

Dentro de los seres por cuya felicidad más se había preocupado Mercedes Rodrigo sobresalían, por supuesto, los niños. Aquellos que sufrían el llamado hospitalismo infantil, por ejemplo. La Academia Nacional de Medicina de Colombia en su Diccionario Académico de Medicina define el hospitalismo infantil así:

hospitalismo infantil

Pediatría. Síndrome de privación afectiva materna en niños que requieren hospitalizaciones largas, que presenta cuadros de depresión, retardo en el desarrollo corporal y disminución de la resistencia a las enfermedades”.

La psicóloga se había referido a este síndrome:

“… si al niño se le hace sufrir privación prolongada … o se le prestan cuidados de manera fría y automática, pueden producirse en él sentimientos de cólera o miedo que son de efecto pernicioso sobre  el desarrollo de la personalidad” (Introducción al estudio de la Psicología, Rodrigo, 1949, p. 37).

“Yo me atrevo a suplicar a los comprensivos estudiantes de medicina, que con tanta benevolencia y deferencia me escuchan,  que aunque bien comprendo que es muy poco lo que van a aprender en estas desvaídas charlas mías, procuren por lo menos como consecuencia de ellas adquirir con ustedes mismos el compromiso moral de que en ninguna institución en que sea de ustedes la responsabilidad de su funcionamiento, ocurran casos de hospitalismo, tan silenciosamente trágicos, tan desconsoladoramente faltos de humanidad “(ibid. pp. 38-39).

Pero su preocupación había sido también por los hospitalizados en general:

“Por lo menos el 50% de los enfermos de los hospitales tienen problemas de orden psicológico que han contribuido a ponerles en tal estado de inferioridad e impiden la acción rápida y fácil de la terapéutica médica” (Rodrigo, 1949, pág. 10).

Había advertido, igualmente, sobre la relación entre los problemas de la infancia y los desequilibrios mentales en la vida adulta. En palabras que no solo eran vigentes para la época, sino que resultarían premonitorias para los tiempos actuales había expresado:

“Según estadísticas recientes, ninguna época ha producido tantos enfermos mentales como la nuestra, debido al desgaste nervioso, al aceleramiento de la vida, a las guerras, a los hechos sangrientos, etc.., que provocan desintegración del equilibrio nervioso. Y cada vez es más evidente que la enfermedad mental en los adultos tiene sus raíces en los trastornos, desadaptación e inseguridad del niño’ (ibidem

En fin, sus inquietudes de intelectual y de científica la habían llevado a advertir también acerca de la enorme importancia de la medición de inclinaciones y aptitudes frente a la escogencia de carrera profesional, medición – previa y durante la carrera – cuyo desconocimiento en los tiempos de hoy, con el consiguiente incremento del fracaso profesional y de su carga de problemas psíquicos y emocionales, muestra que sí tenía la razón:

“La aplicación de los métodos psicotécnicos desde el principio y de manera progresiva y continua tiene por objeto lograr esa adaptación tan preconizada en la educación entre cada uno de los mundos biológicos que constituye un estudiante y el mundo universitario, que lo recibe, no sólo para llenarle la cabeza de manera forzada de conocimientos necesarios y útiles para su vida profesional ulterior, sino también, … para moldear hombres conscientes y sanos capaces de hacer frente a las asperezas de la vida y cumplir plena y humanamente su misión’ (ibid, p. 315).

Todo esto había quedado consignado para la posteridad en su único libro.

Y, entonces, llegó el día 12 de setiembre de 1982, que era domingo.

Los griegos tenían una creencia ancestral: la de que cuando una persona moría, al  exhalar su último soplo de vida, el alma se elevaba volando hacia los cielos en forma de una mariposa. En aquel entonces, la mariposa era considerada un símbolo de vida y de esperanza.

En la mitología griega se representaba a la diosa Psique con la figura y apariencia de una joven con alas de mariposa.

Psique, la hija menor del rey de Anatolia, a quien los escritos mitológicos se refieren como una diosa de gran belleza, representa la bondad del alma humana. Como ya lo leímos, los dioses finalmente aprueban su unión con Eros, y Zeus convierte a Psique en un ser inmortal, en una diosa con su correspondiente puesto en el Olimpo.

Apuleyo atribuye en su obra una hija de Eros y Psique, Hedoné, cuyo nombre significa “placer”.

Pero, más allá de la mitología, se podría interpretar la unión simbólica de Eros y Psique como la unión entre lo físico y lo espiritual con miras a elevar el alma más allá de la vida humana. Y aquí se entiende por qué el alma, es decir, la mente, la psique, al morir la persona se desprende de su cuerpo y busca el más allá.

Este proceso de transformación o de cambio -el de Psique de mortal a diosa, el del alma que ante la muerte se convierte en mariposa- cobra una especial significación al compararlo con el proceso de surgimiento de la mariposa a partir de la oruga, símbolo por excelencia de la metamorfosis.

Ello explica el por qué la mariposa es la representación misma del símbolo Psi (Ψ ψ), que describe el proceso de transformación de las personas.

El origen del término “Psicología”, entonces, resulta claro: la Psicología es, etimológicamente, la “ciencia del alma” o la “ciencia de la mente”. La palabra se compone del prefijo Psico- (psyche, psique, mente) y el sufijo -logía (de logos, tratado, ciencia, estudio).

Por extensión, el símbolo “Ψ” se popularizaría también como una forma de designar a la ciencia de la mente, esto es, a la Psicología.

La mariposa es el símbolo de la capacidad del alma de transformarse, de pasar de ser una simple oruga que se arrastra por la tierra a transformarse en su capullo, aislándose del mundo entero y a su debido tiempo, renacer, ya no como un gusano, sino como una espléndida mariposa que se eleva a las alturas.

El animal totémico de la Psicología es, pues, uno de seres simbólicamente más ricos para describir el proceso de transformación de las personas: el origen de la palabra que da nombre a la profesión: la psicología.

(Henar Gutiérrez. Significado de la mariposa. En: Psicología en evolución. Bertrand Regader. La historia del símbolo de la psicología. Universitat de Barcelona. Sacbé. ¿Qué significa el símbolo de la Psicología? Mabel Galán. El significado de psi. Nadia Egea Garrido. Símbolo y origen de la Psicología. Iván Pico. El mito de psique. Historia del símbolo de la Psicología. Wikipedia. Psi, y otras fuentes).

Al igual que la frágil pero persistente Psique en su tortuoso -e incluso doloroso- trasegar para llegar a ser diosa, la Psicología había nacido en Colombia enfrentándose, pues, a la adversidad y a la incomprensión de una sociedad reacia a valorar con respeto lo nuevo. Y a esa adversidad y a esa incomprensión social había tenido que enfrentarse la mujer que habría de convertirse en la fundadora de la profesión de la Psicología no solo en este país, sino en Latinoamérica.

El cuerpo sin alma de Mercedes Rodrigo fue sepultado en el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, de San Juan, Puerto Rico.

Nos cuenta Wikipedia que “De acuerdo con Rafael Rodríguez, capellán y director de servicios pastorales de la Universidad del Sagrado Corazón de Santurce, la localización del cementerio muestra la creencia en Puerto Rico en la separación entre la vida y la muerte. El gobierno colonial de España decidió construir el cementerio fuera de las murallas y de cara al Océano Atlántico para simbolizar el viaje del espíritu al cruzar al más allá”.

La tumba de la primera psicóloga que tuvo España, de la pionera de la Psicología en Colombia y en América Latina, está ubicada, entonces, en el mismo camposanto donde descansan los restos de Pedro Albizu Campos, líder nacionalista y político; de Pedro Flores, compositor; de José Gautier Benítez, poeta; y de Rafael Hernández, también compositor, a quienes, por una razón u otra, hemos mencionado aquí.

Cerramos este informe especial con los siguientes versos nuestros, modestos como lo fue la vida de Mercedes Rodrigo, que no su obra, por supuesto.

AMANECER

A Mercedes Rodrigo

Cuando un día las sonrisas infantiles
No las vuelva a asesinar la bomba artera,
Cuando no haya flor truncada en primavera,
Ni a la pluma la silencien los fusiles.

Cuando a la guerra ya no marchen los desfiles
Y la paz deje de ser ave viajera,
Cuando hermano, de verdad, lo sea cualquiera
Y aquí imperen la batuta y los atriles.

Cuando el sol de la justicia esté de fiesta,
Y haya Psique un laurel sobre tu testa
Colocado, peregrina luchadora,

Ya no más requerirás de una posada,
Porque, al fin, en mariposa transformada,
Serás huésped de una nueva y bella aurora.

[Mesa de las Tempestades, Área Metropolitana de Bucaramanga, sábado 8 de julio de 2017].

________________

ILUSTRACIONES:

(1) Firma de la Constitución de Puerto Rico. 3 de julio de 1952.

(2) Pedro Albizu Campos, presidente del Partido Nacionalista y líder independentista puertorriqueño.

(3) Luis Muñoz Marín, primer gobernador de Puerto Rico elegido por voto popular y quien lo era cuando a Puerto Rico se le dio la condición de Estado Libre Asociado.

(4) El gobernador Luis Muñoz Marín iza, por primera vez de manera oficial, la bandera de Puerto Rico.

(5) Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos en 1952, año en que nace el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

(6) Edificio de la Universidad Nacional de Colombia que en 1952, año de graduación de los once primeros psicólogos colombianos, servía de sede al Instituto de Psicología Aplicada.

(7) Psique y Eros. Mosaico del siglo III d.C. Museo de Antakya (Turquía).

(8) La boda de Eros y Psique (1550). Andrea Schiavone (Zara – Dalmacia, 1510 – Venecia, 1563). Museo Metropolitano de Nueva York.

(9) Psique recibida en el Olimpo (1517 – 1518).  Rafael.

(10) Psique con alas de mariposa. Escultura romana. Museos Capitolinos.

(11) María Rodrigo. En el cincuentenario de su muerte en el exilio. Video en Youtube.

(12) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(13) Niño deprimido. En: unpaseoporlamente.com

(14) Fotografía de niños que acaban de presenciar un atentado terrorista. Tomado de un web-site en árabe.

(15) Fotografía ilustrativa del fracaso profesional. Beatriz Ferreira. En: n-punto, la revista escrita por jóvenes para jóvenes. En: elnuevodia.com

(16) Mariposas. Marián Otero.

(17) Psique abandonada.  (1816 – 1817). Pietro Tenerani.

(18) Amor y Psique (1730). Francisco Lemoyne (París, 1688 – París, 1737).

(19) La letra griega Psi, símbolo de la Psicología, sobre un fondo en forma de mariposa. Alex Vales.

(20) Cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, de San Juan (Puerto Rico).

(21) Mercedes Rodrigo.

(22) Amanecer en las playas de Barcelona (España). Fotografía de Antonio Tajuelo.

 

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo V]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Para el año 1950, cuando Mercedes Rodrigo llega allí, en Puerto Rico no existía facultad alguna de Psicología. La viajante ingresa, entonces, a la vida universitaria haciendo valer su otra carrera, la que había estudiado en su propio país, en España, esto es, la de pedagoga. Así que la psicóloga Rodrigo es vinculada a la Universidad de Puerto Rico, con sede en San Juan, como profesora de medio tiempo y conferenciante de la Facultad de Pedagogía.

Empero, la guerra, que siempre la ha perseguido, que le truncó su gira académica, de investigación y práctica con el estallido de la Primera Guerra Mundial; que la obligó a trabajar bajo las bombas y el sitio militar a su Madrid natal y terminó truncándole su trabajo científico con los horrores finales de la Guerra Civil Española; que otra vez se le aproximó a la vida con el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial y el ingreso de Colombia, el país donde se había exiliado, a esa nueva confrontación bélica; que nuevamente se le acercó amenazante con la violencia desbordada de El Bogotazo en la propia capital donde trataba de desarrollar su tarea; y que, en fin, había determinado, a la postre, el que, expulsada o no, tuviera que marchar otra vez al exilio, vuelve a mostrarle los dientes amenazantes en aquel Puerto Rico a donde ha llegado en busca de un ambiente más propicio para la ejecución de su labor como psicóloga y donde, aunque no ha podido empezar a desempeñarse como tal, aspiraba al menos a dedicarse de lleno y con tranquilidad a la pedagogía, al fin y al cabo el segundo y no menos importante componente de su formación profesional integralmente entendida.

Es así como ese mismo año de su llegada, esto es, en aquel mismo 1950 en el que ha tenido que abandonar el suelo colombiano para dirigirse a Puerto Rico, por un lado la exiliada catedrática ha de contemplar la marcha del contingente de soldados puertorriqueños hacia un país lejano, completamente desconocido, que incluso algunos confunden, por el parecido fonético, con Crimea, pero que realmente se llama Corea, donde por primera vez luego de la terminación de la Segunda Guerra Mundial han de medir fuerzas los Estados Unidos y la Unión Soviética, y por el otro estalla dentro de la isla misma la violencia de la insurrección popular a partir del que será llamado El Grito de Jajuya, que significará la proclamación de la República de Puerto Rico (30 de octubre de 1950) y la inmediata invasión del país por tropas norteamericanas (1 de noviembre de 1950).

La Guerra de Corea estalló el 25 de junio de 1950 cuando Corea del Norte pretendió invadir a Corea del Sur. “EEUU -rememora Maricarmen Agosto, de El Nuevo Herald- entró al conflicto el 30 de junio, por orden del presidente Harry S. Truman. Igualmente, la ONU se unió a la acción militar. Al iniciarse la guerra, EEUU inició una rápida movilización de sus Fuerzas Armadas. Una de las unidades llamadas a combate fue el Regimiento 65 de Infantería, de Puerto Rico. En ese momento, el regimiento no contaba con suficiente personal, tenía 92 oficiales y 1,895 soldados, comparado con las 4,000 tropas que se les había autorizado. Más de la mitad de los oficiales del regimiento eran anglos, mientras que todos los soldados eran de Puerto Rico”.(AGOSTO, Maricarmen. La heroica y olvidada historia de los borinqueneers. El Nuevo Herald, Miami – Florida (USA), noviembre 22 de 2014).

En octubre de 1950, fueron reclutadas las primeras tropas puertorriqueñas que serían enviadas de inmediato a combatir en la Guerra de Corea, iniciada ese año entre Corea del Norte, apoyada por la Unión Soviética y China, y Corea del Sur, respaldada por Estados Unidos y la ONU. El contingente, que habría de alcanzar casi los 45.000 soldados, recibió el nombre de “Los borinqueneers“. Acerca del trato que habrían de recibir por parte de los Estados Unidos, basta con señalar que fue racista y humillante, que fueron sometidos muchos de ellos a consejo de guerra por haberse negado a actuar militarmente en una batalla en la que era absolutamente seguro que los arrasarían, mientras que a otro contingente estadounidense puesto en similares circunstancias nada se le reprochó, pero que, finalmente, su valor habría de terminar siendo oficialmente reconocido bajo el que sería más tarde el gobierno de Barack Obama.

“Hay que preguntarse -se lee en el portal mayagüezsabeamangó.com, del Municipio de Mayagüez, Puerto Rico- si no llega muy tarde el reconocimiento a la valentía de los soldados y si no se queda corto al no ofrecerse una disculpa presidencial por la flagrante humillación a los nuestros.
El 24 de diciembre de 1950, los Borinqueneers, fueron los últimos en abandonar el puerto de Hungham “tras haberle salvado el pellejo” a la Primera División de la Infantería de Marina (Marines), en plena huida de la contraofensiva china durante la Guerra de Corea.
A pesar de los servicios meritorios al ejército estadounidense desde 1899, los honores, condecoraciones y tributos por sus ejecutorias, cientos de soldados boricuas fueron convictos por cortes marciales a condenas desproporcionadas y deshonra por negarse a pelear con el enemigo y desobedecer las órdenes de sus superiores en una operación militar en la que habrían sido masacrados. Así, las cosas, la batalla más feroz de los Borinqueneers no fue en el campo de batalla”.

Sea lo que fuere, Mercedes Rodrigo hubo de presenciar cómo aquellas tropas, integradas por muchachos que, en buena parte, jamás volverían con vida, marchaban hacia la guerra.

Pero no solo eso: también habría de saber que el único país latinoamericano que también enviaría tropas a la lejana Guerra de Corea sería, precisamente, aquel de donde ella había sido expulsada o de donde había tenido que salir forzosamente hacia su actual exilio en Puerto Rico. En efecto, el presidente Laureano Gómez será el único presidente de América Latina que atenderá la convocatoria lanzada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y mandará el que será denominado Batallón Colombia.

La voz de Daniel Santos, el reconocido cantante puertorriqueño, vuelve a escucharse a esta altura de la historia, esta vez para interpretar la canción de su compatriota Pedro Flores (Flores con s) -la “competencia” de Rafael Hernández en aquellos tiempos- titulada Despedida, que al igual que su famoso Lamento Borincano, le dio la vuelta a América y al mundo. Aquí está, pues, Daniel Santos y el célebre tema Despedida, de Pedro Flores:

Empero, como anotamos, no será solamente el paso de las tropas puertorriqueñas marchando hacia la confrontación bélica internacional en Corea lo que perturbará, una vez más, el ánimo de la ilustre exiliada española, sino que también vivirá de cerca el estallido de la violencia política dentro de la propia isla.

Para contextualizar lo ocurrido en Jajuya -y en el resto de Puerto Rico, incluida San Juan- es necesario indicar, al menos, que para el año 1950, cuando Mercedes Rodrigo llega a vivir en la isla, izar la bandera de Puerto Rico está prohibido y constituye delito. Los Estados Unidos, que como consecuencia de la guerra con España y de un pacto celebrado en París han desalojado el poder español de la antigua Borinquen, la han tomado como una más de sus colonias y la única bandera que allí puede ondear es la norteamericana. Empero, la oposición a la nueva dominación estadounidense no se hace esperar y lo que antes había sido percibido de manera casi unánime como la tabla de salvación contra la dominación hispana se convierte dentro de un amplio y creciente sector de la población puertorriqueña -que habrá de llamarse nacionalista- en un terrible desencanto y en la generación de un odio visceral contra el nuevo dominador y el decidido propósito de expulsarlo de la isla para declarar la independencia de Puerto Rico e instalar en el país un gobierno manejado por los propios puertorriqueños.

En ese contexto de rechazo al poderoso país que ya es percibido por los nacionalistas como el nuevo colonizador del que antes era territorio colonial de España, se producen en 1937 los gravísimos hechos conocidos como La masacre de Ponce.

En pocas palabras, el 17 de marzo de 1922 había sido fundado el Partido Nacionalista de Puerto Rico por José Coll y Cuchí para luchar políticamente por la independencia del país, pero dos años después, en 1924, ingresó al partido el radical Pedro Albizu Campos, quien planteaba que esa lucha debía darse no solo en el campo político, sino también, de ser necesario, en el terreno armado. Debido a tan extrema discrepancia, el fundador abandonó el partido y, entonces, Albizu Campos pasó a ser su presidente. En los años 30 fue nombrado gobernador por los Estados Unidos Blanton Winship, quien impuso medidas severas contra los nacionalistas. En 1936 se produjo el encarcelamiento de su presidente, Albizu Campos, y de sus demás dirigentes, quienes luego de permanecer privados de la libertad en Puerto Rico fueron trasladados a una prisión norteamericana ubicada en Atlanta, Georgia. En 1937, exactamente el 21 de marzo, que era Domingo de Ramos, los nacionalistas organizaron una marcha para protestar por la prisión de Albizu Campos y demás líderes de su partido encarcelados y exigir su libertad, pero las autoridades puertorriqueñas cercaron la manifestación con hombres armados y cuando la marcha apenas comenzaba dispararon. Hubo 19 muertos y 235 heridos. El momento preciso cuando iniciaba la matanza fue fotografiado por el reportero gráfico del periódico puertorriqueño El Imparcial, Carlos Torres Morales, quien había ido a Jajuya a cubrir los pormenores de la marcha. Estados Unidos abrió, entonces, una investigación sobre los hechos y destituyó al gobernador. (Hoy en día las fotografías y demás documentos relacionados con esta masacre forman parte de un museo ubicado en Ponce y que es administrado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Es llamativa la coincidencia entre estos hechos y el desarrollo de la Guerra Civil Española, que se libraba en esos mismos momentos en la patria de Mercedes Rodrigo).

Trece años después, el 30 de octubre de 1950, estalla en Jajuya la insurrección nacionalista contra el dominio colonialista norteamericano. Los nacionalistas, que, desafiando la prohibición, izan la bandera de Puerto Rico, se enfrentan a balazos con la policía en diferentes pueblos puertorriqueños como Ponce, Mayagüez, Naranjito, Peñuelas, Utuado y Arecibo, y en Jajuya se toman el cuartel de la policía y consiguientemente todo el pueblo. En San Juan cinco nacionalistas intentan entrar por la fuerza a La Fortaleza (edificación que sirve de residencia al gobernador de Puerto Rico) y en el choque armado con la policía de guardia mueren cinco personas. En Jajuya, la líder nacionalista Blanca Canales proclama el nacimiento de la República de Puerto Rico, en lo que se conocerá como El Grito de Jajuya. Un par de días más tarde, dos nacionalistas, Griselio Torresola y Oscar Collazo, llevan a cabo un atentado contra el presidente estadounidense Harry S. Truman en el cual mueren un policía, Leslie Coffelt, y uno de los nacionalistas autores de la agresión, Griselio Torresola. Finalmente, tres días después, el ejército norteamericano, con el apoyo de su fuerza aérea, invade Puerto Rico y restablece el poder de los Estados Unidos en la isla.

Tras estos sucesos, miles de simpatizantes de la independencia resultaron detenidos. Muchos de ellos fueron procesados y recibieron sentencias condenatorias en las que les fueron impuestas penas de prisión. (Síntesis basada en Wikipedia y otras fuentes, todas de Internet).

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Pero abandonemos los terribles escenarios de la guerra, en los que Mercedes Rodrigo se ha visto precisada a desarrollar sus labores profesionales, académicas y científicas como pedagoga y psicóloga, y volvamos otra vez al decurso de la inmortal novela de Psique y Cupido, esto es, a esa joya de la literatura clásica latina que es la novela Las Metamorfosis o El Asno de Oro, de Apuleyo. Como recordamos, la vieja le está contando aquella historia a la joven doncella que ha sido hecha cautiva por los ladrones y se encuentra prisionera en la guarida de estos.

“Capítulo V

Cómo Psique, muy triste, se fue a consolar con las hermanas de la desdichada fortuna en que había caído por su consejo; y ellas, codiciosas de casar con el dios Cupido, fueron despeñadas en pena de su maldad; y cómo sabiendo la diosa Venus este acontecimiento, trabajó por vengarse de Cupido.

[26] -Cuando esto acabó de decir el dios pastor, Psique, sin responderle palabra ninguna, sino solamente adorando su deidad, comenzó a andar su camino; y antes que hubiese andado mucho camino, entró por una senda que atravesaba, por la cual yendo, llegó a una ciudad adonde era el reino del marido de una de aquellas sus dos hermanas: y como la reina su hermana supo que estaba allí, mandole entrar, y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntole qué era la causa de su venida. Psique le respondió:
«¿No te recuerdas tú, señora hermana, el consejo que me disteis ambas a dos que matase a aquella gran bestia que se echaba conmigo de noche en nombre de mi marido antes que me tragase y comiese, para lo cual me diste una navaja? Lo cual, como yo quisiese hacer, tomé un candil, y luego que miré su gesto y cara veo una cosa divina y maravillosa: al hijo de la diosa Venus, digo, al dios Cupido, que es dios del amor, que estaba hermosamente durmiendo, y como yo estaba incitada de tan maravillosa vista, turbada de tan gran placer, y no me pasase de ver aquel hermoso gesto, a caso fortuito y pésimo rehirvió el aceite del candil que tenía en la mano y cayó una gota hirviendo en su hombro, y con aquel gran dolor despertó, y como me vio armada con hierro y fuego, díjome: «¿Y cómo has hecho tan gran maldad y traición? Toma luego todo lo tuyo y vete de mi casa.» Además de esto dijo: «Yo tomaré a tu hermana en tu lugar y me casaré con ella, dándole arras y dote.» Diciendo esto, mandó al viento cierzo que me aventase fuera de los términos de su casa.»

[27] No había acabado Psique de hablar estas palabras, cuando la hermana, estimulada e incitada de mortal envidia, compuesta de una mentira para engañar a su marido, diciendo que había sabido de la muerte de sus padres, metiose en una nave y comenzó a andar hasta que llegó a aquel risco grande, en el cual subió, como quiera que otro viento a la hora ventaba; pero ella, con aquella ansia y con ciega esperanza dijo: «¡Oh Cupido! Recíbeme, que soy digna de ser tu mujer, y tú, viento cierzo, recibe a tu señora.» Con estas palabras dio un salto grande del risco abajo; pero ella viva ni muerta pudo llegar al lugar que deseaba, porque por aquellos riscos y piedras se hizo pedazos, como ella merecía, y así murió, haciéndose manjar de las aves y bestias de aquel monte.

Tras de ésta no tardó mucho la pena y venganza de la otra su hermana; porque, yendo Psique por su camino más adelante, llegó a otra ciudad en la cual moraba la otra su hermana, según que hemos dicho; la cual, asimismo con engaño de su hermandad, hizo ni más ni menos que la otra: que queriendo el casamiento que no le cumplía, fuese cuanto más presto pudo a aquel risco, de donde cayó y murió, como hizo la otra.

[28] Entre tanto, Psique, andando muy congojosa en busca de su marido Cupido, cercaba todos los pueblos y ciudades; pero él, herido de la llaga que le hizo la gota de aceite del candil, estaba echado enfermo y gimiendo en la cama de su madre. Entonces una ave blanca que se llama gaviota, que andaba nadando con sus alas sobre las ondas de la mar, zambullose cerca del profundo del mar Océano y halló allí a la diosa Venus que se estaba lavando y nadando en aquel agua; a la cual se llegó y le dijo cómo «su hijo Cupido estaba malo de una grave llaga de fuego que le daba mucho dolor, llorando, y en mucha duda de su salud, por la cual causa toda la gente y familia de Venus era infamada y vituperada por los pueblos y ciudades de toda la tierra, diciendo que él se había ocupado y apartado con una mujer serrana y montañesa, y tú asimismo te has apartado andando en la mar nadando y a tu placer, y por esto ya no hay entre las gentes placer ninguno ni gracia ni hermosura; pero todas las cosas están rústicas, groseras y sin atavío: ya ninguno se casa ni nadie tiene amistad con mujer ni amor de hijos, sino todo al contrario, sucio y feo y para todos enojoso.» Cuando aquella ave parlera dijo estas cosas a Venus, reprendiendo a su hijo Cupido, Venus, con mucha ira, exclamó fuertemente, diciendo: -Parece ser que ya aquel bueno de mi hijo tiene alguna amiga; hazme tanto placer tú, que me sirves con más amor que ninguna, que me sepas el nombre de aquella que engañó este muchacho de poca edad: ahora sea alguna de las ninfas o del número de las diosas, o ahora sea de las musas o del ministerio de mis gracias.» Aquella ave parlera no calló lo que sabía, diciendo: «Cierto, señora; no sé cómo se llama; pienso, si bien me acuerdo, que tu hijo muere por una llamada Psique.» Entonces, Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo: «Ciertamente, él debe de amar a aquella Psique que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre: de lo que más tengo enojo en este negocio es que me hizo a mí su alcahueta, porque yo le mostré y enseñé por dónde conociese aquella moza.»

[29] De esta manera, riñendo y gritando, prestamente se salió de la mar y fuese luego a su cámara, adonde halló a su hijo malo, según lo había oído, y desde la puerta comenzó a dar voces, diciendo de esta manera: «¡Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y a tu buena fama lo que has hecho! ¿Parécete buena cosa menospreciar y tener en poco los mandamientos de tu madre, que más es tu señora, dándome pena con los sucios amores de mi enemiga, la cual en esta tu pequeña edad juntaste contigo con tus atrevidos y temerarios pensamientos? ¿Piensas tú que tengo yo de sufrir por amor de ti nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor de buenas costumbres, ¿presumes que tú sólo eres engendrado para los amores, y que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro mucho mejor que tú, y aunque, porque más sientas la injuria, adoptaré por hijo a alguno de mis esclavos y servidores; y le daré yo alas y llamas de amor con el arco y las saetas, y todo lo otro que te di a ti, no para estas cosas en que tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa te he dado para esta negociación;

[30] pero tú, como desde muchacho fuiste mal criado y tienes las manos agudas, muchas veces, sin reverencia ninguna, tocaste a tus mayores, y aun a mí, que soy tu madre. A mí misma digo que, como parricida, cada día me descubres y muchas veces me has herido, y ahora me menosprecias como si fuese viuda, que aun no temes a tu padrastro, el dios Marte, muy fuerte y tan grande guerreador. ¿Qué no puedo yo decir en esto que tú muchas veces, por darme pena, acostumbraste a darle mujeres? Pero yo haré que te arrepientas de este juego, y que tú sientas bien estas acedas y amargas bodas que hiciste, como quiera que esto que digo es por demás, porque éste burlará de mí. Pues ¿qué haré ahora, o en qué manera castigaré a este bellaco? No sé si pida favor de mi enemiga la Templanza, la cual yo ofendí muchas veces por la lujuria y vicio de éste; como quiera que sea, yo delibero de ir a hablar con esta dueña, aunque sea rústica y severa; pena recibo en ello, pero no es de desechar el placer de tanta venganza, y por esto yo le quiero hablar, que no hay otra ninguna que mejor castigue a este mentiroso y le quite las saetas y el arco y le desnude de todos sus fuegos de amores; y no solamente hará esto, pero a su persona misma resistirá con fuertes remedios. Entonces pensaré yo que mi injuria está satisfecha cuando le rayere de la cabeza aquellos cabellos de color de oro, que muchas veces le atavié con estas mis manos, y cuando le trasquilare aquellas alas que yo en mi falda le unté con algalia y almizcle muchas veces.» [31] Después que Venus hubo dicho todas estas palabras, saliose fuera muy enojada, diciendo palabras de enojo; pero la diosa Ceres y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar y le preguntaron qué era la causa por que traía el gesto tan turbado, y los ojos, que resplandecían de tanta hermosura, traía tan revueltos, mostrando su enojo. Ella respondió: «A buen tiempo venís para preguntarme la causa de este enojo que traigo, aunque no por mi voluntad, sino porque otro me lo ha dado; por ende, yo os ruego que con todas vuestras fuerzas me busquéis a aquella huidora de Psique, doquier que la halláredes, porque yo bien sé que vosotras bien sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa de este hijo que no oso decir que es mío.»

Entonces ellas, sabiendo bien las cosas que habían pasado, deseando amansar la ira de Venus, comenzáronle a hablar de esta manera: «¿Qué tan gran delito pudo hacer tu hijo que tú, señora, estés contra él enojada con tan gran pertinacia y malenconia, y que aquella que él mucho ama tú la desees destruir? Porque te rogamos que mires bien si es crimen para éste que le pareciese bien una doncella. ¿No sabes que es hombre? ¿Se te ha olvidado ya cuántos años ha tu hijo? Porque es mancebo y hermoso, ¿tú piensas que es todavía muchacho? Tú eres su madre y mujer de seso, y siempre has experimentado los placeres y juegos de tu lujo: y tú culpas en él y reprendes sus artes y vicios y amores, y ¿quieres encerrar la tienda pública de los placeres de las mujeres?» En esta manera ellas querían satisfacer al dios Cupido, aunque estaba ausente, por miedo de sus saetas. Mas Venus, viendo que ellas trataban su injuria burlándose de ella, dejándolas a ellas con la palabra en la boca, cuanto más prestamente pudo tomó su camino para la mar, de donde había salido.

Sexto libro

Argumento

Después de haber buscado con mucha fatiga a Cupido y después de lo que le avisó Ceres y del mal acogimiento que halló en Juno, Psique, de su propia voluntad se ofreció a Venus; y luego escribe la subida de Venus al cielo, y cómo pidió ayuda a los dioses; y con cuánta soberbia trataba a Psique, mandándole que apartase de un montón grande de todas las simientes cada linaje de granos por su parte, y que le trajese el vellocino de oro; y del licor del lago infernal le trajese un jarro lleno; asimismo le trajese una bujeta llena de la hermosura de Proserpina; todas las cuales cosas hechas por ayuda de los dioses, Psique casó con su Cupido en el consejo de los dioses. Y sus bodas fueron celebradas en el cielo, del cual matrimonio nació el Deleite.

Capítulo I

Cómo Psique, muy lastimada, llorando, fue al templo de Ceres y al de Juno a demandarles socorro de su fatiga, y ninguna se le dio por no enojar a Venus.

[1] -Entre tanto, Psique discurría y andaba por diversas partes y caminos, buscando de día y de noche, con mucha ansia y trabajo, si podría hallar rastro de su marido; y tanto más le crecía el deseo de hallarlo, cuanto era la pena que traía en buscarlo, y deliberaba entre sí que si no lo pudiese con sus halagos, como su mujer amansar, que al menos como sierva, con sus ruegos y oraciones lo aplacaría. Yendo en esto pensando vio un templo encima de tan alto monte, y dijo: «¿Dónde sé yo ahora si por ventura mi señor mora en este templo?» Luego enderezó el paso hacia allá, el cual como quiera que ya le desfallecía por los grandes y continuos trabajos, pero la esperanza de hallar a su marido la aliviaba. Así que, habiendo ya subido y pasado todos aquellos montes, llegó al templo y entrose dentro, donde vio muchas espigas de trigo y cebada, hoces y otros instrumentos para segar; pero todo estaba por el suelo, sin ningún orden, confuso, como acostumbran a hacer los segadores cuando con el trabajo se les cae de las manos. Psique, como vio todas estas cosas derramadas, comenzó a apartar cada cosa por su parte y componerlo y ataviarlo todo, pensando, como era razón, que de ningún dios se deben menospreciar las ceremonias, antes, procurar de siempre tener propicia su misericordia.

[2] Estando Psique ataviando y componiendo estas cosas entró la diosa Ceres, y como la vio, comenzó de lejos a dar grandes voces, diciendo: «¡Oh Psique desventurada! La diosa Venus anda por todo el mundo con grandísima ansia buscando rastro de ti: y con cuanta furia puede desea y busca traerte a la muerte; y con toda la fuerza de su deidad procura haber venganza de ti, y tú ahora estás aquí teniendo cuidado de mis cosas. ¿Cómo puedes tú pensar otra cosa sino lo que cumple a tu salud?»

Entonces, Psique lanzose a sus pies y comenzolos a regar con sus lágrimas y barrer la tierra con sus cabellos, suplicando y pidiéndole perdón con muchos ruegos y plegarias, diciendo: «Ruégote, señora, por la tu diestra mano sembradora de los panes, y por las ceremonias alegres de las sementeras, y por los secretos de las canastas de pan, y por los carros que traen los dragones tus siervos, y por las aradas y barbechos de Sicilia, y por el carro de Plutón que arrebató a Proserpina, y por el descendimiento de tus bodas, y por la tornada cuando tornó con las hachas ardiendo de buscar a su hija, y por el sacrificio de la ciudad eleusina, y por las otras cosas y sacrificios que se hacen en silencio, que socorras a la triste ánima de tu sierva Psique, y consiénteme que entre estos montones de espigas me pueda esconder algunos pocos días, hasta que la cruel ira de tan gran diosa como es Venus por espacio de algún tiempo se amanse, o hasta que al menos mis fuerzas, cansadas de tan continuo trabajo, con un poco de reposo se restituyan.»

[3] Ceres le respondió: «Ciertamente yo me he conmovido a compasión por ver tus lágrimas y lo que me ruegas, y deseo ayudarte; pero no quiero incurrir en desgracia de aquella buena mujer de mi cuñada, con la cual tengo antigua amistad. Así, que tú parte luego de mi casa, y recibe en gracia que no fuiste presa por mí ni retenida.»

Cuando esto oyó Psique, contra lo que ella pensaba, afligida de doblada pena y enojo tomó su camino, tornando para atrás, y vio un hermoso templo que estaba en una selva de árboles muy grandes, en un valle, el cual era edificado muy pulidamente: y como ella se tuviese por dicho ninguna vía dudosa o de mejor esperanza jamás dejarla de probar, y que andaba buscando socorro de cualquier dios que hallase, llegose a la puerta del templo y vio muy ricos dones de ropas y vestiduras colgadas de los postes y ramas de los árboles, con letras de oro que declaraban la causa por que eran allí ofrecidas y el nombre de la diosa a quien se dan. Entonces, Psique, las rodillas hincadas, abrazando con sus manos el altar y limpiadas las lágrimas de sus ojos, comenzó a decir de esta manera:

[4] «¡Oh, tú, Juno, mujer y hermana del gran Júpiter! O tú estás en el antiguo templo de la isla de Samos, la cual se glorifica porque tú naciste allí y te criaste: o estás en las sillas de la alta ciudad de Cartago, la cual te adora como doncella que fuiste llevada al cielo encima de un león: o si por ventura estás en la ribera del río Inaco, el cual hace memoria de ti, que eres casada con Júpiter y reina de las diosas: o tú estás en las ciudades magníficas de los griegos, adonde todo Oriente te honra como diosa de los casamientos y todo Occidente te llama Lucina: o doquiera que estés, te ruego que socorras a mis extremas necesidades, y a mí, que estoy fatigada de tantos trabajos pasados, plégate librarme de tan gran peligro como está sobre mí, porque yo bien sé que de tu propia gana y voluntad acostumbras socorrer a las preñadas que están en peligro de parir.»

Acabado de decir esto, luego le apareció la diosa Juno, con toda su majestad, y dijo: «Por Dios, que yo querría dar mi favor y todo lo que pudiese a tus rogativas, pero contra la voluntad de Venus, mi nuera, la cual siempre amé en lugar de mi hija, no lo podría hacer, porque la vergüenza me resiste. Además de esto, las leyes prohíben que nadie pueda recibir a los esclavos fugitivos contra la voluntad de sus señores.»

Capítulo II

Cómo, cansada Psique de buscar remedio para hallar a su marido Cupido, acordó de irse a presentar ante Venus por demandarle merced, porque Mercurio la había pregonado, y cómo Venus la recibió.

[5] -Con este naufragio de la fortuna, espantada Psique viendo asimismo que ya no podía alcanzar a su marido, que andaba volando, desesperada de toda su salud, comenzó a aconsejarse con su pensamiento en esta manera: ¿Qué remedio se puede ya buscar ni tentar para mis penas y trabajos a los cuales el favor y ayuda de las diosas, aunque ellas lo querían, no pudo aprovechar? Pues que así es, ¿adónde podría yo huir, estando cercada de tantos lazos? ¿Y qué casas o en qué soterraños me podría esconder de los ojos inevitables de la gran diosa Venus? Pues que no puede huir, toma corazón de hombre y fuertemente resiste a la quebrada y perdida esperanza y ofrécete de tu propia gana a tu señora, y con esta obediencia, aunque sea tarde, amansarás su ímpetu y saña. ¿Qué sabes tú si por ventura hallarás allí, en casa de la madre, al que muchos días hace que andas a buscar? De esta manera aparejada para el dudoso servicio y cierto fin, pensaba entre sí el principio de su futura suplicación.

[6] En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psique por la tierra, acordó de subirse al cielo, y mandando aparejar su carro, el cual Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, hecho las ruedas de manera de la Luna, muy rico y precioso, con daño de tanto oro y de muchas otras aves, que estaban cerca de la cámara de Venus, salieron cuatro palomas muy blancas, pintados los cuellos, y pusiéronse para llevar el carro; y recibida la señora encima del carro, comenzaron a volar alegremente, y tras del carro de Venus comenzaron a volar muchos pájaros y aves, que cantaban muy dulcemente, haciendo saber cómo Venus venía. Las nubes dieron lugar, los cielos se abrieron y el más alto de ellos la recibió alegremente; las aves iban cantando: con ella no temían las águilas y halcones que encontraban.

[7] En esta manera, Venus, llegada al palacio real de Júpiter, y con mucha osadía y atrevimiento, pidió a Júpiter que mandase al dios Mercurio le ayudase con su voz, que había menester para cierto negocio. Júpiter se lo otorgó y mandó que así se hiciese. Entonces ella, alegremente, acompañándola Mercurio, se partió del cielo, la cual en esta manera habló a Mercurio: «Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia; ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo no puedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí: así que ya no tengo otro remedio sino que tú públicamente pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere. Por ende, te ruego que hagas prestamente lo que digo. Y en tu pregón da las señales e indicios por donde manifiestamente se pueda conocer. Porque si alguno incurriere en crimen de encubrirla ilícitamente, no se pueda defender con excusación de ignorancia.» Y diciendo esto, le dio un memorial en el cual se contenía el nombre de Psique y las otras cosas que había de pregonar. Hecho esto, luego se fue a su casa.

[8] No olvidó Mercurio lo que Venus le mandó hacer, y luego se fue por todas las ciudades y lugares, pregonando de esta manera: Si alguno tomare o mostrare dónde está Psique, hija del rey y sierva de Venus, que anda huida, véngase a Mercurio, pregonero que está tras el templo de Venus, y allí recibirá por galardón de su indicio, de la misma diosa Venus, siete besos muy suaves y otro muy más dulce.

De esta manera pregonando Mercurio, todos los que lo oían, con codicia de tanto premio, se aderezaron para buscarla. La cual cosa, oída por Psique, le quitó toda tardanza de irse a presentar ante Venus, y llegando ella a las puertas de su señora, salía a ella una doncella de Venus, que había nombre Costumbre, la cual, como vio a Psique, comenzó a dar grandes voces, diciendo: «Vos, dueña, mala esclava, hasta que ya sentís que tenéis señora: aun sobre toda la maldad de tus malas mañas finges ahora que no sabes cuánto trabajo hemos pasado buscándote. Pero bien está, pues que caíste en mis manos: haz cuenta que caíste en la cárcel del infierno, y donde no podrás salir, y prestamente recibirás las penas de tu contumacia y rebeldía.»

[9] Diciendo esto, arremetió a ella, y con gran audacia echole mano de los cabellos y comenzola a llevar ante Venus, como quiera que Psique no resistía la ida. La cual, luego que Venus la vio comenzose de reír como suelen hacer todos los que están con mucha ira, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir: «Basta que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; y por cierto, antes creo yo que lo hiciste por ver a tu marido, que está a la muerte de la llaga de tus manos; pero está segura que yo te recibiré como conviene a buena nuera.» Y como esto dijo, mandó llamar a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, a las cuales, como vinieron, mandó que azotasen a Psique. Ellas, siguiendo el mandamiento de su señora, dieron tantos de azotes a la mezquina* de Psique, que la afligieron y atormentaron, y así la tornaron a presentar otra vez ante su señora. Cuando Venus la vio comenzose otra vez a reír, y dijo: «¿Y aun ves cómo en la alcahuetería de su vientre hinchado nos conmueve a misericordia? ¿Piensas hacerme abuela bien dichosa con lo que saliere de esta tu preñez? Dichosa yo, que en la flor de mi juventud me llamarán abuela y el hijo de una esclava bellaca oirá que le llame nieto de Venus. Pero necia soy en esto yo, porque por demás puedo yo decir que mi hijo es casado, porque estas bodas no son entre personas iguales, y además de esto fueron hechas en un monte sin testigos y no consintiendo su padre, por lo cual estas bodas no se pueden decir legítimamente hechas; y por esto, si yo consiento que tú hayas de parir, a lo menos nacerá de ti un bastardo.»

[10] Y diciendo esto, arremetió con ella y rompiole las tocas, trabándole de los cabellos y dándole de cabezadas, que la afligió gravemente; luego tomó trigo y cebada, mijo, simientes de adormideras, garbanzos, lentejas y habas, lo cual, todo mezclado y hecho un gran montón, dijo a Psique: «Tú me pareces tan disforme y bellaca esclava, que con ninguna cosa aplaces a tus enamorados, sino con los muchos servicios que les haces. Pues yo quiero ahora experimentar tu diligencia. Aparta todos los granos de estas simientes que están juntas en este montón, y cada simiente de éstas, muy bien dispuestas y apartadas de por sí, me las has de dar antes de la noche.» Y dicho esto, ella se fue a cenar a las bodas de sus dioses. Psique, embargada con la grandeza de aquel mandamiento, estaba callando como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para nunca acabar. Entonces aquella pequeña hormiga del campo, habiendo mancilla de tan gran trabajo y dificultad, como era el de la mujer del gran dios del amor, maldiciendo la crueldad de su suegra Venus, discurrió prestamente por esos campos y llamó y rogó a todas las batallas y muchedumbres de hormigas diciéndoles: «¡Oh sutiles hijas y criadas de la tierra, madre de todas las cosas, habed merced y mancilla y socorred con mucha velocidad a una moza hermosa, mujer del dios de Amor, que está en mucho peligro!» Entonces, como ondas de agua, venían infinitas hormigas cayendo unas sobre otras, y con mucha diligencia cada una, grano a grano, apartaron todo el montón. Después de apartados y divisos todos los géneros de granos de cada montón sobre sí, prestamente se fueron de allí.

[11] Luego, al comienzo de la noche, Venus, tornando de su fiesta, harta de vino y muy olorosa, llena toda la cabeza y cuerpo de rosas resplandecientes, vista la diligencia del gran trabajo, dijo: «¡Oh mala!; no es tuya ni de tus manos esta obra, sino de aquel a quien tú por tu mal y por el suyo has aplacido.» Y diciendo esto, echole un pedazo de pan, para que comiese y fuese a acostar. Entre tanto, Cupido estaba solo y encerrado en una cámara de las que estaban más adentro de casa: el cual estaba allí encerrado así por que la herida no se dañase, si algún mal deseo le viniese, como por que no hablase con su amada Psique. De esta manera, dentro de una casa y debajo de un tejado, apartados los enamorados, con mucha fatiga pasaron aquella noche negra y muy obscura”. (* N. del A.: “mezquina” significaba “desdichada”).

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES:

(1) El Grito de Jajuya. Tropas del ejército de los Estados Unidos ingresan a las calles de Jajuya.

(2) El Grito de Jajuya. Tropas del ejército de los Estados Unidos vigilando a un grupo de nacionalistas puertorriqueños prisioneros.

(3) Soldados puertorriqueños en la Guerra de Corea enarbolando la bandera de Puerto Rico.

(4) Sello de correos de Colombia conmemorativo de la participación de tropas colombianas en la Guerra de Corea.

(5) Video de Youtube con la canción Despedida, de Pedro Flores, interpretada por Daniel Santos.

(6) Fotografía emblemática de la Guerra de Corea. Joven coreana huyendo mientras lleva en hombros a su hermanito menor. Atrás, un tanque norteamericano.

(7) Bandera de Puerto Rico.  Fue prohibida durante décadas en la isla; el hecho de enarbolarla o izarla, e incluso el solo hecho de tenerla, constituía delito. Acerca del color azul existen dos posiciones: una sostiene que debe ser azul oscuro, igual que el azul de la bandera de los Estados Unidos; otra sostiene que debe ser celeste, precisamente para diferenciarla de esta.

(8) y (9) Masacre de Ponce. Instante en que comienzan los disparos. Fotografía del reportero gráfico Carlos Torres Morales para el periódico El Imparcial, de Puerto Rico.

(10) Imagen correspondiente a la insurrección nacionalista puertorriqueña de 1950.

(11) Portada del periódico El Día, de Puerto Rico, informando, desde su punto de vista, acerca de la insurrección nacionalista de 1950.

(12) Psique y dos hermanas (Alexander Evariste Fragonard (Grasse, Francia, 1780 – París, 1850).

(13) Escena de la obra de teatro Psique, dirigida por Rocío Carrillo. México, 7 de febrero de 2015. Secretaría de Cultura de México. En: Proscenio. México. Nota de Anaracelli Alvarado.

(14) Cupido y Psique (1798). Francisco Gerard (Roma, 1770 – París, 1837).

 

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo IV]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Volvamos a Psique. Es decir, reabramos el libro Las metamorfosis o El Asno de Oro de Apuleyo y sigamos escuchando a aquella vieja madre de los ladrones que le está contando a una doncella cautiva la novela de una princesa desdichada y envidiada.

“Capítulo III

Cómo Cupido avisa a su mujer, Psique, que en ninguna manera descubra a sus hermanas de quién está preñada, ni las crea a cuanto le dijeren, porque se perderá.

-Entre tanto, el marido de Psique, al cual ella no conocía, la tornó a amonestar otra vez con aquellas sus palabras de noche, diciendo: «¿No ves cuánto peligro te ordena la fortuna? Pues si tú, de lejos, antes que venga, no te apartas y provees, ella será contigo de cerca. Aquellas lobas sin fe ordenan cuanto pueden contra ti muy malas asechanzas, de las cuales la suma es ésta: ellas te quieren persuadir que tú veas mi cara, la cual, como muchas veces te he dicho, tú no la verás más, si la ves. Así que si después de esto aquellas malas brujas vinieren armadas con sus malignos corazones, que bien sé que vendrán, no hables con ellas ni te pongas a razones; y si por tu mocedad y por el amor que les tienes no te pudieres sufrir, al menos de cosa que toque a tu marido ni las oigas ni respondas a ella; porque acrecentaremos nuestro linaje, que aun este tu vientre niño otro niño trae ya dentro, y si tú encubrieres este secreto, yo te digo que será divino, y si lo descubrieres, desde ahora te certifico que será mortal.»

[12] Psique, cuando esto oyó, gozose mucho y hubo placer con la divina generación. Alegrábase con la gloria de lo que había de parir, y gozándose con la dignidad de ser madre, con mucha ansia contaba los días y meses cuando entraban y cuando salían. Y como era nueva, en los comienzos de la preñez, maravillábase de un punto y toque tan sutil crecer en tan abundancia su vientre. Pero aquellas furias espantables y pestíferas ya deseaban lanzar el veneno de serpientes, y con esta prisa aceleraban su camino por la mar cuanto podían. En esto, el marido tornó a amonestar a Psique de esta manera: «Ya se te llega el último día y la caída postrimera, porque tu linaje y la sangre tu enemiga ya ha tomado armas contra ti, y mueve su real y compone sus batallas y hace tocar las trompetas, y diciéndolo más claro, las malvadas de tus hermanas, con la espada sacada te quieren degollar. ¡Oh cuántas fatigas nos atormentan! Por eso tú, muy dulce señora, ten merced de ti y de mí, y con grande continencia, callando lo que te he dicho, libra a tu casa y marido y este nuestro hijo de la caída de la Fortuna que te amenaza; y a estas falsas y engañosas mujeres, las cuales según el odio mortal te tienen, y el vínculo de la hermandad ya está quebrantado y roto, no te conviene llamar hermanas, ni las veas ni las oigas, porque ellas vendrán a tentarte encima de aquel risco como las sirenas de la mar, y harán sonar todos estos montes y valles con sus voces y llantos.»

[13] Entonces Psique, llorando, le dijo: «Bien sabes tú, señor, que yo no soy parlera, y ya el otro día me enseñaste la fe que había de guardar y lo que había de callar; así, que ahora tú no verás que yo mude de la constancia y firmeza de mi ánimo; solamente te ruego que mandes otra vez al viento que haga su oficio y que sirva en lo que le mandare, y en lugar de tu vista, pues me la niegas, al menos consiente que yo goce de la vista de mis hermanas: esto, señor, te suplico por estos tus cabellos lindos y olorosos, y por este tu rostro, semejante al mío, y por el amor que te tengo, aunque no te conozco de vista: así conozca yo tu cara en este niño que traigo en el vientre: que tú, señor, concedas a mis ruegos, haciendo que yo goce de ver y hablar a mis hermanas, y de aquí adelante no curaré más de querer conocer tu cara; y no me curo que las tinieblas de la noche me quiten tu vista, pues yo tengo a ti, que eres mi lumbre.»

Con estas blandas palabras, abrazando a su marido y llorando, limpiaba las lágrimas con sus cabellos, tanto, que él fue vencido y prometió de hacer todo lo que ella quería, y luego, antes que amaneciese, se partió de ella como él acostumbraba.

[14] Las hermanas, con su mal propósito, en llegando, no curaron de ver a sus padres, sino, en saliendo de las naos, derechas se fueron corriendo cuanto pudieron a aquel risco, adonde, con el ansia que tenían, no esperaron que el viento las ayudase, antes, con temeridad y audacia, se lanzaron de allí abajo. Pero el viento, recordándose de lo que su señor le había mandado, recibiolas en sus alas contra su voluntad, y púsolas muy mansamente en el suelo; ellas, sin ninguna tardanza, lánzanse luego en casa; iban a abrazar a la que querían perder, y mintiendo el nombre de hermanas, encubrieron con sus caras alegres el tesoro de su escondido engaño, y comenzáronle a lisonjear de esta manera: -Hermana Psique, ya no eres niña como solías: ya nos parece que eres madre. ¿Cuánto bien piensas que nos traes en este tu vientre? ¿Cuánto gozo piensas que darás a toda tu casa? ¡Oh cuán bienaventuradas somos nosotras, que tenemos linaje en tantas riquezas! Que si el niño pareciere a sus padres, como es razón, cierto él será el dios Cupido, que nacerá.

[15] Con este amor y afición fingido comienzan poco a poco a ganar la voluntad de su hermana. Ella las mandó asentar a sus sillas para que descansasen, y luego las hizo lavar en el baño; y después de lavadas sentáronse a la mesa, donde les fueron dados manjares reales en abundancia; y luego vino la música y comenzaron a cantar y a tañer muy suavemente: lo cual, aunque no veían quién lo hacía, era tan dulcísima música que parecía cosa celestial; pero con todo esto no se amansaba la maldad de las falsas mujeres, ni pudieron tomar espacio ni holganza con todo aquello: antes, procuraban de armar su lazo de engaños que traían pensado. Y comenzaron disimuladamente a meter palabras, preguntándole qué tal era su marido y de qué nación o ley venía. Psique, con su simpleza, habiéndosele olvidado lo que su marido le encomendara, comenzó a fingir una nueva razón, diciendo que su marido era de una gran provincia, y que era mercader que trataba en grandes mercadurías, y que era hombre de más de media edad, que ya le comenzaban a nacer canas. No tardó mucho en esta habla, que luego las cargó de joyas y ricos dones, y mandó al viento que las llevase:

[16] después que el viento las puso en aquel risco, tornáronse a casa altercando entre sí de esta manera: «¿Qué podemos decir de una tan gran mentira como nos dijo aquella loca? Una vez nos dijo que era su marido un mancebo que entonces le apuntaban las barbas; ahora dice que es de más de media edad y ya tiene canas: ¿quién puede ser aquel que en tan poco espacio de tiempo le vino la vejez? Cierto, hermana, tú hallarás que esta mala hembra nos miente, o ella no conoce quién es su marido; y cualquier cosa de éstas que sea nos conviene que la echemos de estas riquezas; y si, por ventura, no conoce a su marido, cierto por eso se casó ella, y nos trae algún dios en su vientre; y así fuese lo que nunca Dios quiera, que ésta oyese ser madre de niño divino: luego me ahorcaría con una soga; así que tornemos a nuestros padres y callemos esto, encubriéndolo con el mejor color que podremos.»

[17] En esta manera, inflamadas de la envidia, tornáronse a casa y hablaron a sus padres, aunque de mala gana.

Capítulo IV

Cómo venidas las hermanas a visitar a Psique le aconsejan que trabaje por ver quién es aquel con quien tiene acceso, fingiéndole que sea un dragón: y ella, convencida del consejo, le ve viniendo a dormir, e indignado Cupido nunca más la vio.

-Aquella noche, sin poder dormir sueño, turbadas de la pena y fatiga que tenían, luego como amanecía corrieron cuanto pudieron hasta el risco, de donde, con la ayuda del viento acostumbrado, volaron hasta casa de Psique; y con unas pocas de lágrimas que, por fuerza y apretando los ojos, sacaron, comenzaron a hablar a su hermana de esta manera: «Tú piensas que eres bienaventurada, y estás muy segura y sin ningún cuidado, no sabiendo cuánto mal y peligro tienes. Pero nosotras, que con grandísimo cuidado velamos sobre lo que te cumple, mucho somos fatigadas con tu daño: porque has de saber que hemos hallado por verdad que este tu marido que se echa contigo es una serpiente grande y venenosa; lo cual, con el dolor y pena que de tu mal tenemos, no te podemos encubrir, y ahora se nos recuerda de lo que el dios Apolo respondió cuando le consultaron sobre tu casamiento, diciendo que tú eras señalada para casarte con una cruel bestia. Y muchos de los vecinos de estos linajes que andan a cazar por estas montañas, y otros labradores, dicen que han visto este dragón cuando a la tarde torna de buscar de comer, que se echa a nadar por este río para pasar acá;

[18] y todos afirman que te quiere engordar con estos regalos y manjares que te da, y cuando esta tu preñez estuviere más crecida y tú estuvieres bien llena, por gozar de más hartura que te ha de tragar; así que en esto está ahora tu estimación y juicio. Si por ventura quieres más o creer a tus hermanas que por tu salud andan solícitas y que vivas con nosotras segura de peligro huyendo de la muerte, o si quieres quizá ser enterrada en las entrañas de esta cruelísima bestia. Porque si las voces solas que en este campo oís, o el escondido placer y peligroso dormir juntándote con este dragón te deleitan, sea como tú quisieres, que nosotras con esto cumplimos, y ya habemos hecho oficio de buenas hermanas.»

Entonces, la mezquina* de Psique, como era muchacha y de noble condición, creyó lo que le dijeron, y con palabras tan espantables salió de sí fuera de seso: por lo cual se le olvidó los amonestamientos de su marido y de todos los prometimientos que ella le hizo, y lánzase en el profundo de su desdicha y desventura; y temblando, la color amarilla, no pudiendo cuasi hablar, cortándosele las palabras y medio hablando, como mejor pudo, les dijo de esta manera:

[19] «Vosotras, señoras hermanas, hacéis oficio de piedad y virtud como es razón: y creo yo muy bien que aquellos que tales cosas os dijeron no fingieron mentira, porque yo hasta hoy nunca pude ver la cara de mi marido ni supe de dónde se es. Solamente lo oigo hablar de noche, y con esto paso y sufro marido incierto y que huye de la luz; y de esta manera consiento que digáis que tengo una gran bestia por marido, y que me espanta diciendo que no lo puedo ver: y siempre me amenaza que me vendrá gran mal si porfío en querer ver su cara. Y pues que así es, si ahora podéis socorrer al peligro de vuestra hermana con alguna ayuda y favor saludable, hacedlo y socorrerme, porque si no lo hacéis podré muy bien decir que la negligencia siguiente corrompe el beneficio de la providencia pasada.» Cuando las dos malas mujeres hallaron el corazón y voluntad de Psique descubierto para recibir lo que le dijeren, dejados los engaños secretos, comenzaron con las espadas descubiertas públicamente a combatir el pensamiento temeroso de la simple mujer,

[20] y la una de ellas dijo de esta manera: «Porque el vínculo de nuestra hermandad nos compele por tu salud a quitarte delante los ojos cualquier peligro, te mostraremos un camino que días ha habemos pensado, el cual sólo te sacará a puerto de salud, y es éste: Tú has de esconder secretamente en la parte de la cama donde te sueles acostar una navaja bien aguda, que en la palma de la mano se aguzó, y pondrás un candil lleno de aceite bien aparejado y encendido debajo de alguna cobertura al canto de la sala: y con todo este aparejo, muy bien disimulado, cuando viniere aquella serpiente y subiese en la cama como suele, desde que ya tú veas que él comienza a dormir y con el gran sueño comienza a resollar, salta de la cama y descalza muy paso, y saca el candil debajo de donde está escondido, y toma de consejo del candil oportunidad para la hazaña que quieres hacer; y con aquella navaja, alzada primeramente la mano derecha con el mayor esfuerzo que pudieres, da en el nudo de la cerviz de aquel serpiente venenoso, y córtale la cabeza: y no pienses que te faltará nuestra ayuda, porque luego que tú con su muerte hayas traído vida para ti, estaremos esperándote con mucha ansia, para que llevándote aquí con todos estos tus servidores y riquezas que aquí tienes, te casaremos como deseamos con hombre humano, siendo tú mujer humana.»

[21] Con estas palabras encendieron tanto las entrañas de su hermana, que la dejaron cuasi del todo ardiendo. Y ellas, temiendo del mal consejo que daban a la otra no les viniese algún gran mal por ello, se partieron, y con el viento acostumbrado se fueron hasta encima del risco, de donde huyeron lo más presto que pudieron, y entráronse en sus naos y fuéronse a sus tierras.

Psique quedó sola: aunque quedando fatigada de aquellas furias no estaba sola, pero llorando fluctuaba su corazón como la mar cuando anda con tormenta; y como quiera que ella tenía deliberado con voluntad muy obstinada el consejo que le habían dado, pensando como había de hacer aquel negocio, pero todavía titubeaba y estaba incierta del consejo, pensando en el mal que le podía venir; y de esta manera ya lo quería hacer, ya lo quería dilatar: ahora osaba, ahora temía: ya desconfiaba, ya se enojaba. En fin, lo que más le fatigaba era que en un mismo cuerpo aborrecía a la serpiente y amaba a su marido. Cuando ya fue tarde que la noche se venía, ella comenzó a aparejar con mucha prisa aquel aparato de su mala hazaña; y siendo de noche vino el marido a la cama, el cual, de que hubo burlado con ella, comenzó a dormir con gran sueño.

[22] Entonces, Psique, como quiera que era delicada del cuerpo y del ánimo, pero ayudándole la crueldad de su hado se esforzó, y sacando el candil debajo de donde estaba, tomó la navaja en la mano, y su osadía venció y mudó la flaqueza de su género.

Como ella alumbrase con el candil y pareciese todo el secreto de la cama, vido una bestia, la más mansa y dulcísima de todas las fieras: digo que era aquel hermoso dios del amor que se llama Cupido, el cual estaba acostado muy hermosamente; y con su vista alegrándose, la lumbre de la candela creció, y la sacrílega y aguda navaja resplandeció. Cuando Psique vio tal vista, espantada y puesta fuera de sí, desfallecida, con la color amarilla, temblando, se cortó y cayó sobre las rodillas, y quiso esconder la navaja en su seno, e hiciéralo, salvo por el temor de tan gran mal como quería hacer se le cayó la navaja de la mano. Estando así fatigada y desfallecida, cuanto más miraba la cara divina de Cupido tanto más recreaba con su hermosura. Ella le veía los cabellos como hebras de oro, llenos de olor divino; el cuello, blanco como la leche; la cara, blanca y roja como rosas coloradas, y los cabellos de oro colgando por todas partes, que resplandecían como el Sol y vencían a la lumbre del candil. Tenía asimismo en los hombros péñolas de color de rosas y flores; y como quiera que las alas estaban quedas, pero las otras plumas debajo de las alas tiernas y delicadas estaban temblando muy gallardamente; y todo lo otro del cuerpo estaba hermoso y sin plumas, como convenía a hijo de la diosa Venus, que lo parió sin arrepentirse por ello. Estaba ante los pies de la cama el arco y las saetas, que son armas del dios de amor;

[23] lo cual todo estando mirando Psique no se hartaba de mirarlo, maravillándose de las armas de su marido, sacó del carcaj una saeta, y estándola tentando con el dedo a ver si era aguda como decían, hincósele un poco de la saeta, de manera que le comenzaron a salir unas gotas de sangre de color de rosas, y de esta manera, Psique, no sabiendo, cayó y fue presa de amor del dios de amor: entonces, con mucho mayor ardor de amor, se abajó sobre él y le comenzó a besar con tan gran placer, que temía no despertase tan presto. Estando ella en este placer herida del amor, el candil que tenía en la mano, o por no ser fiel, o de envidia mortal, o que por ventura él también quiso tocar el cuerpo de Cupido, o quizá besarlo, lanzó de sí una gota de aceite hirviendo, y cayó sobre el hombro derecho de Cupido. ¡Oh candil osado y temerario y vil servidor del amor! Tú quemas al dios de todo el fuego; y porque tú para esto no eras menester, sino que algún enamorado te halló primeramente para gozar en la obscuridad de la noche de lo que bien querría. De esta manera el dios Cupido, quemado, saltó de la cama, y conociendo que su secreto era descubierto, callando desapareció y huyó de los ojos de la desdichada de su mujer.

[24] Psique arrebató con ambas manos la pierna derecha de Cupido, que se levantaba, y así fue colgando de sus pies por las nubes del cielo hasta tanto que cayó en el suelo. Pero el dios del amor no la quiso desamparar caída en tierra, y vino volando a sentarse en un ciprés que allí estaba cerca, de donde con enojo gravemente la comenzó a increpar diciendo de esta manera:

«¡Oh Psique, mujer simple: yo, no recordando de los mandamientos de mi madre Venus, la cual me había mandado que te hiciese enamorada de un hombre muy miserable de bajo linaje, te quise bien y fui tu enamorado; pero esto que hice bien sé que fue hecho livianamente! Y yo mismo, que soy ballestero para los otros, me herí con mis saetas y te tomé por mujer. Parece que lo hice yo por parecerte serpiente y porque tú cortases esta cabeza que trae los ojos que bien te quisieron. No sabes tú cuántas veces te decía que te guardases de eso, y benignamente te avisaba por que te apartases de ello. Pero aquellas buenas mujeres tus consejeras prestamente me pagarán el consejo que te dieron; y a ti, con mi ausencia, huyendo de ti, te castigaré.» Diciendo esto, levantose con sus alas y voló en alto hacia el cielo.

[25] Psique, cuando echada en tierra y cuanto podía con la vista, miraba cómo su marido iba volando, y afligido su corazón con muchos lloros y angustias. Después que su marido desapareció volando por las alturas del cielo, ella, desesperada, estando en la ribera de un río, lanzose de cabeza dentro; pero el río se tornó manso por honra y servicio del dios del amor, cuya mujer era ella, el cual suele inflamar de amor a las mismas aguas y a las ninfas de ellas. Así, que temiendo de sí mismo, tomola con las ondas, sin hacerle mal, y púsola sobre las flores y hierbas de su ribera. Acaso el dios Pan, que es dios de las montañas, estaba asentado en un altozano cerca del río: el cual estaba tañendo con una flauta y enseñando a tañer a la ninfa Caña. Estaban asimismo alrededor de él una manada de cabras, que andaban paciendo los árboles y matas que estaban sobre el río. Cuando el dios peloso vio a Psique tan desmayada y así herida de dolor, que ya él bien sabía su desdicha y pena, llamola y comenzó a halagarla y consolar con blandas palabras, diciendo de esta manera: «Doncella sabida y hermosa: como quiera que soy pastor y rústico, pero por ser viejo soy instruido de muchos experimentos; de manera que, si bien conjeturo aquello que los prudentes varones llaman adivinanza, yo conozco de este tu andar titubeando con los pies, y de la color amarilla de tu cara, y de tus grandes suspiros y lágrimas de los ojos, bien creo cierto que tú andas fatigada y muerta de gran dolor; pues que así es, tú escúchame y no tornes a lanzarte dentro en el río ni te mates con ningún otro género de muerte; quita de ti el luto y deja de llorar. Antes procura aplacar con plegarias al dios Cupido, que es mayor de los dioses, y trabaja por merecer su amor con servicios y halagos, porque es mancebo delicado y muy regalado.» (N. del A.: La palabra “mezquina” significaba “desdichada”).

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De los orígenes mitológicos de la Psicología -la de Colombia y la de todo el orbe- retornemos una vez más al mundo agitado y triste de la dura realidad: a la vida azarosa de quien, en medio de las adversidades, trata de sembrar en nuestro país la semilla que permitirá el nacimiento de una nueva profesión, aquella que se dedicará al estudio de la psique, a la comprensión del alma humana.

Tal y como acontecía por lo general con los exiliados españoles, durante su permanencia en Bogotá, al parecer Mercedes Rodrigo y su hermana María compartieron casa no solo con su compañero de viaje José María García Madrid, sino también con otros compatriotas suyos, igualmente expulsados por la Guerra Civil Española, dado que así les era más llevadera la pesada carga del arriendo y de los gastos. El primer piso lo aprovecharon para poner a funcionar el que se llamó Instituto García Madrid para Niños Anormales, donde no solo dictaban clase ellos tres, sino también otros exiliados, probablemente residentes allí.

En efecto, “A través de fuentes orales, como Ramón González (1998), pudimos saber que Mercedes Rodrigo había conocido en Suiza a Agustín Nieto Caballero, Rector de la Universidad Nacional de Colombia, quien contribuyó a facilitar su viaje a Bogotá, conocedor de la preparación profesional y el gran prestigio que ya tenía Mercedes en los sectores especializados. A la llegada a aquel exilio, Ramón González había tenido la oportunidad de convivir como el miembro más pequeño de la familia Prat García con las hermanas Rodrigo y con José García Madrid, compartiendo vivienda por las dificultades económicas que padecieron. Con el tiempo Ramón González cursó en Bogotá estudios de Medicina en la Universidad Nacional y colaboró con Mercedes Rodrigo como ayudante” (MARTÍNEZ GORROÑO, María Eugenia. HERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Juan Luis. El impulso que significó el exilio español republicano. Una significativa aportación al progreso. ARBOR Ciencia, pensamiento y cultura. CLXXXV, 739. Madrid, Septiembre – octubre 2009, p.p. 1049 – 1050).

Como ya se anotó, su condición de exiliada española por sí misma la tenía en la mira de quienes veían en los fugitivos de la guerra que habían arribado a Colombia a una partida de comunistas en huída ante la perspectiva nada halagüeña que les esperaba en España a partir del ascenso al poder de los que habían obtenido la victoria.

Pero ella misma se encargó de proporcionarles un argumento más, y este sí decisivo.

En la década de los años 40, en efecto, el solo hecho de viajar a la Unión Soviética era, no indicio, sino plena prueba de que se era comunista. En estas tierras latinoamericanas, la interpretación sesgada de cualquier viaje hacia territorio norteamericano o hacia suelo moscovita era previsible. Por eso, aunque Mercedes Rodrigo también había viajado a los Estados Unidos, nadie sugirió siquiera que le estuviese sirviendo al “imperialismo yanqui”, a pesar de tratarse del mismo poderoso país del norte que a comienzos de siglo había impuesto su poderío militar para patrocinar la consumación del hecho más doloroso que la República de Colombia habría de sufrir en su historia: la desmembración del departamento de Panamá (3 de noviembre de 1903) y respecto del cual se guardaban por ello recelos y rencores muy en el fondo del alma nacional. En cambio, el saberse que estuvo en Moscú no pasó inadvertido para sus cada vez más numerosos y hostiles detractores.

Pero además de hacer crecer las sospechas sobre su ideología política, sus malquerientes también echaron a rodar bolas tendientes a desacreditar y ridiculizar su tarea. Comenzaron, entonces, a circular en Bogotá chismes de costurero, especies sin el más mínimo fundamento, todo ello con el fin de cercenarle cualquier seriedad científica a su labor como psicóloga y, específicamente, a sus tests psicotécnicos. Fue así como se empezó a irrigar dentro de los círculos sociales capitalinos que a los aspirantes a ingresar a la Universidad Nacional les estaban preguntando, por ejemplo, dizque cuántas gradas tenía el Capitolio Nacional. (MARTÍNEZ GORROÑO, María Eugenia, Españoles en Colombia. La huella cultural de mujeres exiliadas tras la guerra civil. Madrid. 1999, p. 17).

A mediados de 1949, en medio de un ambiente insoportable, Mercedes Rodrigo, apoyada por la Universidad Nacional, ya había solicitado y obtenido el pasaporte. Sin embargo, ese año no se fue. Tampoco se marchó su hermana María, a pesar de que ella también lo había tramitado y obtenido.

Sobre su partida en sí difieren las fuentes. Difieren no solo en cuanto al momento en que se marchó de Colombia, sino también en cuanto a las circunstancias precisas que rodearon su salida.

Así, mientras unas fuentes aseguran que fue expulsada por el gobierno colombiano, otras aseveran que ella misma optó por irse ante lo insostenible que se había vuelto su permanencia en el país. No hemos tenido acceso a ningún documento oficial que compruebe que haya ocurrido lo primero. En cambio, sí está comprobado documentalmente que -como ya se dijo- solicitó y obtuvo, con la colaboración de la Universidad Nacional, el pasaporte en 1949.

Acerca de cuándo se fue, unas fuentes dicen que se marchó en enero; otras aseguran que lo hizo a principios de año, sin especificar el mes; otras afirman genéricamente que ello acaeció dentro del año 1950; y no faltan las que aseveran que su salida del país ocurrió ya bajo el gobierno de Laureano Gómez e incluso llegan a decir que la orden de su expulsión provino de este o cuando menos de sus asesores. Esto último, por supuesto, haría suponer que Mercedes Rodrigo se fue del país después del 7 de agosto o, lo que es lo mismo, a finales de aquel año, pues la posesión del presidente Gómez fue el 7 de agosto de 1950, cosa que no parece haber ocurrido. No obstante, los tozudos en sostener que fue Laureano Gómez quien la expulsó parten de la base de que desde antes de su posesión, obviamente ya era presidente electo y tenía una enorme influencia sobre el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, al que incluso había ayudado a elegir. Hay fuentes que llegan a sostener que Gómez tenía un enorme poder inclusive desde mucho antes de ser elegido presidente. Se recuerda incluso que si Laureano Gómez no fue el candidato del Partido Conservador a la presidencia en los comicios en los que se elegiría al presidente de la República para el período 1946 – 1950 y en los que resultó elegido Ospina Pérez fue porque no quiso serlo debido a que su olfato político le indicó que su candidatura uniría inmediatamente a los liberales, que se encontraban divididos entre los seguidores de Gabriel Turbay y los seguidores de Jorge Eliécer Gaitán, por lo cual el triunfo conservador estaba garantizado con tan solo escoger un candidato conservador que no despertara reticencia alguna. Por eso -puntualizan las fuentes- se escogió a Ospina.

En todo caso, lo que sí es cierto es que Mercedes Rodrigo se fue de Colombia en 1950.

Su destino era la isla de Puerto Rico, en el Mar Caribe.

Al igual que cuando salió de España en 1939 con destino a Suiza, y que cuando salió de Suiza con rumbo a Colombia, la prominente psicóloga iba acompañada por su hermana, la compositora y pianista de música clásica María Rodrigo, y por su amigo común José María García Madrid. Este último ya no era ahora solamente el auxiliar suyo que salió de la tierra española para jamás volver, sino el médico y psiquiatra que había obtenido sus diplomas en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en Bogotá.

Allá en Puerto Rico, los tres habrían de volverse cuatro.

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Para 1950, Puerto Rico no era el Estado Libre Asociado de los Estados Unidos que es hoy. Esa condición política solo habría de adquirirla dos años después, en 1952. La pionera de la Psicología en Colombia llegó, pues, a un Puerto Rico tercermundista, lleno de pobreza, desempleo y desesperanza.

En Puerto Rico la situación política y social estaba convulsionada. Para entender la tensión que se vivía hemos de hacer un poco de historia.

En 1898, en el contexto de la guerra entre Estados Unidos y España, las tropas norteamericanas invadieron a Puerto Rico, que era en aquel entonces, y desde 1493, colonia española. Era entonces presidente de los Estados Unidos William McKinley, aquel que le dirigió una carta al general revolucionario cubano Calixto García y la envió, sin dirección alguna, con el estafeta Rowan, quien después de una travesía se la entregó a su destinatario, dando origen a la famosa Carta a García de Elbert Hubbard (1899). (No sobra anotar que MacKinley es, junto con Abraham Lincoln, James Garfield y John F. Kennedy, uno de los cuatro presidentes estadounidenses asesinados en pleno ejercicio de sus funciones).

Apoderados de la isla, durante los años 10 y 20 del siglo XX, los Estados Unidos se propusieron la “americanización” del que antes era territorio español.

Ese proceso se adelantó sobre cuatro estrategias: una, el abandono del idioma español y la acogida del idioma inglés; dos, el abandono de la religión católica y la acogida de las religiones protestantes; tres, el abandono del nombre castellano de la isla (Puerto Rico) y la adopción de su nombre en inglés (Porto Rico), así como el cambio del gentilicio “puertorriqueño” por el de “portorriqueño”; y, cuatro, el proceso de transculturación a través de aspectos como el abandono de la celebración de las fiestas puertorriqueñas y españolas (el descubrimiento de Puerto Rico, por ejemplo) y la imposición de la celebración de las fiestas estadounidenses (el natalicio de George Washington, por ejemplo). (ACOSTA LESPIERE, Ivonne. La invasión de Estados Unidos a Puerto Rico).

Inicialmente, al final de la guerra entre Estados Unidos y España, los puertorriqueños habían percibido a los norteamericanos como sus liberadores del yugo español. Más tarde, sin embargo, empezarían a cuestionarse si, en realidad, habían sido liberados de un yugo para obtener su libertad o, más bien, habían cambiado de dueño y pasado de ser una colonia de España a una colonia de Norteamérica.

Mercedes Rodrigo llega, pues, a un Puerto Rico paupérrimo, un Puerto Rico al que nadie habrá de describir mejor que la sensible letra de la primera canción protesta compuesta y grabada en América Latina: Lamento borincano.

El ilustre compositor puertorriqueño Rafael Hernández escribió esta bella canción a partir de la imagen de un campesino de su país que llega a San Juan, la capital, con la ilusión de vender su carga, pero debido a la terrible situación social de Puerto Rico, nadie se la compra. Para la cabal comprensión de la letra, conviene advertir que el nombre aborigen de Puerto Rico era Borinquen; de ahí el título de la canción; que al campesino montañero se le llama allí “jíbaro”, y para referirse a él con cariño se le dice “jibarito”, que equivaldría a “campesinito”; que es, por lo tanto, este “jibarito” el que sale con su yegua hacia la ciudad en busca de solución a sus apremiantes necesidades; y que hay dos magníficos poetas de apellido Gautier: el francés Teófilo Gautier y el puertorriqueño José Gautier Benítez, y era este el poeta que había llamado a Puerto Rico “La perla de los mares”.

De entre las numerosas interpretaciones grabadas del bellísimo Lamento borincano, que incluyen a artistas tan  diversos como Alfonso Ortiz Tirado, Caetano Veloso, Javier Solís, Facundo Cabral, Plácido Domingo, Chavela Vargas, Víctor Jara, Pedro Infante, Toña la Negra, Leo Marini, Marco Antonio Muñiz, Marc Anthony, Pedro Vargas, Los Panchos, José Feliciano, Gilberto Santa Rosa o Cuco Sánchez, se destaca la de Daniel Santos, figura estelar del canto caribeño, no solo por su peculiar estilo, sino por tratarse de un artista oriundo de aquel país.

Nacido en Puerto Rico en 1916, Santos fue desde 1948 y hasta 1953 el cantante estrella de la célebre orquesta La Sonora Matancera, agrupación que dejó una huella indeleble en el historial de la música latinoamericana. Fue él, como era obvio que sucediera, el intérprete del tema con mayor arraigo popular, cuya sin igual interpretación se convertiría de inmediato en un éxito continental, que pulverizó todos los pronósticos en ventas. Ello, a pesar de que el tema había sido originalmente grabado por Alfonso Ortiz Tirado, también con apoteósica acogida. Lamentablemente, igual que sucedería con otros intérpretes, el destacado cantor mexicano confunde al poeta puertorriqueño José Gautier Benítez con el poeta francés Teófilo Gautier y debido a ello pronuncia el apellido Gautier en forma afrancesada (“Gotié“) restándole a la canción su esencia y espíritu eminentemente puertorriqueños.

El éxito absoluto de aquella singular canción haría que su compositor fuese bautizado con el apodo de “El jibarito”.

Aquí está, pues, Daniel Santos y el inmortal Lamento borincano de Rafael Hernández:

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ILUSTRACIONES: (1) Psique reanimada por el beso del amor (1793). Antonio Canova, pintor italiano (1757 – 1822). Museo del Louvre, París.

(2) El rapto de Psique (1895). William-Adolphe Bouguereau. Colección privada.

(3) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(4) Estados Unidos y Unión Soviética se pelean América Latina (1947). Coke (Jorge Délano). Santiago, Chile. El Esfuerzo, julio -diciembre 1947. Biblioteca Nacional de Chile.

(5) La viajera (1928). Camilo Mori (1886 – 1973). Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile. Biblioteca Nacional de Chile.

(6) Guánica, Puerto Rico. Freight train used in hauling cane to the sugar mills from loading stations. (Tren de carga utilizado en el transporte de caña a los ingenios azucareros desde las estaciones de carga) (1942). Jack Delano. Biblioteca del Congreso. Centro de Investigaciones Históricas.

(7) Jibarito puertorriqueño. Miguel Pou Becerra.

(8) Rafael Hernández.

(9) Daniel Santos.

 

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo III]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Cuando se publicó la noticia del hundimiento del Resolute -al igual que cuando ocurrió lo propio con el del Roamar y el del Ruby-, no todos creyeron (o por lo menos no todos manifestaron creer) que fuese cierto que a las tres embarcaciones colombianas las hubiesen atacado submarinos alemanes. Se llegó a decir que era una treta inventada por los Estados Unidos, y cohonestada por el gobierno colombiano, para desacreditar a Alemania. La mayor oposición a la versión oficial provino del dirigente conservador Laureano Gómez y de su periódico El Siglo, de Bogotá.

Sin embargo, la Historia terminaría demostrando que sí había sido cierto que la autoría del hundimiento de las tres embarcaciones había sido de submarinos nazis: las propias bitácoras de los nazis los habían registrado, con fechas, horas, ubicación geográfica precisa de los ataques, identificación de cada uno de los submarinos, número de tripulantes de cada sumergible y el nombre y rango militar de sus comandantes.

Igualmente, la Historia terminaría demostrando que el destructor ARC Caldas, si bien había atacado, efectivamente, al submarino alemán aquella noche, no lo había hundido, pues el sumergible nazi había logrado escapar. Su hundimiento sí se produjo durante la guerra, pero posteriormente: lo hundió un barco norteamericano.

Así mismo, la Historia terminó poniendo en duda, después del calor de los acontecimientos, que aquel hombre que se escondió en la Droguería Granada y que fue sacado de allí, aprehendido por la multitud y brutalmente golpeado, arrastrado y asesinado salvajemente, hubiese sido el autor de los disparos con los que acababa de ser asesinado Jorge Eliécer Gaitán. Hasta la frase que habría pronunciado ante uno de los dependientes de la farmacia habría sido tergiversada, pues no habría dicho “La Virgen del Carmen me ha de salvar” (como se lee en algunas fuentes), sino “¡Virgen Santísima!”, como aparece en otras, frase esta que habría dicho, asustado, a raíz de que una voz de entre la multitud acababa de gritar, al verlo, “¡Ese es!”, señalándolo. Se afirma que, incluso, él negó claramente,dentro de la droguería, haber cometido el hecho que le estaban imputando. En algunos sectores de la historiografía, se ha llegado a la conclusión de que con el señalamiento a Juan Roa Sierra -que así se llamaba aquel hombre- se quiso desviar la atención sobre los verdaderos asesinos materiales. “Verdaderos asesinos materiales”, en plural, porque -contrariamente a la tajante conclusión de la investigación oficial, según la cual el asesino fue un solo hombre- se afirma que a Gaitán le dispararon dos sujetos.

Pero retirémonos un momento de la enrevesada violencia colombiana y volvamos con Psique, cuyas desdichas está contándole aquella vieja mujer a la doncella raptada por los ladrones y que ha sido llevada cautiva a su guarida.

En otras palabras, continuemos leyendo a Apuleyo en su inmortal novela Las Metamorfosis o El Asno de Oro:

“Quinto libro

Argumento

En este quinto libro se contienen los palacios de Psique y los amores que con ella tuvo el dios Cupido, y de cómo le vinieron a visitar sus hermanas; y de la envidia que hubieron de ella, por cuya causa, creyendo Psique lo que le decían, hirió a su marido Cupido de una llaga, por la cual cayó de una cumbre de su felicidad y fue puesta en tribulación. A la cual, Venus, como a enemiga, persigue muy cruelmente, y finalmente, después de haber pasado muchas penas, fue casada con su marido Cupido, y las bodas celebradas en el cielo.

Capítulo I

Cómo la vieja, prosiguiendo en su cuento por consolar a la doncella, le cuenta cómo Psique fue llevada a unos palacios muy prósperos, los cuales describe con mucha elocuencia, donde por muchas noches holgó con su nuevo marido Cupido.

[1] -Psique, estando acostada suavemente en aquel hermoso prado de flores y rosas, aliviose de la pena que en su corazón tenía y comenzó dulcemente a dormir. Después que suficientemente hubo descansado, levantose alegre y vio allí cerca una floresta de muy grandes y hermosos árboles, y vio asimismo una fuente muy clara y apacible; en medio de aquella floresta, cerca de la fuente, estaba una casa real, la cual parecía no ser edificada por manos de hombres, sino por manos divinas: a la entrada de la casa estaba un palacio tan rico y hermoso, que parecía ser morada de algún dios, porque el zaquizamí y cobertura era de madera de cedro y de marfil maravillosamente labrado; las columnas eran de oro, y todas las paredes cubiertas de plata. En la cual estaban esculpidos bestiones y animales que parecía que arremetían a los que allí entraban. Maravilloso hombre fue el que tanta arte sabía, y pienso que fuese medio dios, y aun creo que fuese dios el que con tanta sutilidad y arte hizo de la plata estas bestias fieras.

Pues el pavimento del palacio todo era de piedras preciosas, de diversos colores, labradas muy menudamente como obra mosaica: de donde se puede decir una vez y muchas que bienaventurados son aquellos que huellan sobre oro y piedras preciosas; ya las otras piezas de la casa, muy grandes y anchas y preciosas, sin precio. Todas las paredes estaban enforradas en oro, tanto resplandeciente, que hacía día y luz asimismo, aunque el Sol no quisiese. Y de esta manera resplandecían las cámaras y los portales y corredores y las puertas de toda la casa. No menos respondían a la majestad de la casa todas las otras cosas que en ella había, por donde se podía muy bien juzgar que Júpiter hubiese fundado este palacio para la conversación humana.

[2] Psique, convidada con la hermosura de tal lugar, llegose cerca y con una poca de más osadía entró por el umbral de casa, y como le agradaba la hermosura de aquel edificio, entró más adelante, maravillándose de lo que veía. Y dentro en la casa vio muchos palacios y salas perfectamente labrados, llenos de grandes riquezas, que ninguna cosa había en el mundo que allí no estuviera. Pero sobre todo, lo que más se podría hombre allí maravillar, demás de las riquezas que había, era la principal y maravillosa que ninguna cerradura ni guarda había allí, donde estaba el tesoro de todo el mundo. Andando ella con gran placer, viendo estas cosas, oyó una voz sin cuerpo que decía: «¿Por qué, señora, tú te espantas de tantas riquezas? Tuyo es todo esto que aquí ves; por ende, éntrate en la cámara y ponte a descansar en la cama, y cuando quisieres demanda agua para bañarte, que nosotras, cuyas voces oyes, somos tus servidoras y te serviremos en todo lo que mandares, y no tardará el manjar que te está aparejado para esforzar tu cuerpo.»

[3] Cuando esto oyó Psique, sintió que aquello era provisión divina; descansando de su fatiga, durmió un poco, y después que despertó levantose y lavose; y viendo que la mesa estaba puesta y aparejada para ella, fuese a sentar, y luego vino mucha copia de diversos manjares, y, asimismo, un vino que se llama néctar, de que los dioses usan: lo cual todo no parecía quien lo traía, y solamente parecía que venía en el aire; ni tampoco la señora podía ver a nadie, mas solamente oía las voces que hablaban, y a estas solas voces tenía por servidoras. Después que hubo comido entró un músico y comenzó a cantar, y otro a tañer con una vihuela, sin ser vistos; tras de esto comenzó a sonar un canto de muchas voces. Y como quiera que ningún hombre pareciese, bien se manifestaba que era coro de muchos cantores.

[4] Acabado este placer, ya que era noche, Psique se fue a dormir, y después de haber pasado un rato de la noche comenzó a dormir; y luego despertó con gran miedo y espanto, temiendo en tanta soledad no le aconteciese ningún daño a su virginidad, de lo cual ella tanto mayor mal temía, cuanto más estaba ignorante de lo que allí había, sin ver ni conocer a nadie. Estando en este miedo vino el marido no conocido, y subiendo en la cama hizo su mujer a Psique, y antes que fuese el día partiose de allí y luego aquellas voces vinieron a la cámara y comenzaron a curar de la novia, que ya era dueña. De esta manera pasó algún tiempo sin ver a su marido ni haber otro conocimiento. Y, como es cosa natural, la novedad y extrañeza que antes tenía por la mucha continuación, ya se había tornado en placer, y el sonido de la voz incierta ya le era solaz y deleite de aquella soledad.

Entre tanto, su padre y madre se envejecían en llanto y luto continuo. La fama de este negocio, cómo había pasado, había llegado donde estaban las hermanas mayores casadas: las cuales, con mucha tristeza, cargadas de luto dejaron sus casas y vinieron a ver a sus padres para hablarles y consolarlos.

[5] Aquella misma noche el marido habló a su mujer Psique: porque como quiera que no lo veía, bien lo sentía con los oídos y palpaba con las manos, y díjole de esta manera: «¡Oh señora dulcísima y muy amada mujer! La cruel fortuna te amenaza con un peligro de muerte, del cual yo quería que te guardases con mucha cautela. Tus hermanas, turbadas pensando que tú eres muerta, han de seguir tus pisadas y venir hasta aquel risco de donde tú aquí viniste, y si tú por ventura oyeses sus voces y llanto, no les respondas ni mires allá en manera alguna; porque si lo haces, a mí me darás mucho dolor, pero para ti causarás un grandísimo mal que te será casi la muerte.»

Ella prometió de hacer todo lo que el marido le mandase y que no haría otra cosa; pero como la noche fue pasada y el marido de ella partido, todo aquel día la mezquina* consumió en llantos y en lágrimas, diciendo muchas veces que ahora conocía que ella era muerta y perdida por estar encerrada y guardada en una cárcel honesta, apartada de toda habla y conversación humana, y que aun no podía ayudar y responder siquiera a sus hermanas, que por su causa lloraban, ni solamente las podía ver. De esta manera, aquel día ni quiso lavarse, ni comer, ni recrear con cosa alguna, sino, llorando con muchas lágrimas, se fue a dormir.

[6] No pasó mucho tiempo, que el marido vino más temprano que otras noches, y, acostándose en la cama, ella, aunque estaba llorando y abrazándola, comenzó a reprenderla de esta manera: «¡Oh mi señora Psique!, ¿esto es lo que tú me prometiste? ¿Qué puedo yo, siendo tu marido, esperar de ti, cuando el día y toda la noche, y aun ahora que estás conmigo, no dejas de llorar? Anda ya, haz lo que quisieres y obedece a tu voluntad, que te demanda daño para ti, por cuando tarde te arrepintieres te recordarás de lo que te he amonestado.»

Entonces ella, con muchos ruegos, diciendo que si no le otorgaba lo que quería que ella se moriría, le sacó por fuerza y contra su voluntad que hiciese lo que deseaba: que vea a sus hermanas y las consuele y hable con ellas, y aun que todo lo que quisiere darles, así oro como joyas y collares, que se lo dé. Pero muchas veces le amonestó y espantó que no consienta en el mal consejo de sus hermanas, ni cure de buscar ni saber el gesto y figura de su marido, porque, con esta sacrílega curiosidad, no caiga de tanta riqueza y bienaventuranza como tiene: que, haciéndolo de otra manera, jamás le vería ni tocaría. Ella dio muchas gracias al marido, y, estando ya más alegre, dijo: «Por cierto, señor, tú sabrás que antes moriré que no hubiese de estar sin tu dulcísimo casamiento; porque yo, señor, te amo y muy fuertemente, y a quienquiera que eres, te quiero como a mi ánima, y no pienso que te puedo comparar al dios Cupido; pero, además de esto, señor, te ruego que mandes a tu servidor el viento cierzo, que traiga a mis hermanas aquí, así como a mí me trajo.» Y diciendo esto, dábale muchos besos, y halagándolo con muchas palabras, y abrazándolo con halagos, y diciendo: «¡Ay dulce marido! ¡Dulce ánima de tu Psique!» Y otras palabras, por donde el marido fue vencido, y prometió de hacer todo lo que ella quisiese. Viniendo ya el alba, él desapareció de sus manos.

[7] Las hermanas preguntaron por aquel risco o lugar donde habían dejado a Psique, y luego fuéronse para allá con mucho pesar, de donde comenzaron a llorar y dar grandes voces y aullidos, hiriéndose en los pechos: tanto, que a las voces que daban los montes y riscos sonaban lo que ellas decían, llamando por su propio nombre a la mezquina* de su hermana; hasta tanto que Psique, oyendo las voces que sonaban por aquel valle abajo, salió de casa temblando, como sin seso, y dijo: «¿Por qué sin causa os afligís con tantas mezquindades* y llantos? ¿Por qué lloráis, que viva soy? Dejad esos gritos y voces; no curéis más de llorar, pues que podéis abrazar y hablar a quien lloráis.»

Entonces llamó al viento cierzo y mandole que hiciese lo que su marido le había mandado. Él, sin más tardar, obedeciendo su mandamiento, trajo luego a sus hermanas muy mansamente, sin fatiga ni peligro; y como llegaron, comenzáronse a abrazar y besar unas a otras, las cuales, con el gran placer y gozo que hubieron, tornaron de nuevo a llorar. Psique les dijo que entrasen en su casa alegremente y descansasen con ella de su pena.

Capítulo II

Cómo, prosiguiendo la vieja el cuento, contó cómo las dos hermanas de Psique la vinieron a ver y ella les dio de sus joyas y riquezas y las envió a sus tierras, y cómo por el camino fueron envidiando de ella con voluntad de matarla.

[8] -Después que así les hubo hablado, mostroles la casa y las grandes riquezas de ella y la mucha familia de las que le servían oyéndolas solamente; y después les mandó lavar en un baño muy rico y hermoso y sentar a la mesa, donde había muchos manjares abundantemente, en tal manera que la hartura y abundancia de tantas riquezas, más celestiales que humanas, criaron envidia en sus corazones contra ella. Finalmente, que la una de ellas comenzó a preguntarle curiosamente y a importunarle que le dijese quién era el señor de aquellas riquezas celestiales, y quién era o qué tal era su marido. Pero con todas estas cosas, nunca Psique quebrantó el mandamiento de su marido ni sacó de su pecho el secreto de lo que sabía: y hablando en el negocio, fingió que era un mancebo hermoso y de buena disposición, que entonces le apuntaban las barbas, el cual andaba allá ocupado en hacienda del campo y caza de montería; y porque en algunas palabras de las que hablaba no se descubriese el secreto, cargolas de oro, joyas y piedras preciosas, y llamado el viento, mandole que las tornase a llevar de donde las había traído:

[9] lo cual hecho, las buenas de las hermanas, tornándose a casa, iban ardiendo con la hiel de la envidia que les crecía, y una a otra hablaba sobre ello muchas cosas, entre las cuales, una dijo esto: «Mirad ahora qué cosa es la fortuna ciega, malvada y cruel. ¿Parécete a ti bien que seamos todas tres hijas de un padre y madre y que tengamos diversos estados? ¿Nosotras, que somos mayores, seamos esclavas de maridos advenedizos y que vivamos como desterradas fuera de nuestra tierra y apartadas muy lejos de la casa y reino de nuestros padres, y esta nuestra hermana, última de todas, que nació después que nuestra madre estaba harta de parir, haya de poseer tantas riquezas y tener un dios por marido? Y aun, cierto, ella no sabe bien usar de tanta muchedumbre de riquezas como tiene: ¿no viste tú, hermana, cuántas cosas están en aquella casa, cuántos collares de oro, cuántas vestiduras resplandecen, cuántas piedras preciosas relumbran? Y además de esto, ¿cuánto oro se huella en casa? Por cierto, si ella tiene el marido hermoso, como dijo, ninguna más bienaventurada mujer vive hoy en todo el mundo; y por ventura podrá ser que, procediendo la continuación y esforzándose más la afición, siendo él dios, también hará a ella diosa. Y por cierto así es, que ya ella presumía y se trataba con mucha altivez, que ya piensa que es diosa, pues que tiene las voces por servidoras y manda a los vientos. Yo, mezquina, lo primero que puedo decir es que fui casada con un marido más viejo que mi padre, y además de esto más calvo que una calabaza y más flaco que un niño, guardando de continuo la casa cerrada con cerrojos y cadenas.»

[10] Cuando hubo dicho esto, comenzó la otra y dijo: «Pues yo sufro otro marido gotoso, que tiene los dedos tuertos de la gota y es corcovado, por lo cual nunca tengo placer, y estoy fregándole de continuo sus dedos endurecidos como piedra con medicinas hediondas y paños sucios y cataplasmas, que ya tengo quemadas estas mis manos, que solían ser delicadas, que cierto yo no represento oficio de mujer, más antes uso de persona de médico, y aun bien fatigado. Pero tú, hermana, paréceme que sufres esto con ánimo paciente; y aun mejor podría decir que es de sierva, porque ya libremente te quiero decir lo que siento. Mas yo, en ninguna manera, puedo ya sufrir que tanta bienaventuranza haya caído en persona tan indigna: ¿no te acuerdas cuán soberbiamente y con cuánta arrogancia se hubo con nosotras, que las cosas que nos mostró con aquella alabanza, como gran señora, manifestaron bien su corazón hinchado? Y de tantas riquezas como allí tenía nos alcanzó esto poquito, por contra su voluntad, y pesándole con nosotras, luego nos mandó echar de allí con sus silbos del viento. Pues no me tenga por mujer, ni nunca yo viva, si no la hago lanzar de tantas riquezas; finalmente, que si esta injuria te toca a ti, como es razón, tomemos ambas un buen consejo, y estas cosas que llevamos no las mostraremos a nuestros padres, ni a nadie digamos cosa alguna de su salud; harto nos basta lo que nosotras vimos, de lo cual nos pesa de haberlo visto, y no publiquemos a nadie tanta felicidad suya, porque no se pueden llamar bienaventurados aquellos de cuyas riquezas ninguno sabe: a lo menos sepa ella que nosotras no somos sus esclavas, más sus hermanas mayores; y ahora dejemos esto y tornemos a nuestros maridos y pobres casas, aunque cierto buenas y honestas, y después instruidas, con mayor acuerdo y consejo tornaremos más fuertes para punir su soberbia.»

[11] Este mal consejo pareció muy bueno a las dos malas hermanas, y, escondidas las joyas y dones que Psique les había dado, tornáronse desgreñadas, como que venían llorando; y rascándose lascaras, fingiendo de nuevo grandes llantos, en esta manera dejaron a sus padres, refrescándoles su dolor, y con mucha ira, turbadas de la envidia, tornáronse para sus casas, concertando por el camino traición y engaño y aun muerte contra su hermana, que estaba sin culpa”. [N. del A.: Tal y como se anotó en cita anterior de esta serie, el vocablo “mezquino” significaba, en el español de la época de la traducción (1513), desdichado; “mezquina” quería decir desdichada; “mezquindad” significaba “desdicha” o “tristeza”].

Dejemos otra vez a Psique y volvamos con Mercedes Rodrigo y el nacimiento de la Psicología colombiana en medio de los horrores de la violencia.

En 1945, el arquitecto alemán Leopoldo Rother había diseñado una hermosa edificación para que fuese construida dentro de los terrenos de la Universidad Nacional. Dos años después, en 1947, el edificio ya estaba erigido.

“Fue uno de los primeros edificios que rompió la composición simétrica y canónica que predominaba en la primera mitad del siglo XX en el país”, explica el arquitecto Carlos Niño Murcia, profesor de la Facultad de Artes, en un artículo publicado en UN Periódico.

Rother partió de una composición general asimétrica, con diferentes acentos de formas orgánicas –como en las cubiertas, rampas y escaleras– y fachadas en las que predomina el uso del ladrillo. Fue una obra sin precedentes en el país, que incluso contrastó con esas primeras manifestaciones de arquitectura moderna en la misma Ciudad Universitaria. Se trata de una verdadera joya arquitectónica”. (Unimedios. Agencia de Noticias UN. Artes & Culturas. Universidad Nacional. Bogotá. 25 de noviembre de 2013).

Leopoldo Rother, quien había nacido en Breslau, Alemania, en 1884, era un arquitecto, pedagogo y melómano alemán que, al igual que Mercedes Rodrigo, había tenido que abandonar su patria natal huyendo de los nazis, por cuanto era de  de origen judío, y que -también igual que Mercedes Rodrigo- había llegado a Colombia cuanto transcurrían los mismos años treinta del siglo XX a cuyos finales la psicóloga española hizo lo propio.

El gobierno colombiano le encomendó a Rother el diseño y la ejecución de todo el proyecto arquitectónico de la Ciudad Universitaria de Bogotá, es decir, de la sede de la Universidad Nacional.

Ello explica por qué diseña y construye aquel hermoso edificio que habrá de ser la sede del Instituto de Psicología Aplicada, luego de haberlo sido de la imprenta universitaria.

Empero, para cuando dicha edificación sea destinada al Instituto del cual será directora – fundadora, Mercedes Rodrigo ya no estará allí, ni en Bogotá, ni en Colombia.

“El 20 de noviembre de 1947 –estando presente el Ministro de Educación Joaquín Estrada Monsalve y por supuesto la propia Mercedes Rodrigo que dirigió unas palabras- el Consejo Directivo de la Universidad Nacional con sede en Bogotá, emana el Acuerdo Número 231, cuyo contenido se encuentra en el Acta nº 44 firmada por su rector, Gerardo Molina, que dice textualmente:

“Artículo 1º.-Ampliar, a partir del 1º de enero de 1948 la sección de Psicotecnia de la universidad, que a partir de esta fecha se denominará INSTITUTO DE PSICOLOGÍA APLICADA de la Universidad Nacional” (GUIL BOZAL, Ana. VERA GIL, Sara. Universidad de Sevilla, España. Entre Europa y América Latina: Mercedes Rodrigo, psicopedagoga pionera. En: Revista Historia de la Educación Latinoamericana. Vol. 13. No. 17. Tunja, julio – diciembre de 2011).

En sus considerandos, el acuerdo 231 del 20 de noviembre de 1947 resalta la necesidad de ampliar la Sección de Psicotecnia para ponerla a tono con los avances de la Psicología Aplicada, por lo cual dice que se hace necesario ampliarla “desde el 1o. de enero de 1948, fecha a partir de la cual se denominará Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional”.

El mismo acuerdo dispone crear una Sección de Enseñanza.

Empero, si bien las actividades empezaron desde enero, realmente los primeros estudiantes no comenzaron sus clases hasta el 9 de Julio de 1948.

El 9 de julio de 1948, en efecto, empezó a funcionar, dentro de los predios de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, el Instituto de Psicología Aplicada. 

Mercedes Rodrigo fue designada directora de esta nueva entidad universitaria.

No obstante, las cosas siguieron siendo muy difíciles. Y es que, a pesar de que el nuevo Instituto parecía tener un futuro prometedor, de que la importancia de la Psicología era evidente, no solo desde el punto de vista de la enorme conveniencia de darle un enfoque científico a algo que, de otra forma, solo habría seguido dependiendo del azar o de las intrigas, como lo era la determinación de qué aspirantes debían ser admitidos a las carreras universitarias, sino además -y esto era algo todavía más importante y trascendental para la sociedad colombiana- desde el punto de vista de abordar las causas psicológicas, emocionales y anímicas de la terrible propensión a la violencia que exhibía la nación colombiana y que había quedado al desnudo con El Bogotazo, por lo cual era obvio que esta nueva carrera se perfilaba como un futuro instrumento para calmar los espíritus y afincar la paz, los problemas comenzaron muy pronto. Y comenzaron por donde tenían que comenzar: por la cuestión política.

Era natural, en efecto, que en un país tan extremadamente polarizado, donde apenas unos pocos meses atrás había sido asesinado quien se perfilaba como el seguro presidente de la república, donde tirios y troyanos se acusaban y acusaban a terceros de su asesinato, donde cualquier atisbo de conciencia social era inmediatamente asociado a la sospecha de simpatía con el temido comunismo y cualquier discurso a favor del orden y de la vigencia del principio de autoridad era inmediatamente asociado a la sospecha de simpatía con el no menos temido fascismo, donde la capital del país no acababa de recuperarse emocionalmente de su espantosa destrucción y de la imagen sobrecogedora de las pilas de muertos en el cementerio esperando la apertura de fosas porque ya las bóvedas no daban abasto, y donde el resto del territorio nacional mostraba las cicatrices recientes de la veloz y espeluznante propagación que la violencia capitalina iniciada con el atentado contra Gaitán había tenido a lo largo y ancho de la nación, las miradas escrutadoras se volcaran sobre una mujer que, en últimas, había llegado como exiliada de la Guerra Civil Española, que estaba asociada -en el parcializado imaginario de los partidarios de los triunfadores de aquella conflagración- al bando republicano, y que parecía ser alguien que podría estar introduciendo en Colombia una peligrosa ideología de izquierda.

Se empezaron a oír rumores, entonces, de que los tests de Mercedes Rodrigo estaban preparados a la medida exacta de los aspirantes simpatizantes del comunismo internacional y que, consiguientemente, los cupos para las carreras de Medicina, de Derecho y de Ingeniería, iban a terminar, finalmente, en manos de los izquierdistas, por lo cual los aspirantes identificados con la ideología del Partido Conservador iban a terminar excluidos.

Al año siguiente, 1949, el clima de violencia política era cada vez peor. En la noche del 9 de octubre de 1949, en plena sesión del Senado de la República, fue asesinado a tiros el congresista liberal Gustavo Jiménez y herido de gravedad el también congresista liberal Jorge Soto del Corral, quien posteriormente falleció. “Los primeros días de noviembre fueron dramáticos. En Cali carros fantasmas recorrían la ciudad cometiendo asesinatos después de las siete de la noche, obligando al cierre inmediato de muchos establecimientos de comercio y al recogimiento rápido de los habitantes. Estos vehículos recorrían a velocidades vertiginosas los barrios de la ciudad”. (AYALA DIAGO, César Augusto. El cierre del Congreso 1949. Revista Credencial Historia No. 162, junio de 2003).

Un mes después de esta tragedia, el 9 de noviembre de 1949, en las horas de la mañana, una delegación de parlamentarios del Partido Liberal se presentó en el palacio presidencial y le informó al presidente de la República Mariano Ospina Pérez que en la tarde se decidiría su separación del cargo. Cuando esa tarde pretendieron ingresar al Capitolio Nacional, los parlamentarios se encontraron con que las entradas se encontraban militarizadas: el presidente había dispuesto el cierre del Congreso.

“Los liberales -narra Catalina Reyes- pensaron entonces en utilizar su mayoría en el Congreso para adelantar un juicio contra Ospina Pérez en el Senado y deponerlo. En un acto de ingenuidad, el 9 de noviembre, en las horas de la mañana, los presidentes del Senado y la Cámara visitaron al presidente Ospina para anunciarle que se iba a tramitar una acusación contra él; al mismo tiempo le solicitaron garantías para los liberales mientras se adelantaba el proceso en el Senado. A las 4 p.m. de ese mismo día, Carlos Lleras Restrepo, Julio César Turbay y otras personalidades del liberalismo se dirigieron hacia el Parlamento con el fin de iniciar el proceso. Se encontraron con la sorpresa de que el edificio del Congreso estaba rodeado por tropas del ejército que les impidieron la entrada. Horas antes Ospina había declarado el estado de sitio, suspendiendo el Congreso y todas las asambleas departamentales. Confirió a los gobernadores poderes amplios para el control del orden público. Modificó el régimen de votación de la Corte Suprema de Justicia. Impuso una rígida censura de prensa: el correo, los telegramas y aun las llamadas telefónicas estuvieron sometidas a la supervisión oficial. (REYES, Catalina. El gobierno de Mariano Ospina Pérez. Nueva Historia de Colombia, tomo II. Editorial Planeta; 1989, p. 31).

Entre tanto, en el Instituto de Psicología Aplicada, Mercedes Rodrigo culminaba su segundo curso de Introducción al estudio de la Psicología, cuyo contenido constituiría, a la postre, el principal de los libros que publicaría en la vida y, en el sentir de algunos, realmente el único.
(Introducción al estudio de la Psicología, Imprenta de la Universidad Nacional.Bogotá. 1949).

El clima de animadversión hacia su actividad científica crecía y se hacía cada vez más insostenible.

Al final de año, sobrevinieron las elecciones para reemplazar a Ospina Pérez en la presidencia; el partido liberal retiró su candidato, que era Darío Echandía. El Partido Conservador mantuvo el suyo.

Nacido en Bogotá el 20 de febrero de 1889, Laureano Eleuterio Gómez Castro se había graduado como ingeniero precisamente en la Universidad Nacional el 19 de julio de 1909, cuando contaba con 20 años de edad. Hacía apenas cinco años Colombia había perdido a Panamá gracias a la intervención de los Estados Unidos y, como era obvio, existía una atmósfera de animadversión antinorteamericana. Ese espíritu se apreciaba prácticamente en todos los sectores. Cuando se examina la biografía del personaje se observa que también profesaba aquella malquerencia. De hecho, era una concepción nacionalista generalizada y apenas comprensible ante la desmembración que había sufrido Colombia.

Pero cuando Gómez se encuentra iniciando su estelar carrera como orador -luego de un memorable debate en el Congreso Nacional, en 1927, mientras era Ministro de Obras Públicas- , un sector de su partido muestra una actitud colaboracionista con el gobierno liberal y él empieza a ser percibido como un conservador íntegro, sin entregas ni claudicaciones, que cuestiona con acritud, y en derroche de una cautivadora y arrolladora elocuencia, el que militantes de su partido vendan su conciencia e hipotequen su dignidad a cambio -como en el pasaje bíblico de Esaú y Jacob- de un plato de lentejas (1932).

Para 1948, año del asesinato de Gaitán, Gómez es el Ministro de Relaciones Exteriores y en tal condición es el Presidente de la X Conferencia Panamericana reunida en Bogotá.

Pero, luego del crimen y del consiguiente fenómeno de violencia generalizada conocido como El Bogotazo, llega el momento de decidir quién va a reemplazar a Mariano Ospina Pérez, el presidente de ese momento, quien ha llegado a ser Jefe de Estado gracias a que los liberales se han dividido entre los partidarios del bumangués Gabriel Turbay y los partidarios del fogoso y radical líder de multitudes Jorge Eliécer Gaitán.

Aquí es necesario hacer un pequeño paréntesis. Y es que quienes no han leído la historia han sido aleccionados en la creencia de que porque Gaitán era un dirigente de izquierda, Turbay era una especie de cavernícola al servicio exclusivo de las oligarquías de las que hablaba este. Nada más alejado de la verdad.

Nacido en Bucaramanga el 10 de enero de 1901, Gabriel Turbay, médico, también egresado de la Universidad Nacional (1924), era un aguerrido líder de izquierda, del que, incluso, se llegó a sospechar su simpatía o su decidida militancia en las filas del comunismo. En todo caso sí es definitivamente cierto que, al igual que varios políticos liberales de su generación, se aproximó a las ideas socialistas. Suele olvidarse que, precisamente al lado de Gaitán, había sido promotor del famoso debate sobre la masacre de las bananeras, llevado a cabo en la Cámara de Representantes contra el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez (1929).

Llegado el momento de decidir el reemplazo de Ospina Pérez en la presidencia, dijimos, el partido liberal decide no participar en las elecciones alegando que existe una absoluta falta de garantías para adelantar la campaña. Entonces, el único candidato termina siendo ese diciembre el del Partido Conservador.

“Es un hecho que Mercedes, María (*) y García Madrid (*) nunca pensaron en salir de Colombia. Su patria de adopción iba a ser su patria definitiva. Pero un país tan violento, con tantos altibajos políticos no es fácil de entender para los extranjeros. La Colombia del 9 de abril de 1948 se parecía demasiado a la España de la guerra civil, y por lo tanto no era el sitio adecuado para que estos españoles se quedaran e hicieran su vida. Además las críticas políticas contra los tests y la selección de personal se volvieron demasiado grandes. Los españoles a cargo de estos asuntos eran “republicanos y comunistas” y tenían que marcharse de Colombia”. (ARDILA, Rubén. Mercedes Rodrigo, Bogotá, 1997. * N. del A.: se hace referencia a María Rodrigo, la talentosa compositora hermana de Mercedes, y a José María García Madrid, quien había partido con ellas al exilio y compartido residencia y actividades científicas en Bogotá. García Madrid habría de terminar estudiando Medicina en la Universidad Nacional y especializándose en Psiquiatría).

El 7 de agosto de 1950 se estará posesionando como nuevo Presidente de la República el único candidato que participó en las elecciones: Laureano Gómez.

Empero, no habrá terminado aquel mismo año de 1949 sin que la Iglesia Católica -en abierta fricción con cualquier asomo de ideas liberales, y, como era lógico, con cualquier atisbo de ideas comunistas- haya puesto sus ojos en los liberales y en los sospechosos de tener ideas comunistas. Obviamente, dentro de tales personajes estarán los exiliados españoles, simpatizantes del bando republicano o ligados a él, en el imaginario de los opositores a su presencia en el país. La prédica del obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia), monseñor Miguel Ángel Builes Gómez, por ejemplo, será terrible.

En ese contexto hostil, un periódico “jesuita” -según narra el psicólogo Rubén Ardila (loc. cit.)- publica una nota en la que pone en duda la objetividad de los tests y sugiere la orientación izquierdista de los mismos.

Aquí, no obstante, salta una duda: ¿era un periódico de la comunidad jesuita, o sea de la Compañía de Jesús?

Y salta otra: ¿qué periódico era? Y otra: ¿en la edición de qué fecha fue publicada la nota? Incluso, otra: ¿en qué página?

Rubén Ardila escribió la palabra “jesuita” entre comillas; posteriormente quienes lo citaron se las quitaron. Así, Wikipedia se las quita y escribe escuetamente que fue un periódico jesuita. Luis Fernando Williams Gil, también lo hace (Universidad Nacional, Obituario, 2007). Nadie, sin embargo, da el nombre de aquel periódico. La palabra jesuita no necesariamente significa “perteneciente a la Compañía de Jesús”; también significa, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, “Hipócrita, taimado”. No encontré en ninguna fuente la precisión acerca de qué quiso decir el autor al poner la palabra “jesuita” entre comillas, ni el nombre del periódico.

Lo cierto es que el incendio, en todo caso, no se hace esperar: Mercedes Rodrigo es un personaje peligroso y, por consiguiente, inconveniente, del que hay que prescindir.

Para el 7 de agosto del siguiente año, cuando se posesione como nuevo presidente de la República el ingeniero civil Laureano Gómez, año en el que estallará otra guerra en la que participará Colombia, una guerra que se desarrollará en un lejano país llamado Corea y que para algunos no será sino la puja de poder entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la primera psicóloga de España, la misma que tuvo que interrumpir abruptamente sus correrías de investigación por Europa debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, la misma que tuvo que trabajar con la niñez española bajo un Madrid bombardeado y sitiado en razón al estallido y los desarrollos de la Guerra Civil Española, la misma que ha tenido que abandonar su país y exiliarse en Colombia, la misma que ha tenido que seguir trabajando bajo los temores del estallido de la Segunda Guerra Mundial y las preocupantes noticias de que Colombia ha entrado en el conflicto, la misma que ha vivido el estallido del terrible fenómeno de violencia que habrá de conocerse como El Bogotazo a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y, en fin, la misma que ha estado trabajando bajo las tensiones de la crítica y la sospecha, y presenciando la creciente violencia en Colombia entre liberales y conservadores, ya no estará en Bogotá, ni en Colombia.

Aunque, de todas maneras, allá a donde habrá de irse -y el mismo año de su llegada- vivirá de cerca la violencia política y contemplará, también de cerca, el rostro de los que marcharán a la guerra.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES:

(1) Edición antigua del periódico El Siglo, de Bogotá, del cual Laureano Gómez era propietario y director.

(2) Psique abriendo la puerta del jardín de Cupido (Pyche opening the door int Cupid’s garden). 1904. John William Waterhouse (Roma, 6 de abril de 1849 – Londres, 10 de febrero de 1917). Harris Museum and Art Gallery, Preston, Inglaterra.

(3) Museo de Arquitectura Leopoldo Rotter, que fuera sede del Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.

(4) Capitolio Nacional, en la época de Mercedes Rodrigo.

(5) Gabriel Turbay, Mariano Ospina Pérez y Jorge Eliécer Gaitán, los candidatos a la Presidencia de la República en 1946.

(6) Gabriel Turbay.

(7) Posesión de Laureano Gómez como presidente de la República (7 de agosto de 1950).

(8) Posesión de Laureano Gómez como presidente de la República (7 de agosto de 1950).

(9) Única fotografía conocida de Mercedes Rodrigo.

(10) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo II]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

Dejemos un momento a Mercedes Rodrigo en Bogotá, en aquel helado 2 de agosto de 1939 cuando su Madrid natal se encuentra en ruinas y los niños con los que desplegó sus conocimientos en pedagogía y psicología han llegado – como ella – a un país desconocido, llevados por personas que terminarán desentendiéndose de ellos y dejándolos a su suerte; dejémosla ahí, en medio de la niebla, con su familia reducida a su hermana María -que está a su lado, tan perdida en este nuevo y desconocido entorno como lo está ella-, con sus colegas en el exilio, igual que los ilustres hombres que han abandonado su país para que la virulenta represión de los vencedores no los alcance, y, en fin, con su vida totalmente desbaratada como totalmente desbaratada ha quedado España, y remontémonos en el tiempo hasta los orígenes legendarios de su carrera, de esa bella carrera que ella ha estudiado en Suiza y ahora debe poner en práctica al otro lado del mar, en una Colombia donde no conoce a nadie.


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Apuleyo fue un elocuente orador y magnífico escritor latino que vivió en el siglo II. Aunque se sabe que escribió varias obras, una de las pocas que sobrevivió fue su novela Las metamorfosis, de hecho la única novela latina que llegó completa hasta nuestros días.

En su famosa obra La ciudad de Dios, san Agustín de Hipona (que no era de Hipona, sino de Tagaste) dijo que esa novela realmente se llamaba El Asno de Oro. Desde entonces empezó a llamarse así.

O, al menos, de ambas maneras. Hoy en día, el libro se titula El asno de oro o Las metamorfosis, de Apuleyo.


La obra trata de que, a causa de un hechizo frustrado, se produce la mágica metamorfosis de un ilustre mercader de Corinto, de nombre Lucio, en un asno.

Este asno, sin embargo, no es cualquier asno: es uno que, bajo su apariencia de cuadrúpedo, conserva todas las facultades humanas, excepto la voz. En consecuencia, hablar será lo único que no podrá hacer.

El asno empieza, pues, a vivir una serie de situaciones penosas y se hace testigo de una gran cantidad de emocionantes aventuras.

Finalmente, y por intervención de la diosa Isis, Lucio recupera su forma humana al oler unas rosas. Tras esa sorprendente recuperación, el protagonista nos cuenta su inverosímil historia.


La novela comienza cuando, camino de Tesalia, a donde se dirige con el fin de resolver asuntos de familia, Lucio se encuentra con dos viajeros: uno de ellos, de nombre Aristómenes, le relata una tenebrosa historia sobre magia y artes ocultas. El relato del viajante le despierta su deseo de conocer de cerca ese mundo esotérico y aprender magia.

En Hipata, que queda en la ruta de su viaje, el protagonista se hospeda en la casa de una pareja conformada por Milón y Pánfila. Él es un hombre opulento y -¡ vaya cosa rara en un opulento !- avaro. Ella, en cambio, es una bruja (?).

Una parienta de su mamá, de nombre Birena, le ofrece albergue al peregrino, pero Lucio, que quiere a toda costa aprender magia, no acepta el ofrecimiento.

Lucio se gana la confianza de la criada de Pánfila, cuyo nombre es Fótide, quien le promete que le enseñará las artes mágicas de su ama.

Gracias a su curiosidad, Lucio es testigo un día de la transformación de Pánfila en un macho cabrío.

Por haber visto aquella asombrosa transformación, y deseando convertirse en pájaro, penetra en un cuarto donde la hechicera guarda sus elementos de brujería. Para su infortunio, y por una grave equivocación que comete Fótide, en lugar de hacerse pájaro se convierte en asno.


Fótide le promete que a la mañana siguiente deshará el encantamiento haciéndole comer ciertas rosas. Lucio se resigna, entonces, a esperar hasta el día siguiente con su apariencia de asno. Empero, unos ladrones llegan a asaltar la casa de Milón, se apoderan de sus joyas y aprovechan la presencia del asno para cargarlas en él.

El pobre Lucio intenta oponerse a ser llevado, pero -como es obvio- únicamente rebuzna, como asno que ahora es. En cambio, por oponerse a ser llevado, los ladrones, disgustados, le dan una paliza.

Poco después, el vapuleado asno descubre una huerta donde se encuentran las que serían sus rosas deshacedoras del encanto. Sin embargo, no puede acceder a ellas porque el hombre de la huerta lo aleja con su amenazante bastón metálico.

El asno llega, pues, a la cueva de los ladrones.

Posteriormente, a esa cueva es llevada una joven doncella que los ladrones han hecho prisionera. La guardiana de aquella cueva y, por ende, vigilante de la prisionera, es la madre de los ladrones, una mujer de avanzada edad.

La raptada muchacha prorrumpe en llanto ante la terrible situación en que se encuentra. Es cuando la cuidandera, con el fin de calmar a la angustiada y deprimida joven, le dice que le va a relatar una fábula. Entonces, comienza a narrársela.

En ese relato -que terminará siendo una verdadera novela dentro de la novela y una de las joyas de la literatura clásica universal-, la vieja le empieza a contar a la joven cautiva que había un rey y una reina que tenían tres hijas, la menor de las cuales se llamaba Psique (en latín Psyche).

Leamos el texto, en la traducción del latín al español hecha por Diego López de Cortegana en el año 1513:

“Capítulo V

En el cual la vieja madre de los ladrones, conmovida de piedad de las lágrimas de la doncella que estaba en la cueva presa, le contó una fábula por ocuparla que no llorase.

(…)

[28] -Érase en una ciudad un rey y una reina, y tenían tres hijas muy hermosas: de las cuales, dos de las mayores, como quiera que eran hermosas y bien dispuestas, podían ser alabadas por loores de hombres; pero la más pequeña, era tanta su hermosura, que no bastan palabras humanas para poder exprimir ni suficientemente alabar su belleza. Muchos de otros reinos y ciudades, a los cuales la fama de su hermosura ayuntaba, espantados con admiración de su tan grande hermosura, donde otra doncella no podía llegar, poniendo sus manos a la boca y los dedos extendidos, así como a la diosa Venus, con sus religiosas adoraciones la honraban y adoraban. Y ya la fama corría por todas las ciudades y regiones cercanas, que ésta era la diosa Venus, la cual nació en el profundo piélago de la mar y el rocío de sus ondas la crió. Y decían asimismo que otra diosa Venus, por influición de las estrellas del cielo, había nacido otra vez, no en la mar, pero en la tierra, conversando con todas las gentes, adornada de flor de virginidad.

[29] De esta manera su opinión procedía de cada día, que ya la fama de ésta era derramada por todas las islas de alrededor en muchas provincias de la tierra: muchos de los mortales venían de luengos caminos, así por la mar como por tierra, a ver este glorioso espectáculo que había nacido en el mundo; ya nadie quería navegar a ver la diosa Venus, que estaba en la ciudad de Paphos, ni tampoco a la isla de Gnido, ni al monte Citerón, donde le solían sacrificar; sus templos eran ya destruidos, sus sacrificios olvidados, sus ceremonias menospreciadas, sus estatuas estaban sin honra ninguna, sus aras y sus altares sucios y cubiertos de ceniza fría. A esta doncella suplicaban todos, y debajo de rostro humano adoraban la majestad de tan gran diosa, y cuando de mañana se levantaba, todos le sacrificaban con sacrificios y manjares, como le sacrificaban a la diosa Venus. Pues cuando iba por la calle o pasaba alguna plaza, todo el pueblo con flores y guirnaldas de rosas le suplicaban y honraban. Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal encendió muy reciamente de ira a la verdadera diosa Venus, y con mucho enojo, meciendo la cabeza y riñendo entre sí, dijo de esta manera:

[30] «Veis aquí yo, que soy la primera madre de la natura de todas las cosas; yo, que soy principio y nacimiento de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de todas las cosas que hay en el mundo, ¿soy tratada en tal manera que en la honra de mi majestad haya de tener parte y ser mi aparcera una moza mortal, y que mi nombre, formado y puesto en el cielo, se haya de profanar en suciedades terrenales? ¿Tengo yo de sufrir que tengan en cada parte duda si tengo yo de ser adorada o esta doncella y que haya de tener comunidad conmigo, y que una moza, que ha de morir, tenga mi gesto que piensen que soy yo? Según esto, por demás me juzgó aquel pastor que por mi gran hermosura me prefirió a tales diosas: cuyo juicio y justicia aprobó aquel gran Júpiter; pero ésta, quienquiera que es, que ha robado y usurpado mi honra, no habrá placer de ello: yo le haré que se arrepienta de esto y de su ilícita hermosura.»

Y luego llamó a Cupido, aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado; el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, armado con saetas y llamas de amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, corrompe los casamientos de todos y sin pena ninguna comete tantas maldades que cosa buena no hace. A éste, como quiera que de su propia natura él sea desvergonzado, pedigüeño y destruidor, pero de más de esto ella le encendió más con sus palabras y llevolo a aquella ciudad donde estaba esta doncella, que se llamaba Psique, y mostrósela,

[31] diciéndole con mucho enojo, gimiendo y casi llorando, toda aquella historia de la semejanza envidiosa de su hermosura, diciéndole en esta manera: «¡Oh hijo!, yo te ruego por el amor que tienes a tu madre, y por las dulces llagas de tus saetas, y por los sabrosos fuegos de tus amores, que tú des cumplida venganza a tu madre: véngala contra la hermosura rebelde y contumaz de esta mujer, y sobre todas las otras cosas has de hacer una, la cual es que esta doncella sea enamorada, de muy ardiente amor, de hombre de poco y bajo estado, al cual la Fortuna no dio dignidad de estado, ni patrimonio, ni salud. Y sea tan bajo que en todo el mundo no halle otro semejante a su miseria.»

Después que Venus hubo hablado esto, besó y abrazó a su hijo y fuese a la ribera de un río que estaba cerca, donde con sus pies hermosos holló el rocío de las ondas de aquel río, y luego se fue a la mar, adonde todas las ninfas de la mar le vinieron a servir y hacer lo que ella quería, como si otro día antes se lo hubiese mandado. Allí vinieron las hijas de Nereo cantando, y el dios Portuno, con su áspera barba del agua de la mar y con su mujer Salacia, y Palemón, que es guiador del Delfín. Después, las compañías de los Tritones, saltando por la mar: unos tocan trompetas y otros trazan un palio de seda por que el Sol, su enemigo, no le tocase; otro pone el espejo delante de los ojos de la señora, de esta manera nadando con sus carros por la mar; todo este ejército acompañó a Venus hasta el mar océano.

[32] Entre tanto, la doncella Psique, con su hermosura, sola para sí, ningún fruto recibía de ella. Todos la miraban y todos la alababan; pero ninguno que fuese rey ni de sangre real, ni aun siquiera del pueblo, la llegó a pedir, diciendo que se quería casar con ella. Maravillábanse de ver su divina hermosura, pero maravillábanse como quien ve una estatua pulidamente fabricada. Las hermanas mayores, porque eran templadamente hermosas, no eran tanto divulgadas por los pueblos y habían sido desposadas con dos reyes, que las pidieron en casamiento, con los cuales ya estaban casadas y con buena ventura apartadas en su casa; mas esta doncella Psique estaba en casa del padre, llorando su soledad, y, siendo virgen, era viuda; por la cual causa estaba enferma en el cuerpo y llagada en el corazón; aborrecía en sí su hermosura, como quiera que a todas las gentes pareciese bien. El mezquino (*) padre de esta desventurada hija, sospechando que alguna ira y odio de los dioses celestiales hubiese contra ella, acordó de consultar el oráculo antiguo del dios Apolo, que estaba en la ciudad de Milesia, y con sus sacrificios y ofrendas, suplicó a aquel dios que diese casa y marido a la triste de su hija. Apolo, como quiera que era griego y de nación jonia, por razón del que había fundado aquella ciudad de Milesia, sin embargo respondió en latín estas palabras:

[33] «Pondrás esta moza adornada de todo aparato de llanto y luto, como para enterrarla, en una piedra de una alta montaña y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido de linaje mortal; mas espéralo fiero y cruel, y venenoso como serpiente: el cual, volando con sus alas, fatiga todas las cosas sobre los cielos, y con sus saetas y llamas doma y enflaquece todas las cosas; al cual, el mismo dios Júpiter teme, y todos los otros dioses se espantan, los ríos y lagos del infierno le temen.» El rey, que siempre fue próspero y favorecido, como oyó este vaticinio y respuesta de su pregunta, triste y de la mala gana tornose para atrás a su casa. El cual dijo y manifestó a su mujer el mandamiento que el dios Apolo había dado a su desdichada suerte, por lo cual lloraron y plañeron algunos días. En esto ya se llegaba el tiempo que había de poner en efecto lo que Apolo mandaba: de manera que comenzaron a aparejar todo lo que la doncella había menester para sus mortales bodas; encendieron la lumbre de las hachas negras con hollín y ceniza, y los instrumentos músicos de las bodas se mudaron en lloro y amargura; los cantares alegres en luto y lloro, y la doncella que se había de casar se limpia las lágrimas con el velo de alegría. De manera que el triste hado de esta casa hacía llorar a toda la ciudad, la cual, como se suele hacer en lloro público, mandó alzar todos los oficios y que no hubiese juicio ni juzgado.

[34] El padre, por la necesidad que tenía de cumplir lo que Apolo había mandado, procuraba de llevar a la mezquina (*) de Psique a la pena que le estaba profetizada: así que, acabada la solemnidad de aquel triste y amargo casamiento, con grandes lloros vino todo el pueblo a acompañar a esta desdichada, que parecía que la llevaban viva a enterrar y que éstas no eran sus bodas, más sus exequias. Los tristes del padre y de la madre, conmovidos de tanto mal, procuraban cuanto podían de alargar el negocio. Y la hija comenzoles a decir y a amonestar de esta manera: «¿Por qué, señores, atormentáis vuestra vejez con tan continuo llorar? ¿Por qué fatigáis vuestro espíritu, que más es mío que vuestro, con tantos aullidos? ¿Por qué arrancáis vuestras honradas canas? ¿Por qué ensuciáis esas caras que yo tengo de honrar, con lágrimas que poco aprovechan? ¿Por qué rompéis en vuestros ojos los míos? ¿Por qué apuñáis a vuestros santos pechos? Éste será el premio y galardón claro y egregio de mi hermosura. Vosotros estáis heridos mortalmente de la envidia y sentís tarde el daño. Cuando las gentes y los pueblos nos honraban y celebraban con divinos honores; cuando todos a una voz me llamaban la nueva diosa Venus, entonces os había de doler y llorar, entonces me habíais ya de tener por muerta: ahora veo y siento que sólo este nombre de Venus ha sido causa de mi muerte; llevadme ya y dejadme ya en aquel risco, donde Apolo mandó: ya yo querría haber acabado estas bodas tan dichosas, ya deseo ver aquel mi generoso marido. ¿Por qué tengo yo de contener aquel que es nacido para destrucción de todo el mundo?»

[35] Acabado de hablar esto, la doncella calló, y como ya venía todo el pueblo para acompañarle, lanzose en medio de ellos y fueron su camino a aquel lugar donde estaba un risco muy alto, encima de aquel monte, encima del cual pusieron la doncella, y allí la dejaron, dejando asimismo con ella las hachas de las bodas, que delante de ella llevaban ardiendo, apagadas con sus lágrimas, y abajadas las cabezas, tornáronse a sus casas. Los mezquinos (*) de sus padres, fatigados de tanta pena, encerráronse en su casa, y cerradas las ventanas, se pusieron en tinieblas perpetuas. Estando Psique muy temerosa, llorando encima de aquella peña, vino un manso viento de cierzo, y, como quien extiende las faldas, la tomó en su regazo; así, poco a poco, muy mansamente la llevó por aquel valle abajo y la puso en un prado muy verde y hermoso de flores y hierbas, donde la dejó que parecía que no le había tocado”. [*: En el español de la época, “mezquino” o “mezquina” significaba “desdichado” o “desdichada”. N. del A.].


Más adelante proseguiremos con la novela de Eros y Psique, inserta dentro de la novela Las metamorfosis o El Asno de Oro. Por ahora vayamos tan solo al comentario autorizado de Lisardo Rubio Fernández a la edición que de esta obra inmortal hizo la Editorial Gredos, de Madrid. España (la misma que posibilitó el monumental Diccionario de uso del español de doña María Moliner). Se trata, pues, de la introducción al libro de Apuleyo (1983, Traducción del latín al español de Diego López de Cortegana (Sevilla, 1513). Escribe Rubio Fernández:

“Entre las aventuras novelescas narradas en Las Metamorfosis destaca por su extensión (Libros IV 28 – V I 24), por su estilo, por su altura moral, por su fantasía tan deliciosa como irreal, ese prototipo de los cuentos de hadas que es la fábula de Psique y Cupido. Sin duda remonta a las tradiciones primitivas de Grecia, como lo dan a entender tantos monumentos del arte antiguo. Resulta misterioso que no la haya hecho suya ningún poeta conocido. ¿Cómo ese cantor armonioso de los amores del Olimpo que es Ovidio no dedicó unos versos a los amores del Amor en persona? Psique permanece misteriosamente muda durante siglos en sus representaciones iconográficas: camafeos, medallones, terracotas, sarcófagos (paganos y cristianos), pinturas; sólo en las postrimerías del paganismo, ya en plena expansión cristiana, se le ocurre al africano Apuleyo, y sólo a él, transmitirnos la mítica alegoría. Ello sería motivo suficiente para incluir Las Metamorfosis entre los libros más preciosos del mundo clásico. Son legión los artistas, poetas y filósofos que posteriormente se han inspirado en la fábula de Psique; pero, siempre que a través de los siglos se ha intentado descubrir el valor simbólico del mito -suponiendo que la fábula arrope alguna idea trascendente-, siempre ha salido una interpretación personal, adecuada a la mentalidad del comentarista. Tal vez radique ahí la gran virtud de la inmortal historia, en su adaptación a todos los gustos. Ya a finales del siglo V, Fulgencio, el obispo africano, da la primera interpretación cristiana del cuento: la ciudad en que se desarrolla la fábula es el mundo; el rey y la reina de la ciudad son Dios y la carne; sus tres hijas son la carne, la libertad y el alma; etc. Y cómo no recordar aquí a nuestro gran Calderón? Para el poeta de los autos sacramentales, en “la alegoría de Psiquis y Cupido”, Cupido o «Dios de amor» es Cristo; Psiquis es el alma fiel que aspira incesantemente hacia él; el himeneo de los dos amantes es la unión mística del hombre con Dios en la Eucaristía. En el sentir filosófico, la interpretación menos extraña (y más en consonancia con el filósofo platónico de Madaura) ve en Psique la personificación del alma que, atormentada y desgraciada en ausencia del místico esposo, logra la suprema perfección de su ser y alcanza la plenitud de su felicidad en la unión del amor”.

Dejemos a Psique, que habrá de ser personaje protagónico en el historial mítico de la Psicología, y volvamos con la primera psicóloga de España, que ha arribado a las heladas calles de Bogotá.

Cuando Mercedes Rodrigo llega a Colombia (2 de agosto de 1939), la atmósfera política no puede ser más tensa. El país está gobernado por el partido liberal, pues el partido conservador se ha abstenido de participar en las elecciones de 1934 así como tampoco lo ha hecho en las de 1938. En 1936, cuando estalla la Guerra Civil Española, Laureano Gómez, jefe máximo del partido conservador, ha fundado el periódico El Siglo. Su antipatía contra los Estados Unidos es tan evidente, como habrá de serlo su simpatía hacia la dictadura de Franco, el triunfador de la guerra en España, a quien se le percibe como el restaurador del orden y el salvador de la Iglesia Católica, puestos ambos en peligro inminente por el caos y la violencia que, bajo la República, se habían apoderado -según él y sus seguidores- del suelo español. Gómez es ya un consagrado orador político, cuya elocuencia ha logrado derribar al gobierno -curiosamente conservador- de don Marco Fidel Suárez, paradigma de superación personal, a quien paradójicamente defenderá un joven y casi desconocido líder del partido contrario, el liberal de nombre Jorge Eliécer Gaitán. Este escribe una pieza defensiva a favor de Suárez, pero ningún medio se la publica, hasta que finalmente la lee el poeta Ismael Enrique Arciniegas, director del periódico conservador El Nuevo Tiempo, y este sí lo hace. Su otro defensor será un brillante orador bumangués, también conservador, que se llama José Camacho Carreño.

La Universidad Nacional, por su parte, enfrenta un serio problema, que debe resolver pronto y de la manera más satisfactoria posible. Ese problema surge a partir del hecho evidente de que la cantidad de aspirantes a ingresar a su carrera de Medicina sobrepasa con creces el limitado número de cupos y, de paso, se percibe que un número considerable de estudiantes resultan fracasando porque no muestran aptitudes ni vocación para la carrera que escogieron y a la cual fueron admitidos.

Esta necesidad y el enfoque neutral que se le pretende brindar a su solución, conduce a que se contemple la viabilidad de la aplicación de unas pruebas que permitan seleccionar con criterios científicos a los aspirantes que serán recibidos por la Universidad.

Se les dará cabida, entonces, a los tests especializados que preparará Mercedes Rodrigo, y, por ese camino, muy pronto se le dará inicio a la Sección de Psicotécnica en el Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina. Posteriormente se extenderá este novedoso servicio a otras carreras que ofrece el alma mater como Derecho e Ingeniería, e incluso el mismo se proyectará a otras instituciones diferentes de la Universidad, como la propia Policía Nacional.

La psicología en Colombia nacerá, pues, ligada por un cordón umbilical a la Medicina. Pero su origen estará ligado, de manera particular, y al igual que -como se ha visto- ha ocurrido en España, a la Psiquiatría.

No obstante, las cosas no serán color de rosa. Ni aquí, ni en ninguna parte.

Y es que ese mismo mes, el mismo mes en que Mercedes Rodrigo llega a la gélida Bogotá, concretamente el día 23 de agosto de 1939, los nazis alemanes pactan en secreto con los comunistas rusos la repartición de Polonia. La delegación enviada por Hitler arriba a Moscú donde es recibida en el aeropuerto con honores militares y calle de honor. Luego de los  apretones de manos, las quitadas de sombrero y las sonrisas de bienvenida, nazis y comunistas firman el Pacto Ribbentrop – Mólotov. Por los nazis alemanes firma Joachim von Ribbentrop, Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania; por los comunistas rusos firma Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética. A continuación vendrán  las fotos para el recuerdo, los brindis, las sonrisas y los abrazos.

Pero apenas cuando despunta el mes siguiente, que es como decir al mes siguiente de haber llegado Mercedes Rodrigo a Bogotá, esto es, el 1 de setiembre de 1939, los nazis alemanes rompen el pacto secreto que han suscrito con José Stalin acerca de Polonia y la invaden. Con la invasión a la desdichada Polonia, Hitler pretende dar un golpe de mano, pues no quiere repartirse el ponqué del poder con los comunistas rusos, tal y como lo convino. Estalla, entonces, la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, la Segunda Guerra Mundial estalla el mismo año en que acaba de terminar la Guerra Civil Española.



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La Segunda Guerra Mundial no será indiferente para Colombia; por el contrario, Colombia participará en el espantoso conflicto del lado de los aliados y la guerra se librará también en territorio colombiano. Es así como el domingo 7 de diciembre de 1941, Japón (componente del Eje) bombardea la base naval norteamericana de Pearl Harbor en Hawaii. Al día siguiente, lunes 8 de diciembre de 1941, Estados Unidos le declara la guerra al Japón. Alemania e Italia, aliados de Japón, le declaran la guerra a Estados Unidos. El 18 de diciembre siguiente, Colombia rompe relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón, vale decir, con las potencias del Eje.

Estados Unidos teme que el estratégico Canal de Panamá caiga en poder de los nazis. Por eso, la vigilancia de las aguas circundantes le resulta de capital importancia. La presencia alemana en esas aguas no es, desde luego, nada exótico. La mayor dificultad para los nazis es el aprovisionamiento de combustible. Los colombianos isleños de San Andrés y Providencia les son hostiles. El 23 de junio de 1942, un submarino alemán, del que después vendrá a saberse que se trata del U-172, ametralla a los ocupantes de la embarcación colombiana Resolute, que navega en aguas colombianas entre Cartagena y la Isla de San Andrés, y hunde la nave en un punto situado a los 13 grados 15 minutos de latitud norte y 80 grados 30 minutos de longitud oeste. Mueren seis colombianos, entre ellos un niño de año y medio de edad identificado como Alberto Steele. La madre del niño, Lucy Steele, había levantado a su pequeño hijo en los brazos con el fin de que los tripulantes del submarino alemán lo vieran, pero ambos -madre e hijo- fueron ametrallados. Tomás Steele, esposo de Lucy y padre de Alberto, trató de ayudar a su familia, pero también murió ametrallado. El submarino abrió fuego en los precisos momentos en que, por orden del capitán, y debido a que el sumergible acababa de emerger a unos treinta metros de la nave colombiana, en el mástil de esta se estaba izando la bandera de Colombia. Los dos tripulantes que izaban la bandera también fueron alcanzados por los disparos.

El 22 de julio siguiente, otro submarino nazi, que habrá de ser identificado como el U-505, hunde la embarcación colombiana Roamar también en aguas territoriales colombianas, específicamente en un punto ubicado a los 12 grados 24 minutos de latitud norte y 81 grados 28 minutos de longitud oeste. No hay sobrevivientes.

El 17 de noviembre de 1943, otro submarino alemán, que será identificado como el U- 516, hunde la nave colombiana Ruby con disparos de cañón y ráfagas de ametralladora. Mueren cuatro colombianos.

El 27 del mismo mes, esto es, el 27 de noviembre de 1943, Colombia le declara la guerra a Alemania. (BUSHNELL, David. Colombia y la causa de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Revista Credencial. Credencial Historia No. 67, Bogotá, 1 de julio de 1995. Banco de la República. Biblioteca Luis Ángel Arango. Bogotá. Colombia ante la guerra mundial. El Tiempo. Bogotá, 21 de junio de 2010. Colombia en la guerra. Semana, 6 de octubre de 1985. Colombia en la Segunda Guerra Mundial. wikipedia. GALVIS, Silvia. DONADIO, Alberto. Colombia nazi. Editorial Planeta. Bogotá. 1986, p.p. 216 y s.s. Unas fuentes dicen que las naves hundidas eran “buques”; otras aseguran que eran “goletas”).

Además de la declaratoria del “estado de beligerancia” -como se le llamó exactamente-, mediante el decreto 2643 de 1943 el gobierno de Colombia prohibe en el país el uso público del idioma alemán. Además, dispone la confiscación de los bienes de los ciudadanos alemanes, italianos y japoneses residentes en Colombia, y ordena que todos sean concentrados en el Hotel Sabaneta, de Fusagasugá. El lugar es señalado -impropiamente según la comunidad judía- como un “campo de concentración nazi en Colombia”.

Sobre la medianoche del miércoles 29 de marzo de 1944, el capitán de corbeta Aureliano Castro, comandante de la Base Naval de Cartagena, es despertado por el oficial de guardia. Un mensaje urgente, enviado desde el destructor ARC Caldas, empieza diciendo: “Acabamos de hundir un submarino“. Firma el mensaje el capitán de corbeta Federico Díaz Diago, payanés, 37 años de edad, comandante del destructor.

Se trata, en efecto, de un submarino alemán, que habrá de ser identificado después como el U-154, comandado por un teniente de fragata de apellido Kush.

Lo que se sabe entonces es que la nave colombiana regresaba a su base en Cartagena, desde Colón, Panamá cuando, de pronto, el vigía gritó: “¡Periscopio a babor!”. El submarino nazi navegaba sobre la superficie y al detectar la presencia del destructor colombiano, empezó de inmediato a sumergirse. Mientras la nave nazi se sumergía, el ARC Caldas le hizo dos descargas con sus baterías de 105 mm. que, de acuerdo con el informe oficial, ocasionaron su total destrozo, después de lo cual el destructor arrojó cargas de profundidad hasta cuando una mancha de aceite apareció en la superficie del mar, como señal evidente e incontrovertible de que el submarino había sido hundido.

La búsqueda de los restos del sumergible resultó infructuosa. (El Tiempo, viernes 31 de marzo de 1944, primera página).

Mientras todo esto ocurre, mientras los poderosos se pelean a dentelladas por la repartición del mundo y se siembra por doquier muerte, sangre, odio, violencia y resentimiento, Mercedes Rodrigo dicta sus cursos de Psicología en la Universidad Nacional.

Su tarea allí no ha sido fácil. Desde que llegó, con su carga de conocimientos y sus tests, la crítica, la desconfianza o la oposición abierta no se hicieron esperar, tal y como lo registra el psicólogo brasileño Bruno Jaraba:

“Lo que se encuentra al examinar con criterio histórico, recurriendo a fuentes de archivo y empleando modelos de análisis sociocultural teóricamente fundados, es que (..) las actividades de Mercedes Rodrigo en Colombia estuvieron siempre rodeadas por una intensa polémica, tanto interna a la Universidad, como de la opinión pública en general, pues la restricción al ingreso a la principal institución de educación superior en el país tocaba demasiados intereses de muy diversos sectores sociales, desde los bachilleres y sus padres hasta el propio Ministerio de Educación, que con esta medida se veía desplazado en sus funciones por la Universidad. No resultaba menos polémico el uso, para tan delicados propósitos, de un saber y unas técnicas cuya validez y eficacia jamás habían sido probadas en este contexto, como lo dejaría claro un integrante del Consejo Directivo de la Universidad, quien en una de las tantas discusiones a propósito, registrada el 13 de noviembre de 1939, afirmaba:
“…sobre esta cuestión tan importante del examen de aptitud profesional hay muchas dudas sobre el valor científico de tales pruebas; considera que ellas son verídicas cuando se trata de exámenes fisiológicos para determinados oficios, pero que en las profesiones liberales se observa que tales exámenes sólo son acertados para quienes ya tienen la formación profesional; no es lo mismo el examen de aptitud que el de orientación; este examen se prestaría a injusticias. Sería muy grave que la Universidad hiciera la selección de ingreso basada en un experimento. Además, las ideas democráticas llevan a rechazar la limitación [al ingreso a la Universidad]” (Archivo Histórico Universidad Nacional: Serie Actas del Consejo Directivo, 1939. Acta 72, num. VIII)” (JARABA, Bruno. El Día del Psicólogo (sic), o la historia como caja negra. Noviembre 20 de 2013. En: ripehp.com).

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La Sección de Psicotecnia, siempre a cargo de Mercedes Rodrigo, además de un servicio de psiquiatría ha implementado un servicio de psicología. Esta bifurcación significa la asignación del área psiquiátrica a otro profesional distinto, médico psiquiatra obviamente, mientras que al frente de la consulta psicológica queda asignada Mercedes Rodrigo.

“A esta consulta acudieron estudiantes con dificultades de adaptación al medio universitario, con problemas familiares, sociales y desorientación profesional” (Roncancio, 1952).

A finales de 1947, concretamente en noviembre, la Sección de Psicotecnia se convierte en el nuevo Instituto de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional. Mercedes Rodrigo será su directora.

La situación política en Colombia es, sin embargo, cada vez más turbulenta. Ahora es el partido conservador el que está en el poder. El partido liberal denuncia, de manera sistemática, que ya es insoportable la violencia en su contra y el 7 de febrero de 1948, luego de una impresionante Marcha del Silencio, el doctor Jorge Eliécer Gaitán pronuncia, ante una multitud sin precedentes en la historia colombiana, un discurso propio de su elocuencia que es denominado Oración por la paz.

“Señor Presidente Mariano Ospina Pérez:

Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.

En todo el día de hoy, Excelentísimo señor, la capital de Colombia ha presenciado un espectáculo que no tiene precedentes en su historia. Gentes que vinieron de todo el país, de todas las latitudes —de los llanos ardientes y de las frías altiplanicies— han llegado a congregarse en esta plaza, cuna de nuestras libertades, para expresar la irrevocable decisión de defender sus derechos. Dos horas hace que la inmensa multitud desemboca en esta plaza y no se ha escuchado sin embargo un solo grito, porque en el fondo de los corazones sólo se escucha el golpe de la emoción. Durante las grandes tempestades la fuerza subterránea es mucho más poderosa, y esta tiene el poder de imponer la paz cuando quienes están obligados a imponerla no la imponen.

Señor Presidente: Aquí no se oyen aplausos: ¡Solo se ven banderas negras que se agitan!

Señor Presidente: Vos que sois un hombre de universidad debéis comprender de lo que es capaz la disciplina de un partido, que logra contrariar las leyes de la psicología colectiva para recatar la emoción en su silencio, como el de esta inmensa muchedumbre. Bien comprendéis que un partido que logra esto, muy fácilmente podría reaccionar bajo el estímulo de la legítima defensa.

Ninguna colectividad en el mundo ha dado una demostración superior a la presente. Pero si esta manifestación sucede, es porque hay algo grave, y no por triviales razones. Hay un partido de orden capaz de realizar este acto para evitar que la sangre siga derramándose y para que las leyes se cumplan, porque ellas son la expresión de la conciencia general. No me he engañado cuando he dicho que creo en la conciencia del pueblo, porque ese concepto ha sido ratificado ampliamente en esta demostración, donde los vítores y los aplausos desaparecen para que solo se escuche el rumor emocionado de los millares de banderas negras, que aquí se han traído para recordar a nuestros hombres villanamente asesinados.

Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.

Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.

Señor Presidente: En esta ocasión no os reclamamos tesis económicas o políticas. Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!

Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!

Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.

Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio.

¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

En la madrugada del 9 de abril de ese mismo año -1948- Gaitán, que es un prestigioso penalista formado en Italia bajo el alero del padre de la Escuela Positiva Enrico Ferri, culmina su brillante defensa del teniente Cortés, un joven militar que mató al director de un periódico de Caldas, discurso forense en el que replantea la noción vigente hasta entonces de la legítima defensa del honor. El teniente Cortés es absuelto por el jurado. Gaitán regresa a su casa, pero al mediodía ya está en su oficina donde sus amigos Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo, Jorge Padilla y Plinio Mendoza Neira llegan a visitarlo, platican con él sobre su exitosa defensa del joven oficial y luego se retiran del bufete para irse a almorzar. En los momentos en que se disponen a abandonar el edificio Nieto, donde el penalista y político tiene su oficina profesional, un sujeto que espera en el andén sorprende al abogado apuntándole con un revólver; Gaitán trata de regresarse hacia el interior de la edificación, pero el individuo le dispara varias veces. El orador cae herido al piso, de donde es recogido en medio de la agitación y el desconcierto para ser conducido de urgencia a un centro asistencial. Entre tanto el criminal se refugia en la droguería Granada donde los empleados bajan la reja, pero el gentío que ya se ha formado, en cuestión de segundos, presa de la ira, comienza a arrancarla, ante lo cual no les queda más opción a los dependientes de la farmacia que abrirla. A pesar de que el hombre es aprehendido por la policía, la multitud enardecida se lleva al sujeto, lo golpea, lo arrastra y lo lincha.

Gaitán muere en la clínica. Tan pronto se comunica la noticia de su fallecimiento, Mercedes Rodrigo, que ha huido de su patria en medio de la violencia, sabrá, entonces, que el país a donde ha llegado no es propiamente pacífico: el Bogotá donde ahora trabaja va a ser escenario también de una violencia generalizada que sacudirá sus cimientos como un terremoto social. Mercedes Rodrigo vivirá, ese 9 de abril de 1948, El Bogotazo. Las fotografías de Sady González, Manuel H., Luis Alberto Gaitán (Lunga), y Leo Matiz (quien resultó herido cuando tomaba imágenes del terrible levantamiento popular) hablan por sí solas (Fuentes: Biblioteca Luis Ángel Arango. Banco de la República.  El Tiempo. El Espectador). También son elocuentes por sí solas las primeras páginas de los diarios El Colombiano, de Medellín, y Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, para poner en evidencia con qué objetividad se dio la terrible noticia:




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Empero, más allá de toda esta terrible oleada de violencia, en medio de tanto luto, de tanta sangre, de tanto dolor, de tanta muerte y de tanta desesperanza, apenas tres meses después de aquella espantosa hecatombe colombiana, en aquel mismo 1948 de espeluzno y en ese mismo Bogotá despedazado que apenas trata de reconstruirse, cuando ya ha empezado en el país a donde llegó huyendo de una guerra fratricida otra guerra no menos fratricida, ya no de españoles contra españoles, sino de colombianos contra colombianos, comenzará a funcionar -bajo la dirección de Mercedes Rodrigo, por supuesto, y cual si fuese una frágil flor tratando de levantarse entre un inmenso pantano de odio- la primera institución universitaria que formará en Colombia psicólogos profesionales.

Mercedes Rodrigo, sin embargo, no alcanzará a recoger los frutos de lo que sembró; no será ella la que entregue los primeros once diplomas; no pronunciará discurso alguno, ni escuchará los ajenos; no estará siquiera presente en aquella primera ceremonia de graduación.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES: (1) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(2) Bogotá, por la época de Mercedes Rodrigo.

(3) Estatua de San Agustín de Hipona. Jean-Marie Bonnassieux (1810 – 1892). Iglesia de San Agustín. París.

(4) Isis, diosa egipcia.

(5) Asno con manzanas. Dan Bodelson.

(6) Desnudo reflejado en agua. William-Adolphe Bouguereau (1825 – 1905).

(7) Bogotá, por la época de Mercedes Rodrigo.

(8) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). La delegación de Hitler es recibida en Moscú con honores militares y calle de honor.

(9) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, saluda a Joachim von Ribbentrop, Primer Ministro de Alemania, quitándose el sombrero.

(10) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop firma el acuerdo. Atrás, Stalin y Mólotov.

(11) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Mólotov firma el acuerdo. Atrás, sonrientes, Ribbentrop y Stalin.

(12) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin y Mólotov.

(13) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin, Mólotov y otro personaje sosteniendo el documento.

(14) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Stalin y Ribbentrop se dan la mano.

(15) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Nazis y comunistas brindando.

(16) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Ribbentrop, Stalin y Mólotov sonriendo.

(17) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Hitler y Ribbentrop riendo durante el acto por medio del cual la delegación nazi le informa los pormenores de la celebración del pacto secreto.

(18) Pacto Ribbentrop – Mólotov celebrado entre nazis y comunistas (Moscú, 1939). Caricatura de la época.

(19) Segunda Guerra Mundial. El diario El Siglo, de Bogotá, informando el rompimiento de relaciones de Colombia con Japón.

(20) Segunda Guerra Mundial. El diario El Espectador, de Bogotá, informando el relevo del comandante del “campo de concentración” de nazis en Fusagasugá por, al parecer, haber permitido un desfile nazi y que uno de los concentrados pronunciara un sermón.

(21) Segunda Guerra Mundial. El diario El Tiempo, de Bogotá, informando el hundimiento de un submarino nazi por el destructor de la Armada Nacional ARC Caldas en aguas colombianas.

(22) Destructor ARC Caldas de la Armada Nacional de Colombia, la nave colombiana que atacó al submarino nazi.

(23) Gaitán. Oración por la paz. Plaza de Bolívar. Bogotá. 7 de febrero de 1948.

(24) Así informó El Tiempo, de Bogotá, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(25) Imagen de El Bogotazo.

(26) Imagen de El Bogotazo.

(27) Imagen de El Bogotazo.

(28) Imagen de El Bogotazo.

(29) Imagen de El Bogotazo.

(30) Imagen de El Bogotazo.

(31) Imagen de El Bogotazo.

(32) Imagen de El Bogotazo.

(33) Imagen de El Bogotazo.

(34) Imagen de El Bogotazo.

(35) Imagen de El Bogotazo.

(36) Imagen de El Bogotazo.

(37) Imagen de El Bogotazo.

(38) Así informó El Colombiano, de Medellín, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(39) Así informó Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

(40) Imagen de El Bogotazo.

(41) Imagen de El Bogotazo. Pila de cadáveres en el piso, frente a las bóvedas del cementerio de Bogotá.

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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LOS ALBORES DE LA PSICOLOGÍA EN COLOMBIA. [Informe especial. Capítulo I]. Por Óscar Humberto Gómez Gómez, Miembro del Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

[A la joven, talentosa y promisoria psicóloga santandereana Alejandra Estefanía Gómez Blackburn].

El 17 de julio de 1936, un sector del ejército de España intentó derribar con un golpe de Estado al recién elegido presidente de la república Manuel Azaña. El golpe fue parcialmente exitoso, es decir, que algunas zonas del territorio español pasaron a poder de los sublevados mientras que el resto del país permaneció fiel al gobierno que había sido recientemente elegido.  Antes de la intentona golpista, el país atravesaba una situación de turbulencia marcada por  sangrientos atentados contra el derecho a la vida como el asesinato del teniente de orientación socialista José del Castillo Sáenz de Tejada (12 de julio de 1936) y el asesinato del destacado líder de la derecha parlamentaria José Calvo Sotelo (13 de julio de 1936, es decir, al día siguiente), o el que antes había sido dirigido contra el jurista de ideas liberales Luis Jiménez de Asúa (12 de marzo de 1936), hecho en el que murió su escolta, el agente de la policía Jesús Gisbert.  El presidente Azaña era el líder de solo uno de los varios partidos políticos que se habían integrado bajo el nombre Frente Popular para ganarle las elecciones a la derecha, por lo cual las fricciones y divisiones internas dentro de quienes habían apoyado su ascenso al poder eran inocultables. Los golpistas invocaban la situación general de desorden y desgobierno como argumento para su intrépida acción, pero también la simpatía de los nuevos gobernantes hacia el comunismo, particularmente hacia el gobierno de José Stalin, líder de la Unión Soviética. Como el golpe no prosperó sino en unas partes de España, los militares involucrados en el mismo decidieron seguir adelante con sus intenciones y desataron, entonces, una guerra civil. España quedó dividida desde ese momento en dos Españas: el sector republicano, que se mantenía fiel a la República, y el sector antirrepublicano, que apoyaba el derrocamiento del gobierno y la imposición de una política de “mano dura”. Este sector -que ya para ese momento ejercía control territorial- se proclamó a sí mismo como el bando nacionalista.

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Mercedes Rodrigo ya era maestra cuando se interesó por los temas del mundo psíquico en relación con su profesión, a la que recién arribaba. Y fue ese interés el que la condujo a estudiar aquella otra carrera y a convertirse en la primera psicóloga de España. Pero como en España no existía la carrera de Psicología, se le apuntó a una beca que le permitiera estudiarla en el exterior.

Había obtenido su título profesional de maestra en la Escuela Normal Superior de Maestras de Madrid cuando tenía 20 años (1911) y fue la pedagogía la que la acercó al mundo de la psicología. En 1921, a los 30 años de edad, obtenía la beca (en ese entonces se le llamaba “pensión”) para estudiar su nueva carrera en Suiza.

Esa integración entre la pedagogía y la psicología que se proponía lograr la joven educadora española no era nueva.

En efecto, en la patria del legendario ballestero Guillermo Tell, concretamente en la ciudad de Ginebra (la leyenda de Tell ubica su nacimiento en Bürglen, cantón de Uri), los psicólogos y pedagogos Eduardo Claparède y Pierre Bovet habían fundado, en 1912, el Instituto Jean Jacques Rousseau para la formación de educadores. En dicho instituto se estaba desarrollando un nuevo enfoque pedagógico conocido como la “Escuela Nueva”. Esta moderna concepción de la enseñanza tenía carácter experimental y estaba destinada a la niñez. La “Escuela Nueva” pretendía revolucionar el mundo educativo replanteando la tradicional severidad acartonada en la educación de la niñez e introduciendo elementos novedosos como la autodisciplina, la solidaridad, el juego y el amor, así como el concepto de que la relación maestro-discípulo no debía seguir siendo de poder-sumisión y que el niño debía desempeñar un papel activo y principal en su propio proceso educativo. Este vínculo entre la pedagogía y la psicología en el abordaje de la educación infantil se estaba dando también en otras latitudes, como acontecía en Italia con la prestigiosa psiquiatra y pedagoga María Montessori.  Claparède en Suiza estaba desarrollando la psicología evolutiva (a medida que pasan los años el ser humano no solo va cambiando físicamente; también va sufriendo cambios psicológicos) y la psicología experimental (los procesos mentales pueden ser estudiados a través de los métodos experimentales; incluso pueden crearse y ponerse en funcionamiento laboratorios de psicología experimental). Consiguientemente, planteaba que la educación debía basarse en fundamentos científicos producto de la investigación. Sus planteamientos enlazaban, pues, la psicología con la pedagogía a través de la investigación experimental.

En octubre de 1921 Mercedes Rodrigo estaba viajando a Ginebra e ingresando al Instituto J. J. Rousseau lo mismo que a la Universidad de Ginebra. Dos años después estaba recibiendo el título de psicóloga. Había sido compañera, discípula y colaboradora en trabajos de investigación académica y científica de figuras prominentes de la Psicología como Jean Piaget. (Algunas fuentes aseveran que Piaget era solamente compañero de estudios suyo; pero en el programa académico del Instituto, Piaget aparece dictando clase).




Con su diploma de psicóloga, retornó a su país natal en 1923 y, luego de desempeñar con lujo de competencia algunos cargos afines a su formación en instituciones madrileñas (Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos, y Patronato Nacional de Anormales), ingresó al Instituto Nacional de Psicología Aplicada y Psicotecnia de Madrid donde fue encargada del área de orientación vocacional (1929).

En ese cargo se encontraba -y estaba al frente, junto con los prestigiosos psiquiatras José Germain (además reputado psicólogo) y Emilio Mira y López, de la organización del Congreso Internacional de Psicología, que debía celebrarse en Madrid en 1936- cuando estalló la espantosa confrontación fratricida (17 de julio de 1936).


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Mercedes Rodrigo había nacido en Madrid a las 12:30 de la madrugada del 13 de mayo de 1891 en el hogar formado por el profesor de música Pantaleón Rodrigo y doña María Bellido. Su hermana, María Rodrigo, habrá de convertirse en excelsa pianista y magnífica compositora de música clásica, de la que llegará a decirse que si no arribó a los sitiales de la fama a la par con figuras como Wagner no fue porque le faltaran merecimientos, sino por el estigma insalvable de ser mujer.

Como alumna de la Escuela Normal Superior de Maestras, Mercedes no fue, en las asignaturas pertinentes a la que sería su profesión, precisamente una lumbrera; todo lo contrario, fue en esas áreas una alumna de calificaciones mediocres y para graduarse tuvo que presentar lo que hoy llamaríamos exámenes de habilitación, es decir, que aprobó sus estudios como normalista a duras penas.

En efecto, “Mercedes Rodrigo aprueba el examen de ingreso en la Escuela Normal de Maestras el 16 de junio de 1906 con la calificación de aprobado. Durante su carrera, que duraba dos años (en su caso, de 1908 a 1910), destacaría en sus estudios musicales (no olvidemos que tanto su padre como su hermana mayor eran profesores de música, por lo que seguramente Mercedes Rodrigo había recibido completa educación musical) y en las asignaturas de ciencias (Aritmética, Álgebra y Geometría), mientras que, curiosamente, sus resultados en las escasas materias pedagógicas del pobre programa académico que se impartía entonces a los maestros superiores eran más bien mediocres. Obtuvo su título de maestra superior tras el tercer ejercicio de reválida del grado superior, el 4 de julio de 1911”. (HERRERO GONZÁLEZ, Fania. Mercedes Rodrigo: una pionera de la Psicología Aplicada en España y Colombia. Facultad de Filosofía. Universidad Complutense de Madrid, p. 115)

Muchos años después, Daniel Goleman sacudirá las pétreas estructuras de los paradigmas sociales al indicar que no necesariamente los estudiantes destacados llegan a tener éxito en la vida profesional y que alumnos que nunca brillaron en las aulas terminan convirtiéndose en figuras estelares de sus profesiones. Hablará, entonces, de la Inteligencia Emocional, una de cuyas manifestaciones más elocuentes es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Y esa cualidad sí que resultará definitiva cuando se trate de un profesional de la Psicología. Ello vendría a comprobarse -con décadas de anticipación a Goleman- en el caso de Mercedes Rodrigo.

Y es que ella, ya como maestra, empezará a brillar con luz propia. Es así como se dedicará a la formación, no de niños “normales”, sino de niños ciegos, niños sordomudos, niños inválidos y niños “anormales”.

Ello, aunque su trabajo como investigadora comprenderá a la niñez en general, conforme se pone en evidencia con su investigación acerca de qué pensaba la niñez española -los niños ricos, los niños pobres, las niñas ricas y las niñas pobres- respecto de la guerra (1922).

España, en efecto, hacía presencia en el África a través del Protectorado de Marruecos. Empero, en 1921 las tribus del Rif (región montañosa del noroccidente marroquí con costa sobre el Mediterráneo) se sublevaron contra el poder colonial español. España envió, entonces, a su ejército con el propósito de someter la rebelión. Todo habría de terminar en un terrible desastre: en una sola batalla, la de Annual, murieron más de cuatro mil soldados españoles. En otra subsiguiente, la toma del fuerte Monte Arruit por el enemigo, se produjo una horrorosa matanza en la que murieron más de tres mil soldados españoles. La retaliación española habría de ser escalofriante. La naciente “República del Rif” (1924) será brutalmente aplastada al año siguiente de su nacimiento (1925).



La recién graduada psicóloga quiso aproximarse, pues, a la mente de los niños a través del tema más espinoso y sensible del momento dentro de la sociedad española: la guerra de Marruecos. Esta fue la primera investigación de Mercedes Rodrigo en su país. No se imaginaba la investigadora que en la década siguiente, entre 1936 y 1939, tendría que enfrentar la tragedia de la guerra dentro de las propias fronteras españolas incluyendo al mismísimo Madrid, bombardeado y sitiado sin misericordia por las tropas sublevadas contra el gobierno republicano.

Otro segmento de su interés lo constituirán los niños superdotados. Volcará también su labor en el tema de la inteligencia infantil así como también se dedicará al estudio de la higiene mental en los niños.

Pero, igualmente, abordará con profundidad científica la compleja y espinosa temática de los niños desviados, violentos y delincuentes. Refiriéndose a esta población, narrará más tarde sus experiencias en torno al inmenso poder reformador de la ternura:

“Sufrimos intensa emoción -relatará en 1949- cuando al hacer sentar, como a todos, junto a nuestra mesa a uno de los niños para hablar con él, le vimos ponerse intensamente pálido y desmayarse. Convenientemente cuidado en la enfermería, dos días después, en una de nuestras numerosas visitas, el niño en cuestión nos abrazó súbitamente y con los ojos arrasados en lágrimas dijo las siguientes palabras difíciles de olvidar: ‘señorita, tengo doce años y usted es la primera persona en mi vida que me ha hablado con cariño”. (Introducción al estudio de la Psicología, p.p. 101 -102).

Dentro de este contexto, se convertirá en una severa crítica de los métodos disciplinarios imperantes, fundados exclusivamente en el castigo físico, muchas veces brutal. Estos cuestionamientos los hará no solo a lo que sucede dentro de los hogares, sino también a lo que ocurre en los establecimientos educativos donde el profesor enseña las tablas de multiplicar paseándose con lo que llama un “palo educador”. “La acción científica y comprensiva de la higiene mental -advertirá- tiene que penetrar cada día más en el ambiente escolar y en la familia, tiene que llevar a cabo de modo intenso la misión de salvar a la infancia desvalida mentalmente, incomprendida, enferma, a esos pobrecitos «niños malos» que muchas veces no tienen más culpa que el haber nacido con una tara, o el estar rodeados de un ambiente familiar indigno”. “La cuestión -puntualiza Fania Herrero- es aún más seria si la enfermedad no diagnosticada a tiempo es la epilepsia, o incluso la esquizofrenia: desde su experiencia personal, Rodrigo asegura que estos niños suelen ser tratados con extrema crueldad, y su comportamiento está permanentemente sujeto a la censura y el desprecio de quienes les rodean” (ob. cit., p. 157).

Empero, Mercedes Rodrigo no solo abordó la psicología educativa y la psicología clínica. También se dedicó a la psicología organizacional y trabajó en el área de la prevención de accidentes, tanto los que ocurrían dentro de las empresas -es decir, los accidentes laborales- como los que tenían lugar en las calles, en el tránsito vehicular, cuya etiología estaba asociada a factores como la falta de sueño, las jornadas excesivas o la mala alimentación. Promovió, por ejemplo, la idea de que los conductores debían ser sometidos a valoración psicológica.

La investigadora abordó, así mismo, las áreas de la orientación vocacional (¿qué quisieras ser cuando seas grande?) y de la selección profesional (¿quién es el más apto para este empleo?).

Con el propósito de investigar en las fuentes directas las formas de educación reinantes en otras latitudes, se dedicó a viajar a diferentes lugares fuera de España. De hecho, cuando le otorgan la beca para estudiar Psicología en el exterior, ya ha visitado diversas instituciones educativas de “anormales”, sordomudos y ciegos en Alemania, Francia y Bélgica (1913).

Su periplo por Europa tendrá que interrumpirlo: lleva tan solo tres años como maestra titulada cuando el 28 de junio de 1914 el archiduque del Imperio Austro-húngaro Francisco Fernando y su esposa Sofía arriban en tren a Sarajevo. Horas después se produce el atentado en el que pierden la vida . Estallan, entonces, los horrores de la Primera Guerra Mundial.

No será esta, sin embargo, la única conflagración bélica que se le cruzará en el camino.

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La guerra civil trae consigo no solo violencia, muerte, viudez, orfandad, mutilación, dolor, destrucción, miseria y atraso, sino además una profunda división en todos los escenarios sociales. Y es que al dividirse un país, se divide internamente su iglesia católica, se dividen internamente sus partidos, se dividen internamente sus sindicatos, se dividen sus artistas, sus escritores, sus poetas, y, por supuesto, se dividen internamente sus familias.  Era inevitable, por ello, que un sector de la iglesia católica española se fuera a favor de los unos y otro sector se fuera a favor de los otros, y que así sucediera con todos los entornos de la sociedad española de entonces.

De acuerdo con esas divisiones, sobrevienen los correspondientes odios y las correspondientes persecuciones de todos contra todos.  Así, la persecución religiosa fue dirigida contra un Josemaría Escrivá de Balaguer por el sector republicano y contra los curas afines a este sector por los golpistas.  Los muertos y los fugitivos tenían que provenir, pues, y en efecto provinieron, de ambos lados.  El padre Pedro Poveda fue fusilado frente a la tapia del cementerio de Madrid por los republicanos y el padre Escrivá tuvo que escapar de ellos a través de Los Pirineos, a pie, mientras que, en cambio, religiosos como Martín de Lekuona, Gervasio de Alvizu, José de Ariztimuño, Alejandro de Mindukete, José Adarraga, José Iturri Castillo,  Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi, José Sagarna, José de Arín, y los padres Lupo, Olano y Román del convento de carmelitas en Amorebieta (Vizcaya) fueron asesinados por el sector nacionalista al igual que José Pascual Duaso y Andrés Ares Díaz. Numerosos clérigos fueron asesinados por los republicanos, entre ellos los obispos Florentino Asensio Barroso, Manuel Basulto Jiménez, Manuel Borrás Ferré, Narciso de Esténaga Echevarría, Salvio Hulx Miralpeix, Manuel Irurita Almándoz, Cruz Laplana y Laguna, Manuel Medina Olmos, Eustaquio Nieto Martín, Anselmo Polanco Fontecha, Juan de Dios Ponce y Pozo, Migue Serra Sucarrats y Diego Ventaja Milán. Como siempre sucede en estos casos, ambos bandos aducían que no se había matado a los sacerdotes por razones religiosas, sino por motivos políticos, como si con semejante argumento sus horrendos crímenes quedaran justificados.  Hay fotografías de milicianos izquierdistas disparando contra las imágenes sagradas o vistiendo los ornamentos con el fin de ridiculizarlos y está documentado el asesinato de sacerdotes inermes e indefensos a manos de los fanáticos del bando derechista bajo sindicaciones etéreas y sin posibilidad alguna de defensa.  Una de las divisiones internas dentro de las familias españolas  -la más conocida por la prestancia intelectual de sus protagonistas- ocurrió en el seno de la familia Machado.  En efecto, Antonio y Manuel eran eximios poetas, magníficos escritores y sobresalientes dramaturgos; hasta unos pocos años antes del conflicto tenían montado un exitoso grupo de teatro y viajaban juntos en giras por diversos lugares presentando sobre el escenario obras que eran el producto del talento conjunto. Pero luego sobrevino el odio político de la confrontación bélica interna y, entonces, de aquella unidad literaria y artística no quedó nada, excepto el recuerdo. La familia se partió abruptamente en dos: Antonio se fue de parte de los republicanos mientras que Manuel no solo se fue de parte de los nacionalistas, sino que se convirtió en un poeta de temas profundamente religiosos. Y como el odio trae consigo también la estupidez, y una de sus más evidentes manifestaciones consiste en desconocerle los méritos a aquel que no comulga con nosotros y solo reconocérselos a quien sí lo hace, los republicanos terminaron exaltando solamente a Antonio Machado mientras que los nacionalistas hicieron lo propio con Manuel.  Éste no tenía, entonces, valor alguno como poeta para los republicanos, y aquel no lo tenía para los enceguecidos partidarios del sector nacionalista.



Claro que la guerra civil trae consigo otras arbitrariedades como la de apropiarse de nombres, de emblemas, de símbolos que le pertenecen a toda la comunidad nacional, como si el enemigo no tuviese el mismo derecho. De lo primero que se apropian es de la bandera del país, que pasa a ser una supuesta propiedad exclusiva de uno u otro bando. Y, consiguientemente, se apropian de expresiones que obviamente son comunes: “nación”o “patria”, por ejemplo.  Los partidarios del golpe militar e iniciadores de la guerra se apropiaron del término nacionalistas y, en consecuencia, divulgaron en su país-y con el tiempo fueron esparciendo en el mundo- la idea de que el resto de españoles no lo eran, que era como decir que no eran parte de la nación española.  Su argumento, cada vez más seductor, fue simple y escueto: aquellos habían hecho alianza con un país extranjero, con Rusia, por lo tanto no eran verdaderos españoles, no eran nacionalistas. Ellos, claro está, sí lo eran. Lo que no explicaron nunca -ni sus partidarios se lo preguntaron tampoco, silenciados por la adulación o por el miedo- fue por qué su nacionalismo sí les permitía hacer alianza con otros países igualmente extranjeros, como la Alemania de Adolfo Hitler y la Italia de Benito Mussolini.  Y es que esta es otra dialéctica de la guerra y, en general, de la política: Lo que se hace es malo si lo hace mi enemigo, pero es bueno si lo hago yo. Lo cierto es que “El padre de los pueblos”, “El Duce” y “El Führer” metieron la mano hasta el codo en el espantoso conflicto interno español.

La sangrienta crueldad de la guerra se lleva por delante lo que sea, hasta los más elementales sentimientos de consideración hacia los demás seres humanos. El 4 de enero de 1937, por ejemplo, los republicanos se tomaron las cárceles de Bilbao y asesinaron sin fórmula de juicio a los más de dos centenares de presos -obviamente militantes del bando derechista- ejecutando a unos en el patio de la prisión y disparándoles a otros desde las rejas de sus celdas. Poco antes, Bilbao había sido bombardeado por aviones alemanes con un saldo de siete personas muertas.

Una de las primeras víctimas de toda confrontación es siempre la verdad. Acerca del bombardeo del municipio de Guernica, por ejemplo (26 de abril de 1937), mintieron ambos bandos: el nacionalista dijo que había sido la aviación española la que soltó las bombas porque en España no había aviones alemanes, ni italianos, ni de ningún país extranjero, pero después se supo que eso no era cierto, que Guernica fue bombardeada por aviones de la Alemania nazi y que los sublevados contaron con el apoyo militar de Hitler y de Mussolini. [De hecho, aviones de la Italia fascista llevaron a cabo el cruento bombardeo de Durango en el que murieron más de doscientos cincuenta españoles inocentes (31 de marzo de 1937)]. Los republicanos, por su parte, dijeron que ese lunes era día de mercado -cosa que era cierta- y que por ello las bombas cayeron sobre la multitud que mercaba -cosa que no lo era, porque el mercado de ese día había sido suspendido desde por la mañana-. También dijeron que los muertos superaban los mil, pero más tarde se supo que ascendieron a aproximadamente ciento sesenta. La diferencia es abismal, aunque, desde luego, el valor de la vida humana no está sujeto a estadísticas.

Y como desatada la guerra se desata la irracionalidad, algo que sobreviene son los asesinatos de represalia. El ser humano no es, entonces, más que una cosa contra la cual simplemente se dispara con el fin de desquitarse del otro bando por algo que ha hecho. En ocasiones, previo al asesinato de los indefensos rehenes, se da, obviamente, la amenaza de su ejecución tratando de disuadir al enemigo. En la Guerra Civil Española la amenaza o la represalia tenía que ver con los bombardeos, de los que, por lo demás, no importaba en absoluto que afectaran a gente culpable o inocente.
Así, los sublevados amenazan a los republicanos con que si bombardean Zaragoza (ya en poder suyo), fusilarán al general republicano Miguel Núñez de Prado, a quien tienen prisionero. Un buque republicano le contesta: “Si escuadra tiene conocimiento se produce fusilamiento general Núñez del (sic) Prado, fusilará a 90 jefes y oficiales y a un general que tiene prisioneros”.
Cuando los republicanos bombardean Huesca y Jaca, el comandante militar sublevado de Jaca, Rafael Bernabeu, amenaza con que fusilará a los parientes de los que él llama “rojos” y que lograron huir. A pesar de la amenaza, se produce un nuevo bombardeo y, entonces, efectivamente son fusiladas cien personas, incluido el alcalde, Mariano Carderera Riva.
Como represalia por el primer bombardeo aéreo de Cartagena (domingo 18 de octubre de 1936) fueron sacados de la cárcel de San Antón y fusilados en el cementerio de la ciudad cuarenta y nueve prisioneros. Tras el bombardeo de Alicante (28 de noviembre de 1936), fue asaltada la cárcel, sacados también cuarenta y nueve presos y fusilados en las paredes del cementerio. Como retaliación por el bombardeo que un crucero de los sublevados llevó a cabo contra el puerto de Rosas, se desencadenó una matanza: en Gerona fue asaltado el seminario, donde ya no se formaban curas, sino se mantenían prisioneros, y a dieciséis los fusilaron; en Sant Feliu de Guíxols diez personas, de las cuales seis eran sacerdotes, fueron conducidas al cementerio y fusiladas allí; en Olot también asaltaron la prisión y diez personas fueron fusiladas; en Tarrasa detuvieron a doce personas y las asesinaron; en Tarragona mataron a un sacerdote. El 6 de diciembre de 1936 en Guadalajara, como represalia por el bombardeo de Madrid, las turbas indignadas asaltaron la cárcel y asesinaron a la totalidad de los presos derechistas, cerca de doscientos ochenta personas que habían dejado de serlo. En Jaén, y como represalia por los bombardeos, en abril de 1937, ciento veintiocho personas derechistas que se hallaban encarceladas fueron sacadas de la prisión y fusiladas junto al cementerio. En Gijón, en agosto de 1937, se respondía a cada bombardeo con el fusilamiento, en la cubierta del barco-prisión Luis Caso de los Cobos, a decenas de los quinientos derechistas que se encontraban prisioneros allí, entre ellos algunos sacerdotes. Por su parte, a Madrid la bombardearon los nacionalistas dizque para “desmoralizar” a los madrileños y hacer que se rindieran. También para “desmoralizar” a la población civil fueron bombardeadas muchas otras ciudades españolas, como Barcelona, que terminó convirtiéndose en la ciudad más bombardeada por los nacionalistas durante la atroz guerra fratricida.



Otro tópico que inevitablemente emerge en la guerra es Dios. A él se le invoca como el símbolo de alguno de los bandos y, entonces, se pretende que todas las atrocidades propias del conflicto se llevan a cabo en su nombre. Incluso se le atribuyen “milagros”. Y si no le son atribuidos a él directamente, se le endilgan a alguno de sus intercesores. Uno de los casos más sonados fue el de las tres bombas arrojadas por la aviación republicana sobre Zaragoza el 3 de agosto de 1936, las cuales cayeron sobre la catedral, pero no explotaron. Según los creyentes, ello se debió a un milagro de la Virgen del Pilar. Para los no creyentes, claro está, no hubo milagro alguno. “El milagro -dice José Francisco Mendi, político y escritor de izquierda de la provincia de Aragón- hubiera sido que explotaran, porque era imposible que estallaran. Estaban mal hechas. La munición de aquella época (afortunadamente para muchos de nuestros abuelos y bisabuelos) era un desastre. Es de lo poco claro que sabemos. Hubo un informe del Parque de Artillería de Zaragoza que demostró que eran unos proyectiles “deconstruidos” por algún cocinero militar de la época, lo que hacía imposible su detonación. Eso dificultó que la iglesia nacional católica de la época pudiera hablar de “milagro”, aunque la leyenda no sólo se dejó correr sino que se impulsó oficialmente”. (heraldo.es).

¿Quién comenzó? Este es, por supuesto, punto de eterno conflicto. En el caso de la Guerra Civil Española, un sector del ejército se sublevó contra el gobierno que había sido elegido de acuerdo con los cánones de la democracia. Sin embargo, los sublevados justificaron su acción con el argumento de que el gobierno lo que quería era entregarle España al comunismo soviético e invocaron como detonante la situación generalizada de desorden y desgobierno que reinaba en el país y la consiguiente falta de garantías para los desafectos al gobierno. De hecho, lo que siempre alegaron como “florero de Llorente” fue que al asesinado líder de la derecha José Calvo Sotelo lo sacó de su casa aquella madrugada una patrulla de la policía y fue dentro de ella que lo asesinaron.

Desde luego, una cosa es el detonante y otra cosa son las causas que se van sumando hasta que explota el conflicto. Acerca de esas causas, también se difiere porque cada cual ve la cuestión bajo ópticas distintas. Así, se afirma que “Las causas básicas de la guerra civil consistieron en la falta de solución de los problemas que comportaba la modernización de España: desarrollo industrial desigual y basado en la explotación; un arcaico sistema de reparto de tierras, que se resistía vigorosamente a cualquier intento de reforma agraria moderada; las luchas de las organizaciones sindicales entre sí y contra la patronal; un numeroso cuerpo de oficiales que había sido humillado (…) en las campañas marroquíes; poderosos movimientos autonomistas en el País Vasco y en Cataluña; fuertes pasiones respecto de la influencia de la Iglesia en la enseñanza. Ni la monarquía constitucional (1876-1923), ni la Dictadura de Primo de Rivera (1923-30), ni la República (1931-36) habían sido capaces de resolver estos problemas, y en la primavera de 1936 tanto la derecha como la izquierda estaban dispuestas a recurrir a la fuerza” (Salvat Universal. Diccionario Enciclopédico. Tomo 9. Barcelona. 1986, p. 76).

La guerra, en fin, se explica siempre desde perspectivas políticas, económicas y militares. Jamás, por supuesto, se aborda el componente psíquico, la propensión humana a la resolución de sus conflictos con los demás a través de la violencia. Tampoco, el componente ético: la guerra se desata cuando en el seno de las sociedades la pérdida del respeto por los demás ha sobrepasado todos los límites y ya se han reblandecido -si no acabado por completo- los frenos inhibitorios morales, de modo que la conciencia social ha llegado a la anestesia y matar a otro simplemente se contempla como opción apenas lógica para alcanzar el poder o para mantenerlo.

La brutalidad de la guerra civil se extiende a todo. Hasta a la Poesía. Federico García Lorca era uno de los poetas más prestigiosos del mundo de habla hispana. Apenas un año antes de que estallara la guerra (1935), Pablo Neruda le había dedicado su célebre oda, cuyo contenido premonitorio del desgarrador dolor que habría de sentir el autor al año siguiente, asombra a los críticos literarios (“Si pudiera sacarme los ojos y comérmelos…”). El 18 de agosto de 1936, en un camino de Granada que conduce a Víznar y cuando el conflicto bélico llevaba tan solo un mes de haber estallado, el destacado bardo español fue aprehendido y fusilado por los nacionalistas. Pero como la reacción del mundo literario internacional no se hizo esperar, habilidosamente se trató de hacer creer, primero que el paradero del ilustre vate se ignoraba, y finalmente que su homicidio había estado asociado a su condición de homosexual, algo así como un crimen pasional, jamás un crimen determinado por las que se creían que eran sus inclinaciones ideológicas.

Y, desde luego, la intolerancia y la irreflexión propias de la guerra civil llega hasta la ciencia. Eso lo sabía el director del instituto donde trabajaba Mercedes Rodrigo, José Germain.  El reputado psiquiatra y psicólogo se encontraba en el exterior cuando estalló la de su país y temió regresar a él porque sintió que las condiciones de inseguridad eran absolutas. De hecho, otra personalidad de la nueva pedagogía, María Montessori, quien se hallaba en España, concretamente en Barcelona, aplicando su metodología a la enseñanza de la catequesis, abandonó el país cuando estalló el conflicto. La ilustre psiquiatra y pedagoga italiana se marchó a Holanda.

Finalmente, el no retorno de Germain se hizo realidad. Fue entonces cuando Mercedes Rodrigo asumió la dirección de la institución, confiada en que por no militar en ninguno de los partidos ni movimientos políticos en contienda nadie se metería con ella para nada.

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El golpe de Estado contra el gobierno republicano de Manuel Azaña comienza en el Protectorado de Marruecos el 17 de julio de 1936, pero solo tiene éxito en algunos territorios de España. Tomarse Madrid era, obviamente, propósito principalísimo de las fuerzas sublevadas. A comienzos de noviembre de 1936, ya los nacionalistas se encontraban a las puertas de la capital. El gobierno republicano la abandona y se traslada a Valencia, declarada nueva capital de la España republicana, mientras a la Junta de Defensa de Madrid se le encarga el impedir que la ciudad sea tomada por los golpistas. El 8 de noviembre de 1936 principia el feroz ataque contra Madrid. Pero como la resistencia impide la toma de la ciudad, se da inicio a un sitio militar que se mantendrá durante todos los tres años que durará la espantosa guerra. Madrid será, entonces, bombardeado por la aviación del bando sublevado y se producirá la muerte de centenares de españoles, incluida por supuesto la población civil inocente. El primer bombardeo se lleva a cabo en la noche entre el 27 y 28 de agosto de 1936. A partir de ahí, Madrid será una ciudad repetidamente (a veces diariamente) bombardeada.
“El ataque del día 16 de noviembre sobre el Museo del Prado, aunque el incendio del tejado fue rápidamente sofocado, causó un gran escándalo internacional, y obligó a plantearse el traslado de los principales cuadros a Valencia. Ese mismo día también fue bombardeado el edificio de la Biblioteca Nacional, lo que obligó a iniciar el traslado de los 630.000 volúmenes que se encontraban en sus sótanos. A partir de esa fecha se generalizaron también los bombardeos nocturnos. Como consecuencia de todos estos bombardeos Madrid era un caos y, como explicó un testigo presencial, “los madrileños debían refugiarse cada poco tiempo en el metro o en los portales, en medio del ruido de las explosiones y de las sirenas de ambulancias y bomberos”.

Los días 18 y 19 de noviembre de 1936 Madrid sufrió día y noche una durísima oleada de bombardeos, durante los cuales murieron 133 civiles, que provocaron que el cuerpo diplomático hiciera pública el día 20 una nota de protesta por los “bombardeos aéreos que causan numerosas víctimas indefensas en la población civil, entre ellas, tantas mujeres y niños”.

Al fracasar el ataque frontal los sublevados decidieron envolver Madrid por el noroeste concentrando sus fuerzas para cortar la carretera de La Coruña e intentar penetrar por allí hacia la capital.

Fracasado el intento de envolver Madrid por el noroeste y atacarla por el norte, los sublevados lo intentaron por el sureste avanzando hacia el río Jarama para cortar la vital carretera de Valencia, por donde llegaban a Madrid la mayoría de sus suministros. La batalla del Jarama se inició el 4 de febrero y terminó el 23 de febrero de 1937 sin que los rebeldes lograran su objetivo.  Tras este intento, los sublevados se encuentran con todas sus tropas del frente de Madrid agotadas y sin reservas. Los republicanos están también exhaustos pero han logrado poner freno a todas las ofensivas franquistas aún a costa de perder unos cuantos kilómetros de territorio. Es entonces cuando aparecen en escena los oficiales italianos del Corpo Truppe Volontarie (CTV) que presentan a Franco un plan con el cual atacar el frente republicano de Guadalajara, cogiendo por la espalda a las tropas que estaban en el frente del Jarama y cerrando, así, el cerco sobre Madrid desde el noreste.

Este último intento de envolver primero Madrid y después iniciar el asalto a la capital dio lugar a la batalla de Guadalajara. La idea italiana de la ofensiva era atacar Madrid desde el noreste dirigiéndose a Guadalajara y una vez tomada esta ciudad cortar la carretera de Valencia y entrar en la capital.

El plan tampoco resulta. Desde abril de 1937 la presión franquista sobre Madrid queda limitada a un asedio que no cesará ni un solo momento: Franco es paciente y prefiere esperar a que Madrid esté agotada para atacar.

La ciudad aguantará durante meses el asedio hasta prácticamente el final de la guerra, y a pesar del progresivo endurecimiento de las condiciones para la población madrileña, que veían cada vez más reducido el racionamiento de alimentos y medicamentos. Los bombardeos aéreos y el cañoneo desde el Cerro Garabitas empeoraban el ya difícil día a día de los madrileños, aunque se adaptaron a la situación lo mejor que pudieron. Los republicanos intentarán varias ofensivas y ataques en torno a Madrid para aliviar la presión sobre la ciudad” (La Batalla de Madrid. Wikipedia).

Hasta que, finalmente, ante las perspectivas sombrías de una resistencia inútil y con noticias cada vez más desalentadoras sobre los resultados de la guerra, sobreviene el golpe de estado del coronel republicano Segismundo Casado, un golpe desde adentro de la resistencia, que se produce entre el 5 y el 6 de marzo de 1939. Con Casado se sublevan otros jefes militares republicanos como el general Miaja o el anarquista Mera y políticos como Julián Besteiro. La sublevación prospera en un principio en Madrid y el resto de la zona centro-sur, pero la reacción de las tropas fieles a los mandos comunistas en Madrid no se hace esperar: Luis Barceló, después de dudarlo mucho, se pone al frente de la resistencia comunista al golpe de Casado. Entre los días 6 y 8 de marzo tienen lugar combates en las calles de Madrid entre los dos bandos hasta que el coronel Casado recibe refuerzos y el golpe interno se consolida. Luis Barceló será fusilado en las tapias del cementerio de Madrid el 15 de marzo. Casado se adueña de la situación.

El coronel Casado había justificado el golpe con la promesa de que obtendría una “paz honrosa” con Franco. Empero, este, cuyos agentes sólo han hecho unas vagas promesas a Casado, reitera que sólo aceptará la rendición incondicional. Así las “negociaciones” entre los oficiales enviados por Casado a Burgos y los oficiales del Cuartel General de Franco se convierten en la imposición de la rendición. Las tropas franquistas entran, pues, en Madrid el 28 de marzo de 1939 sin encontrar resistencia alguna. Al coronel Casado y al resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa, excepto Julián Besteiro, quien decide quedarse en Madrid, se les permite escapar. Se embarcan, entonces, en un buque de guerra británico que les espera en el puerto de Gandía. Así termina el largo sitio de Madrid, el más largo de toda la guerra. [Con algunas pequeñas modificaciones, tomado de: La Batalla de Madrid. Wikipedia].

En ese Madrid bombardeado y sitiado, en medio de las más indecibles penalidades, tuvo que desplegar su trabajo la psicóloga Mercedes Rodrigo. Uno de los momentos más terribles que habrá de afrontar en desarrollo de sus tareas será el de la evacuación urgente de la niñez madrileña que debe ser puesta a salvo del desastre que se avecina. Leámosla:

“No es posible olvidar los cuadros de tristeza y horror que presentaban las humildes casas medio deshechas del madrileño barrio de Tetuán, después de los bombardeos aéreos. Cuántos padres acongojados nos entregaban, como representantes de la «Delegación de Evacuación» a sus pequeños con desgarradora tristeza, pero alentados con la esperanza de que los alejaban de un peligro que todos creímos momentáneo y local. Cómo olvidar tampoco aquellas despedidas de padres e hijos en que no había gritos ni escenas melodramáticas. Era un dolor profundo, sereno, resignado en los padres y eran lágrimas silenciosas sobre las mejillas de los pobres niños que aún sonreían cuando se les entregaba su paquetito de pan y chocolate suministrado por entidades extranjeras. No se podrá jamás borrar de la retina del que lo haya visto, el espectáculo digno de un Capricho de Goya, pero desgraciadamente realidad viva de aquellos grupos de niños, separados ya de sus padres, algunos para siempre, medrosos, sobrecogidos, muchos días con frío, bajo la lluvia, a veces con hambre, con miedo siempre, sumisos, obedientes a toda orden, asombrados, desorientados, dispuestos a dejarse llevar de cualquier forma y a cualquier sitio. La actividad era febril. Inmediatamente después de cada bombardeo, se aglomeraban padres e hijos pidiendo su salida inmediata de la capital Pero aún en aquellos instantes de ansiedad, se organizó racionalmente el trabajo y podemos asegurar que ni un solo niño salió de Madrid sin que quedasen consignados sus datos personales en fichas que contenían informes suficientemente completos para identificarlos en todo momento, y que hicieran más seguro el retorno a sus hogares de aquellos pequeñuelos, una vez pasada la tragedia. Trece mil y pico fue el número de fichas en que intervinimos directamente. Es decir, trece mil y pico de niños de ambos sexos nos fueron confiados por sus padres, con emoción, con angustia infinitas, con desesperación profunda al verse incapaces para proteger por sí mismos la vida de sus hijos. Trece mil y pico cartulinas de color rosa y azul según el sexo, y en cada una de ellas con datos escuetos y fríos la historia breve de un niño que vivía en Madrid, y que tuvo que salir de la casa de sus padres, de tal edad, que se marchó en tal expedición, con destino a tal sitio, donde otras personas buenas sin duda, en tal población lejana, se iban a encargar desde tal fecha de hacerles seguir viviendo materialmente, aunque desde aquel momento torcieran para siempre la trayectoria normal de su vida… Cartulinas de color rosa y azul cuidadosamente ordenadas en ficheros herméticos, helados, vosotras representáis uno de los aspectos más inhumanos de la guerra… “(RODRIGO, Mercedes. Lecciones de Psicología, 1946, p.p. 86-87. En: HERRERO GONZÁLEZ, Fania. Mercedes Rodrigo: Una pionera de la Psicología Aplicada en España y Colombia, p.p. 238, 239 y 240).

Como se anotó atrás, los estudios que se han llevado a cabo sobre la militancia política de Mercedes Rodrigo no la muestran como partícipe de ningún grupo político en particular. Pero la guerra civil toma en cuenta cualquier señal, cualquier indicio, el menor gesto, para de ahí deducir que su vorágine de violencia debe extenderse hasta esa persona.  Es así como la mera amistad, la tertulia, el café y hasta un simple saludo en la calle se convierten en razón suficiente para decretar y ejecutar la pena de muerte sin que previamente se pidan, ni mucho menos se escuchen explicaciones.  Era natural que Mercedes Rodrigo, profunda estudiosa del psiquismo humano, lo supiera o al menos lo presintiera.  También era lógico que la psicóloga española intuyera que cuando la guerra – toda guerra, cualquier guerra – está a punto de finalizar y ya se presiente quiénes serán los ganadores y quiénes serán los perdedores, se atisban en el horizonte los negros nubarrones de la represión de quienes ganaron contra quienes perdieron. Es presumible, pues, que se desencadenarán las redadas, los allanamientos, las capturas, los juicios sumarios cargados de arbitrariedad, los falsos testigos, el dejar hablar a los defensores solamente por cumplir un formalismo previo a la lectura de la condena que ya se ha redactado desde antes. Y por eso, antes de que acabe la guerra, comienza el exilio. Es algo así como una legítima defensa anticipatoria.

Al exilio habían partido, estaban partiendo y partirían en los días subsiguientes figuras cuyos nombres acabarían formando parte del patrimonio cultural latinoamericano: el actor Ángel Garasa, por ejemplo, llegaría a México y terminaría filmando memorables películas de humor al lado de Mario Moreno, Cantinflas; el jurista Luis Jiménez de Asúa se instalaría en Argentina y consolidaría en este continente su prestigio como uno de los grandes tratadistas de derecho penal de habla hispana; el filósofo y científico José de Recasens sería quien aquel inolvidable 20 de julio de 1969 ilustraría a los colombianos, al lado de nuestro locutor Antonio Pardo García, sobre los pormenores de la llegada del hombre a la luna. Al exilio también partirían el indigenista José María Ots Capdequi, el poeta Juan Ramón Jiménez y el psiquiatra y escritor Emilio Mira y López.

Mercedes Rodrigo, la primera psicóloga de España, no militaba en ninguna parte, pero sí tenía amigos en el bando republicano. Y, como se dijo atrás, eso es más que suficiente para temer por la vida. Es más: ya en el terreno científico, había trabajado con el eminente médico neurólogo y psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (quien en 1911 -año en que Mercedes Rodrigo se graduó de maestra- había descubierto la Enfermedad de Lafora, una epilepsia progresiva). En 1938 el científico había partido al exilio por el peligro que le significaba su pasado republicano.

Por ello, antes de aquel primero de abril de 1939 en el que Francisco Franco dio el parte de victoria, la primera mujer graduada como psicóloga en España abandonó su patria para nunca más volver.  Como era previsible, se dirigió a la misma Suiza donde había estudiado y obtenido su cartón de psicóloga. Empero, solo permaneció allí unos pocos meses. Dos años atrás había recibido una invitación del rector de la Universidad Nacional de un lejano país de América del Sur llamado Colombia. Con dos años de atraso, decidió aceptarla y fue así como después de un viaje del que no conocemos detalles, llegó -el 2 de agosto de 1939- a la gélida ciudad de Bogotá.

Pues bien: con ella acababan de arribar a la capital de la lluvia, las brumas y el granizo los comienzos de una nueva profesión en Colombia: de la profesión llamada a abordar las complejas interioridades del alma humana, de la profesión de la esperanza, de la hermosa y hoy más que nunca importantísima profesión de la Psicología.

[CONTINUARÁ]

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ILUSTRACIONES: (1) Guerra Civil Española. Guernica bombardeada.

(2) Mercedes Rodrigo. Ilustración de Pedro Jesús Vargas Cordero.

(3) Eduardo Claparède.

(4) Eduardo Claparède y personal del Instituto J.J. Rousseau.

(5) Pierre Bovet.

(6) Pierre Bovet, Jean Piaget y personal del Instituto J.J. Rousseau.

(7) Jean Piaget.

(8) José Germain.

(9) Emilio Mira y López.

(10) María Rodrigo.

(11) Niña con Síndrome de Down jugando con otra niña.

(12) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Annual, en el que murieron más de cuatro mil españoles.

(13) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Monte Arruit, en el que murieron más de tres mil españoles. La entrada al fuerte antes del desastre.

(14) Guerra del Rif (Marruecos español). Desastre de Monte Arruit. La entrada al fuerte después del desastre.

(15) Manos de un menor encarcelado.

(16) The Schoolmistress (La maestra de escuela). 1770. Jean Honoré Fragonard (Grasse, Francia, 1732 – París, 1806).

(17) El archiduque del Imperio Austro-húngaro acaba de descender del tren en Sarajevo. Horas después será asesinado junto a su esposa y estallará la Primera Guerra Mundial.

(18) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(19) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(20) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(21) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(22) Guerra Civil Española. Niños jugando a fusilar.

(23) Guernica. Pablo Picasso. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

(24) Guerra Civil Española. El comandante militar de Guadalajara acaba de ser capturado por los republicanos luego de la toma del puente de Linares y es conducido hacia el lugar de su fusilamiento. Fotografía del estudio Abero y Segovia. 22 de julio de 1936.

(25) Guerra Civil Española. Republicanos que acaban de rendirse son conducidos prisioneros por las tropas nacionalistas. Somosierra, serranía de Guadarrama, 1936. “Los combates en Somosierra (…) fueron feroces y los prisioneros eran fusilados, en ambos bandos” (Hugh Thomas. La guerra civil española. Editorial Grijalbo. 1976).

(26) Imagen que, a la postre, condujo a la Guerra Civil Española: en el suelo, donde fue tirado por sus asesinos, yace el cadáver del líder político de la derecha José Calvo Sotelo.

(27) José Calvo Sotelo.

(28) Poeta Federico García Lorca.

(29) Guerra Civil Española. Madrid bombardeado.

(30) Guerra Civil Española. Niños madrileños frente a sus casas destruidas por los bombardeos.

(31) Guerra Civil Española. Muertos en las calles madrileñas bombardeadas.

(32) Guerra Civil Española. Niños españoles rumbo al exilio.

(33) Guerra Civil Española. Niños españoles exiliados.

(34) Guerra Civil Española. Niños españoles rumbo al exilio.

(35) Única fotografía conocida de Mercedes Rodrigo. Fotografía de carnet. 1940. Archivo General de la Administración. Alcalá de Henares. Wikimedia Commons. Fania Herrero.

(36) Gonzalo Rodríguez Lafora.

(37) Eros, dios del Amor, y Psique, diosa de la Psicología (aunque no tenía origen divino, sino humano). La letra griega Psi, símbolo de la Psicología.

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